Antenas abandonadas

Antenas del CCS de Buitrago del Lozoya.
Antenas del CCS de Buitrago del Lozoya. Foto de cabecera CC-BY de Gonzopowers (Flickr).

Es posible que saliendo de Madrid por la A-1 hacia el norte, alrededor del kilómetro 72, hayáis visto un grupo de grandes antenas parabólicas. Si conocéis —al menos de oídas— el Madrid Deep Space Communications Complex de Robledo de Chavela no es raro que penséis que allí, en la falda de la sierra norte madrileña, se encuentra otra de esas instalaciones «del espacio». En cierto sentido así era: hace ya casi quince años que el Centro de Comunicaciones por Satélite de Buitrago del Lozoya, operado por Telefónica, cerró. Inaugurado en 1970, parte de sus antenas y equipos fueron trasladados en 2003 al CCS de Guadalajara en Armuña de Tajuña, pero sus cuatro antenas principales con parábolas de unos 30 metros siguen mirando ciegas al cielo, congeladas en sus posiciones de supervivencia.

El CCS de Buitrago fue una pieza fundamental para el desarrollo y mantenimiento de las comunicaciones vía satélite en España. Lo condenaron al olvido graves errores de dimensionamiento y de gestión: desde 1992, a rebufo de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, una «burbuja» de gasto se cebó sobre el sector de las comunicaciones satelitales, todavía no privatizado completamente. Se abrieron nuevos CCS en Vilafranca del Penedès y Carmona que, como modernas autopistas de peaje sin vehículos, apenas vieron uso ya que la capacidad de los centros de Buitrago y Guadalajara era más que suficiente para tratar todo el tráfico de conexiones que generaron aquellos eventos. Más adelante, la evolución de las comunicaciones plasmada en la migración de cada vez más transmisiones al cable de fibra óptica de larga distancia, así como la transición de las comunicaciones analógicas a las digitales, con sus menores necesidades de potencia y mejor inmunidad frente al ruido, terminaron de sellar su suerte. Sin embargo, Buitrago no vio solamente enlaces comerciales de comunicaciones.

Comenzando en la década de 1960, la NASA estableció la red MSFN (Manned Space Flight Network) para realizar el seguimiento de comunicaciones y telemetría de las misiones tripuladas. Esta red coexiste —aunque evolucionada, ampliada con satélites geoestacionarios y bajo un nombre distinto en la actualidad— con la más conocida DSN (Deep Space Network) dado que las necesidades de comunicaciones con misiones en órbita terrestre o en trayectorias cislunares son muy diferentes de las que presentan las del espacio profundo como Juno, Cassini o New Horizons. La distancia a la que se encuentran las sondas en Júpiter, Saturno o el cinturón de Kuiper hace necesario utilizar antenas y equipos extremadamente sensibles y con gran potencia para transmisiones que no es necesaria a distancias más pequeñas como la que separa la Tierra de la Luna. Sin embargo, estas menores distancias hacen mucho más relevante la necesidad de disponer de una capacidad de orientación y seguimiento más ágil en las antenas. Por el mismo motivo no basta con disponer de tres estaciones en todo el planeta —como tiene la DSN— para garantizar unas comunicaciones ininterrumpidas.

Por ello, la NASA se vio obligada a negociar el uso de tantas antenas con la capacidad necesaria a lo largo del mundo como pudo, además de asegurarse el respaldo de la propia DSN. Este es el motivo por el que en la provincia de Madrid acabara habiendo tres grupos de antenas prestando soporte al programa Apolo: las de Fresnedillas de la Oliva (actualmente desvinculada de usos científicos y bajo control del Ministerio de Defensa), las de Robledo de Chavela del DSN como apoyo y, desde principios de 1970, las de Buitrago del Lozoya. Las antenas de la entonces Compañía Telefónica Nacional de España tuvieron su bautismo «espacial» nada menos que durante la misión Apolo 13: el 13 de abril de 1970, apenas unas horas antes del accidente que dio origen a una de las frases mas famosas —y falseadas— de la Historia, la antena que mantenía en ese momento las comunicaciones con la misión en Buitrago comenzó a dar problemas, llegando a perder la capacidad de seguimiento automático y teniendo que revertir a seguimiento manual. Las comunicaciones fueron redirigidas rápidamente a través de otras instalaciones en lo que no fue más que un fastidio rutinario —poco imaginaban entonces los operadores del sistema en Houston a lo que tendrían que enfrentarse en breve.

Otras misiones llegaron después en las que el centro de comunicaciones pudo ir desprendiéndose de la bisoñez del novato: el resto del programa Apolo, Skylab, la misión conjunta soviético-norteamericana Apolo-Soyuz de 1975 y algunas misiones de la lanzadera espacial. La participación en el programa Apolo-Soyuz fue particularmente relevante: aquí, el enlace de las naves americana y soviética acopladas con el satélite de comunicaciones geoestacionario AST-6 permitió que la estación de Buitrago mantuviera abierto al mundo el canal de datos y televisión con la misión durante 55 minutos de los 87 totales que tomaba cada órbita.

