De ligaduras y de hombres

No, no es un post sobre bondage, pero quédate, igual te gusta más… o te deja más secuelas.

Imagina que te digo que elijas dos números. Puedes escoger uno y luego el otro, tienes dos grados de libertad.

¿Y si te digo que elijas dos números, pero que su suma sea 7? Ahora puedes escoger libremente el primero, pero no el segundo. Eso es porque ahora tienes dos variables y una ligadura, lo que te deja sólo con un grado de libertad.

Imagina ahora que te propongo que elijas dos números cuya suma sea 12 y cuya diferencia sea 2. En este caso, no tienes libertad para escogerlos, lo que sí puedes hacer es resolver el sistema de ecuaciones (así lo llamamos), porque sólo hay dos números que cumplan esas dos condiciones.

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¿Qué ocurriría si impongo más ligaduras que variables?

Pues, o bien las nuevas ligaduras en realidad son una combinación de las antiguas (como en nuestro caso exigir que el producto de los dos números de 35), o bien resultaría imposible encontrar una solución al problema (por ejemplo si exigiéramos también que los números sumasen 45).

También puede ocurrir que con sólo dos ligaduras el problema no tuviera solución, si las ligaduras estuvieran suficientemente “mal puestas”. Por ejemplo, escoge dos números que sumen 12 y, a la vez, que sumen 13.

Y, también puede suceder que esas dos ligaduras fueran en el fondo la misma, o que no tuvieran “fuerza” suficiente para fijar las variables. Por ejemplo, dos números que sumen 5 y que multiplicados por dos, sumen diez (estas dos exigencias, de hecho, son la misma).

Dejamos aquí esto un momento.

Seguro que conocéis la palabra teorema (según el DRAE: Proposición demostrable lógicamente partiendo de axiomas o de otros teoremas ya demostrados, mediante reglas de inferencia aceptadas.)

Dicho más sencillito (quizá menos preciso): Conclusión lógica a partir de ciertos principios.

Todos habréis oído hablar del Teorema de Pitágoras. Aquello de que la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa en un triángulo rectángulo.

lig2

Esto puede demostrarse usando los axiomas de la geometría. Dicho de otro modo, este resultado está implícito en los axiomas. Nosotros simplemente, nos vamos dando cuenta de esas implicaciones lógicas que estaban ocultas en los axiomas que aceptamos.

Es como si alguien te dice: “Cierra por fuera”. Como teorema podemos deducir que debes salir de la habitación.

Y ahora, vamos con la segunda parte del título “de hombres”.

Hay personas que depositan su lealtad en distintos “lugares”: su pareja, sus hijos, su familia, su religión, su patria, la verdad, distintas filosofías, el dinero, el puro bien físico personal, etc.

Podíamos usar el principio de este post para hacer una metáfora. Yo tengo cierta libertad de acción, pero acepto “ligaduras”, depositando mi lealtad en cualquiera de esas cosas que decíamos hace un momento.

Y aquí es donde quería poner yo el acento: ¿Qué ocurre si tus “ligaduras” (tus lealtades) son incompatibles? No puedes servir siempre a tu patria y a la verdad, porque llegará un momento en el que el interés patrio pase por no revelar ciertas cosas.

O, ¿qué ocurre si de tus lealtades (de tus principios o axiomas) se derivan teoremas que iban implícitos en ellos y en los que no habías reparado? Por ejemplo, la adhesión inquebrantable a ciertos preceptos religiosos (como ocurre con las transfusiones de sangre y los testigos de Jehová) podría llevarte a poner en riesgo la salud o la vida de tus hijos, cosa que nos repugna y con la que quizá no contábamos al aceptar esa fe.

Ayer recordaba aquella frase que le decían al Cid “Dios, qué buen vasallo si tuviera buen señor.” Nosotros elegimos dónde vamos a depositar nuestra lealtad y por muy coherentes e íntegros que seamos al seguir nuestros principios, si estos no son buenos (no son un buen señor), nuestro comportamiento no será beneficioso para nosotros ni para nuestro entorno.

Aquí también me venían a la memoria las leyes de la Robótica que ideó Isaac Asimov pensando en que deberían ser incluidas en la programación de cualquier robot que tuviera un comportamiento autónomo… para protegernos a las personas.

Por si alguien no las conoce son:

  1. Un robot no debe dañar a un humano o permitir que sufra daño (Ser buenos)
  2. Un robot debe obedecer las órdenes de un humano (Ser obedientes)
  3. Un robot debe protegerse a sí mismo (No ser imbécil e ir dándose cabezazos…)

Cualquiera que haya leído sobre drones, sabrá que hoy no hacemos ni caso de estas leyes y usamos robots matar gente (aunque nuestros robots no sean autónomos).

