Ann Druyan, el corazón de las Voyager

Era 1977. El Presidente Jimmy Carter sacaba a la palestra por primera vez la cuestión de los derechos de los homosexuales en los EEUU. Los Ramones publicaban su Leave Home, Rocket to Russia y Steven Spilberg preparaba sus Encuentros en la tercera fase. En apenas dos meses perdimos a Elvis, a Groucho y a la Calas; pero también ganamos a la Princesa Leia que era interceptada justo cuando había conseguido los planos para salvar a la Galaxia.

Más cerca, a salvo de las tropas imperiales, la NASA se prepara para comenzar su propia aventura: por primera vez dos sondas traspasarían el Sistema Solar. La Voyager 1 y Voyager 2 cruzarían los planetas y llegarían a los confines de espacio para recolectar información y, si surgiese la posibilidad, realizar el primer contacto con vida extraterrestre.

Junto a las sondas iría adherido The Sound of Earth, un disco fonográfico de oro, que contenía más de 90 minutos de audio y visuales sobre la Tierra. Al mando del proyecto estuvo el famoso divulgador Carl Sagan y junto al hombre, una mujer. Ann Druyan, escritora, guionista y realizadora, participó activamente en la grabación del disco endulzando los aspectos puramente tecnológicos. La mirada de Druyan iba más allá. Para ella no bastaba con explicar intelectualmente que la tierra era un pálido puntito azul en el universo, había que llegar hasta el corazón y traspasar lo físico para transmitir la esencia del ser humano. Tan emocional y mecánico. Tan frágil y tan sólido como las mismas sondas.

La huella de Druyan

Su implicación con el proyecto la llevó a ser protagonista del disco con un corte de audio en el que quedaron recogidos sus latidos y partícipe de un curioso experimento. Druyan accedió a que un electroencefalograma recogiese sus pensamientos. Para ello, en principio, preparó un discurso con las ideas y pensadores capitales, esperando que una forma de inteligencia extraterrestre pudiese descifrar los gráficos e interpretar sus emociones. Pero una casualidad y una llamada telefónica inesperada, modificó los planes y las emociones registradas en el electroencefalograma fueron finalmente las de una mujer enamorada.

La misteriosa llamada que recibió Ann, por cierto, fue de Carl Sagan y la conversación de la que pocos detalles transcendieron fue una declaración de matrimonio. Normal que con tal sorpresa las ondas cerebrales de Druyan sufriesen un terremoto.

Más allá de lo anecdótico, aquella llamada telefónica fue el comienzo de un impecable trabajo colaborativo entre ellos que llevó a Ann a coescribir con Sagan libros como Murmullos de la Tierra, El Cometa, El mundo y sus demonios, Miles de Millones… También a guionizar la famosa serie Cosmos: Un viaje personal y a producir la película Contact, basada en una novela de Sagan y cuya protagonista, interpretada por Jodie Foster, recuerda  un poco a Druyan.

A día de hoy, los pensamientos de Ann continúan viajando por el espacio. Ni la muerte de su marido, Carl Sagan (Seattle, 1996), ni la distancia recorrida por la Sonda –la Voyager 1 superó el sistema solar el pasado mes de julio- borran la historia de aquellos días. Quizá una forma extraterreste o una nueva generación de humanos encuentren las sondas dentro de 40.000 años.  Quizá haya mensajes en idiomas que posiblemente hayan desaparecido o fotos de costumbres que hayan dejado de existir, pero algo permanecerá. Quedarán las emociones de una mujer que compartió sus pensamientos con el Universo y que, sin quererlo, reflejó uno de los rasgos más característicos de los seres humanos, la capacidad de amar.

La propia Ann Druyan reconocería en unas declaraciones la importancia de aquel gesto:

Mis sentimientos de mujer de 27 años, locamente enamorada, están en ese disco (…) Es para siempre. Será verdadero dentro de 100 millones de años. Para mí, las sondas Voyager son una especie de alegría tan poderosa que me aleja del miedo a morir.

