Alerta Magufo: EFT, golpetear para la salud

Todo cura. Todo menos la medicina. Al menos ése parece ser el mensaje que sigue enviando el mundo de “lo alternativo” a quien le quiera escuchar, ofreciendo terapias con lo que a usted le guste: colores, aromas, delfines, saliva, agua de mar, agujas, píldoras de azúcar sin principio activo, pasar las manos cerca de alguien, sales minerales, lavativas, conversaciones animadas… prácticamente cualquier cosa que podamos imaginar, por sencilla que sea, se puede envasar con un nombre emocionante y sugerente con su respectivo “®” y venderse en el gran mercado de las pseudoterapias.

Tal es el caso de la “EFT®“, siglas en inglés de “Técnica de Libertad Emocional”, que asegura ser capaz de curar prácticamente todo golpeando intensamente con las puntas de los dedos los meridianos en los que se divide el cuerpo humano según las creencias del curanderismo tradicional chino.

Así, la EFT (marca registrada, no lo olvidemos) afirma que las enfermedades son causadas por problemas emocionales (no por desarreglos anatómicos o fisiológicos, ni por gérmenes patógenos, ni por alteraciones genéticas, ni nada por el estilo), y que estos problemas emocionales son los que “bloquean” (no dicen cómo) el flujo de “las energías” (no definidas, ni identificables) por los meridianos del cuerpo. Al golpetear algunos puntos del cuerpo con la punta de los dedos, se produce una sucesión de hechos extraordinarios, pero sobre todo indemostrados, mediante los cuales el bloqueo desaparece, las energías místicas fluyen y uno se cura.

¿De qué se cura? Usted elija: dolor crónico, alergias, diabetes, adicciones, fibrilación, diverticulitis, insomnio, miedo escénico, falta de deseo sexual, miopía, vista cansada, lo que se le ocurra. ¿Con qué éxito? Pues con un 98 al 99% según informan los vídeos y testimoniales de la organización. ¿Cómo lo demuestran? Bueno, eso ya es otra cosa. En resumen, no lo demuestran.

¿Que la energía de la que hablan no está definida y nadie la puede medir? ¿Que los meridianos no son identificables ni funcional, ni fisiológicamente, ni anatómicamente? ¿Que nadie ha demostrado que exista tal energía fluvial que se bloquee y desbloquee con tal o cual ritual? Minucias. Basta decir que estamos haciendo “el equivalente emocional de la acupuntura” y hemos zarpado.

La EFT®, recomendadísima por los gurús del new age, incluido Deepak Chopra, es hija de la vigorosa fantasía de don Gary Craig, un ingeniero y ministro de la Iglesia Universial de Dios, que se entusiasmó con la supuesta “psicología energética” (con la energía tal que nadie ha visto, medido o mostrado) y se dedicó a estudiar embustes varios como la Programación Neurolingüística y, curiosamente, la TFT® o Terapia del Campo de los Pensamientos de Roger Callahan, que golpeteaba a sus paciente con la punta de los dedos en los meridianos, pero sólo para tratar la ansiedad, el miedo, el estrés, las fobias y las adicciones.

Esto le pareció poca cosa a Gary Craig, que decidió a principios de la década de 1990, que tal práctica podría también curar enfermedades físicas, le puso su propia marca registrada y procedió a comercializarla sin ocuparse de detalles como demostrar que funcionaba.

El lector atento y astuto se habrá dado cuenta de que golpetear partes del cuerpo con la punta de los dedos no tiene nada que ver con ningún “campo del pensamiento” indetectable (pero que suena como un “campo magnético”, evocador, misterioso y emocionante), ni mucho menos con la “libertad emocional” que es un noble sueño humano que se consigue por otros medios.

La EFT®, como tantas de sus hermanas, se vende con abundantes testimonios apasionados de gente que asegura haber recibido todo tipo de beneficios de esta maravillosa práctica, pero cuando se le evalúa con los debidos controles para evitar sesgos experimentales, trampas y errores, el 98-99% de eficacia que vende la publicidad de esta práctica se derrumba.

Ya en 2003, en un estudio publicado en The Scientific Review of Mental Health Practice , Wendy L. Waite de la Universidad de Lethbridge y Mark Holder, del Colegio Universitario de Okanagan concluyeron que los resultados “no apoyan la idea de que los supuestos beneficios de la EFT dependan únicamente del ‘golpeteo de los meridianos’. Más bien, estos resultados sugieren que la efectividad reportada de la EFT es atribuíble a características que comparte con terapias más tradicionales”.

¿Cuáles son esas características? El paciente se siente escuchado, se distrae de sus síntomas, se siente importante, y se potencia el efecto placebo al promover sus expectativas de que se sentirá mejor. Y “sentirse mejor” no es curarse, ni de diabetes ni de diverticulitis ni de ninguna otra enfermedad. Ni con EFT ni con ninguna de las terapias que, basadas en afirmaciones implausibles e indemostrables, ofrecen lo que nunca cumplen mientras le rascan el bolsillo a gente inocente vendiéndole un momento de tranquilidad como si fuera una vida de salud.

Te invitamos a comentar y conversar sobre este artículo en nuestras redes sociales: Facebook y Twitter.