Te juzgo, sí, ¿Qué pasa?

Qué feo… ¿verdad?

Ir diciendo por ahí, que si este no es bueno, que el otro es más bien poco listo, que aquel es incómodo de ver… Está muy feo juzgar, eso nos lo dicen y nos lo han dicho de todas partes… incluso tenemos mandato bíblico.

Ahora, eso sí, no hay ningún problema es decir: ¡Qué buena persona es Fulanito! ¡Qué inteligente es Zutanita! o ¡Qué guapo es Menganito! Bueno pues nada… Digo, sí, espera, voy a molestar un poquito.

¿Sabéis lo que es el agravio comparativo? Llego a mi clase y reparto caramelos a todos, menos a Fermín. No es mi obligación repartirlos, no le he hecho nada malo, pero le he “adjetivado por omisión”. Le he etiquetado como inferior o diferente.

Volvamos a lo nuestro.

¿Así que Fulanito es buena persona? ¿Por qué lo dices? ¿Es tan buena persona como cualquiera? ¿No es, por lo tanto, un rasgo distintivo? ¿Es como decir que Fulanito tiene un hígado?

O, por otra parte, ¿no será que dices que es buena persona porque eso lo distingue? ¿De quién o qué lo distingue? ¿De otras personas que juzgas menos buenas? ¿De la media? ¿Cómo has hecho esa media? ¿Con personas que son menos buenas personas que Fulanito?

Ponte como quieras… estás juzgando. Estás juzgando a Fulanito, y, NECESARIAMENTE, estás juzgando comparativamente al resto. Si quieres lo reconoces, o no, o te abstienes de decirlo en público por urbanidad o tú mismo… pero aquí lo que no nos gusta es que te mientas a ti mismo. Pero no te enfades, ni te preocupes. NO ES CULPA TUYA. Tu máquina de pensar está procesando datos todo el tiempo, lo que oyes, lo que ves, lo que te dicen, lo que se te ocurre… y SACA CONCLUSIONES, es inevitable.

De hecho, la evolución ha perfeccionado este coco tuyo para que extraiga conclusiones lo más rápido posible y aunque no haya información suficiente. La Vida no permite posponer los juicios demasiado: ¿Me puedo comer esto? ¿Ese arbusto que se mueve esconde un depredador? ¿Salto ya a por esa presa? ¿Qué trabajo me gustaría hacer? ¿Es ella la mujer con quien seré feliz? ¿Tengo hijos ya?… Muchas de estas preguntas se resolverán solas si no las resuelves tú. Las decisiones no son encrucijadas como a muchos les gusta decir, son más bien bifurcaciones de un río: hay corrientes y hay límite de tiempo para decidir.

Aunque se suele comparar funcionamiento del encéfalo con nuestros ordenadores actuales, la verdad es que son muy diferentes. En tu cabeza las neuronas se conectan unas a otras formando una red y esta forma de trabajar tiene enormes ventajas para tomar decisiones con información incompleta, para generalizar conclusiones, incluso para recablearse… cosa que nuestros ordenadores tradicionales no pueden hacer. En los últimos tiempos andamos intentando replicar estas cosas en la ANN, redes neuronales artificiales. Un tema apasionante, por si quieres echar un ojo.

Volviendo a lo nuestro… sí tus tatatata…tarabuelos consiguieron echar un polvete, es porque decidieron rápido y bien, o quizá de manera conservadora o cobarde, decisiones que la evolución escogió como favorables en aquellas determinadas circunstancias.

Por lo tanto, sí, te acabo de conocer y no, no tengo un prejuicio, tengo UN JUICIO, me he formado una opinión de ti, con la que tomaré decisiones sobre si quiero volver a cruzar una palabra contigo, trabajar codo con codo, rondarte con la tuna de farmacia o lo que sea…

Ya, ya… por supuesto que no es justo, pero, ¿qué otra cosa puedo hacer con los pocos datos que tengo? ¿Mañana me llamarás y me preguntarás que si vamos a tomar algo? ¿Qué te digo? ¿Me quedo callado al otro lado del teléfono esperando a tener todos los datos necesarios para saber con suficiente fiabilidad si tomarme un café contigo será beneficioso o no para algún aspecto de mi vida? Supongo que durante esos días que me tomaría el proceso, al menos, ya habrías colgado.

¿Entonces sólo nos queda ser tan imbéciles como tantos que conocemos que van poniendo etiquetas y limitando a esa gente,en su mente, al alcance de esas etiquetas? ¿Etiquetamos incluso a nuestros niños? No, tenemos una opción. Ser humildes.

No pienso dejar de hacer juicios, quiero decir NO PUEDO dejar de hacer juicios, mi cabeza va sola. Lo que sí puedo hace es no tomarlos como la verdad absoluta, como inmutables, como un fiel reflejo de la realidad. Son lo mejor que ha podido hacer mi cabeza con la información que tenía. Pues muy bien, trabajaré con ellos, intentaré afinarlos, y los revisaré frecuentemente… cambiándolos por otros mejores cuando pueda hacerlo. Oye, por cierto, ¿no es esto y nada más que esto lo que hace la Ciencia en su intento de explicar la realidad?

Aquí os dejo un vídeo, para incidir más en la necesidad de ser humildes respecto a nuestras percepciones y nuestros juicios.

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