El hombre que inventó la electrónica… accidentalmente

Lee de Forest

Ayer, leyendo Gizmodo, llegué a la historia de Lee de Forest, el ingeniero estadounidense que inició inadvertidamente la era dorada de la electrónica.

Pero antes de hablaros de él, justo es recordar los nombres de otros que le precedieron, pioneros tan importantes como Thomas Alva Edison, que en 1880 descubrió que cuando añadía a una de sus lámparas incandescentes de vacío (o bombilla) un segundo filamento con carga positiva (llamado placa), se originaba una corriente eléctrica estable que iba en una única dirección desde el filamento incandescente (o cátodo) hacia el cargado positivamente (o ánodo).

Edison no entendió para qué podría servir aquello, pero previsor como era, decidió patentarlo y llamó a aquella curiosidad «efecto Edison«.

Décadas más tarde, en 1904, un británico llamado John Ambrose Fleming descubrió, que el efecto Edison podía emplearse para pasar de corriente alterna a contínua (proceso conocido como rectificación). Para ello construyó la primera válvula de vacío (o diodo) y se dio cuenta, de que su dispositivo podía ser justamente lo que Marconi andaba buscando para detectar ondas de radio a mayores distancias. La válvula diodo fue el primer detector y rectificador electrónico de ondas de radio de alta frecuencia que existió. Su inventor la denominó “válvula termoiónica” (también conocido como “tubo electrónico”) y al calentarse permitía circular la corriente eléctrica únicamente en una sola dirección.

Triodo de Forest.

Poco después llegó el gran momento de Forest, un ingeniero de Yale que se pasó una década peleándose con la tecnología de radio y telegrafía tratando de encontrar su hueco en la historia. Lo logró en 1906 cuando tuvo la ocurrencia de tomar un tubo electrónico dipolo como el creado por Fleming y añadir entre el filamento incandescente y la placa, un tercer elemento al que llamó rejilla (convirtiendo de este modo al diodo en triodo) … solo para ver qué pasaba.

Sorprendido, descubrió que bastaba aplicar una pequeña carga a su recién añadida rejilla para aumentar la potencia de la corriente que fluía desde el cátodo hasta el ánodo. En su solicitud de patente, de Forest comentó que su invención (a la que llamó Audión) podría adaptarse para «amplificar corrientes eléctricas débiles«.

Acababa de inventar el amplificador.

Aquello supuso una revolución porque el audión no solo servía para amplificar señales eléctricas, sino que también podía amplificar transmisiones de audio, y además servía para enviar y recibir ondas de radio. Hasta aquel momento, el uso de los aparatos de radio no habían experimentado un verdadero boom ya que las señales se desvanecían muy rápidamente con la distancia. Su triodo se convirtió en un componente revolucionario y fundamental en los nuevos sistemas de telefonía, y además permitió amplificar las señales de radio haciendo que, mediante estaciones repetidoras, una emisora pudiera radiar información a toda la nación.

En el preciso instante en que De Forest añadió aquel tercer filamento a la válvula de vacío, inaguraba sin saberlo la era de la electrónica.

A nosotros todo esto nos suena a chino, porque en la década de los 50 (mucho antes de que naciéramos), los tubos de vacío comenzaron a ser remplazados por unos elementos más pequeños, baratos y fiables: los transistores. Y sí, en efecto los transistores fueron los culpables de la enorme popularidad que alcanzó la electrónica en la segunda mitad del siglo XX, pero si ahora mismo puedes leer este post en tu monitor (gracias a los transistores miniaturizados que componen los circuitos integrados de tu ordenador) es sin duda alguna gracias al trabajo de pioneros como Edison, Fleming y de Forest.



Por maikelnai
Publicado el ⌚ 30 agosto, 2010
Categoría(s): ✓ Divulgación • Ingeniería