¿Por qué las vacunas deben su nombre a las vacas?

 Impacto de la introducción de la vacunación de viruela en Suecia No cabe duda de que la vacuna supuso un antes y un después. Su uso salvó millones de vidas. Las vacunas funcionan!. Fuente: ourworldindata.org
Impacto de la introducción de la vacunación de viruela en SueciaNo cabe duda de que la vacuna supuso un antes y un después. Su uso salvó millones de vidas.Las vacunas funcionan!. Fuente: ourworldindata.org

Pocos avances científicos han contribuido tanto a la salud y aumento de la expectativa de vida como las vacunas. Las epidemias que mataban cientos de miles de personas son cosa del pasado como también lo son brotes que diezmaban la cabaña ganadera y ocasionaban miles de muertos a causa de las consecuentes hambrunas. Las vacunas son una herramienta preventiva fundamental en personas y animales.

A pesar de ello, hay quienes se oponen al uso generalizado de las mismas. Sin ir más lejos, unos pocos días atrás, como parte de los nombramientos que está llevando a cabo la nueva administración norteamericana, se anunció la elección de Robert F. Kennedy –un conocido activista anti-vacunas- para dirigir una comisión que se encargará de estudiar la seguridad de las mismas. Lamentablemente, no son pocos los que opinan que las vacunas pueden tener consecuencias negativas y quiero dedicar unas líneas a revisar su origen, el impacto que tuvieron en sus inicios y el papel que desempeñaron las vacas en su invención, y los caballos en el desarrollo de algunas de ellas, en un claro ejemplo de cómo los animales hacen una contribución importante a la salud humana, más allá de sus cometidos más tradicionales.

Resulta llamativo que el adjetivo vacuno –relativo o perteneciente al ganado bovino, según dicta el diccionario de la R.A.E.- se transmute en substantivo para denominar a las vacunas. Veamos qué relación hay entre las vacunas y los nobles rumiantes a los que deben el nombre.

La historia de las vacunas se inició con los intentos que los galenos, ya desde antiguo, hicieron para controlar la viruela, una enfermedad vírica que sólo en Europa mataba a unas 400.000 personas al año. No sólo eso, muchos de los que sobrevivían a la infección quedaban ciegos (de hecho fue la principal causa de ceguera en Europa hasta la introducción de la vacunación y siguió siendo la principal causa de ceguera en la India hasta el año 1945).

La enfermedad era devastadora, nadie se libraba de ella –Ramsés V murió como consecuencia de la misma- y cuando afectaba a una población que nunca había sido expuesta (como los indios de América) desencadenaba un auténtico apocalipsis que mataba al 80% de los afectados.

Hoy; sin embargo la viruela es –junto con la peste bovina- la única enfermedad, completamente erradicada de la faz de la tierra, gracias, como no podía ser de otro modo, a la vacunación.

Lesiones de viruela. Última persona que sufrió la infección natural de este virus. Fuente: commons Wikipedia.org
Lesiones de viruela. Última persona que sufrió la infección natural de este virus. Fuente: commons Wikipedia.org

El síntoma más marcado de esta infección vírica era la presencia de aftas por todo el cuerpo que, se llenaban de pus y que, una vez secas, dejaban cicatrices de por vida. Muchas personas vivían desfiguradas como consecuencia de haber padecido –y sobrevivido- a la dolencia (tener la cara picada de viruela era muy frecuente en épocas no tan pretéritas).

Desde antiguo se tienen noticias de intentos de prevenir la enfermedad inyectando líquido de las pústulas de los enfermos en personas sanas. Esta práctica –conocida como variolización- y utilizada durante siglos en Asia y África, evitó la muerte de muchas personas, pero no era segura ya que en algunos individuos que recibían la inoculación, la enfermedad se manifestaba en toda su intensidad y a no pocos les costó la vida bien porque adquirieron la enfermedad y no la superaron, bien porque se contagiaron de otras dolencias del donante –como la sífilis-.

Pese a sus riesgos, la variolización fue introducida en Europa en el S.XVIII por Lady Mary Wortley Montague. Esta dama, esposa del embajador británico en el imperio otomano, supo de esta práctica y decidió variolizar a sus hijos en presencia de los médicos de la corte. El éxito cosechado hizo que por toda Europa y América se aplicase este método.