No sería la primera vez en la historia del mundo, e incluso de España, que una instalación comercial cambia su propósito para dedicarse a la ciencia —me viene a la mente el Laboratorio Subterráneo de Canfranc, construido a 850 metros bajo el Pirineo aragonés para alojar experimentos sobre la materia oscura, gracias a la oportunidad que ofrecía el túnel ferroviario de Canfranc en desuso. Sin embargo, Telefónica decidió desmantelar y trasladar los equipos que podía reciclar al centro de Guadalajara, abandonando las antenas y manteniendo tan solo el edificio de visitantes como pintoresca ubicación para reuniones de empresa. Quizá aún no sea tarde para reclamar una inversión público-privada que mejore el estatus de la radioastronomía nacional en la ciencia mundial aprovechando lo que se pueda de esta gran reliquia de la desconocida historia de las telecomunicaciones españolas.

Para saber más

Diez años del cierre del Centro de Comunicaciones por Satélite de Buitrago, Proyecto Botijo.

Mission Operations Report Apollo 13, Appendix N: Network Operations. Houston, TX: Manned Spacecraft Center, 28/04/1970.

Ezell, Edward Clinton., and Linda Neuman. Ezell. The partnership: a history of the Apollo-soyuz Test Project. Mineola, NY: Dover, 2011. (Está completo en internet aquí: https://history.nasa.gov/SP-4209/cover.htm.)


8 Comentarios

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GorkaGorka

Jo que sí me acuerdo de esas antenas. De niño en los años 80 siempre que volvíamos del pueblo en semana santa y verano las veía y me preguntaba para qué eran.

rafasithrafasith

En primer lugar quiero agradecerte que saques el tema de estas antenas abandonadas en las cercanías de Madrid, Lo digo porque trabajé en varios proyectos en dicha Estación y en alguno más en la de Armuña.

Quería hacer una matización de lo escrito porque según se lee en el artículo, puede parecer que desde las antenas de Telefónica había enlace directo entre ellas y el Apollo XIII o el Apollo ASTP.
Las antenas de Telecomunicaciones, como las de Buitrago antes y las de Armuña ahora, solo podían establecer comunicación con satélites geoestacionarios. Es decir, apuntando a un punto fijo de la esfera celeste sobre el ecuador.. Su tracking permitía corregir pequeñas desviaciones pero en ningún caso podían seguir un objeto en órbita baja dado que éstos se desplazan a gran velocidad por la esfera celeste,
En el caso del Apollo-Soyuz la comunicación era desde el Apollo (en una órbita de unos 200.Km de altura) a un satélite geoestacionario (a unos 36.000 km) y de ahí a una estación de Telefónica en Buitrago. Desde allí el enlace seguía dos caminos:
La señal de TV se mandaba a otra antena de Buitrago (por cable coaxial que la fibra óptica era un sueño todavía) y de nuevo para arriba, a otro satélite geoestacionario en este caso de Intelsat (otros 36.000 km para arriba y luego otros 36.000 km para abajo) para recibirse en uno de los centros de la NASA en USA.
Como no se fiaban (supongo) la telemetría se mandaba de Buitrago a Robledo (por coaxial, claro) y de ahí de nuevo a otro satélite geoestacionario para llegar al mismo centro donde se recibía la imagen de TV.

Es decir, había 4 saltos de 36.000 km. Dejo al ávido lector que calcule el retraso de la señal (a lo que hay que sumar que la electrónica no era la actual…)

Posteriormente algunas de estas antenas de Buitrago se desmontaron (resaca del ’92) y se llevaron a Robledo de Chavela (y en ese proyecto sí participé directamente). Fue la segunda vez que pude entrar en el centro de control de NASA en Robledo :-)
La primera vez vi la señal del Voyager en un analizador de espectros y fue un momento fantástico.

Las antenas de Buitrago acabaron como tantos sueños humanos. Olvidadas, arrinconadas, esperando que el oxígeno de la atmósfera haga su trabajo y la vegetación las incorpore a su paisaje.

Hubo un momento, hace unos pocos años, en el que surgió un proyecto de reutilizar alguna de las antenas ya abandonadas como radiotelescopio en proyectos de divulgación. Pero los números de euros que eran necesarios para acondicionarlas desaconsejaron seguir adelante.
Esa visita fue triste. Fue volver a un sitio por el que antaño circularon palabras de amor, de cariño entre seres de distintos continentes y ahora estaban mudas, inmóviles y convirtiéndose en herrumbre.

En fin. Unos grandes recuerdos….

Gustavo ParedesGustavo Paredes

Interesante post. Por Argentina también se pueden ver cosas parecidas y abandonadas. Aunque no con ésta historia detrás.
Muy emocionante el comentario de Rafa. Gracias por compartirlo.

Saludos.

Gustavo

rafasithrafasith

Ah… Y en el túnel del Canfranc también trabajé (en el primer laboratorio que se encontraba en las galerías del armero abandonadas de la guerra civil)
Pero esa es otra historia…
Tengo alguna foto impagable de ambos sitios…

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