Grandes anónimos de la medicina

La historia de la medicina y la investigación biomédica ha estado marcada por la aparición de grandes figuras como Hipócrates, Vesalio, Servet, Fleming, Pasteur, Ramón y Cajal, Franklin, etc. Pero al igual que el resto de disciplinas científicas, muchos anónimos y anónimas han jugado un papel fundamental, de hecho dentro de este grupo aparecen una serie de personas que han sido cruciales para el desarrollo de la medicina, sin ni si quiera ser conscientes. Este artículo trata sobre algunas de estas personas.

El progreso de la ciencia, en muchas ocasiones, se ha debido a experimentos y técnicas que serían descartadas en la actualidad por cualquier comité ético y también por cualquier ciudadano de a pie. Uno de estos casos es el de James Phipps, un niño nacido en una familia humilde de la campiña inglesa a finales del S. XVIII. Un día, allá por Mayo de 1796, Edward Jenner estaba buscando a un chico sano, de alrededor de 8 años, para un experimento y James,  hijo de una pareja que cuidaba sus tierras, era el candidato perfecto. Jenner necesitaba al niño para la sencilla tarea de inocularle la viruela. De este experimento se ha hablado miles de veces y se han escrito cientos de artículos, pero muy poco se sabe sobre qué paso con el pequeño James. Jenner le inoculó la viruela bovina (o vacuna), tras lo cual el bueno de James estuvo unos días enfermo con fiebre y fuertes dolores de cabeza, al poco se recuperó tras lo cual Jenner le inoculó viruela humana, sin que le ocurriera nada James. La vida del chico cambió por completo, de hecho el investigador lo utilizó para más de 20 comprobaciones (si, es lo que estás pensando, le inoculó el virus más de 20 veces) en diferentes círculos de debate. Entre James y Edward surgió una  buena amistad, y este último le entregó una casa con tierras, donde vivió James con su esposa y sus dos hijos hasta la fecha de su muerte en 1853, sin que los experimentos de Jenner le causarán mucho más daño.

El papel del James Phipps en la historia de la medicina fue crucial, sin ni si quiera él saberlo. La historia de la primera vacuna también cuenta con otros anónimos y olvidados de la ciencia, ya que se considera que Jenner no fue el primero que hizo experimentos similares, de hecho al menos 6 personas lo observaron antes, como es el caso del agricultor inglés Benjamin Jesty o el profesor alemán Peter Plett, aunque esta historia daría para otro artículo.

Cuadro de Ernest Board que representa a Edward Jenner inoculando la viruela a James Phipps.
Cuadro de Ernest Board que representa a Edward Jenner inoculando la viruela a James Phipps.

Avanzamos en el tiempo casi un siglo para hablar de otro niño, en este caso Henry Molaison. Según cuenta alguna crónica, era un niño al que le encantaba jugar y montar en bicicleta. Un día de 1935, a la edad de 9 años estaba jugando con su bicicleta cuando tuvo un accidente que le acabaría provocando una serie de crisis epilépticas. A pesar de que la investigación sobre esta enfermedad había mejorado mucho a principios del S.XX, las crisis de Henry no respondían a ningún tipo de  tratamiento. A la edad de 27 años los ataques le imposibilitaban todo atisbo de vida normal, por lo que accedió a una intervención quirúrgica de la mano del cirujano William Beecher Scoville. El cirujano había identificado el foco de los ataques en el lóbulo temporal y durante la intervención llegó a extirparle gran parte del hipocampo y la amígdala, regiones donde residen los recuerdos y las emociones, respectivamente.

