El neurocientífico que atisbó su lado oscuro

James Fallon lleva veinte años estudiando cerebros de psicópatas en su laboratorio de la Universidad de California-Irvine. Es un reputado neurocientífico, ha aparecido en varios documentales de televisión y sus investigaciones le han llevado a descubrir algunas pautas que se repiten en determinados cerebros y que podrían estar detrás de comportamientos violentos. Pero hace cuatro años, mientras charlaba con su anciana madre, Fallon realizó un descubrimiento que le dejó perplejo:

“¿Por qué no investigas en la familia de tu padre, Jim?”, le espetó ella. “Había algunos buenos pájaros por aquella parte”.

Intrigado por la afirmación, cuenta Barbara Bradley en NPR,  Fallon investigó el pasado de sus parientes y descubrió, en sus propias palabras, que había “una línea completa de gente muy violenta, de asesinos”, y que algunos de ellos habían cometido crímenes horribles.  Así pues, se puso a investigar entre sus familiares vivos en busca de las señales que había visto antes en los cerebros de los psicópatas y que quizá habían descendido hasta los suyos por vía paterna.

Aprovechando que no hacía mucho había escaneado el cerebro y tomado muestras de sangre de diez familiares en busca de señales de Alzheimer, Fallon siguió con sus pesquisas. En cuanto a las resonancias, debía buscar en el córtex orbital, un área que los científicos asocian con la toma de decisiones morales y que las personas con sociopatías y psicopatías tienen poco desarrollada.

Así pues, escudriñó el cerebro de su mujer y descubrió que era normal. Estudió el de su madre y también era normal. Los escáneres de sus hermanos y los de sus hijos eran perfectamente normales. Y entonces se le ocurrió mirar el suyo propio:

“Si ves el escáner”, asegura Fallon, “parece tal cual el de uno de esos asesinos”.

Su córtex orbital aparecía totalmente inactivo, como el de tantos psicópatas que había explorado con anterioridad, y cuya región cortical era incapaz de hacer barrera de freno a la amígdala. Pero aquello no le desalentó.

A continuación, Fallon decidió explorar las muestras de sangre en busca de 12 genes concretos, a los que algunos científicos relacionan con la mala regulación de la serotonina en el cerebro y algunos comportamientos violentos. Uno a uno, registró los análisis genéticos de todos sus familiares y todos eran perfectamente normales hasta que llegó al suyo:

“La realidad”, asegura Fallon a NPR, “es que yo cumplo el patrón de riesgo al 100%. De alguna manera, soy un asesino nato”.

Por supuesto, Fallon sabe perfectamente que el destino de una persona no está enteramente determinado por sus genes y que el entorno y las vivencias juegan un papel fundamental. Sin embargo, admite que llegó a pensar que los genes y el cerebro  determinaban de una manera absoluta nuestra forma de ser y comprende que estaba equivocado. Ahora vive con la convicción de que tenía un montón de papeletas para haber seguido el camino de la rama violenta de la familia, pero su experiencia vital le salvó del lado oscuro. Al menos, hasta ahora.

Enlace original: A Neuroscientist Uncovers A Dark Secret (Bárbara Bradley, NPR)



Por aberron
Publicado el ⌚ 1 julio, 2010
Categoría(s): ✓ Neurociencia