Las muchas brújulas de China

10 BrujulasEs bien sabido que China “dio al mundo la brújula, la imprenta, el papel y la pólvora”, pero hay muchas precisiones que hay que hacer en esa declaración. El papel, por ejemplo, fue más o menos desarrollado en varias culturas, pero la “fórmula china” es la contribución principal de esta cultura. La imprenta de tipos móviles sí se inventó en China mucho antes que Gutenberg, pero realmente nunca salió de ahí; la pólvora fue realmente la contribución más importante hacia afuera.

El escritor contemporáneo Lin Yutang (1895-1976) habla de que aunque a los chinos “nunca les ha faltado ingenio ni inventiva, han sido siempre atrasados en el desarrollo de la ciencia natural”, ya que “no tienen una mente analítica y se deleitan más en tópicos morales o bien en el uso del sentido común”. A esto hay que agregarle las innumerables supersticiones y teorías de correspondencias como las de los Cinco Elementos, que se traslapan con mucho del conocimiento riguroso.

Y aunque hay algo de verdad en estas aseveraciones, Lin parece ser demasiado severo en su juicio y deja de lado la larguísima lista de contribuciones chinas a la ciencia, si bien es cierto que casi todas han sido en la parte práctica o de ingeniería, no en la parte teórica. En las matemáticas y la geometría hubo contribuciones importantes al mismo tiempo que los griegos, pero sin el rigor de éstos en cuanto a sus pruebas. Es definitivamente en lo práctico en donde se dio el principal desarrollo, con técnicas sorprendentes en arquitectura, química y metalurgia, cerámica y muchas otras industrias. La brújula de navegación pertenece a este tipo de contribuciones y tiene una historia más larga que la normalmente aceptada, debido a una combinación de razones culturales y geográficas.

En general se dice que los chinos desarrollaron la brújula (de navegación) alrededor de un siglo antes que los europeos. Las fechas estándar son 1187 y 1269, con la respectiva publicación de los tratados De Utensilibus de Alexander Neckam y Epistola de Magnete de Petrus Peregrinus, en donde se describe la brújula flotante. Contra éstos, está la obra “Ensayos del Arroyo de los Sueños”, del erudito Shen Kuo (1088), donde menciona que:

Cuando los astrólogos tallan la punta de una aguja en la piedra imán y entonces aquélla siempre indicará hacia el sur… para que sea estable lo mejor es suspenderla de un hilo de seda en un lugar sin viento.

Y más adelante en el mismo texto abunda sobre su aplicación. Pero en un texto un poco anterior y menos conocido, “Colección de Técnicas Militares” (1044), se describe no sólo el uso de la brújula como orientación. sino de la técnica para crearla sin necesidad de piedras imán:

Cuando las tropas marchan de noche o en la bruma… pueden usar el “pez que indica el sur”: una fina hoja de hierro es cortada en forma de pez y calentada hasta que se pone al rojo. Entonces es sacada del fuego y enfriada, sumergiéndola en agua. Al hacer flotar el pez sobre la superficie del agua en un pequeño tazón, su cabeza indicará el norte.

Esto quiere decir que en ese momento no sólo conocían ya el fenómeno de orientación sino además el de magnetización termorremanente, que de hecho se convirtió en la técnica preferida para crear agujas imantadas por muchos siglos. Ahora bien, el fenómeno del magnetismo y la magnetización del hierro ha sido bien conocido en muchas culturas desde tiempos muy remotos (por lo menos el 1500 a.C.), pero en el principal descubrimiento, el de la orientación hacia los polos y el consecuente uso de este conocimiento para la orientación, los chinos parecen haber tenido una ventaja no de un siglo, sino de casi un milenio. Sin embargo este avanzado conocimiento y las técnicas para usarlo se mantuvieron limitadas en su uso por dos razones:

En primer lugar, los chinos no se desarrollaron como navegantes de mar abierto sino hasta muchísimo después, y la masa continental a través de la cual se movían por ríos no presentaba los retos de orientación que presenta aquélla.

En segundo lugar y más importante, la teoría de los Cinco Elementos (Fuego-Tierra-Metal-Agua-Madera) así como otras teorías relacionadas de geomancia y adivinación, como el Pa Kua, jugaron un papel importantísimo en el pensamiento chino antiguo, de modo que mucho del conocimiento generado estaba supeditado a estas teorías de correspondencias e influencias metafísicas. Por ejemplo, todavía en 1816, el misionero W. A. Harland refiere que el proceso para crear agujas imantadas por termorremanencia incluye añadir en el horno ciertas cantidades de cinabrio (una combinación de mercurio y azufre) y oropimente (trisulfuro de arsénico), ambos ingredientes tradicionales en la alquimia china. El proceso en sí no necesita más que de calor, pero seguramente estos componentes fueron agregados por influencia de estas ideologías arcaicas.

