De mayas, mitos y estrellas asesinas

Orion desde tierras mayas | Imagen: Stephane Guisard

Los mayas denominaban a Betelgeuse la libélula roja (chäk tulix). Si miramos a la constelación de Orión entenderemos el porqué. Betelgeuse es una supergigante roja situada en el hombro del cazador de la mitología clásica.

Betelgeuse no sólo llamó la atención de los mayas. Tiene un encanto especial, quizás debido a su curioso nombre procedente etimológicamente del árabe. En inglés se pronuncia como Beetle Juice. ¿No les suena?. La película de 1988. Y en la desternillante Guía del Autostopista Galáctico de Douglas Adam, Ford Prefect –el extraterrestre que salvó a el protagonista de la destrucción de nuestro planeta por culpa de una obra pública de la Confederación Galáctica– era originario de un planeta que giraba alrededor de Betelgeuse.

Antes de la llegada de los españoles a México, gobernó la ciudad-estado de Tetzcuco un filósofo e ingeniero natural de la ciudad de Texcoco llamado Nezahualcóyotl (Coyote hambriento). Su vida transcurrió en el siglo XV y parece ser que optó por el sacrificio de flores en lugar de seres humanos en un templo que mandó a construir, a pesar de que permitió la matanza continuara en los otros templos. Nezahualcóyotl fue también poeta, y su obra fue finalmente publicada en 1582. En uno de sus versos podemos leer (la traducción es mía)

Yo preví, siendo mejicano, de nuestra tierra la destrucción

Salí llorando porque iba doblegada a su destrucción

¡Que no me enoje que la grandeza de México vaya a ser destruida!

Las estrellas de humo se reúnen en nuestra contra: el que cuida las flores va a ser destruido

El que cuida los libros lloró, lloró por el comienzo de la destrucción

Las estrellas de humo podrían referirse quizás a un cometa visible en el siglo XV. Pero con 2012 a la vuelta de la esquina, nadie del lado oculto de la fuerza se iba a conformar con esa explicación. En este mural en honor de Nezahualcóyotl.

Nezahualcóyotl | Fuente Wikipedia

Las mentes que suelen surcar los cielos incluso sin la ayuda de sustancias ilegales interpretan la imagen como una reprensentación de Orión el Cazador y el signo de su escudo como nuestra gigante roja Betelgeuse.

Betelgeuse estallará como supernova en algún momento del próximo millón de años, lo que hace muy improbable que sea el año que viene… ¡sí, el año del Apocalipsis maya de 2012!.

Pero aún en el caso de que Betelgeuse estallase como supernova, ¿tendríamos que temer los efectos de la explosión?.

Si sustituyésemos a Betelgeuse por el Sol ocuparía el espacio existente hasta algún punto situado entre las órbitas de Marte y Júpiter. Es difícil imaginarse esas escalas inmensas, aunque una comparación como la del vídeo a continuación podría ayudar

Es indudablemente cierto que Betelgeuse está al final de su vida. Las estrellas evitan el colapso gravitatorio de la materia que las forman gracias a la reacciones nucleares que se producen en el gas que las formas. Se trata de una lucha de dos fuerzas titánicas que mantienen a la estrella en un pulso constante entre la eyección de sus capas externas producida por el empuje de la radiación generada y la implosión de su núcleo debido a la gravedad.

En una estrella de unas unas 20 masas solares como Betelgeuse, el hidrógeno inicial se fusiona en unos pocos millones de años produciendo helio. Cada nuevo producto actúa a su vez como combustible en una nueva reacción nuclear, aunque con la particularidad de agotarse con mayor rapidez. Lo núcleos de los elementos químicos de mayor densidad se van acumulando hacia el centro, creándose una estructura por capas a modo de cebolla estelar.

Fuente: | Wikipedia

Sin embargo, algo diferente ocurre cuando se empieza a acumular el hierro. La fusión de este núcleo no produce energía, sino que de hecho la absorbe. La gravedad empieza a colapsar el núcleo central de la estrella y la fusión del hierro no sólo no es capaz de contener el colapso sino que lo retroalimenta.