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Este artículo participa en los Premios Nikola Tesla de divulgación científica y nos lo envía Teresa Garrido, periodista que disfruta escribiendo, comiendo tiramisú y a la que podéis seguir en Tuiter en @Miralasuricata

17 Comentarios

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Juan M.Juan M.

Maravillosa la historia de Ann Druyan y Carl Sagan. Y maravilloso lo que hicieron y cómo lo hicieron. La suya sí que es una historia de amor que rozará la eternidad.

Hay otra muestra en la dedicatoria a su esposa que Sagan escribió en su libro “Cosmos”:

“En la vastitud del espacio y en la inmensidad del tiempo
mi alegría es compartir un planeta y una época contigo”… Genial.

AlfonsoAlfonso

Será que me he levantado en mi época sentimental de mi ciclo hormonal masculino, pero a mí esta mierda me parece jodidamente bonita.

LalarolalaLalarolala

Que historia mas bonita. Ann Druyan y Carl Sagan. Incluso me he emocionado.

MartinMartin

Hay una copia de eso en tierra? hubiera estado bueno que este en formato digital en internet o algo asi

Lectora corrent

Muy bonita, la historia. Una persona que conoce el ambiente de la astrofísica americana me dijo hace años que la protagonista de “Contact” estaba inspirada en una astrónoma estadounidense, aun que es posible que el personaje tenga algunos rasgos de la personalidad de Ann Druyan.

Irreductible

La novela de Sagan (y posterior película) “Contact” está basada en la vida de Jill Tarter (ahora ex-directora del proyecto SETI).

BernardoBernardo

Ja ja, les dio fuerte la vena hippy. Las Voyager no tienen escudo térmico ni ningún otro sistma para una reentrada atmosférica. Si llegan a cualquier lado se convertirán en un meteorito como cualquier otro.

AbraxasAbraxas

Eso si se estrellan contra un planeta. El caso que se contempla es el de que sea recogida por otra civilización (o por la nuestra, dentro de muchos miles, incluso millones de años). No es previsible que la sonda se estrelle en ningún lado, el Universo está demasiado vacío.

Irreductible

Pero es que esa no era la misión de las Voyager… su trabajo era visitar y enviar información de los planetas gaseosos y la cumplieron a la perfección.

El resto de su viaje hacia las afueras del sistema solar es simplemente consecuencia de su misión principal y decidieron colocarle toda esa parafernalia, los discos y los mensajes… just in case… :)

Es que parece que la misión de las Voyager es viajar buscando extraterrestres… y no… su trabajo lo hicieron y ¡vaya si cumplieron!

AbraxasAbraxas

Dios me libre de sugerir tal cosa xD Respondía porque en el artículo se menciona la posibilidad (extremadamente remota) de que las sondas sean recuperadas, y al que le respondo decía que si se estrellasen contra un planeta no habría nada que recuperar (que no es el caso que se contempla).

Por supuesto que la misión de las Voyager no es contactar con inteligencia alienígena, y los pocos instrumentos que le quedan activos lo están para tratar de localizar el borde del sistema solar y el comienzo del espacio interestelar. Como bien dices, los discos y demás son un “bueno, ya que estamos… vaya a ser…”. Yo veo muchísimo más plausible que, llegado el caso, sean los humanos futuros los que vayan a buscar las sondas.

ChapuChapu

Realmente es una de las historias más románticas que he conocido. Será que yo también estoy blandengue.

pasaba por aquípasaba por aquí

Este artículo me hace pensar que muchos de los grandes avances del mundo, se dan porque hay personas brillantes en el lugar adecuado y en el momento adecuado. Y además las dejan trabajar.
No conocía a esta mujer, y ya la admiro.
y además es defensora de la marihuana :)

afalandafaland

¡Que vayan a por la Voyager! Esta historia es parte de ella, deberían surcar el espacio juntos. ¡Bravo,! no tenía ni idea de este cuento de hadas interplanetario.

Jaime ArangoJaime Arango

Cada día se topa uno con historias como esta de Carl Sagan y su esposa que demuestran que el ser humano no es tan malo como algunos nos hacen pensar a veces.

5 Trackbacks

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