La intervención fue todo un éxito en cuanto a lo que la epilepsia se refiere ya que dejó de sufrir crisis epilépticas, sin embargo, Henry perdió su capacidad de almacenar nuevos recuerdos (amnesia anterógrada). Si se mantuvo intacta su memoria procedimental y de trabajo. Así es como surgió el paciente H.M., como lo conocen muchos estudiantes de medicina, ya que el suyo, ha sido uno de los casos más estudiados en la historia de la neurología. Gracias a Henry se ha profundizado en el conocimiento sobre la amnesia y también ha ayudado a desentrañar cómo se interrelacionan diferentes regiones de nuestro cerebro. H.M. ha permitido conocer mejor los procesos que subyacen al aprendizaje de habilidades y funciones motoras, la formación de la memoria espacial o la formación de recuerdos.

Falleció en 2009, décadas después de la operación sin poder aprender nada. Donó su cerebro para la investigación a la Universidad de San Diego, donde “DANA Foundation” y “National Science Foundation” están mapeando todas sus regiones cerebrales con el objetivo de poder relacionar las alteraciones a nivel celular y tisular con toda la sintomatología de Henry Molaison.

Al igual que H.M., existen muchos casos de estudio que se conocen por las iniciales del paciente, es solo tras la muerte del paciente cuando se puede conocer su nombre real, como ocurre también con el caso del paciente K.C. cuyas iniciales corresponden a Kent Cochrane. Nacido en un barrio de los suburbios de Toronto, llegó a estudiar algo similar al ADE de nuestras universidades (Administración y Dirección de Empresas) y acabó trabajando en una empresa industrial. Se trataba de un chico normal, que llevaba una vida tranquila, hasta que un día en 1981, camino al trabajo, tuvo un accidente de con la motocicleta que le provocó un traumatismo craneoencefálico.

Tras su accidente era incapaz de aprender o recordar ninguna experiencia nueva (la ya mencionada amnesia anterógrada), y a diferente de H.M., Kent también sufrió amnesia retrógrada. El accidente le provocó una alteración total del hipocampo, además de un hematoma subdural. Tras diferentes pruebas se concluyó que tenía dañada la región medial del lóbulo temporal, frontal, parietal y la corteza occipital, aunque su capacidad intelectual no se vio comprometida, al igual que su memoria a corto plazo.

Es curioso porque podía aprender nueva información, siempre y cuando pudiera asociarla a algún recuerdo pasado, sin poder recordar cómo había aprendido dicha información. Kent ha sido esencial para comprender como funciona la memoria episódica de nuestro cerebro y para arrojar luz al modelo “unificado” de la memoria. Este modelo se basa en como las diferentes memorias de nuestro cerebro se interrelacionan entre sí estableciendo una compleja circuitería. Falleció en 2014, a la edad de 62 años, 33 años después de su accidente. La neurología ha progresado gracias a Henry, Kent u otros casos que no he mencionado como el de Clive Wearing o Phineas Gage. Son anónimos, que no estudiaron, ni se formaron para conocer arrojar luz a los misterios del cerebro, pero que de una forma accidental han iluminado el camino a seguir por médicos de todo el mundo.

Una de las últimas fotografías de Kent Cochrane.
Una de las últimas fotografías de Kent Cochrane.

Dentro de esta pequeña reseña sobre anónimos no quería olvidarme de un personaje algo menos “anónimo”. Se trata de la pequeña Loretta Lacks, que nació el 1 de agosto de 1920 en el lecho de una familia muy empobrecida de Virginia. Desde su niñez sufrió por culpa de la pobreza y de una sociedad desigual y extremadamente racista, porque Loretta era de ascendencia africana. Se desconoce en qué momento su nombre cambió por el de Henrietta. Dedicó su vida a las plantaciones de tabaco, tuvo su primer hijo a los 14 años, teniendo cuatro más en los siguientes 15 años. Tras dar a luz a su último hijo empezó a sufrir fuertes dolores que le obligaron a ingresar en el hospital John Hopkins. Le diagnosticaron cáncer de cuello de útero, a causa del cual falleció pocos meses después.

