El mito del Efecto Mozart

W. A. Mozart
W. A. Mozart

Todos los padres queremos que nuestros hijos tengan éxito en la vida. Todos queremos que sean inteligentes y que destaquen positivamente entre la multitud. De hecho, la inmensa mayoría de los padres piensan que su hijo es superior a la media de la clase, algo difícil de sostener. Por otro lado, nos gustan las soluciones rápidas, cómodas y sencillas: si tenemos sobrepeso preferimos un aparato que nos dé pequeñas descargas mientras vemos la televisión o una pastilla milagrosa que queme las grasas como si fuera un soplete en vez de los métodos demostrados como comer menos y hacer más ejercicio. En vez de dedicar horas a estudiar gramática y vocabulario para aprender un nuevo idioma, nos seduce más la perspectiva de que nos pongan una grabación debajo de la almohada y aprendamos mientras dormimos.

El que estos sistemas «mágicos» no funcionen es un problema menor, siempre hay suficiente gente que extrapola un resultado científico fuera de contexto, que diseña un aparato o una técnica de aspecto moderno y sofisticado y que lo vende como churros aprovechando nuestra credulidad, lo fácil que nos tragamos aquello que nos interesa creer. En eso se basan todas las medicinas alternativas del mundo, en que a pesar de no haber ninguna evidencia demostrada, consigamos la solución a nuestros problemas pagando algo —un remedio homeopático, unas velas, una máquina con lucecitas— por unos cuantos euros. Uno de estos trampolines mágicos, a la inteligencia en este caso, es el Efecto Mozart.

El primero que habló de la música de Mozart y sus efectos cerebrales fue Alfred A. Tomatis. Este otorrinolaringólogo merece su propio artículo por las tonterías que dijo pero entre ellas estaba que la música, y en concreto Mozart, era capaz de curar distintas disfunciones cerebrales. El que su eficacia no se haya demostrado no impide que vendiera y vendan sus aparatos, los Oídos electrónicos. Que algunos de sus vendedores-seguidores digan que ese cacharro cura cosas incurables como el autismo es, en mi opinión, de juzgado de guardia.

El Efecto Mozart tuvo un segundo paso importante con la publicación en 1993, en Nature, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo, de un artículo de tres investigadores de la Universidad de California, Irvine. Los tres científicos, Rauscher, Shaw y Ky publicaron que los estudiantes universitarios después de oír durante 10 minutos una sonata de Mozart (K448 para dos pianos) hacían mejor un test de razonamiento espacial —una prueba que requería doblar y cortar papeles— que otros grupos de estudiantes que habían escuchado una cinta con instrucciones para relajarse o silencio. Que se hiciera en estudiantes universitarios y no en niños o en bebés, no se menciona; que el artículo no afirme nada sobre aumento del cociente de inteligencia, tampoco importa; que fuera un test de razonamiento espacial y lo vendan como un incremento general de inteligencia, qué más da; que otros autores usando otros test no hayan sido capaces de replicar el experimento, problema de ellos y, sobre todo, que los supuestos resultados desapareciesen a los quince minutos, lo ocultan cuidadosamente. Cientos de listos vieron las puertas de sus negocios abiertas y cientos de miles de padres se subieron al carro y en vez de leer cuentos a sus hijos, en vez de hablar con ellos y responder a sus preguntas, en vez de llevarlos a museos y al cine para cultivar su inteligencia, en vez de animales a jugar y desarrollar su creatividad, es mucho más fácil comprar un CD donde aparece un padre y un niño en la portada, los dos sonriendo. No es ninguna broma: en la década siguiente se vendieron dos millones de uno de estos CD con música de Mozart para niños.

Si Nature parecía una revista seria, el New York Times siguió su estela y un artículo del músico Ale Ross decía que «los científicos han determinado que escuchar a Mozart te hace más inteligente», cosa que ningún científico había dicho. Ross usó esta falsa conclusión suya para decir que Mozart había destronado a Beethoven como el mejor compositor del mundo. En 2000, otro artículo publicado en el South China Morning Post, indicaba que «según estudios realizados en Occidente, escuchar música de Mozart mientras está en el útero, hace que el bebé nazca más inteligente que sus compañeros de generación». Otro artículo publicado en el Milwaukee Journal Sentinel escribía sobre «numerosos estudios sobre el Efecto Mozart y cómo ayuda a los estudiantes de la escuela primaria, a los del instituto e incluso a los niños de guardería a mejorar su rendimiento mental». El que no se hubiese hecho ningún estudio en estos grupos de edad —ni bebés, ni niños de guardería, ni estudiantes de primaria ni de secundaria— no importaba, la bola seguía creciendo y seguían vendiendo CD. Y seguimos queriendo hacer superbebés sin que tengamos que dedicarles un minuto: la industria Baby Einstein mueve más de 100 millones de euros al año.

