Heisenberg y el proyecto nuclear alemán (2ª Parte)

Mesa de trabajo en la que Otto Hahn descubrió la fisión nuclear en Berlín,  1938 (Deutsches Museum).
Mesa de trabajo en la que Otto Hahn descubrió la fisión nuclear en Berlín, 1938 (Deutsches Museum).
  1. Copenhague

Hacia 1941, Heisenberg relizó un viaje a Copenhague para hablar con Niels Bohr, su antiguo mentor. Dinamarca ya se encontraba bajo la ocupación nazi, y el viaje de Heisenberg era parte de una visita oficial con Carl von Weizsaecker y otros para dar charlas de publicidad del régimen. El encuentro con Niels Bohr es el tema central de la obra de teatro Copenhague, de Michael Frayn[1], donde el autor dramatiza el encuentro y plantea una hipotética discusión entre ambos. Lo cierto es que no se sabe demasiado de lo que hablaron, aunque algunas cosas sí que han trascendido en cartas publicadas posteriormente por el Archivo Niels Bohr.

La reunión fue casi con seguridad el 16 de septiembre de 1941. En 2002 salieron a la luz cartas de Bohr al respecto, escritas en 1956, en respuesta al libro ya mencionado [6], que defendía que los alemanes no solo no quisieron hacer la bomba, sino que incluso lo impidieron. Bohr desmiente este punto de vista, y dice recordar de su conversación el haber descubierto que los alemanes estaban tratando de construir la primera bomba nuclear. Parece que en algún momento del encuentro, Heisenberg le mostró a Bohr un dibujo del reactor que estaban fabricando. Más allá de los detalles, para Bohr esto significaba una sola cosa: los alemanes saben que la bomba atómica es posible, y están intentando construirla. Bohr emigró al poco tiempo a Inglaterra, donde colaboró con el proyecto aliado.

  1. El fracaso del proyecto alemán

Las grabaciones de Farm Hall dejan claro que uno de los principales motivos del fracaso del proyecto nuclear alemán fue la falta de conocimientos sobre cómo fabricar una bomba atómica. Otro motivo fue que los nazis suponían que iban a ganar la guerra de todos modos, por lo que nunca vieron el proyecto nuclear como una cuestión fundamental, a diferencia de lo que ocurrió por parte de los aliados [8]. La mayor motivación entre los científicos aliados era evitar que Hitler dominara el mundo con la bomba en su poder [9]. Otro punto importante fue la codicia de las empresas alemanas involucradas en el proyecto.

Sobre las limitaciones técnicas del proyecto alemán, ya mencionamos el haber descartado el uso de grafito como moderador. Ha habido muchas más, que seguramente se hubieran podido evitar si algún físico experimental hubiera estado a cargo del proyecto. Harteck lo menciona en una grabación, “…si alguien como Hertz hubiera hecho los experimentos, los resultados habrían sido muy distintos”. En efecto, el premio Nobel Gustav Hertz era un experto en separación de isótopos y contribuyó con su trabajo al desarrollo del programa nuclear ruso después de la guerra. Pero Gustav Hertz era sobrino de un judío, el célebre Heinrich Hertz, motivo por el cual no solo perdió su cátedra en Berlín sino que no podía formar parte del proyecto nuclear. El método de separación de isótopos fue empleado con éxito por los aliados en el Proyecto Manhattan; los alemanes nunca lograron desarrollarlo.

  1. Conclusiones

Es difícil entender los motivos que pudieron llevar a Heisenberg a trabajar para el proyecto nuclear alemán durante la segunda guerra mundial. Si bien nunca fue miembro del partido nazi, Heisenberg trabajó durante años a las órdenes del Tercer Reich sin oponerse nunca a nada. Su propia explicación fue la de “oposición activa, desde dentro, para salvar la física”. Podía haber usado su cercanía al poder para ayudar a físicos en problemas, pero no consta que lo haya hecho. Su situación la resume muy bien Cassidy: “Salvó a la física, no a los físicos.”

Hacia el final de su vida, Heisenberg mantuvo un largo intercambio de cartas sobre este tema con Goudsmit, la mayoría publicadas en el New York Times. Al leerlas, llama la atención que en ningún momento haya por parte de Heisenberg muestras de frustración sobre lo que significa hacer ciencia en una dictadura. Intenta distanciarse del régimen, aunque la cuestión moral brilla por su ausencia. Incluso aceptando su versión de que su objetivo era “construir un reactor y nada más”, eso serviría por ejemplo para propulsar submarinos (este posible uso de la energía nuclear fue mencionado por el propio Heisenberg en su conferencia de 1942, [2] p.227). Minimizar el impacto que algo así podía tener en las manos de Hitler es, siendo muy benevolentes, una ingenuidad.

