#LDOnda: ¿Qué es la disonancia?

Radio Clásica ha estrenado un programa sobre ciencia y música llamado Longitud de Onda; #LDOnda en Twitter. Se emite todos los días de 13:00 a 14:00. Los viernes pasaré por sus estudios para presentar algún tema relacionado con la física o las matemáticas de la música.

La disonancia

¿Qué es la disonancia?

Se suele pensar en la disonancia como el antónimo de la consonancia. De este modo, si en el capítulo de #LDOnda sobre armónicos decíamos que la consoncia es la sonoridad “agradable” producida sonidos simultáneos extraídos de la misma serie armónica, resulta tentador definir disonancia como la combinación de sonidos que resultan “desagradables” o suenan “mal”.

Pero no es tan sencillo. Para empezar, porque la disonancia no es el reverso exacto de la consonancia. No es una cuestión de blanco y negro, sino que se trata de una diferencia gradual. De modo que, si bien parece existir un gran consenso sobre cuáles son los intervalos más consonantes y cuáles los más disonantes, la escala se vuelve algo más difusa y variable entre estos dos extremos.

Por otro lado la disonancia musical no coincide exactamente con lo que se conoce como disonancia perceptiva. De hecho, lo que en música se ha considerado disonancia ha variado a lo largo de la historia de la música occidental. Es un concepto más dependiente del contexto y del leguaje musical utilizado. La disonancia perceptiva, en cambio, es un fenómeno mucho menos variable y menos sujeto a la interpretación.

¿Qué es la disonancia perceptiva? Se suele describir como una especie de rugosidad, de discontinuidad en la amplitud de un sonido. En música, este tipo de disonancia se produce cuando dos sonidos tienen frecuencias muy próximas entre sí. Cuando estos sonidos, tan parecidos, llegan a la cóclea (un órgano del oído interno capaz de analizar las frecuencias de un sonido), estimulan las mismas células. La cóclea no es capaz de separarlos, de recoger cada frecuencia de manera independiente y lo que recoge, en cambio, es la suma de ambas. Dichas frecuencias están dentro de lo que se conoce como ancho de banda crítico. Pues bien, la suma de dos ondas de frecuencias muy similares pero no idénticas da lugar a otra onda de frecuencia intermedia modulada por una envolvente que anula su amplitud a intervalos regulares (podéis probar a hacer la suma en Wolfram Alpha). A nivel perceptivo, lo que se se escucha son una especie de batidos o rugosidades que, en general, se consideran desagradables al oído.

Lo curioso es que este tipo de sonoridad se ha encontrado asociada, incluso, al miedo que nos provocan ¡los gritos humanos! Este mismo verano salió publicado un estudio en Current Biology de lo más curioso. Resulta que cuando escuchamos un grito nuestro cerebro genera una respuesta especial, vinculada al miedo, distinta a la reacción que tenemos ante otros ruidos de amplitud similar. Esto hace posible que podamos reaccionar rápidamente ante este estímulo y distinguir un grito humano incluso en entornos muy ruidosos. Sin embargo, hasta ahora no se conocía cuál era la cualidad acústica que desencadenaba esta reacción. Pues bien, cuando imaginamos un grito, solemos asociarlo a un sonido agudo y de gran volumen. Pero no se trata sólo de eso: una cualidad fundamental es la rugosidad del sonido, los batidos de los que hablamos. Fue precisamente esta propiedad la que los investigadores consiguieron aislar como la más “alarmante” para los oyentes.

En el último capítulo de Longitud de Onda hablamos de gritos, de sonidos espeluznantes, de cómo estos efectos se han utilizado en bandas sonoras y en en composiciones aterradoras, o trágicas, o dolorosas. Hablaremos de la función que se le ha dado a la disonancia a lo largo de la historia de la música y de cómo hemos aprendido a dejar que guíe nuestras expectativas. Hablaremos del tritono, el intervalo del diablo y de tantos ejemplos musicales donde se usa… quizás no sea el programa que “mejor” suene, pero estoy segura de que os va a encantar.


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alba Lucia Cano Becerraalba Lucia Cano Becerra

Gracias por compartirnos e ilustrarnos en este oceano de conocimientos tan fructíferos.

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