En 1997, Don Campbell escribió un libro titulado El Efecto Mozart: pinchando el poder de la música para sanar el cuerpo, fortalecer la mente y desbloquear el espíritu creativo. Por si él título no basta para hacerle temblar, en él este músico decía que escuchar a Mozart, en particular los conciertos de piano, podía incrementar temporalmente el cociente de inteligencia y producir muchos otros beneficios en la función mental. Campbell escribió que Mozart mejoraba el «descanso profundo y el rejuvenecimiento», la «inteligencia y aprendizaje» y la «creatividad y la imaginación» y también reducía el estrés, la depresión y la ansiedad. ¿Quién se puede resistir a una panacea de ese tipo? Un ejemplo de los que no se resistieron fue el entrenador de los New York Jets, un equipo de fútbol americano, que ordenó que los altavoces emitieran música de Mozart durante los entrenamientos, algo que quizá sugiere que pensaba que sus deportistas tenían un problema de inteligencia o creatividad. A estas alturas usted ya se habrá dado cuenta que esto era un despropósito cómico pero da igual, Campbell se hizo millonario vendiendo libros y discos y cuando numerosos estudios intentaron ver estos efectos y no encontraron nada, no pasó nada, a Campbell y a los demás artistas nadie les pidió que devolvieran el dinero. Desgraciadamente, suele ser así.

El Efecto Mozart se siguió estudiando con resultados contradictorios incluso en animales de experimentación. El mismo Rauscher, junto con otros investigadores, realizó experimentos en ratas que fueron expuestas tanto en el desarrollo prenatal como en los primeros dos meses postnatales a la sonata K448 de Mozart, a la música del compositor minimalista Philip Glass, a ruido blanco y a silencio y luego los cuatro grupos tuvieron que moverse en un laberinto. Según los investigadores el grupo de Mozart lo hizo más rápido y con menos errores. Otro equipo académico estudió los efectos de la música de Mozart —la misma K448, por cierto— sobre la neurogénesis del hipocampo, la formación de nuevas neuronas en el cerebro adulto. En comparación con el ruido normal del animalario, las ratas que oyeron a Mozart generaron más neuronas pero eso también sucedía cuando se les exponía a las llamadas de las crías y al silencio, pero no con ruido blanco.

Incluso en el país con más premios Nobel del mundo en ciencia pasan estas cosas. Zell Miller, gobernador de Georgia, incluyó un apartado presupuestario (105.000 dólares) para regalar a todos los niños nacidos en el estado un CD de música clásica. Miller les puso a los legisladores en un magnetófono el Himno a la Alegría de Beethoven y les preguntó. «Ahora, ¿no os sentís más inteligentes ya?». Parece que Miller creía que él sí lo era. El gobernador de Tennessee Don Sundquist siguió la estela de su colega y sacó adelante un proyecto similar y la asamblea legislativa de Florida aprobó una ley requiriendo financiación pública para que todas las guarderías pusieran música clásica a los niños. Científicamente era una estupidez, políticamente era un acierto: los padres pensarían que los políticos ayudaban a que sus hijos fueran más inteligentes, creerían erróneamente que no les costaba a ellos dinero, el riesgo era cero —a nadie le pasa nada malo por escuchar música clásica— y el gasto, una minucia para un estado. Cuando diferentes investigaciones encontraron que el Efecto Mozart no generaba ningún efecto sobre la inteligencia, estos políticos no quisieron perder el juguete. El mismo gobernador Zell Miller animó a los defensores de esta teoría a «no ser confundidos ni a desanimarse por culpa de unos académicos que criticaban a otros académicos». Evidentemente, este señor no sabe que así es como avanza la ciencia: debatiendo, comprobando y rechazando o ratificando resultados previos.