Huelga decir que siempre puede hacerse algo. Cuando en 1933 comenzó la persecución abierta de judíos en muchas ciudades alemanas, muy pocos se opusieron. Einstein fue uno de ellos. Declaró desde los Estados Unidos: “Mientras pueda elegir, viviré en un país donde se respeten las libertades individuales, cosa que no ocurre en la Alemania actual” (citado por Cassidy, p.207). A modo de protesta, renunció a su puesto en la Academia Prusiana de Ciencias y a la ciudadanía alemana, y pidió a las naciones libres que se opongan al régimen nazi. Parece apropiado terminar esta breve reseña con una de sus citas: “No creo que los científicos deban mantener silencio en temas políticos…dónde estaríamos si hombres como Giordano Bruno, Voltaire, Humboldt, se hubieran comportado así?”[11].

Si bien el régimen nazi fue algo sin precedentes, cuya crueldad sobrepasó todo lo imaginable, no es menos cierto que muchos intelectuales lo vieron venir con bastante antelación. Como ya he dicho, creo que Heisenberg representa un muy buen ejemplo de cómo no hay que comportarse en circunstancias similares. En este sentido, quizás el “caso Heisenberg” nos sirva para replantear la manera en que formamos a nuestros estudiantes de física. A mi modo de ver, uno de los graves problemas de Heisenberg, que queda muy claro con las grabaciones de Farm Hall, es su falta de contacto con la realidad. Si queremos que nuestros jóvenes sean científicos comprometidos con los ideales de democracia, libertad y justicia social, quizás deberíamos discutir estos temas en las aulas. Al menos, mientras no aparezcan en los libros de texto de mecánica cuántica.

Esta es la segunda parte de una serie de dos artículos que nos envía Daniel Farías Tejerina. Licenciado en Física (Universidad de Buenos Aires), doctor en física por la Universidad Libre de Berlín. Soy Profesor titular en la Universidad Autónoma de Madrid, en el Departamento de Física de la Materia Condensada. Miembro del Instituto Nicolás Cabrera y del IFIMAC. Hago física cuántica (experimental), actualmente estudio las propiedades de nuevos materiales bidimensionales y la interacción de moléculas con superficies. Escéptico apasionado, creo que la ciencia es lo mejor que le ha pasado a la humanidad en toda su historia.

Notas del autor:

[1] Esta obra se mantuvo cuatro años consecutivos en cartel tras su estreno en Buenos Aires en 2002, lo que muestra que este debate interesa al gran público.

Referencias:

[1] Richard Rodhes. The Making of the Atomic Bomb. Simon & Schuster UK (2012).

[2] Jeremy Bernstein. Hitler’s Uranium Club: The Secret Recordings at Farm Hall. Copernicus (2001).

[3] David C. Cassidy. Beyond Uncertainty: Heisenberg, Quantum Physics, and the Bomb. Bellevue Literary Press (2010).

[4] Francisco José Ynduráin Muñoz. Los desafíos de la ciencia: Diez ensayos sobre la ciencia, los científicos y la historia. Crítica (2003).

[5] Samuel A. Goudsmit. Alsos. American Institute of Physics (1985).

[6] Robert Jungk. Brighter than a Thousand Suns. Penguin (1982).

[7] Michael Frayn. Copenhagen. Anchor Books (2000).

[8] Leslie Groves. Now It Can Be Told: The Story of the Manhattan Project. Da Capo (1983).

[9] Otto Frisch. What Little I remember. Cambridge University Press (1979).

[10] István Hargittai. The road to Stockholm. Oxford University Press (2002).

[11] Carta a Max von Laue, 26.05.1933. Einstein Archives 16-089.


12 Comentarios

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RogerRoger

Este articulo habria estado mucho mejor sin intentar ir de moralista, simplemente haciedno una exposicion objetiva de los hechos, y dejar que cada uno juzgue y decida por si mismo.

Es muy facil criticar las actuaciones ajenas, pero quiza no tanto tomarlas en el contexto del momento.

