Parte de guerra: los semáforos que te llevas a la boca

semáforo

Aunque quizá no lo adviertas, en este momento se libra una batalla ya nada soterrada sobre qué te cuentan los productos alimentarios que habitan los anaqueles de un supermercado. La espita para el gran público la abrió Reino Unido en 2007, cuando adoptó el Semáforo Nutricional, un sencillo código de colores que, ¡desde el frontal del envase!, te cuenta si tal o cual producto tiene sus grasas, grasas saturadas, azúcares y sal en rojo, en ámbar o en verde, erigiéndose en un ariete que desbroza el camino de los consumidores hacia mejores elecciones alimentarias y, al cabo, hacia un mejor estado de salud1. No es broma la cosa.

En 2011 se debatió en el Parlamento Europeo la implantación de este sistema para toda la UE, pero no prosperó. Obviamente, la gran industria alimentaria mostró un fuerte rechazo a esta posibilidad: tan fuerte que, según informes2 y referencias publicadas3 en la literatura científica, gastó nada menos que entre 1.000 y 1.400 millones de euros para evitarlo, siendo considerado uno de los mayores movimientos lobistas de la historia. Ya dijimos que no era broma.

Se adoptó, en su lugar, lo que hoy tenemos en España: un cuadro de información meramente cuantitativo (que recoge el valor energético y las cantidades presentes en los alimentos de grasas, grasos saturadas, hidratos de carbono, azúcares, proteínas y sal por 100 g/100 ml de producto)4. Si bien más tarde, en un alarde de condescendencia hacia nosotros, los consumidores, la propia industria adoptó una forma alternativa ‘adicional’ para expresar el valor nutricional de sus productos: porcentajes de los diferentes nutrientes según las ingestas de referencia establecidas para cada uno de ellos5. Es decir, que tenemos números (obligatorios) y porcentajes (si quiere el fabricante) en la parte trasera (y, si conviene al fabricante, también delantera) de los envases, en lugar de colores y símbolos siempre en la parte frontal.

Pero esta batalla no ha acabado, en absoluto: Reino Unido ya va por su tercera versión6 del Semáforo (de implantación voluntaria pero hoy presente en 2/3 de toda su oferta alimentaria), y otros países (los más recientes Ecuador y Bolivia) siguen adoptando símbolos cualitativos que iluminen las decisiones de los consumidores7. Al fondo, contempla la escena el logotipo Key Hole (‘ojo de cerradura’) que, ¡desde 1989!, identifica las opciones alimentarias más saludables para los consumidores suecos (luego emulado por Dinamarca y Noruega)8.

Ahora, en una nueva vuelta de tuerca, Francia acaba de anunciar su propio modelo: el 5C NutriScore, etiquetado cualitativo que, aunque también voluntario y aún sin plazos de aprobación y entrada en vigor, ha sido calificado como “una gran victoria para la salud pública y para la información del consumidor” por la ministra francesa de Salud. No comparten su entusiasmo ni, lógicamente, la patronal francesa de alimentación y bebidas (que no le ve la utilidad a la cosa para la salud pública) ni, paradójicamente, el ministro galo de Agricultura (que lo considera un estigma para ciertos alimentos)9. Quizá te suene rara esta disonancia entre compañeros de gabinete; insistimos, esto no es broma.

El giro inesperado

Pero las cosas han dado un giro inesperado. Seis gigantes de la industria alimentaria han sorprendido estos días con el anuncio de que promoverán motu proprio un sistema de etiquetado nutricional cualitativo en sus productos, “inspirado” (sic) en el Semáforo Nutricional británico, sí, el mismo, que tan costosamente la Big Food y la Big Soda combatieron hace menos de una década; y dice que lo harán para “ayudar a los consumidores a tomar decisiones equilibradas y conscientes”. Bien, ¿no? Pues, aun reconociendo este paso, algunas voces del ámbito científico, de la salud y de defensa de los consumidores no lo ven tan claro10, porque lo poco que se sabe es que:

  • asignarían los colores en función de la porción de consumo (en lugar de por cada 100g/100 ml de producto, como hace mayoritariamente el modelo británico)
  • el criterio de la porción de consumo no está regulado, quedando a criterio del propio fabricante, a quien obviamente, en el caso de productos cuyo consumo no esté diferenciado en porciones, le interesaría fijar en el etiquetado tamaños pequeños
  • en base a lo anterior, la aplicación de este modelo, en la práctica, permitiría ‘suavizar’ la calificación de color que le correspondería a un producto si considerásemos las cantidades reales medias consumidas en cada ingesta
  • los colores que se usarán “podrían” (según han reconocido) variar con respecto al modelo semafórico original: ¿alguna apuesta respecto a que el rojo no formará parte de este particular semáforo?