Pasando al asunto de estar adelantados por un milenio en lugar de un siglo, llegamos a los “Ensayos Críticos” del pensador Wang Chong (siglo I). En él, este pasaje es sumamente revelador:

Es probable que la “planta indicadora” nunca haya existido y sea sólo una fábula, o quizá era una planta real, pero no podía indicar direcciones… Pero cuando la cuchara del sur es arrojada al suelo, sin falta termina indicando en esa dirección al cesar su movimiento.

Wang Chong fue de los primeros materialistas filosóficos y rechazaba la metafísica así como gran cantidad de las supersticiones de su tiempo. La planta a la que se refiere era un arbusto que supuestamente podía apuntar en dirección a personas cercanas, pero Wang lo rechaza como una impostura, al mismo tiempo que lo contrasta con el hecho observado de la cuchara imantada que se usaba en los ritos de adivinación y cuyo mango apuntaba siempre al sur:

10a Brujula

Es asombroso pensar que tal conocimiento haya sido mayormente limitado a la geomancia y al ritual durante siglos.

Finalmente, hay una brújula más creada también en la antigüedad y no menos impresionante: La brújula de Ma Jun.

Ma Jun (200-265) es considerado como uno de los más brillantes inventores de la antigüedad. Uno de sus inventos fue un telar de doce lizos, mucho más fácil de usar que los telares de cincuenta lizos y palancas que se usaban en su tiempo. También perfeccionó la bombas de agua para irrigación de los campos, e incluso construyó un “teatro mecánico” para el emperador, con figuras de madera que se movían por medios mecánicos. Pero su principal invento fue el “Carruaje Que Indica el Sur”, una brújula que no usaba magnetismo, sino un complejo sistema de engranajes para indicar siempre la misma dirección. Si se orientaba al sur como posición inicial, el carruaje podía rotar o desplazarse, pero el indicador permanecía fijo indicando la dirección original:

10b Brujula

El concepto del mecanismo diferencial usado en este aparato es muy adelantado para su tiempo y el único ejemplo anterior a él es el famoso Mecanismo de Anticitera. Sin embargo, tampoco fue usado ampliamente en orientación ni navegación, sino como una curiosidad de ingeniería y en algunas ocasiones como parte de algún ritual.

Lin Yutang y otros autores como Lu Xun (1881-1936) tenían razón en considerar a la ciencia china como muy limitada por su mentalidad tradicional y su falta de organización analítica, si bien también es cierto como podemos ver, que su inventiva nunca ha estado a la zaga de otras culturas, sino sólo su forma de aplicarla. Un chiste muestra la diferencia entre formas de ver el mundo y los diversos tipos de curiosidad y de pragmatismo:

Al encontrar al Ornitorrinco por primera vez, el observador alemán dice “¡Qué animal tan extraño! ¿Cómo habrá evolucionado? ¿Cómo es su sistema reproductivo? ¿Cómo encuentra su sustento y cómo se relaciona con otros animales en su medio ambiente? ¿A qué clasificación pertenece?…”

Al encontrar al Ornitorrinco por primera vez, el observador chino dice “¡Qué animal tan extraño! ¿Cómo lo podré cocinar?”

 

Este artículo nos lo envía Alfonso Araujo, (@Alfonso_AraujoG) ingeniero y actualmente profesor de economía contemporánea en la Universidad de Hangzhou en China. Puedes visitar su blog “El mundo es extraño” o seguirle en tuiter.

Referencias:

Lin, Yutang. “The Chinese Mind, III.3 Lack of science”, en My Country and My People. Londres: William Heine Mann, 1936. pp. 75, 80-82.

Zhou, Xingsi. “La brújula de Ma Jun”, en El Libro de las Mil Palabras. Buenos Aires: Quadratta, 2014. p. 177.

Needham, Joseph y Wang, Ling. Science and Civilisation in China, Vol 4. Physics and Physical Technology. Nueva York: Cambridge University Press, 1964. pp. 249-267.

Shen Kuo (沈括, 1031-1095). “Ensayos del Arroyo de los Sueños”. (梦溪笔谈; Mèng Xī Bǐ Tán).

Zeng Gongliang (曾公亮), Ding Du (丁度), Yang Weide (楊惟德). “Colección de Técnicas Militares”. (武经总要, Wǔ jīng zǒng yào).

 



Por Colaborador Invitado
Publicado el ⌚ 11 junio, 2015
Categoría(s): ✓ Divulgación • Historia