Mierda y orines: su valor y usos históricos

Desde que el hombre aprendió a cultivar la tierra y fue capaz de domeñar los animales y convertirlos en ganado tuvo que hacer frente a una seria dificultad: mantener el ritmo de las cosechas. Cuando una tierra virgen se cultivaba, los resultados eran muy buenos, pero al cabo de 2 ó 3 años, los rendimientos caían vertiginosamente, el terreno dejaba de producir y había que dejarlo descansar, en barbecho, durante una o dos temporadas hasta poder volver a hacer uso del mismo otra vez.

Sin embargo; pronto encontraron los antiguos soluciones que evitaban dejar los campos baldíos y obtener con mayor regularidad cosechas que, si bien no resultaban exuberantes, permitían una cierta predictibilidad a las tareas agrícolas. Por una parte rotar cosechas, especialmente entre cereales y leguminosas, mantenía los campos productivos cada año. Por otra, añadir excrementos de los animales a las tierras las transmutaba de estériles a ubérrimas, con lo que nos encontramos ya un primer atisbo del valor que la mierda podía tener en sociedades pretéritas.

Tan importante devino la materia fecal que los romanos le llegaron incluso a dedicar una deidad: el dios Stercutius

Fueron también los romanos los que desarrollaron la agricultura en Occidente. La mierda tuvo un papel clave en este campo y los tratados que elaboraron los expertos de la época presentan distintas clasificaciones de la calidad de las distintas excretas para la tierra; así según ellos la mejor calidad productiva se obtenía con las cagadas de las palomas, las propiedades del estiércol de los rumiantes era muy superior al de los caballos, sin olvidar que la orina fresca de las personas era la mejor para las plantas jóvenes mientras que la orina de algunos días era considerada la mejor para los frutales.

No solamente el campo reclamaba su porción de estos fluidos naturales inmundos, otras industrias hacían acopio de orines ya que resultaban ser muy apreciados como blanqueadores para las togas de lana, como agente mordiente –fijador del color- en la industria de los tintes o en el curtido de pieles. Sin olvidar su uso como blanqueador de las dentaduras. Como muestra este extracto de un poema del autor latino Catulo:

Egnatius porque tiene los dientes blancos como la nieve, sonríe todo el tiempo […] Ahora, eres español: en el país de España lo que cada hombre mea, él está acostumbrado a lavarse los dientes y las encías con orina, cada mañana

Fue tal el valor que alcanzó la orina en Roma que el emperador Vespasiano creó un impuesto para esta materia prima. En un dudoso homenaje a este césar, aún hoy los urinarios públicos se denominan con su nombre, así se llaman en francés (vespasianne), italiano (vespasiani) y rumano (vespasiene).

El curtido de pieles no es un proceso agradable. Recibir los pellejos recién desprendidos, con restos de carne y grasa pegados, la presencia de piojos o sarna en los mismos, las posibles enfermedades ocultas entre los sanguinolentos restos además del olor nauseabundo que desprendían las tenerías hizo que este oficio no fuese particularmente apreciado en el pasado y que tuviera que practicarse en las afueras de las ciudades.

Pero es que, además, los cueros, antes de secarse y obtener las propiedades que les hacen aptos para la industria marroquinera, deben reblandecerse y para esto se utilizó durante largo tiempo los orines y sobre todo las heces de animales, concretamente de perros.

Los viajeros que visitaban Londres en la época victoriana se sorprendían de no encontrar zurullos de canes en sus calles. La razón no se debía a ningún escrúpulo o a que los ciudadanos de aquella urbe recogiesen con esmero las cagarrutas de sus mascotas, no. En realidad lo que ocurría es que la mierda de perro era muy valiosa para la industria peletera ya que, mezclada con orines, servía de base para una solución en la que se hundían las pieles durante algunos días para luego poder separar con facilidad los pelos y restos cárnicos de las mismas. El pH de la orina junto con la actividad enzimática digestora de los truños se aunaban para conseguir el reblandecimiento y curtido final.