Pero a lo que iba, ¿veis que es imposible ser completamente fiel a estos tres “axiomas” a la vez? Hay conflicto si ordenamos a un robot que mate a alguien… cuando salvar a un humano pone en riesgo a un robot…

La manera de solucionar esto es establecer una jerarquía. La primera ley es más fuerte que la segunda y la segunda más que la tercera. Así que un robot obedecerá si no pone en peligro a humanos y se protegerá a sí mismo si no pone en peligro a humanos y si con eso no desobedece ninguna orden.

Concluyendo, y agradeciendo que leáis mis desvaríos, es de extremada importancia dedicar un momento a ver dónde hemos puesto nuestra lealtad, si hay algún tipo de jerarquía entre ellas, qué cosas implican esas lealtades y a qué lugares nos pueden llevar.

De otra forma te puedes encontrar confuso en tu intento de llevar una vida íntegra haciendo cosas como

– No contarle a nadie que tu pareja te está haciendo daño por respetar la intimidad de la pareja

– No denunciar delitos que se cometen en tu trabajo por lealtad a tu empresa

– Llevar a cabo actos con los que no estás de acuerdo moralmente por cumplir con la palabra dada

– Mentir a personas inocentes y que eso les perjudique por proteger un secreto que te has comprometido guardar

– Hacer lo que consideras incorrecto moralmente porque es legal, o bien…

– Dejar de hacer lo que consideras correcto moralmente porque no se ajusta a la ley

Y una larga lista que podéis aumentar en los comentarios…

Este post está dedicado a los chavales de Brunete que junto a Bárbara se pasan por mi blog, a ver qué cosas “me se ocurren”. Espero que os dé un punto de partida para hablar de mates, de robótica y, sobre todo, de vosotros mismos.


23 Comentarios

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AlbertAlbert

Es uno de los post más fresco y original de los que he leído en los últimos tiempos, Felicidades.

Alfredo

El mundo es una mentira Fascinante e increíble, la supervivencia de todos los animales se basa en la mentira, y nosotros no somos menos. Esas contradicciones entre las que vivimos y que comentas es sólo un aspecto más. Yo intento educar a mis hijos en la mentira enseñándoles a gestionar la lo mejor posible para poder vivir en paz y felicidad. Lo peor de todo es la verdad absoluta. Sería el exterminio de la vida. Por eso vivir con esas contradicciones que siempre estan presentes es posible. hay tantas formas de mentir como personas, hay tantas eticas como personas. Buen post.

Javier

Uf, un escenario complejo dibujas en tu comentario.. ojalá encontremos ese hueco de paz y felicidad que buscas. Gracias por comentar

santiago caño muñizsantiago caño muñiz

Eres profesor en Brunete y Blogero de naukas??? jamás pensé que el nombre de Brunete podría aparecer relacionado con la ciencia. ENHORABUENA!!!

Javier

No, yo soy profe de secundaria también, pero en Pinto. Le dedicaba el post a Bárbara que es otra profe y que ella sí que trabaja en Brunete, y usa mis libros y mi blog para sus clases. En todo caso Pinto&Ciencia es una pareja curiosa también… Saludos!

LauraLaura

Lo que apuntas al final, lo que ocurre cuando la ley se contradice con tu moral personal, creo que es un problema moral ya resuelto.: la ley se supone que representa la moral de una parte de la sociedad, en teoría de la mayoría (salvo dictaduras y demás), y tiene precedencia sobre tu moral particular.
Si no estás de acuerdo tienes el deber moral de intentar cambiar la ley, no de incumplirla: si la mayoría opina como tú y de verdad les importa, cambiarán la ley. Si no consigues cambiarla, tienes dos caminos: aceptar la ley, como valor superior, o renunciar (irte del país, o dimitir de tu puesto si eres funcionario público). Incumplir la ley amparándote en tu moral particular es “hacer trampas”; puede funcionarte o no, pero no es ético.
Yo soy profesor, como tú, funcionario público. Acepté voluntariamente mi puesto y la obligación de todo funcionario de cumplir las leyes y las órdenes de los superiores, y tengo unos alumnos que no son hijos míos, sus padres me los ceden obligados por la ley para que yo los eduque, pero con unas condiciones y reglas que debo cumplir. No puedo enseñarles cosas que vayan contra el currículo, aunque estén de acuerdo con mi moral particular (puedo ser racista, o musulmán fanático, católico antigay, o tantas otras cosas), tengo que enseñar los valores del currículo y guardar mis opiniones para mi vida privada; ni puedo tener relaciones sexuales con ellos aunque mi moral me lo permita, Si algún día lo que me ordenan enseñar estuviese totalmente en contra de mi moral, mi única salida digna sería pedir la excedencia y buscar otro trabajo. Seguir cobrando del Estado pero incumpliendo sus leyes me parece cobardía, no heroísmo.