Ubre bovina con pústulas causadas por la viruela bovina. Fuente: commons Wikipedia.
Ubre bovina con pústulas causadas por la viruela bovina. Fuente: commons Wikipedia.

Pero veamos por qué las vacas son importantes en esta historia. Ya desde antiguo, las pastoras –concretamente las vaqueras- tenían fama de ser hermosas –como tal se las describe en la poesía pastoril y en las serranillas-. La razón no es otra que las personas que tenían contacto frecuente con vacas solían infectarse de la viruela bovina, enfermedad vírica con síntomas parecidos a la viruela pero mucho menos grave que la variedad humana, no dejaba cicatrices permanentes, y hacía a los que la habían padecido inmunes a la variedad mortal.

Lesiones comparadas: a la viruela grave (izda) frente a viruela bovina leve (dcha). Fuente: commons WikipediaCredit: Wellcome Library, London.

El médico inglés Edward Jenner (1749-1823) observó este fenómeno y decidió investigarlo ya que pensó que las vacas podían tener la cura para la viruela.

Jenner, convencido de que su intuición era correcta, comenzó a inocular a personas sanas con el líquido de las pústulas de las vacas. Al hacerlo, los pacientes desarrollaban una enfermedad muy suave que curaba pronto y que les hacía inmunes a la viruela. Es decir, el virus bovino afectaba muy levemente a los humanos y nos confiere inmunidad frente al virus letal.

Como todo avance científico fue recibido con escepticismo por parte de no pocos: algunos argumentaban que era contrario a la voluntad divina introducir una substancia de otra especie en el cuerpo humano. Otros argüían que la viruela bovina era una enfermedad venérea y no faltaron los autores de cómics que representaron niños vacunados con cuernos y rabos de vaca. Figura 5 Pero poco a poco los nobles ingleses comenzaron a vacunar a sus hijos e incluso Napoleón ordenó vacunar a todas sus tropas en 1805. El Papa Gregorio XVI describió la vacuna como un “descubrimiento precioso” si bien su sucesor León XII prohibiría la vacunación ya que consideraba ésta una oposición a los designios divinos. Tras muchos años de campañas lideradas por la OMS y concretamente por el Dr. D. A. Henderson, en 1980, la vacuna obtuvo su victoria final, cuando la OMS declaró oficialmente la viruela erradicada de la faz de la tierra (sólo Rusia y los EEUU conservan algunas muestras congeladas de virus vivo).

Ilustración de época mostrando los efectos “perniciosos” de la vacuna. Fuente: commons Wikipedia
Ilustración de época mostrando los efectos “perniciosos” de la vacuna. Fuente: commons Wikipedia

Pero las vacas no actuaron solamente al inicio de la historia de la vacunación. Su contribución fue más allá.

Como hemos visto, la vacunación se inició con material proveniente de personas que habían sido infectadas con viruela bovina. Para mantener una “fuente” constante de material vacunal lo que se hacía era pasar la infección bovina de una persona a otra. Cuando la persona recibía su dosis de vacuna desarrollaba una pústula en el punto de inoculación. El contenido de la misma se transfería a otras personas y así sucesivamente.

Pero, claro, no se transmitía sólo el virus de la peste bovina, en alguna ocasión otras infecciones se transmitieron, como la sífilis –mortal en un mundo que no conocía aún los antibióticos- y que afectó a varias decenas de niños y personal médico en Rivalta (Italia). Fue allí, a consecuencia de este incidente donde los médicos comenzaron a transmitir la infección entre vacas para tener así siempre material de pústulas provenientes de estos animales para inocular a personas. Este método se generalizó e incluso en el estado de Virginia se instaló una granja con el único fin de transmitir entre las vacas la viruela bovina y pasarla a personas como vacuna frente a la viruela humana. Se evitaban así la transmisión de otras infecciones entre personas.

Más tarde la tecnología permitió conservar material infeccioso de manera estéril y evitar así la necesidad de usar a las pobres vacas en este noble pero sin duda incómodo cometido.