Esta práctica se mantuvo viva durante décadas –hasta la llegada de productos químicos que realizan hoy tal función- y no fue sólo común en Europa sino que también llegó al Nuevo Continente como magistralmente describe Fernando del Paso –Premio Cervantes 2015- en su gran novela José Trigo:

“Bravo, mi niño maravilloso, tú sigue juntando cagadas de perro para curtir las pieles de tu padre porque tu padre te dice: no hay nada mejor para la purga de la piel, para que su flor quede suave como los capullos de seda, que hacerlo a la antigüita, con mierda de perro, de gallina o de paloma, y mejor si es de perro, así que ve y busca y tráeme y haz una masa con agua y luego unas tortitas y ponlas a secar hasta que se fermenten y suelten el jugo y luego con el jugo embadurna las pieles de la cola a la frente, de la falda a la falda, sin olvidar las garras y ponlas a reposar y verás después cómo se ablandan, cómo se ponen tan blandas como la piel de tu madre la castellana que no me oiga”

Pero volvamos al uso agrícola. El campo pedía más estiércol. Nunca era suficiente. A pesar de que no se desperdiciaba nada y de que la recogida de heces tanto en el campo como en la ciudad dio lugar a una floreciente industria, la demanda siempre superaba la oferta.

La Revolución Industrial no hizo sino empeorar la situación. Ahora, millones de personas se hacinaban en las urbes y se necesitaba más abono orgánico que nunca. O se hallaba una solución –y pronto- o las predicciones maltusianas –aquellas que auguraban que la Tierra no podría dar de comer a tantas personas- comenzarían a hacerse una realidad.

Montones de estiércol animal listos para ser esparcidos en el campo como abono
Montones de estiércol animal listos para ser esparcidos en el campo como abono

Pero, ¿qué tiene la mierda que favorece el crecimiento vegetal?. Pues nitrógeno. Todos los seres vivos necesitamos nitrógeno. Es un elemento clave en la síntesis del ADN y ARN, además de las proteínas entre otras moléculas fundamentales para la vida. Lo que pasa es que los seres vivos (exceptuando algunas bacterias) no pueden hacerse con el nitrógeno atmosférico. Vivimos rodeados de N2, el aire está compuesto casi en un 80% por este elemento, pero es como ser un náufrago en mitad del mar: te sobra el agua pero te mueres de sed. Simplemente no lo podemos usar a partir de esa forma química. Para que las plantas y animales podamos hacer uso del nitrógeno, éste tiene que estar fijado. Y la mierda y orines contienen altas cantidades de nitrógeno fijado.

Pero no sólo la industria agrícola demandaba más y más excrementos. También la industria armamentística pedía su parte y es que uno de los componentes fundamentales en la fórmula de la pólvora es el salitre, un compuesto, también nitrogenado que se podía encontrar en las bases de los muros de piedra (de ahí el origen de su nombre sal petrae: sal de las piedras). Sin embargo; una vez se recogía tardaba años en volver a crecer. En Inglaterra se publicaron edictos y se encargó a funcionarios del estado la búsqueda y recogida del precioso compuesto. Éstos se lanzaron a cavar muros, demoler casas o industrias a cambio de unos pocos gramos de salitre. Aun así, las cantidades obtenidas eran muy magras con lo que se comenzó a buscar modos más rápidos de fabricar la preciada sal y ¿dónde se halló la solución?: en la mierda y los orines.

Resulta que se puede obtener salitre excavando fosas y llenándolas con una mezcla de heces, vegetales podridos y orina. Esta mixtura nauseabunda puede rendir hasta 5 kg de salitre cada dos años. Vean aquí el método según un manual de la época:

“Obténgase una buena cantidad de estiércol podrido de buena calidad, para mezclarlo después con ceniza, hojas y paja dentro de un pozo.