Estudios posteriores han explicado un poco más lo que puede ser y no ser el Efecto Mozart. Mucha de la música de Mozart tiene un componente positivo, transmite alegría, ánimo. Thompson et al. (2001) pusieron a unos voluntarios una de estas piezas que podríamos llamar «euforizantes», una sonata mozartiana frente a otra que según ellos era triste y lenta (el adagio de Albinoni, que a mí me parece preciosa). La conclusión del estudio fue que los dos tipos de música producían efectos diferentes en el ánimo, el estado de alerta, y la alegría de los participantes por lo que concluyeron que «estos resultados proporcionan una evidencia convincente de que el efecto Mozart es un artefacto del estado de alerta y el ánimo». Otro estudio demostró que los efectos sobre las pruebas espaciales publicados en Nature se conseguían igualmente si en vez de poner un trozo de una composición de Mozart se leía un trozo de un texto de terror de Stephen King o se tomaba una limonada. ¿Qué quieren que les diga? Prefiero a Mozart o la limonada pero una fotocopia es mucho más barata que un CD de música clásica. Recuerde, la ciencia es cultura.

¿Y cómo conseguir que nuestro bebé sea más inteligente? La Academia Americana de Pediatría lo deja muy claro: hablarle, pasear con él, cantar a su lado, tocarle, abrazarle, imitarle y leerle cuentos. Apenas cuesta dinero y recuerde que a Wolfgang Amadeus nadie le puso un CD.

Para leer más:

  • Jenkins JS (2001) The Mozart effect. J R Soc Med 94(4): 170–172.
  • Kirste I, Nicola Z, Kronenberg G, Walker TL, Liu RC, Kempermann G (2015) Is silence golden? Effects of auditory stimuli and their absence on adult hippocampal neurogenesis. Brain Struct Funct 220(2): 1221-1228.
  • Lilienfeld SO, Lynn SJ, Ruscio J, Beyerstein BL (2010) 50 great myths of popular psychology : shattering widespread misconceptions about human behavior. Wiley-Blackwell, Chichester, West Sussex ; Malden, Mass.
  • Rauscher FH, Shaw GL, Ky KN (1993) Music and spatial task performance. Nature 365(6447): 611.
  • Rauscher FH, Robinson KD, Jens JJ (1998) Improved maze learning through early music exposure in rats. Neurol Res 20: 427-432.
  • Thompson WF, Schellenberg EG, Husain G (2001) Arousal, mood, and the Mozart effect. Psychol Sci 12(3): 248-251.
  • http://www.healthychildren.org/English/ages-stages/baby/Pages/The-Secret-to-a-Smarter-Baby.aspx
  • http://www.healthychildren.org/English/health-issues/conditions/adhd/Pages/Vision-Inner-Ear-Auditory-Integration-and-Sensory-Integration-Problems.aspx
  • http://www.thedancenterforautism.com/schoolfailureinpolandResearch.pdf

49 Comentarios

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oscaroscar

El artículo está muy bien para desmontar otro mito, este reciente, pero en un país como ESpaña, con una tradición musical más bien escasa y un gusto por la cultura marginal, el “efecto mozart” me parece positivo. Al menos ha hecho que en muchas casas se haya oido algo de música clásica. Aunque la causa no fuera cierta y haya servido para enriquecer a “listos”.
En china, la presencia mediática de un pianista llamado Lang-lang, ha conseguido que haya más niños chinos estudiando piano que en toda europa, no recuerdo las cifras pero son varios millones.

José Ramón

Gracias, Óscar. No tenemos que buscar argumentos falsos para defender la buena música y que en la educación de un niño es bueno que oiga música, que vaya a museos, que persiga hormigas. Hace poco participé en la organización de una proyección cinematográfica para niños y me dejaron asombrado porque muchos no habían ido nunca al cine (era una gran ciudad). Tenemos que abrir sus ojos y sus mentes y tienes toda la razón con el impacto de esos modelos.

JSJS

Tampoco es demasiado impresionante ya que China tiene cerca del doble de habitantes que Europa entera.

EvaEva

En caso de obtener resultados positivos, quizá no tendría tanto que ver con el tipo de música como con el perfil arquetípico de quien la escucha: es probable que unos padres que escuchan a Mozart tengan una cultura mayor (y la trasmitan a sus hijos, que además posiblemente estarán más estimulados) que aquellos que escuchan radiofórmulas.
Y ocurrirá lo mismo con los hijos de los aficionados al teatro, a los viajes culturales, los amantes de la lectura, etc.

José Ramón

Se usan siempre distintos tipos de “grupo control”. En ocasiones, silencio o ruido blanco u otra música o voces conocidas o desconocidas. Desde luego un ambiente “enriquecido”, tanto en humanos como en animales, tiene un impacto positivo en el desarrollo cerebral y la educación es nuestra principal herramienta en este sentido. Gracias por dejar tu comentario.