Javier

Creo leer entre líneas una enorme honestidad personal por tu parte y me alegra que haya gente así, pero me remito a mi texto, creo que te equivocas. En cualquier caso, como decía, cada uno elige sus lealtades. Antes que profesor o funcionario soy una persona y allí deposito mi lealtad, ponga lo que ponga la ley que escribe “en la práctica” una élite que ha usurpado el poder a la ciudadanía y que no cumple esas mismas leyes. Para más detalles, cualquier telediario. Saludos y gracias por comentar.

LauraLaura

Date cuenta del peligro de esta forma pensar: si yo soy profesora y musulmana radical me dedicaré a acosar a mis alumnas musulmanas que no lleven hiyab, y avisaré a sus padres si las veo salir con chicos, especialmente cristianos, y les enseñaré que son inferiores a los hombres y deben obedecerles, y que la homosexualidad es una aberración. Porque antes que profesora o funcionaria soy una persona, y allí deposito mi lealtad, diga lo que diga sobre no discriminación, igualdad de sexos o respeto a las opciones sexuales una ley ue escribe “en la práctica” una élite que ha usurpado el poder a la ciudadanía y que no cumple esas mismas leyes. ¿Te parecería una persona honesta? Piensa que puede haber tantas morales como personas, y con mi moral particular puedo justificar cualquier aberración.
Yo no creo en Dios, pero si por circunstancias de la vida tuviera que ganarme la vida como profesora de religión, les explicaría a mis alumnos lo que marca el currículo de esa asignatura aunque yo no me crea nada, porque para eso me pagan. La alternativa sería dejar ese trabajo; si no me lo puedo permitir, cumpliré mi deber aunque vaya contra mi moral (tendré al menos la excusa del estado de necesidad). Pero aceptar el sueldo sin cumplir las condiciones con las que te lo dan me parece deshonesto, ser un estafador y querer encima justificarme con mi moral. Coger el camino fácil, vamos, aunque lo encubra con grandes palabras sobre mi moral y mis lealtades. Y lo digo con cariño, pero con sinceridad.

Javier

Con sinceridad, no lo dudo… cariño… ya lo veo menos: cobarde, estafador…

Sin entrar en esos descalificativos, sí que dices mucho fácil, pero tener que considerar cada situación a la luz de la conciencia no es tan fácil. Quizá seguir simplemente la letra de la ley escrita sí que podría ser descrito como fácil, independientemente de su calificación moral.

Finalmente, porque veo que no avanzamos, terminaré diciendo que lo que pido es una moral más alta que la ley que escriben los gobiernos, más justa y que corrija a esta ley cuando ella yerre, no que podamos matar viejas atropellándolas o cocinar niños.

Y me gustaría que gente tan fiel a sus principios, como casi podría asegurar que eres, eligiera fines más altos que seguir las leyes que escriben los poderosos para favorecerse ellos y mantener al pueblo abajo. Ese era el ánimo del post, siento no haber conectado contigo. Saludos y gracias por los comentarios… por los descalificativos morales, por esos “gracias”, casi no.

Miguel EspinosaMiguel Espinosa

El problema es que siempre habrá locos para quienes “atropellar viejas” o “cocinar niños” será lo moralmente correcto. Por eso es que existen las leyes. Estoy de acuerdo en que si una ley no es moralmente aceptable se busque cambiarla, pero como bien decía Laura, ¿qué tal si lo moralmente aceptable para una persona que busca cambiar la ley es enseñarle a las niñas que las mujeres son inferiores a los hombres?

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yoyo

Existen varios problemas en tu argumentación.

En primer lugar, en asumir que se deben acatar todas las decisiones que se promuevan en mayoría por tratarse de una moral colectiva a la que queda supeditada tu propia moral. La democracia debe servir como punto de partida para llegar a tomar decisiones que afectan al conjunto de la sociedad, no para entrometerse en decisiones personales y particulares y coartar la libertad individual. Pongamos por ejemplo la reciente ley que castiga la quema de banderas. Aunque fuese votado en mayoría, ninguna mayoría debe tener derecho a decidir por mí o castigarme por acciones que no afecten a las libertades de otros. Es aquello de “tú libertad acaba donde comienza la mía” aplicado de forma estricta. La libertad de la sociedad para decidir acaba (o debe acabar) donde comienza mi libertad, como individuo. La única excepción razonable que le veo a esto sería ante casos de abuso, en el que un tercero se aproveche de la situación desfavorable de un individuo y el estado intervenga para evitarlo. Pongamos, por ejemplo, la historia del rico y el pobre. Cuando se coarta mi libertad individual sin que yo coarte la de nadie, no soy yo el que está haciendo trampas. Es la sociedad. La democracia es falible (bastante) y es por ello que su ámbito debe reducirse a aquellos temas en los que las decisiones afecten a un conjunto importante de individuos. No porque lo derivado de esa democracia vaya a resultar lo más óptimo, sino porque es mejor que cualquier otro sistema que conozcamos. De hecho la democracia es un término ambiguo, que sirve tanto para referirnos a la pantomima de sistema que vivimos como a sistemas alternativos, del estilo de democracia líquida, democracia directa o anarquismo. Y la democracia de nuestra realidad es mala hasta para eso. Las leyes no representan la voluntad popular. Muchas veces se culpa a la ciudadanía, pero son los que tienen el poder quienes no ponen las herramientas para hacer funcionar una democracia más eficiente. La culpa no es tanto del que vota a los de siempre y se mantiene ignorante. La culpa es de quienes se aprovechan de esa ignorancia en beneficio propio y perjuicio colectivo.