El montón se riega cada semana con las clases más ricas de estiércol líquido, como la orina, excrementos de agua, el agua de los retretes, drenajes, etc. La cantidad de líquido debe ser tal que se mantenga la pila siempre húmeda, pero no mojada. La mezcla se agita a la semana, y después de varios meses no se añade más orina. A medida que la pila se madura, el nitrógeno se evapora y aparece como eflorescencia blanquecina, detectable por su sabor”

Tan importante devino esta práctica que el rey inglés Carlos I, en 1626, exhortaba a sus súbditos a almacenar la orina tanto de los hombres como de los animales en receptáculos adecuados para luego ser usada para este fin. En Suecia, los granjeros debían pagar un porcentaje de sus impuestos a base de esta materia prima.

La solución a la insaciable necesidad de salitre llegó desde Sudamérica, concretamente desde unas lejanas islas sitas en la costa peruana: las islas Chinchas. Estos islotes ofrecían las condiciones adecuadas para albergar millones de aves que depositaron en ellas durante milenios toneladas y toneladas de estiércol. Ya los aborígenes hacían expediciones a ellas pues los excrementos de las aves tenían propiedades casi mágicas para sus cosechas de maíz, como pronto comprobarían los agricultores europeos y norteamericanos. Los nativos llamaban a este fertilizante natural huanu. De ahí pasó a nuestra lengua con la denominación de guano. Para los indígenas, éste era un lugar protegido por los dioses, de hecho tenía el guano en la misma consideración que el oro y matar un ave de aquellas islas se pagaba con la vida.

Aves marinas, sus excrementos o guano son ideales para la agricultura
Aves marinas, sus excrementos o guano son ideales para la agricultura

Muy distinto fue el cuadro que se encontraron los marinos que se acercaban a aquel archipiélago una vez se había iniciado la explotación industrial del guano. El hedor que emitían los milenarios acúmulos de mierda de ave –hasta 30 metros- ahora abiertos en canal, era nauseabundo.

Con el aumento de la demanda en el siglo XIX, los encargados de extraer el guano, rico en nitrógeno y fosfatos, fueron semi-esclavos chinos (llamados coolies). Vivían prácticamente desnudos bajo el sol tropical, sin jornadas de descanso. Sobrevivían con dos magras comidas al día a base de arroz y plátanos. Trabajaban 20 horas al día y respirando ininterrumpidamente el polvo del guano, siempre presente y en suspensión debido a la práctica ausencia de lluvias. La mortalidad era altísima, no solo por la corrosión pulmonar que causaba el ambiente pulverulento sino también por los frecuentes derrumbes de galerías de donde se extraía el fertilizante. Morían literalmente enterrados y ahogados en mierda. Si durante la semana no alcanzaban las cuotas asignadas, debían trabajar más horas en domingo. Ante cualquier debilidad o muestra de disconformidad, los castigos físicos eran la norma. Los suicidios eran frecuentes, así como la adicción a los opiáceos. Por su trabajo los coolies recibían 3 reales -un tercio de peso- al día, de los cuales dos los tenían que pagar por la comida. Hasta 800 chinos llegaron a trabajar simultáneamente en aquel infierno.

Tan codiciadas resultaban aquellas islas que España entró en guerra con Perú y Chile por ellas. La cosa terminó mal ya que derrotado y deprimido, el comandante general de la escuadra del pacífico, José Manuel Pareja, optó por suicidarse.

Las islas fueron esquilmadas y hacia 1860 los depósitos de guano estaban prácticamente vacíos. Sin embargo; tal era la necesidad del fertilizante que los EE.UU aprobaron una legislación, la Guano Islands Act, que permitía a todo ciudadano norteamericano tomar posesión de cualquier islote que tuviese depósitos de guano y hacerlo automáticamente territorio norteamericano. Pero las islas Chinchas eran únicas y ningún otro archipiélago ofrecía lo que aquellos islotes habían regalado a la agricultura mundial.

Agotado el guano, los agricultores de todo el mundo comenzaron a usar el Nitrato de Chile –extraído de minas- menos productivo que los excrementos de las aves, aunque igual de eficaz para fabricar pólvora. El valor de aquellos yacimientos fue, no obstante, efímero ya que a principios del S.XX el químico alemán Fritz Haber sintetizó amonio a partir de nitrógeno e hidrógeno presentes en el aire –y por lo que recibió el Nobel de química en 1918- más tarde, su compatriota Carl Bosch consiguió que el proceso se pudiera llevar a cabo industrialmente y obtener altas cantidades, lo que también se le premió con el mismo Nobel en 1931.