Manuel León

Efectivamente, escuchar a Mozart (como cualquier otro compositor o música) no “te hace mas ni menos inteligente”. No hay nada causal directamente en ello. Estamos hablando de habilidades, destrezas, modelos del mundo que vamos construyendo en base a muchos ingredientes, y la música puede ser uno de ellos, y su contribución dependerá de cómo el individuo en cuestión y su entorno han ido moldeadando esa influencia.

Miguel EspinosaMiguel Espinosa

¡Wow!, mi familia va a flipar cuando se enteren de que fueron timados. A mí nunca me pareció que el “efecto” Mozart tuviera sentido, pero no tenía con qué argumentarles.

Por lo menos siempre nos ha gustado la música clásica.

Saludos.

Miguel EspinosaMiguel Espinosa

Afortunadamente no. A menos que los juegos didácticos no tengan nada de didácticos.

Damián SánchezDamián Sánchez

Desde mi punto de vista lo peor no es el engaño, sino la presión que están metiendo muchos padres a sus niños antes de nacer. es decir, no sé si el ponerle musica clásica a un bebé que todavía no ha nacido es imponerle unas expectativas demasiado altas.
A parte de que escuchar música para mejorar la inteligencia lleva el mensaje implícito de no ser lo bastante inteligente. No creo que sea muy bueno para la autoestima
Enhorabuena por el articulo, por cierto. me ha encantado

José Ramón

Gracias, Damián
Como he intentado explicar en el artículo, no pasa nada si le ponemos música a un bebé. El problema es si nos creemos cualquier cosa que nos digan y si pensamos que eso (ponerle un CD o un video en la tele) es lo mejor que podemos hacer por nuestro hijo. Cantarle cualquier canción del verano, aunque sea una porquería de partitura, es mucho más eficaz para su inteligencia porque lo importante está ahí, dedicarle tiempo, hablarle, compartir alegría, darle nuestra voz y nuestros gestos…

..

Creo que a lo que se refería Damian al hablar de presión y expectativas, era que, los padres van a esperar más de su hijo por haber sido expuesto a Mozart y ahí viene la presión. Es algo que se ve mucho, en el colegio, por ejemplo, cuando alguien demuestra más aptitudes en las materias impuestas por nuestro sistema manipulado de escolarización (tema aparte y fuera de contexto), de alguna forma puede que esa persona recibe presión porque las expectativas que se tienen de esta crecen y luego ven más trágico que esta falle a que si lo hace una persona no tan “aplicada”.

En cuanto a lo del efecto Mozart, es triste como las personas asimilan como verdad cualquier cosa que se les diga, no hay que ser un experto neurólogo con miles de experimentos con el efecto Mozart para preguntarse si realmente existe alguna diferencia significativa o siquiera diferencia en el desarrollo a nivel neuronal al escuchar Mozart, cualquier otro artista de musica clásica, una blada de rock u alguna otra canción pegajosa pop. Tal vez si tenga un impacto en la cultura individual, pero hay un hueco muy grande de eso a que alguien se haga mas inteligente. Es deprimente ver tanta pereza e ingenuidad, pero mas deprimente aún saber que estamos engañados con muchas otras farsas con un impacto mil veces mayor y que por el tiempo y la convivencia estamos dentro de todos esos huecos con pocas opciones de salida. Perdón si sueno como un enfermo paranoico de teorías conspirativas. Jaja.

Edu_WeruEdu_Weru

pero a ninguno de estos “investigadores” se le ocurrió comparar la K488 de Mozart con otra de sus sonatas… O con Haydn? O con otro compositor clásico (o romántico) de música clásica ?
Pobre Mozart.

José Ramón

Como escomprensible lógico buscan una comparación con algo más diferente (ruído blanco, silencio, grititos de las crías, una música muy diferente, etc.) He pensado en ti con lo de las diferencias en la neurogénesis. Podemos poner un piano en el animalario 😉

abrazo

JJ SeñorJJ Señor

Me gustan las cuerdas y en mi casa siempre han sonado Hendel, Bach, Vivaldi y otros y, aunque Mozart no ha sido santo de mi devoción, también aprecio obras como la pequeña serenata nocturna o sus conciertos para violín.
Con ello conseguí algo que pretendía: que cuando a mis hijos les llegase la edad del rock duro no quedasen enganchados a él.
Naturalmente han disfrutado del rock, como yo lo disfruté y a veces lo disfruto, pero cuando hoy piensan en casa siempre recuerdan con placer a estos músicos y la música de cámara en general. Y siguen disfrutando de la música en sus vidas independientes.
Afortunadamente nunca fui incauto en eso. Y tengo mis dudas sobre si las vacas producen más leche o las plantas crecen más sanas con la música clásica. No digo que no, pero tengo mis dudas. Como también las tengo cuando alguien afirma que los amantes del rock son más inteligentes (que también se ha dicho).
El artículo me parece correcto, documentado y oportuno.