En todo caso, y a expensas de saber más detalles, sería deseable retomar la antigua batalla para la implantación obligatoria de un sistema de etiquetado cualitativo a escala europea (el semáforo u otro semejante), evitando dispares iniciativas individuales de cada país comunitario u otras menos clarificadoras de la propia industria en una suerte de autorregulación. Y esto último es peligroso, que no lo digo yo, lo dice la saliente directora general de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan (a quien en algún momento habrá que erigirle bustos por doquier):

«Estoy profundamente preocupada por (…) el esfuerzo de la industria para dar forma a las políticas y estrategias de salud pública que afectan a sus productos. Cuando la industria está involucrada en la formulación de políticas, tengan la seguridad de que las medidas de control más eficaces serán menospreciadas o excluidas por completo. Esto también está bien documentado y es peligroso (…). La formulación de políticas de salud debe ser protegida de la distorsión de intereses comerciales o creados»11.

Por estos lares

A nivel gubernamental nuestros sucesivos gobiernos nunca han manifestado interés alguno en adoptar o promover etiquetados alternativos en España. Sin embargo, curiosamente, nuestra estrategia nacional de lucha contra la obesidad infantil sí que utiliza el Semáforo Nutricional británico para determinar la calidad de los productos alimentarios que se publicitan ante los niños españoles12.

Como no conocemos ningún resultado público al respecto, el firmante de estas líneas y  algunos compañeros de una titulación de postgrado sobre la materia nos lanzamos modestamente a ello: desvelar el perfil del semáforo de la publicidad alimentaria que día tras día impacta contra los teleespañolitos. El trabajo y sus resultados se hallan en proceso de revisión por parte de una revista científica para su posible publicación; entretanto, si te pica la curiosidad, aquí te cuento algunos —no por intuidos menos espeluznantes— hallazgos colaterales13. Sí, esta batalla, no es ninguna broma.

Este artículo nos lo envía Félix A. Morales, sanitario y periodista científico. Responsable del blog Concísate | Divulgación sobre Consumo, Ciencia y Salud. Dedicado, desde Canarias, a la promoción comunitaria de la salud y la comunicación científica, ha investigado sobre el binomio alimentación-publicidad y su incidencia especialmente entre los niños. Puedes encontrarlo en la red en: www.concisate.es, www.facebook.com/Concisate y www.twitter.com/concisate (@concisate)

 

Referencias:

  1. Food Standards Agency (FSA). Food, Using Traffic Lights to Make Healthier Choices. United Kingdom, 2007. (último acceso 20 marzo de 2017).
  2. A red light for consumer information. The food industry’s €1-billion campaign to block health warnings on food. Corporate Europe Observatory, June 2010. (último acceso 20 de marzo de 2017).
  3. Mindell, JS; Reynolds, L; Cohen, DL; McKee, M (2012) All in this together: the corporate capture of public health. BMJ (Clinical researched), 345. ISSN 0959-8138 DOI: 10.1136/bmj.e8082. Disponible en: http://researchonline.lshtm.ac.uk/612239/1/bmj.e8082.full.pdf (último acceso 20 de marzo de 2017).
  4. Reglamento (UE) No 1169/2011 del Parlamento Europeo y del Consejo de 25 de octubre de 2011 sobre la información alimentaria facilitada al consumidor. Disponible en: https://www.boe.es/doue/2011/304/L00018-00063.pdf (último acceso 20 de marzo de 2017).
  5. Federación Española de Industria de Alimentación y Bebidas, Guía sobre la información alimentaria facilitada al consumidor. Reglamento (UE) Nº 1169/2011, marzo 2014. Disponible en:  (último acceso 20 de marzo de 2017).
  6. Department of Health. Food Standards Agency (FSA). Guide to creating a front of pack (FoP) nutrition label for pre-packed products sold through retail outlets. United Kingdom, junio de 2013. (último acceso 20 de marzo de 2017).
  7. Federación Iberoamericana de Nutrición. Perfiles nutricionales: intencionalidad científica versus impacto real en salud pública. Informe Científico-Técnico FINUT 01, 2016.  (último acceso 20 de marzo de 2017).
  8. VSF. Justicia Alimentaria Global. Planeta Azúcar. Barcelona, 2014. (último acceso 20 de marzo de 2017).
  9. FoodNavigator.com. (2017). 5-C NutriScore to be France’s official nutrition label. [online]   (ultimo acceso 20 de marzo de 2017).
  10. FoodNavigator.com. (2017). Six industry giants to launch UK-style traffic light labels in Europe. [online]  (ultimo acceso 20 de marzo de 2017).
  11. World Health Organization. WHO Director-General addresses health promotion conference, 2013 [online] (último acceso 21 de marzo de 2017).
  12. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, Evaluación y seguimiento de la Estrategia NAOS: conjunto mínimo de indicadores. 2011. (último acceso 20 de marzo de 2017).
  13. Morales F A, Concísate. (2017). 13 horas y media: tribulaciones de un adulto ante la publicidad que seduce a nuestros hijos. [online]  (último acceso 20 de marzo de 2017).

10 Comentarios

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JuanJuan

Sobre los embutidos… sólo decir que numerosos estudios demuestran que el jamón , a pesar de llevar sal, disminuye la tensión sanguínea y el colesterol en sangre. Y en el caso del ibérico este efecto es mucho mayor y más significativo.