Extracción de sangre de un caballo para elaborar suero anti diftérico. Fuente: National museum of American History
Extracción de sangre de un caballo para elaborar suero anti diftérico. Fuente: National museum of American History

También los caballos se usaron para producir vacunas para personas. Concretamente las vacunas frente al tétanos y la difteria. El método era el siguiente: se inyectaba las acémilas con toxinas provenientes de estas bacterias de tal suerte que el animal sintetizase anticuerpos frente a ellas. Unos días más tarde se extraía sangre del animal y se separaba el suero que estaba lleno de anticuerpos frente a estas dolencias. Esos anticuerpos se administraban para curar a personas que estuviesen en riesgo de sufrir la enfermedad.

Hoy, estas prácticas están en desuso, pero no debemos olvidar que gracias a las vacas y caballos, se inició el uso rutinario de las vacunas que tantas vidas han salvado y que han supuesto un salto cualitativo enorme en la esperanza de vida del ser humano.

Este artículo nos lo envía Juan Pascual (podéis seguirlo en twitter @JuanPascual4 o linkedn). Me licencié en veterinaria hace unos cuantos años en Zaragoza y he desarrollado mi vida profesional en el mundo de la sanidad animal, de ahí mi interés en divulgar lo que los animales aportan a nuestro mundo actual. Soy un apasionado de la ciencia. Creo que es fundamental transmitir el conocimiento científico de una manera sencilla para que los jóvenes se enganchen pronto y para que la sociedad conozca más y mejor lo mucho que la ciencia aporta a nuestro bienestar. Viajar es otra de mis pasiones junto con la literatura, que no deja de ser otro modo de viajar.

Bibliografía:

Historical timeline: history of cow’s milk from ancient times to the present. 2013

Lombart, M; Pastoret, P. et al. Brief history of vaccines and vaccination. sci. tech. Off. int. Epiz., 2007, 26 (1), 29-48

Riedel, S. Edward Jenner and the history of smallpox and vaccination. Proc (Bayl Univ Med Cent). 2005 Jan; 18(1): 21–25

Henderson, D. A.; Smallpox the death of a disease. Prometheus books. 2009

Rafael Ramón Lluch. Poesías que sabíamos de memoria. 2009. Cultiva comunicación.

Pope Leo XII and the vaccination ban. Quodlibeta, March 2009

Youngdahl, Karie. Animal vaccination scene 1872. The history of vaccines. College of physicians of 2012

Max Roser– ‘Eradication of Diseases’. Published online at OurWorldInData.org.

Warner, Mallory. How horses helped cure diphtheria. Smithsonian. Stories from the national museum of American history


14 Comentarios

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Dr. Francisco HidalgoDr. Francisco Hidalgo

Artículo excelente y muy didáctico. Sin duda lo usaré en mis clases en la universidad.

EstanisEstanis

Muy interesante articulo que pone en valor los esfuerzos i el avance de la humanidad de la lucha contra la enfermedad.

VictorVictor

Muy interesante como siempre Juan, sigue compartiendo con nosotros!
Saludos.

GiovannaGiovanna

Muy, pero que muy interesante y entretenido además de ser de muy fácil comprensión incluso para los más jóvenes: mis hijos disfrutan de los artículos de Juan Pascual.

JuanJuan

Hola
¿Y qué diferencia hay entre la “variolización” y la “vacunación”?

Juan PascualJuan Pascual

La variolización consistía en inocular a una persona sana con material infeccioso de una persona enferma de viruela.
La vacuna por el contrario consistía en inocular material infeccioso de origen bovino (viruela bovina) en una persona e inmunizarla así contra la viruela humana

Juan PascualJuan Pascual

Alfonso, gracias por compartir este link. Realmente muy interesante. La iglesia brindó también su colaboración en la Expedición filantrópica de la vacuna -financiada por la corona española- que llevó la prevención de la viruela a América.
Supongo que en la propia iglesia hubo detractores así como personas que apoyaron la tecnología. También se dio esta divergencia de opiniones en otros campos como la política e incluso la ciencia.

