I want to believe… “bach” I can’t

Por Colaborador Invitado, el 6 marzo, 2012. Categoría(s): Escepticismo • Medicina

Ha llegado a mi correo electrónico un curso de formación en terapia floral con flores de Bach. Me decepciona que un Aula de la Farmacia, plataforma que consideraba seria en cuanto a cursos de formación, tome en serio una terapia tan “dudosa”. Mi humildad y actitud ecléctica me obligan a realizar el curso. Con la homeopatía tuve que entender primero en qué consistía la pseudociencia para poder descartarla, así que me puse a leer el primer tema con la esperanza de encontrar un ápice de racionalidad. Quiero creer.

Según la terapéutica de Bach, la enfermedad está causada por una falta de armonía entre la personalidad y el alma, es decir, las enfermedades son debidas a errores psicológicos. Esto empieza a sonar mal, pero entiendo que puede hacer referencia a la somatización que se produce en ciertas patologías; el dolor, por ejemplo, puede tener un origen psicológico; el estrés y la ansiedad ligera, tratables en ocasiones con psicoterapia, pueden entenderse como alteraciones del alma, del ser. Personalmente, no me gusta intercalar este carácter místico a las ciencias de la salud, pero puedo aceptar que sea más fácil de entender o aceptar para ciertas personas no duchas en la materia.

Y hablando de psicoterapia, según apuntan en el curso, las flores de Bach son la “psicoterapia líquida” (qué bien queda inventar términos pseudo-médicos), es decir, el abordaje terapéutico para los problemas psicológicos simples y complejos mediante el uso de sustancias poco agresivas. Esto me suena a definición mística de placebo. Pero el momento en el que se me cayeron las flores al suelo fue al leer que las soluciones vegetales utilizadas no son tóxicas ni agresivas; en realidad, son menos peligrosas que las homeopáticas, porque no se extraen a partir de sustancias que causan una alteración en el organismo. Es decir, es una terapia más inocua que el agua. Ya me suena a Placebo mayúsculo.

Las Flores de Bach, que se destinan al tratamiento de problemas psicológicos y psicosomáticos (“psicoplacebo”), equilibran el sistema neurovegetativo, mejorando otros trastornos; vamos, que lo curan todo. Mi idea de efecto placebo va mutando y empiezo a vislumbrar algunas características de cualquier “producto milagro”.

Pero, ¿y si realmente funcionan? Para averiguarlo podemos aprovecharnos del método científico. Leo con avidez las líneas que muestran los ensayos clínicos llevados a cabo para determinar la eficacia de la terapia floral. Al parecer, todos los estudios muestran resultados positivos y superiores al placebo, pero no a un nivel suficientemente significativo. ¡Por Dios! ¿Esta gente no sabe nada de estadística? ¡Señores floristas, “no hay diferencias significativas” quiere decir “son iguales”!

Claro que, según la floristería, es normal que no se aprecie “mucha diferencia” porque se trata de una terapia individualizada, muy difícil de tratar estadísticamente, lo cual demuestra que es efectiva. (Cómo van a aplicar bien la estadística si son incapaces de apreciar un error en este silogismo)

Aún no estoy muy convencido de la utilidad de esta terapia, así que debería tener en cuenta otros argumentos de peso que se proponen: la OMS la reconoció como una terapia “disponible” (la homeopatía también, ¿no?), incluso países como Cuba y Chile las tienen específicamente reglamentadas como terapias. En cuanto al mecanismo de acción es similar al de la homeopatía: el propio Dr. Bach, pese a su formación científico-médica, renunció expresamente a buscar los motivos y las bases mecanísticas de la acción de sus remedios florales. (De donde no hay…) Incluso advertía a los futuros terapeutas que no dedicaran tiempo a buscar las causas de su eficacia, sino simplemente a utilizarlas. (No vaya a ser que descubran su mecanismo de acción)

Al no haber otra demostración, se supone que el mecanismo depende de las características de signatura del agua: capacidad del agua (por sus especiales características físico-químicas) de establecer una especie de “huella” de las sustancias con las que ha contactado en determinadas condiciones y, aunque no quede suficiente principio activo en solución, el agua tendría esa especie de “memoria”. No he podido pasar al siguiente tema (flores para tratar el miedo), así que no soy un experto florista todavía, pero en el poco tiempo que llevo adentrándome en el fantástico mundo de la terapia floral de Bach he descubierto que sus fundamentos son muy similares a los de Hahnemann, el padre de la homeopatía. Las flores van ganando adeptos y pronto alcanzarán el nivel de la homeopatía, cuando aparezca una nueva especialidad de “médicos floristas”.

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Este artículo participa en los Premios Nikola Tesla de divulgación científica y nos lo envía Alejandro Gil García, farmacéutico comunitario y Máster en Atención Farmacéutica y Farmacia Asistencial.



 

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