Pedro

Hombre, creo que habéis sido un poco demasiado críticos. El artículo en sí está muy bien y los juicios moralistas son apenas una pequeña parte del mismo. Es necesario, además, desmontar la versión oficial que dio el propio Heisenberg. Saludos.

oscaroscar

¿ Porqué?.
Tiene más valor conversaciones superfluas de genios encerrados que seguro eran tan pardillos que no sospechaban que les estaban grabando?.
Acaso en cualquier conflicto no hay gente normal que sigue su vida sin meterse en política.
O acaso todos los profesores y catedraticos de las universidades Argentinas que no se opusieron al régimen de Videla eran “malos”?.
A heisenberg que se quedo en Alemania hay que demonizarlo pero a Vonn Braun que acabo en EEUU si lo perdonamos?.
Es fácil decir en la distancia como deberían hacerse las cosas pero la realidad no es tan simple.

Pedro

Hola oscar.

Las conversaciones grabadas son fundamentales para saber qué expresaba él en 1945 cuando creía que nadie del bando aliado le estaba escuchando. ¿Acaso no sabríamos más sobre Merkel, Rajoy, Trump o Putin si escucháramos sus conversaciones privadas?

No estoy diciendo que Heisenberg fuera «malo» ni creo que sea esa la intención del articulista. Que intentó construir una bomba atómica y que luego trató de vender que no había sido así es un hecho.

Finalmente, creo que es importante recordar (y tal vez sea la intención del artuiculista) que incluso las personas más buenas son capaces de cometer actos terribles si se dan las circunstancias «adecuadas». La mayor parte de nosotros nos conformamos con seguir nuestras vidas y el consabido «yo solo recibía órdenes».
Héroes hay pocos.

Saludos

oscaroscar

Entiendo tu postura.
Me sorprendería que no supieran que les estabn grabando.
En una guerra intentaron construir un arma tecnologicamente vanzada. Como vonn Braunn con los V2, que luego han sido la base de los vuelos suborbitales.
Tras ellos, científicos Rusos, que posiblemente no creían en el comunismo desarrollaron, también americanos en su país, las bombas de hidrogeno.
TAmbie´n son malos y amorales?. Después china e india; Francia e Israel. Actualmente corea del norte o irán juegan a eso.
Yo no defiendo Heisenberg; citico la doble moral y mi sensacón es que hay demasiados juicios de valor.
El link que he colgado, que es antiguo creo que es más neutro, se centra más en cuestiones científicas y técnicas.

HectorHector

Felizmente Heisemberg no lo logró. Porque si el final era el opuesto, probablemente no podríamos estar expresando nuestras opiniones y juicios de valor hoy.

PacoPaco

Heisenberg era el malo pero no llegó a mi acercarse s fabricar una bomba pique no llegó ni a construir el reactor.

Los del bando aliado son muy muy buenos a pesar de haber fabricado las dos bombas y ser lanzadas contra población civil innecesariamente.

El primero era un inmoral y los del otro lado son ejemplos de ética y mortal.

Lo que hay que leer a veces…

fisivifisivi

Excelentes artículos para comprender la situación de los científicos al servicio del mal más absoluto.
Estoy de acuerdo en que hay que educar en la ética a los científicos, como al resto de los adultos, y especialmente a los que tienen la responsabilidad de trabajar con algo tan potencialmente dañino como la física nuclear. A nadie se le debe olvidar que la finalidad de cualquier trabajo científico es el bien de la humanidad, sin exclusiones, y el bien del único planeta en el que la humanidad puede vivir.

AlbertoAlberto

Me ha parecido un artículo estupendo y he disfrutado mucho leyéndolo. Ahora; emitir un juicio de valor diciendo quienes fueron buenos y quienes malos o supieron practicar una aplicación de la ciencia correcta me parece un error absoluto ya que en una guerra la línea que separa el bien del mal es prácticamente invisible. Esto es historia y ella nos ha traído a lo que somos hoy.
La mayoría de los científicos que trabajaron tanto para un bando como para el otro no eran realmente conscientes de la magnitud de sus actos. La manera de interpretar la información en aquellos años rodeado por una sociedad en su faceta más bélica influiría en la decisión de cualquiera. La verdad que intentar meterse en la piel de los protagonistas de esta historia en esa época con ese halo de misterio y afán de hacer algo en post de la historia me hace darme cuenta que la realidad siempre supera a la ficción.