José Ramón

Gracias por el comentario. Evidentemente estoy a favor de la música, sea la que sea (también el rock y el blues y una buena voz femenina) el problema es cuando se le atribuyen poderes mágicos. También parece haber cierto consenso que a quien le pusieron música clásica de niño o le llevaron a conciertos, luego le gusta de mayor. No sé si siempre será así (siempre seguro que no, pero al menos que sea mayoritario). Un saludo cordial

Joaquín RodríguezJoaquín Rodríguez

!Ojala todos los timos tuvieran como resultado un mayor conocimiento de Mozart¡ Por cierto, el adagio de Albinoni no es de Albinoni. Wikipedia: “es una obra para orquesta de cuerdas y órgano en sol menor, compuesta en 1945 por el musicólogo italiano Remo Giazotto. Publicado por primera vez en 1958″. Vamos, un “fake” en toda regla.

José Ramón

¡Vaya! Menudo disgusto. No tenía ni idea. Sin embargo, revisando el artículo de Wikipedia pero en inglés, la cosa no está tan clara. Según parece una discípula de Giazotto encontró distintos fragmentos entre sus papeles al fallecer donde parece que obtuvo esa información en Dresde, donde desarrolló Albinoni parte de su carrera. Así que sería lo que al parecer dijo Giazotto en vida, que lo había hecho a partir de una fuente original.
¡Saludos!

Dani

Excelente artículo, José Ramón.

Cuando nació mi hijo pequño, en 2009, la moda eran los vídeos de ‘Baby Einstein’. Los había de Mozart, Beethoven y hasta de Galileo. Aunque no lo decían explícitamente, la promesa con estos vídeos era del tipo “Si tus hijos lo ven serán algún día como Einstein”. Amigos y familiares, con la mejor de las intenciones, nos regalaron varios de ellos y bueno, ya que estaban ahí, pues se los ponía… ¿Y qué había en ellos? Nada: colores llamativos, música distorsionada, por decir algo, y lucecitas brillantes para llamar la atención. Muy cómodo para los padres. Enchufabas al bebé a la tele y se distraía un rato. Y los vendían como ¡educativos! (de hecho creo que obligaron a la empresa a retirar esa calificación). Al final mi hijo no pasaba del minuto 5 y pedía más atención y daba la lata por otro lado. No me quiero imaginar que alguien obligara a un bebé a esa tortura más allá de cinco minutos…

¿Has visto alguna vez alguno?
Si puedes evitarlo hazlo, dicen que en adultos produce efectos secundarios impredecibles. ¿O es otro mito? A mí me afectó. Pocos meses después me dio por abrir un blog 😛

Salud :-)

José Ramón

Gracias, Dani

Tengo amigos que compraron el Baby Einstein y se lo ponían a sus retoños. No creo que haga daño es más esa seudpaternidad que se siente cómoda poniendo al enano delante de la televisión. Leerle un cuento, que también tiene colores llamativos pienso que es cien veces más enriquecedor para su desarrollo cerebral.
De todas formas, si el resultado del Baby Einstein fue que abrieras tu magnifico blog, lo miraré con mejores ojos 😉

Abrazo fuerte

Almudena

¡Hola José Ramón!
Llevaba siglos queriendo escribir un post sobre el tema, pero por fin alguien se me ha adelantado XD. Tu post me parece muy necesario porque, de todos los mitos vendehumos posibles este, quizás por cierto tinte intelectual, es el que goza de mayor prestigio.

Lo que más me intriga a mí, en cualquier caso es la idea subyacente sobre la que se basa el “efecto”. No es casual que sea precisamente Mozart quien da nombre a este efecto. Cualquiera lo conoce como el niño prodigio, el “genio” que mejor encaja en este estereotipo, en este “mito”. Con muerte precoz y todo, oiga. De algún modo, la expectativa es que esa genialidad, hasta cierto punto “mágica”, se contagie a través de su música.

Después de todo: el “efecto Mozart” tal y como se vende no se basa en una propiedad audible de la música. No es el efecto de las semicorcheas, o el efecto de la armonía clásica. En tal caso, cualquier composición “parecida” a una de Mozart produciría efectos parecidos. En cambio, lo que se vende es un efecto mágico basado en un metadato: a saber, “música compuesta por alguien que, a su vez, fue niño prodigio”. Si realmente fuese efectivo, podríamos deducir el autor de una pieza inédita sólo reproduciéndola en frente de bebés: si se vuelven listos, es de Mozart, jeje.