Llegado a ese punto y es cuestión de minutos, el núcleo colapsa. Las capas exteriores de la estrellas se sienten de repente como el Coyote mirando al Correcaminos mientras se da cuenta que no hay nada que lo sujete. Y entonces caen hacia el núcleo comprimiéndose y rebotando contra éste –de manera análoga a como lo haría una pelota de goma– a velocidades comparables a la de la luz. La cantidad de radiación producida por la energía del rebote –principalmente en forma de neutrinos– es de tal magnitud que el gas de las capas externas es eyectado a velocidades típicas de 15,000 km/s, interaccionando con la radiación para producir ese enorme espectáculo que denominamos una supernova de tipo II.

Betelgeuse parece ahora encontrarse en las últimas fases de ese proceso. Está claramente eyectando grandes cantidades de gas de sus capas externas y las irregularidades de su superficie muestran un proceso de convección a una escala colosal sólo comparable a su tamaño.

En la imagen a continuación podemos ver una recreación artística de las condiciones actuales de la estrella. Para hacernos una idea de las dimensiones, a la derecha tenemos la comparación con objetos del Sistema Solar y una escala en unidades astronómicas (la distancia de la Tierra al Sol).

Fuente: | ESO

Cuando se produzca la supernova, Betelgeuse emitirá la energía equivalente de unos cien mil millones de soles brillando simultáneamente. Los gases de la supernova se extenderán probablemente unas mil unidades astronómicas. Aún con esas enormes dimensiones, a una distancia de 600 años luz seguirá observándose como un objeto puntual al igual que cualquier otra estrella y no como La luna o incluso como el Sol, tal y como afirma un bulo que recorre Internet y que partiera del The Huffington Post.

Y aunque brillará tanto como el resto de estrellas de toda la Vía Láctea, desde la Tierra ¡sólo la veríamos competir en brillo con la Luna!. Aún así estoy seguro que sería un fenómeno que de producirse tendría a todos los astrónomos profesionales y aficionados del planeta con una gran sonrisa en los labios acompañada de unas buenas ojeras.

Con el núcleo de Betelgeuse podrían pasar dos cosas. Si expulsase suficiente materia de sus capas más externas, acabará sus días como una estrella de neutrones. Si no pierde suficiente materia podría acabar en un agujero negro. Siendo este último el caso, podrían emitirse dos chorros de rayos gamma a lo largo del eje rotación de la estrella en sentidos opuestos. Este último escenario es extremadamente improbable y está reservado a estrellas bastante más masivas que Betelgeuse.

Un buen candidato es Eta Carinae, un sistema binario que supera las cien masas solares y que se encuentra unas diez veces más lejano que Betelgeuse. En un hipotética explosión en Eta Carinae y si los chorros de rayos gamma apuntasen casualmente hacia la Tierra –lo que sería altamente improbable– el resultado podría ser una extinción masiva de la vida en la Tierra que nos incluiría a nosotros. Los problemas no vendrían producidos por el efecto directo de los rayos gamma en la superficie –que no atravesarían la atmósfera– sino a su efecto sobre la capa de ozono. Prolongado el tiempo suficiente, la radiación ultravioleta procedente del sol tendría consecuencias devastadoras.

En 2004, un grupo de investigación precisamente afirmaba que al menos parte de la gran extinción producida hace unos 440 millones de años –la segunda producida durante el Ordovícico-Silúrico– se debió a una explosión de rayos gamma. Se estima que este tipo de eventos podría producirse cada 100 millones de años en promedio. Esa escala temporal es similar a la estimada para el impacto de grandes asteroides o la interacción del Sistema Solar con otros objetos a lo largo de su trayectoria a través de la Galaxia. Se especuló en el pasado con el paso a través de nubes de cianuro, produciendo el evenamiento de la atmósfera. Actualmente se ha introducido la posibilidad de morir aniquilados –¡cómo no!–en una nube de materia oscura. Por todo ello, resulta todavía muy especulativa la atribución de extinciones masivas en el pasado a dichas explosiones de rayos gamma.

Como Armagedon sería realmente de película, aunque me temo que los guionistas tendrían serios problemas en imaginar cómo Bruce Willis iba a sacarnos de esa. En el mundo real y a la hora de considerar riegos para la existencia, mejor bajar la vista mucho más cerca del suelo.

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