LucianoLuciano

Veo que el autor de este artículo es nacido en Argentina, tal como lo es este humilde servidor. Espero que mis comentarios no generen una polémica atroz o innecesaria, pero me parece útil discriminar algunas cuestiones que algunos ya han comentado acerca de la dicotomía “los buenos” y “los malos” y otros temas que competen a la ética de la ciencia.
Los argentinos somos desmedidamente apasionados y exageradamente maniqueos. Si alguna vez tienen la oportunidad de presenciar una discusión entre amigos en una mesa de café en cualquier ciudad argentina harían bien en prestar muchísima atención. La irracionalidad al defender un punto de vista es casi surrealista. Somos capaces de afirmar lo opuesto que defendimos hace cinco minutos si con eso podemos atacar un nuevo argumento de nuestros interlocutores.
Da igual si se habla de Boca vs. River, peronismo y radicalismo o si las cebras son blancas y negras contra el que afirma que son negras y blancas.
Sin embargo, y pese a todas las diferencias irreconciliables que existen entre argentinos, creo que podemos mencionar al menos una característica que quizá sea común a todos nosotros: somos muy patriotas. Cada uno tiene su forma de encarar su amor por la Nación y su defensa de la soberanía. Hay quienes son nacionalistas, otros serán más liberales, los hay conservadores y también progresistas, sea cual fuere el significado que cada uno de nosotros atribuyamos a esas palabras.
Sin embargo el amor al país está presente y aunque critiquemos fuertemente ya sea a las políticas de estado, a los empresarios, al gobierno de turno, a los poderes constituidos y hablemos pestes de nuestros jueces, sentimos que nos tocan algo muy íntimo cuando esas mismas críticas las oímos en boca de un extranjero. ¿Será que somos chauvinistas? En buena parte puede que lo seamos. ¿Es algo que deberíamos corregir? ¿Perseverar en la tolerancia? Probablemente sí, todos los pueblos están muy lejos de ser perfectos.
Pero es este amor por nuestro suelo el que con toda seguridad hará que tiremos todos para el mismo lado si alguna vez dicho suelo es hollado por el pie del invasor extranjero, poco importa quién empezó la guerra o si el país está siendo gobernado por dictadores (que ya lo estuvo, varias veces).
Y aquí me alejo del mapa y de lo que conozco y proyecto a otras naciones, apelo al sentido común de quienes lean estas líneas, sean del país que sean: ¿En serio alguno de ustedes sabotearía a su país cuando saben que pueden dar una mano para salvaguardar la soberanía del pueblo en que nacieron? A los españoles de más edad: Si Francia invadía España en 1970 ¿alguno hubiera deseado que ganen los franceses porque Franco “era malo”?
Yo no sé cómo será la mente del alemán promedio, pero si se parece a la de cualquier ciudadano argentino estoy seguro de que la patria está primero. ¿Nos gobierna un dictador? Ya lo resolveremos luego. ¿La culpa de la guerra es nuestra? Se verá después. Primero a ganarla, esa es la prioridad número uno, defender el suelo, lo nuestro, la tierra que vio nacer nuestra cultura, nuestro lenguaje, el país construido por nuestros antepasados.
Me resulta muy difícil pensar que los científicos puedan quedar fuera de esta ecuación. Me pongo en la piel de Heisenberg, sabedor de que hay posibilidades de que la guerra se revierta y el enemigo invada el territorio de su nación. Sabiendo que con un arma nuclear la cosa puede cambiar, que al menos el suelo se puede preservar, no creo que no haya sentido la necesidad patriótica de intentar construir tal arma. No por Hitler, no por el racismo, no por la “superioridad aria”, no por el “espacio vital” ni por la revancha de la Primera Guerra o por el Tratado de Versalles, por nada de eso. Esos serán el argumentos de los políticos, de los fanáticos o de los intolerantes o el dictador de turno. Pero eliminados todos esos argumentos con la racionalidad del científico, me parece casi impensable que el amor por la patria pueda ser eliminado con consideraciones críticas y metódicas. Creo que nadie que ame a su país pueda ser calificado de fanático con demasiada facilidad. No pretendo tampoco que estas palabras sean vistas como un discurso exaltado o de alguien que secretamente ama el nazismo, porque estoy muy seguro de mí mismo y sé que estoy alejado de tal cosa.
Pero decir con tanta liviandad que hay un modo en que un científico debe comportarse durante una guerra y que sólo debe responder a (cito) “ideales de democracia, libertad y justicia social” también me parece algo propio de una persona que tiene una grave (cito) “falta de contacto con la realidad”.
Ojalá que las guerras desaparecieran y ya no sean vistas como una necesidad de este mundo “civilizado”, pero les llamo a la reflexión a todos y cada uno de los que lean estas líneas y se digan a sí mismos que se quedarían de brazos cruzados si la soberanía de su país está en riesgo solo porque perciben que la dirigencia es malévola o contraria a sus exaltados y elevados ideales.
Yo digo que, se decida lo que se decida, no es una decisión que se pueda tomar en cinco minutos. Es lo que pienso.

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