José Ramón

Hola Almu,

Viendo la trayectoria de Mozart, yo tendría serias dudas (ninguna, más bien) de buscar ese camino para mis hijos. Realmente creo que hay un campo para estudiar la alerta emocional para hacer las pruebas, los efectos de las aferencias sensoriales y un enorme etcétera. Me interesan mucho las pruebas en roedores porque separan claramente los aspectos neurobiológicos, y, suponemos, los culturales. Por otro conozco muchos alumnos excelentes (ejem) que combinaban la carrera en la universidad con el conservatorio (a pesar de la dedicación que implica). Siempre pienso en la disciplina, el nivel cultural de la familia, etc. pero ¿habrá algo más?
Por último, me asombra la de millones de personas que caen en estas cosas en los países avanzados. ¿Los que tenemos una base científica somos una minoría? Instituciones, colegios profesionales, etc. ¿nunca hacen nada contra las supercherías y los charlatans?

abrazo

JJ SeñorJJ Señor

J. Ramón:
Me permito intervenir aquí por las preguntas que plantea al final de su comentario.
El pensamiento lógico surgió con cierto orden sistemático hace unos dos milenios y medio y ya desde entonces fue ferozmente combatido por los amantes del poder y el dominio de las masas.
Y es preciso responder con otras preguntas: ¿Ha cambiado algo?
De los siete mil y pico millones de seres humanos que ahora somos, ¿cuántos están o estamos realmente libres de la superstición, el animismo, la mística, las supercherías y todo tipo de irracionalidades?
La cifra puede ser ridícula, y no veo que eso pueda tener solución jamás. La ciencia y el pensamiento lógico no aportan soluciones absolutamente verdaderas a nada; los charlatanes sí, y muchos políticos también.

José Ramón

Estimado JJ

Voy más allá. No hace falta ir a los siete mil millones de seres humanos. Si nos centramos en la población educada de los países desarrollados, resulta que cantidad de gente cree en teorías estúpidas, sin ningún fundamento. Si preguntamos a los estudiantes de Psicología qué parte de nuestro cerebro utilizamos, un tercio dice que un 10%. Me temo que siempre ha sido así pero también creo que vamos por el buen camino y es necesario seguir trabajando, divulgando, explicando.. sin enfadarnos, con buen humor y cariño pero también sin dejar que campen a sus anchas los vendedores de crecepelos cerebral. Así que no digas eso de que no tendrá solución jamás, recuerda las películas del Oeste, los buenos siempre ganan al final. 😉

ununcuadioununcuadio

Precisamente iba a comentar que, a raíz de su charla en Amazings 2012, fue Almudena la primera que me explicó la patraña del efecto Mozart. Yo lo tenía en mente porque en un corto sobre Los increíbles, precisamente los superpoderes del bebé se “despiertan” escuchando a Mozart. No sé si la intención del corto es satírica, creo que no, y realmente es una pena que la pseudociencia se cuele en unos dibujos animados que verán muchas personas sin cuestionarse más allá…
Gracias por el artículo José Ramón

Josepzin (@josepzin)

No conocía este “efecto Mozart”.

Si hay que reconocer algo a los vendehumos es que tienen una habilidad muy desarrollada para buscar nuevos versos…

José Ramón

Totalmente de acuerdo, a veces pienso si nosotros somos los tontos, defendiendo la verdad mientras ellos se hacen millonarios vendiendo “crecepelos cerebrales”. ¿No le parece?

JJ SeñorJJ Señor

Sin embargo creo que hay algunas obras que sobrepasan mucho el placer de oír un sonido armónico.
Cada cual tendrá sus preferencias, que podrían llamarse debilidades en cierto sentido, pero hay obras que no permiten servir solo de música de fondo sino que incitan con fuerza ser oídas metiéndose profundamente en ellas.
No tiene nada que ver con el artículo, pero me apetecía decirlo.

José Ramón

Me parece muy buen comentario pero también creo que hay muchas diferencias de persona a persona. Yo nunca he podido estudiar con música de fondo y para algunas cosas manuales y monótonas (prefiero gente hablando de fondo que música, aunque no me entere apenas de lo que dicen. ¿Cree que podemos generalizar sobre esa relación con algunas obras musicales?