Para esa fecha, sus células llevaban creciendo meses en un laboratorio del mismo hospital sin que ella hubiese tenido noticia en vida. A estas células se les llamó HeLa, aunque no se supo su origen hasta décadas después. Las células procedentes de Henrietta Lacks han servido para estudiar la polio y su vacuna, el SIDA, para conocer mucho más sobre el cáncer, resistencia a tóxicos, etc. Su caso ha levantado una gran polémica ética ya que la familia de Henrietta no ha recibido ningún tipo de compensación y sus descendientes aún siguen viviendo en la pobreza. Henrietta Lacks, sin saberlo, ha mejorado la vida de miles de personas y ha favorecido y determinado el progreso médico de los últimos años.

Volvemos atrás en el tiempo y el espacio para ir a 1901, al Hospital de enfermos mentales y epilépticos de Frankfurt, donde una nueva paciente llamada Auguste Detter, de 51 años, es ingresada. Tenía problemas de comprensión, memoria, afasia, desorientación, alteración de la conducta, alucinaciones y un comportamiento impredecible. El primer médico que la atendió observó estos síntomas, caracterizándolos de “peculiares” por lo que llamó al doctor Alois Alzheimer para que la estudiará. Como muchos lectores saben, Auguste Detter fue la primera paciente diagnosticada de la enfermedad Alzheimer, por el propio patólogo Bávaro. De la vida de Auguste se conoce muy poco. Nació el 16 de Mayo de 1850, tuvo una vida muy saludable, sin haber enfermado nunca, se casó con un ferroviario, quién tras varios años observando como su comportamiento se alteraba y su memoria se deterioraba decidió que ingresara en el mencionado hospital. Las pocas notas sobre la vida de Auguste dicen que era una persona amable, trabajadora, buena madre, tímida y ansiosa…este último aspecto es muy interesante ya que estudios recientes están asociando el fenotipo “ansioso” con la enfermedad de Alzheimer.

Auguste murió 5 años después de ser ingresada, en Julio de 1906, a los 56 años de edad. Gracias a esta paciente, el patólogo bávaro estudió y caracterizó las principales alteraciones histopatológicas de la enfermedad (placas de beta-amiloide y ovillos neurofibrilares de la proteína hiperfosforilada Tau). Más de un siglo después, un grupo de científicos, utilizando las técnicas muy avanzadas han podido concluir que Auguste Detter, padeció la variable familiar de la enfermedad por una alteración en el gen de la Presenilina 1, lo que explica el estado avanzado de la enfermedad a los 50 años de edad.

La pequeña Louise tuvo que nacer por cesária, aunque el parto fue tranquilo y sin muchos contratiempos, corría el año 1978, y fue probablemente, el nacimiento que más revuelo mediático ha despertado en la historia de los medios de comunicación. Ya que Louise Brown, fue la primera persona nacida tras una fecundación in vitro, lo que se llamó “bebé probeta”. Fue toda una revolución médica, que levantó ampollas éticas y morales en todo el mundo, pero que ha permitido a miles de parejas poder tener hijos, de hecho los padres de Louise tuvieron a su hermana Natalie, por el mismo proceso. Actualmente Louise vive alejada de tanto revuelo mediático, aunque de vez en cuando aparece en algún periódico o programa de TV. Trabaja en el servicio de correos del área de Bristol y ha tenido dos hijos de forma “natural”. Escribiendo el artículo me he percatado de que para la mayoría de los que hemos nacido a partir de la generación de Louise, los nacimientos por fecundación in vitro, también son considerados naturales, por mucho revuelo ético que pudiera levantar su época, un ejemplo más de cómo, en muchos casos y por suerte, la sociedad se adapta al progreso de la medicina y de la ciencia.

Louise Brown con sus hijos Cameron y Aiden
Louise Brown con sus hijos Cameron y Aiden

No querría terminar este artículo sin olvidarme de mencionar a Louis Washkansy. Nació Lituania pero su condición de judío le obligó a mudarse a los 9 años a Sudáfrica donde vivió el resto de su vida. Siendo muy joven participó en la II Guerra Mundial formando parte del bando aliado. Los que le conocieron decían que era amante y practicante de diferentes deportes como el fútbol, halterofilia o la natación. Conforme crecía su corazón se iba deteriorando, en parte debido a su diabetes, llegando a sufrir tres infartos.