En segundo lugar, quiero remarcar algo, y es esta frase: “y con mi moral particular puedo justificar cualquier aberración.”. Esto es falso. Con tu moral particular puedes cometer cualquier aberración. Justificarla implica seguir un razonamiento válido (carente de falacias) que demuestre que tus actos son positivos. Y es que es de lo que trata la moral, de la bondad, de las acciones positivas. Pongamos, por ejemplo, que la mayoría de la sociedad decide que debemos ejecutar a los homosexuales, y que se debe castigar a quienes los oculten o los protejan. ¿Deberíamos hacerlo? ¿Deberíamos negarnos a proteger a personas que sepamos que son homosexuales? No, claro que no. Porque aunque se trate de una moral colectiva, no cabe justificación en tales acciones, y además interfiere en la libertad individual de esas personas. Y en ese caso, ¿quedaría justificada la actuación al margen de la ley? Sí, claro que sí.

Quiero añadir que el artículo me ha parecido bastante interesante, y veo muy positivo este tipo de entradas que ayudan a reflexionar y alimentar el pensamiento crítico. Estoy bastante de acuerdo con todo lo que se expone, es algo que ya había debatido con amigos y compañeros, aunque jamás se me hubiera ocurrido asociarlo de ese modo con el álgebra.

Un saludo.

Javier

Gracias por tu comentario y reflexión… la verdad es que tengo algún cable suelto que me hace relacionar esas cosas, es como una perversa sinestesia. Un saludo

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Ralkai ShagttenRalkai Shagtten

Cuando he leído el párrafo de las leyes de la robótica de Asimov y el uso de los drones mediante los cuales supuestamente violamos esas leyes (la 1ª principalmente), no he podido olvidarme de la Ley 0 de la Robótica: “Un robot no puede causar daño a la humanidad o, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño.”, que tendría prioridad sobre la Ley 1 de que un robot no puede dañar a un ser humano. Si nos ponemos desde el punto de vista del que maneja el drone (o del que ordena su uso), al usarlo para bombardear a malvados terroristas se está haciendo un “servicio” a la humanidad.

Pero claro, también entraríamos en el debate de si estas leyes se podrían aplicar a un robot no autónomo como son los drones o no…

Javier

Si, de hecho en alguna historia se juega con esa idea (no pongo más por no spoilear) viendo como ese supuesto servicio a la humanidad deviene en un comportamiento que consideramos inmoral, incluso inhumano. Muchos a lo largo de la historia han cometido aberraciones y genocidios sirviendo supuestamente a intereses más altos. Aquí por no liarlo mucho valdría con aquello de que las personas son un fin y no un medio,, pero es una forma de saldarlo. El problema es bien profundo. Te adjunto la cita de Kant tal y como la encuentro en este blog “Obra de tal modo que te relaciones con la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio” (Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres, año 1998, (página 104).(http://cienciaycomunicacion.blogspot...-medio.html) Saludos y gracias por comentar!

EvaEva

Un artículo muy interesante con un enfoque extraordinariamente original.

¡Gracias!

PD: …y que esté dedicado a gente de Brunete, mi pueblo de adopción, me ha acabado de conquistar 😉

Javier

Muchas gracias a ti por tu comentario. Es que hay unos locos por allí que usan mucho mis artículos en su clase, y así les mandaba un saludillo.

EstebanEsteban

Hay otra ley muy interesante, llamada la Ley 0, que dice que un robot puede romper cualquiera de las otras 3 leyes si pone en riesgo a la humanidad. No recuerdo si fue Asimov quien la dedujo..
Me gusto el artículo como pasaste de las matemáticas a la robótica y a la vida cotidiana.
Saludos

Javier

Muchas gracias. Sí creo que era el propio Asimov el que jugaba con estas leyes y sus implicaciones en sus historias de robots, que recomendamos desde aquí.

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