JJ SeñorJJ Señor

Generalizando, creo que pasa como con los olores, los sabores e incluso conceptos o escenarios que a veces, sin que venga el recuerdo que los motivan, sí nos transmiten una agradable sensación pasada.
Pero particularizando, y refiriéndome a la música, deben de existir creaciones que desde el primer segundo de ser oídas nos cautivan sin motivo al menos aparente. Que parecen haber sido hechas expresamente para uno mismo.
A mí me pasó y me sigue pasando siempre con la sinfonía del nuevo mundo de Dvorak. Me estremece, me paraliza, me impide otra cosa que escucharla con todo mi ser. La intensidad con que me posee no puedo describirla realmente.

José Ramón

Sería un poco más prudente sobre la interpretación de esos resultados.
– Usan como control un grupo “silencio”. Tendrían, en mi opinión, que haber usado otros tipos de entrada auditiva-¿Es posible que los resultados fuesen los mismos escuchando a Camela o a Chiquito de la Calzada?
– Las diferencias son entre gente con educación musical y gente sin ella, con lo que es probable que no estemos viendo efectos de la música clásica sino mecanismos emocionales, memorias, aprendizaje, etc.
– Ven cambios en 45 y 97 genes respectivamente pero luego el comentario se centra en aquellos que le permiten construir la historia. Por poner otro ejemplo, la sinucleína es “uno” de los que muestran cambios importantes. Con los mismos datos se pueden construir diferentes historias.
– El supuesto papel neuroprotector de la música clásica no está en absoluto fundamentado con los datos de este estudio.
– ¿Por qué no se dice que no observaron cambios en personas sin experiencia, formación o educación, musical?
– En todos estos estudios de transcriptomas vemos genes sobreexpresados y otros infraexpresados pero a partir de eso, que son los datos, el terreno se vuelve especulativo y resbaladizo.
– Peer Journal es una revista cuyo índice de impacto actual es 0. Es muy reciente pero cuando sea valorada por primera vez es dudoso que sea calificada como una revista exigente o de calidad. Me jugaría un disco de Mozart.

MartinMartin

Gracias por la detallada crítica. Evidentemete deja claro que el paper mencionado refleja una investigación demasiado pobre como para ser considerada digna de un trabajo científico. Gracias nuevamente.

José Ramón

No sé si he sido demasiado “cañero”. Es un trabajo científico. El problema es cuando se sacan las cosas de contexto, se hinchan y se llega a decir que “la música clásica protege de la neurodegeneración” o “escuchar música clásica protege tu cerebro”.
El salto no es que sea demasiado grande, es que no se puede dar con esos datos.

amcamc

Maneras de vender un producto:
-{Nombre del producto} ha sido estudiado por numerosos científicos, y afirman que tiene el poder de {cualidad que creas relevante}

La gente se lo cree todo…

YungblutYungblut

Recuerdo de niño haber escuchado alguna vez decir que las plantas crecen hacia el altavoz cuando suena música clásica y crecen alejándose de él cuando suena heavy metal. Siempre pensaba ¿Y para dónde crecen si se usa un cover metalero de música clásica?

JosuéJosué

También es cierto que si ese efecto Mozart te lo cuentan en la barra del bar… Pues dices que el tipo ya bebió demasiado.
El problema es que esas afirmaciones se hacen desde fuentes serias (supuestamente). Yo para informarme busco fuentes de información serias. Un ejemplo: si quiero información sobre mi coche puedo ir al concesionario a preguntar, con gente que sé que tiene que estar preparada, o preguntar en Yahoo answer que a saber quién me responde. Claro si resulta que en el concesionario me dicen una barbaridad, que yo no tengo que saber que es una barbaridad, pues lógicamente me lo creo. Y cuando sale el tema afirmo sin ningún tipo de duda «que me lo dijeron en la concesión».
Si con cada artículo que sale en un periódico o una revista seria tengo que sentarme a hacer un análisis científico… Pues mejor que no publique nada.

RemoRemo

Mucha gente (y no sólo esta oleada de escépticos que crece en twitter) no sabe lo que es realidad la ciencia. A mí personalmente la lección más brillante que me dieron en la Facultad de Medicina ocurrió en la primera clase de la asignatura de Farmacología Clínica a cargo de un no menos brillante catedrático en la materia. Tras presentarse, dijo: “Vds. se creen todo lo que leen en los libros de medicina”. Con esa primera frase “mató” a todos mis compañeros.

¿Y a mí, qué me hizo? Me cautivó.