Fritz Haber y Carl Bosch
Fritz Haber y Carl Bosch

Sin este descubrimiento, sin la posibilidad de fijar nitrógeno a partir del elemento atmosférico, hubiese sido imposible producir las cosechas que obtenemos hoy. De hecho la humanidad no hubiese podido superar los cuatro mil millones de habitantes. Hoy estamos ya en siete mil millones.

Hoy la mierda sigue siendo importante, como fertilizante se utiliza aún en todo el mundo, a pesar de la presencia de abonos artificiales. Pero hay otros usos muy útiles como la generación de biogás a partir de excrementos y bacterias que emiten metano que más tarde se emplea para producir electricidad. Añadir estiércol al cemento hace que los ladrillos pesen un 20% menos pero sean igual de resistentes. También se usa como alimento de orugas de insectos que más tarde se emplean como un componente del pienso animal y en Japón se obtienen metales preciosos de la mierda. Los primeros cálculos apuntan que por los zurullos y meados de cada millón de personas puede llegar a obtenerse hasta 13 millones de dólares en metales de alto valor.

Como pueden comprobar el valor de una boñiga a lo largo de la historia se puede llegar a asemejar al del oro pues de ella se obtienen un sinfín de beneficios.

Este artículo nos lo envía Juan Pascual (podéis seguirlo en twitter @JuanPascual4 o linkedn). Me licencié en veterinaria hace unos cuantos años en Zaragoza y he desarrollado mi vida profesional en el mundo de la sanidad animal, de ahí mi interés en divulgar lo que los animales aportan a nuestro mundo actual. Soy un apasionado de la ciencia. Creo que es fundamental transmitir el conocimiento científico de una manera sencilla para que los jóvenes se enganchen pronto y para que la sociedad conozca más y mejor lo mucho que la ciencia aporta a nuestro bienestar. Viajar es otra de mis pasiones junto con la literatura, que no deja de ser otro modo de viajar.

Puedes leer todos sus artículos en Naukas en este enlace.

Referencias científicas y más información:

Hager, Thomas. The alchemy of air. Broadway books. 2009

Creesy, David. Saltpeter. Oxford University press. 2013

La era del guano. La inmigración china. Blog de Juan Luis Orrego Penagos. 2008

Diccionario enciclopédico de biblia y teología

From Gunpowder to Teeth Whitener: The Science Behind Historic Uses of Urine

A brief history of London poo

Vespasiano y el impuesto a la orina en Roma. Redhistoria. 2017

El mejor dentífrico de la antigua Roma era de Hispania. Historias de la historia. 2012

How alum shaped the Yorkshire coast.


5 Comentarios

Participa Suscríbete

Cristiam Julián Ayala PeñaCristiam Julián Ayala Peña

Todo lo que está explicado en éste artículo me asombra. No sólo de oxígeno vivimos todos, también de nitrógeno.

Curioseantes

Excelente artículo.
Me permito agregar (si cabe) que las Islas Chincha fueron usadas como fuente de abono para el cultivo aún en épocas prehispánicas, tanto por las culturas Nazca y Mochica, como por el imperio Inca, quienes usaban el recurso para sus necesidades de abono sin afectar su ciclo de acumulación producto del anidaje de millones de aves.
Obviamente, su “descubrimiento” en el siglo XIX, y el valor comercial del guano, produjo una sobredemanda del recurso, que agotó sus reservas (cientos de millones de toneladas) en unas pocas décadas.

RogerRoger

Vaya mierda de articulo.

Y ya hecho el chiste facil, muy interesante todo.

1 Trackback

Deja un comentario

Tu email nunca será mostrado o compartido. No olvides rellenar los campos obligatorios.

Obligatorio
Obligatorio
Obligatorio

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>