AuriAuri

Hola Juan, te estaría muy agradecida si me haces llegar esos estudios que comentas.
Un saludo

Francisco Javier Martín

¿Numerosos estudios? ¿Y no hay cherry picking? ¿Puedes aportar alguna revisión sistemática? ¿Tienes en cuenta el sesgo de publicación, por parte de la industria jamonera?

RogerRoger

Pero es que el jamon no es un embutido. El jamon no esta embutido en nada.
Es simplemente carne curada.

PedroPedro

Una guerra entre la salud pública y la industria alimentaria, indica que la industria no tiene interés por la salud humana, y se comporta como un enemigo.

Francisco Javier Martín

Lo mismo ocurre en el ámbito sanitario privado, por ejemplo con la industria de la cirugía refractiva. Me quedo con este fragmento:

“lo dice la saliente directora general de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan (a quien en algún momento habrá que erigirle bustos por doquier):

«Estoy profundamente preocupada por (…) el esfuerzo de la industria para dar forma a las políticas y estrategias de salud pública que afectan a sus productos. Cuando la industria está involucrada en la formulación de políticas, tengan la seguridad de que las medidas de control más eficaces serán menospreciadas o excluidas por completo. Esto también está bien documentado y es peligroso (…). La formulación de políticas de salud debe ser protegida de la distorsión de intereses comerciales o creados»11.”

Francisco Javier MartínFrancisco Javier Martín

Las empresas distribuidoras también pueden tener un papel importante. Algunas ya han empezado a implicarse por motivos medioambientales, como Carrefour, que deja de vender panga en los supermercados de Francia, Bélgica o España, o ahora los supermercados franceses Biocoop, que han anunciado que dejarán de vender agua en botella de plástico, invitando a que bebamos el agua del grifo, incluso usando sistemas de filtración. Pues que se impliquen también en materia de salud, dejando de vender los productos con peor etiquetado.

maria pazmaria paz

ya es un buen paso la divulgación de los productos alimenticios que pueden ser un riesgo para la salud, el tiempo nos llevara a llegar que figure en los etiquetados

DarylDaryl

Pues no me gusta el sistema de los colorines. Me parece un condicionamiento pauloviano para regular el consumo que enmascara la falta de educación alimentaria y, lo que es peor, fomenta que la ignorancia se mantenga, ya que sea otro, el mago de los colorines, es el que decide lo que es bueno, regular o malo.

Prefiero el sistema actual con la descripción cualitativa de todos los componentes y la cuantitativa con el valor energético, cantidad y tipo de grasas, proteínas, hidratos de carbonos, azucares, etc.

Que me digan lo que hay que yo ya me lo regulo según mis condicionamientos. Una cierta cantidad de azúcar puede ser verde, roja o ámbar según la edad, hábitos deportivos o patologías previas. O, sea cual sea el colorin, llevan una bestialidad de componentes que NO deberian añadirse, como le sucede a la salsa de soja de cierta marca con nombre de origen germánico y famosa por su ketchup.

Eso si, ampliaría la información, por ejemplo añadiendo datos sobre la cantidad de cada aditivo (colorantes, potenciador de sabores) para prevenir sobreconsumos.

También obligaría a que hubiera un repositorio online de etiquetas para consultarlas cómodamente. Me da igual el colorin si soy intolerante o alérgico a determinada sustancia y ¿como puedo ver los componentes si compró el producto por internet?.

Y, por supuesto, prohibiría la publicidad engañosa que existe, incluso con los colorines.

Por ejemplo hay están las famosas botellitas con lactobacillus. Seguro que le ponen la etiqueta verde pero siguen siendo una estafa a medias. Antes la publicitaban como si fuera un superman para el sistema inmunitario. Tendrías más defensas que las que había en Normandia el dia D. Pero eso si, salvo que tuvieras una tele de 100″ y un curso de lectura rápida no te enterabas de que esas propiedades eran por la vitamina B6 añadida y no por el lactobacillus. Ahora la anuncias como si te hubieran metido una guindilla en el culo y te puedes revolcar por el hielo y transformar, por las luces, una excavadora en un club de alterne. Espidico total pero otra vez por la vitamina B6 no por el lactobacilus.

Francisco Javier Martín

¿Y las personas que no saben leer o que no llevan las gafas para la vista cansada al ir a comprar? ¿Y las personas sin estudios para interpretar correctamente la información, o con inicios de demencia senil? Por otra parte, la cantidad de grasas saturadas, por ejemplo, no es suficiente, ya que hay grasas saturadas buenas y malas. Por ejemplo, hay un ácido graso palmítico malo (alfapalmitato), que es el del aceite de palma, y otro bueno, que es el de la leche materna (betapalmitato, y que podría usarse en la industria alimentaria si se invierte en ello). También hay azúcares buenos o mucho mejores que otros, como el xilitol o azúcar de abedul.

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