MarinaMarina

Bueno yo no soy cientifico ni nada por el estilo pero cuando estudie en la universidad, mis horas de estudio las pasaba con musica clasica…. Mozart, Bach y otros. Estudiaba dos carreras y trabajaba algunas horas al dia. Puedo decir que este tipo de musica me ayudo muchisimo ya que mi aprendizaje y comprension de los temas se me hicieron faciles….. Luego nacio mi hija y desde el que estaba en gentacion escucho este tipo de musica. Es una nina muy inteligente y despierta y ahora en la escuela la han puesto en un programa para ninos avanzados. A sus 6 Anitos toca piano y estaba aprendiendo a tocar el chelo.
Ahora si bien es cierto que no solo es Mozart y su efecto, que tambien hay que dedicarles y avanzar con ellos en cada paso, la musica nos acompana a las dos y nos ha ayudado muchisimo.

Maritza Salcedo

El Efecto Mozart es el primer estudio y ejemplo de lo que representa la música en cada persona. Para unos es el Rock, para otros la música espiritual, para otros la clásica. Pero no se puede negar que sana y despierta nuestras emociones bloqueadas. Si esto no es salud mental y emocional, como se puede llamar?
Ademas cuando se ve la vida que vivió el compositor, la época y circunstancias familiares se puede entender lo que es estar enfocado en si mismo, sabiendo que el tiempo esta contado y que hay que dejar algo bueno y maravilloso, como la música clásica en este caso. Lo mas importante es hacer lo que vinimos a hacer por encima de todo y a pesar de todo. Misión cumplida.

José Ramón

El efecto Mozart, creo que está claro, es un camelo. ¿Qué son las emociones bloqueadas? ¿Algún concepto de libro de autoayuda? Usted supone que Mozart sabía que iba a morir a los 35 años y “misión cumplida”. Pues no, yo creo que fue una tragedia, que habría escrito muchas más obras maravillosas y de hecho, dejó importantes obras inacabadas. Eso de “hacer lo que vinimos a hacer” suena a que está escrito en algún sitio. Dígame dónde para ver lo que me falta de tachar.

Cynthia E.Cynthia E.

Que tal, es la primera vez que entro a este blog, el cual encuentro muy interesante. Creo que el desarrollo de un pequeño va mas allá de un CD de música. Es un sin fin de cosas que se puede hacer por el. Como mencionabas antes, una canción cantada por los padres, distintas dinamicas que los padres pueden tener con sus hijos, en micaso clases de música, sin dajar jamás a un lado la principal meta: hacer a nuestros hijos felices, queridos y valorados. Muy buen tema. Gracias

Gustavo A. GoyenecheGustavo A. Goyeneche

Entiendo y comprendo que cualquier música no es lo mismo. Mis nietos, ante una misma música, reaccionan de distinta manera. Supongo que ademas del temperamento distinto de cada uno, también influirían las costumbres musicales de los padres. Creo que el mejor potencial que podemos extraer de los niños es, ademas de la diversidad de experiencias buenas que les demos, el afecto de una caricia, el cariño. El amor de una caricia -ya fuera táctil, verbal ó ambas- quiebra muchos bloqueos. He visto caras de amargura en los niños cuando presencian disputas entre los padres y he visto tranquilidad y contento en sus rostros cuando se abrazan y se miman con unos lindos piropos. Aunque me fui algo del tema musical, creo que es algo que debería complementar, como si fuera la levadura o un enzima que puede catalizar mejor el proceso creativo de un niño. Tan simple y eficaz como el amor y un buen ejercicio -demostrar nuestro amor sincero- ante ellos y no pensar que solo porque estamos juntos lo deben suponer.

VeveVeve

Qué gran artículo!! Ahora está pasando con la Inteligencia Emocional, pero como no hay mucho producto que vender salvo libros y algún curso se ha dado paso al mindfullness: viajes para encontrar tu tiempo, tu espacio, a tu yo y al otro yo, conferencias, congresos , cursos, master, etc… Un filón.

Jacinto Mesa ZanónJacinto Mesa Zanón

Yo no se si escuchar la música de Mozart hará más inteligente pero de lo que no tengo la menor duda es que hace a una persona más espiritual. A mí me hace intuir algo espiritual profundo…… ?…… y emocionalmente me deja muy buen sabor de boca, ……. sinceramente yo creo que ALGO DE VERDAD HAY…… AUNQUE NO SE SI HACE MÁS INTELIGENTE PERO SE INTUYE “ALGO” ESPIRITUAL “MUY PROFUNDO” EN TODA LA MÚSICA DE MOZART……. es intuición.
Por cierto que a Einstein Mozart le insipiraba también “ALGO” espiritual muy profundo ……. y EINSTEIN NO ES UN CUALQUIERA…….
Sinceramente Mozart tiene ALGO su música que no me puedo explicar pon palabras……

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