El último de ellos fue demoledor, le ingresaron en el Hospital Groote Schur de Cape Town, donde los médicos daban por hecho que no se podría recuperar. El cirujano Christian Barnard, aconsejado por cardiólogos de hospital, le propuso una cirugía muy arriesgada y novedosa, un trasplante de corazón. Así tuvo lugar uno de los hechos más importantes de la historia reciente de la medicina, el primer trasplante de corazón. Un trágico accidente de coche llevó a Denise Durvall a un estado de muerte cerebral, y su corazón fue el escogido para tan arriesgada intervención. La operación duró 19 horas y Louis sobrevivió al proceso, aunque falleció a los 18 días a causa de una neumonía provocada por complicaciones inmunológicas. Este fue el inicio de una carrera de fondo, cada año se hacen más de 2000 trasplantes de corazón en Europa, incrementándose la supervivencia media de los pacientes y todo ello gracias a personas como Louis, Denise o Christian.

La historia de la medicina y de la ciencia en general, ha estado plagada de actores anónimos, y en la mayoría de los casos, desconocedores de su papel en la historia. Con este artículo he querido recordar y homenajear a algunos de ellos. Recuerda que cada vez que leas sobre algún descubrimiento científico, detrás siempre habrá un Henry, un Kent, una Henrietta o un Louis que sin saberlo, cambiaron la historia.

Este artículo ha sido escrito por Javier Frontiñán Rubio, doctor en Ciencias de la Salud por la Universidad de Castilla la Mancha. Desarrolla su labor investigadora en la Facultad de Medicina de Ciudad Real. Escribe en habitualmente en su blog titulado “Ciencia, no ficción, le puedes seguir en twitter como @CiencianoFiccio y @fronty16.

Si quieres saber más:

http://jralonso.es/2011/05/30/historias-de-la-neurociencia-h-m/

http://www.cbc.ca/news/health/kent-cochrane-famed-toronto-amnesiac-in-medical-texts-dies-1.2595665

http://www.sciencemuseum.org.uk/broughttolife/people/jamesphipps

http://culturacientifica.com/2014/10/06/el-caso-de-henrietta-lacks/

http://esmateria.com/2013/03/29/la-polemica-inmortal-de-henrietta-lacks/

http://www.ascseniorcare.com/story-auguste-deter/

http://www.investigacionyciencia.es/blogs/psicologia-y-neurociencia/63/posts/la-historia-clnica-de-auguste-d-13791

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/07/150724_ciencia_finde_fertilizacion_in_vitro_avances_wbm

https://www.westerncape.gov.za/general-publication/chris-barnard-performs-worlds-first-heart-transplant

http://www.heart-transplant.co.uk/louis.html

4 Comentarios

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Txema M.Txema M.

Excelente artículo. Conocía el caso de Henrietta Lacks; da vergüenza que cuando hoy las células procedentes de su cuerpo son un medio de investigación todavía la familia no se haya visto compensada de ningún modo. ¿No deberían tener cuando mínimo acceso gratuito al sistema sanitario que utiliza las líneas de células HeLa?

Javier Frontiñán Rubio

Desde luego que sí. Si quieres profundizar más en la vida de Henrietta Lacks y su legado hay un libro muy interesante titulado “La vida inmortal de Henrietta Lacks” de Rebeca Skloot.

MiguelMiguel

Sin querer hacerle la pelota a nadie (que también podría valer), también “La historia de la medicina y de la ciencia en general” está llena de divulgadores anónimos (en el sentido de poco reconocidos) que son, en mi opinión, tan importantes como los que más. Nunca me cansaré de agradecer vuestro trabajo.
Y, dicho esto, me dirijo raudo y ansioso a “Ciencia, no ficción”, que no conocía pero seguro que me engancha.

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