AlfonsoAlfonso

Debo contar mi experiencia personal. Aunque ya llevaba un tiempo refutando mitos de este tipo en Internet el hecho de que la filosofa y bioética proabortista Patricia Churchland utilizase estos mitos para justificar su rechazo del concepto de dignidad humana me llevó a enviarle un e-mail al físico y gran historiador, James Hannam . James Hannam es uno de los mejores expertos entre la relación histórica entre fe cristiana y ciencia. Pero cuál sería mi sorpresa cuando me reconoció que él no sabía mucho de esta cuestión en particular, pese a haber refutado leyendas negras como la (inexistente) prohibición eclesial de la anestesia, los pararrayos o el número cero. El propio James Hannam me confesaba en un correo “que queda tanto por hacer” para desterrar mitos y mentiras sobre los cristianos. Inmediatamente le envié por correo electrónico los trabajos de Donald Keefe , Bercé y Otteni para que su colaborador Humphrey Clarke publicase un post sobre el tema en el blog Quodlibeta .

AlfonsoAlfonso

Hacia finales del siglo XVIII, comenzó la difusión de la inoculación mediante la vacuna por ideada por Jenner. Fuese en Francia o en Palermo, o ya en Nápoles, siempre contó la vacuna con el patrocinio de la Iglesia Católica. En mayo de 1827, ante una nueva epidemia en México, la Sección de Beneficencia de la Secretaría de Gobierno informaba: “con independencia de los ayuntamientos, sean los curas los que procuren la propagación del fluido vacuno y a tal efecto libraron las órdenes correspondientes los obispos de Puebla y de México”.
En realidad podría poner tantos ejemplos de sacerdotes y obispos vacunando incansablemente a sus feligreses que la lista sería interminable. Me conformo con un ejemplo; José Reinoso párroco sevillano de principios del siglo XIX además de exhortar a sus feligreses a vacunarse llego a establecer una sala para este fin en su propia casa. No solo eso en muchos países fueron los sacerdotes los primeros en introducir la vacunación, incluso antes de la expedición Balmis, los sacerdotes y científicos argentinos Saturnino Segurola y Feliciano Pueyrredón, fueron pioneros en introducir la vacuna en el Rio de la Plata.

AlfonsoAlfonso

De hecho cuando la real expedición filantrópica de la vacuna llegaba a cualquier región el clero católico se ponía a colaborar inmediatamente con el doctor Balmis. El arzobispo de Santiago de Cuba, Joaquín Oses, publicó un edicto exhortando a “los curas y ministros del Señor a que contribuyesen a propagar este feliz hallazgo”. Por la misma época el obispo de La Habana, Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa seguía la misma línea. Aparte de reformar el clero de su diócesis, también respaldó el sabio prelado la labor del ejemplar médico Tomás Romay en la introducción (en 1804) de la vacuna contra la viruela en Cuba, y en las campañas de vacunación que Romay dirigió durante décadas. El clero continuó con su entusiasmo por la vacunación después de la independencia de las repúblicas hispanoamericanas. De Argentina nos llega el siguiente testimonio “El licenciado médico García Valdéz administrador general de la vacuna en un informe del año 1836 invitaba a los pueblos de campaña a vacunarse expresando: “…se hace indispensable el citar el celo de los jueces de paz y los curas párrocos a fin de exhortar al vecindario para que se apreste a recibir el gran beneficio de la vacuna que con tanto empeño promueve nuestro Ilustre Restaurador de las Leyes el Sor. Gobernador…” (“La Gaceta Mercantil”, 6 de marzo de 1837).” Debe señalarse que ya antes del descubrimiento de la vacunación la Iglesia Católica había fomentado el empleo de la variolación en Nueva España. Así, el arzobispo Núñez de Haro envió el 6 de octubre de 1797 una circular mediante la cual ordenaba a los presbíteros “exhortar y persuadir” con el mayor empeño a sus parroquianos para que aceptaran inocularse. A algunas de estas circulares se anexó el folleto Método claro, sencillo y fácil para practicar la inoculación de viruelas preparado por el Protomedicato. La primera institución que ofreció dicha medida preventiva de forma gratuita para todas las personas con independencia de su clase social o casta racial fue el Hospital de San Andrés de la ciudad de México, propiedad de la Iglesia. De hecho recientemente se ha descubierto que los misioneros católicos fueron los primeros en llevar la vacuna de la viruela a países como Corea , Tailandia y Japón en fechas tan tempranas como 1828.
Pero volviendo a colonias españolas según la doctora Penélope Shino, la Iglesia Católica llego a ofrecer indulgencias papales a los padres que vacunasen a sus hijos

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