Ébola, políticos, homeopatía y páginas web

Mientras algunos temas científico-técnicos como la sanidad, el medio ambiente o las fuentes de energía sean vistos en el parlamento como un tema exclusivamente político, seguirán planteándose políticas ajenas a la realidad científica. Si no frenamos esa desconexión entre la política y la ciencia seguirán aumentando los riesgos para la ciudadanía.

“El arte de vender mierda”

Los hechos

Siento recurrir a una autocita para comenzar a hablar de este tema, pero me es imposible explicar lo que siento sin recurrir a ese párrafo. No es ninguna sorpresa que, en el parlamento español, hay una fuerte desconexión entre ciertos conceptos científico-técnicos, la realidad social y, por otro lado, la interpretación política.

Dicho esto, quiero intentar especular sobre algunas relaciones que veo entre este hecho y muchas de las “cagadas” que se hacen en España a nivel científico-técnico, y para ello quiero comenzar contándoos una historia, la de unos remedios mágicos contra el ébola.

Hace unas semanas publiqué un artículo sobre la gran cantidad de falsos remedios homeopáticos que están surgiendo contra el ébola [1], pero ahora la situación ha cambiado considerablemente. Estamos acostumbrados a ver morir gente más allá de nuestras fronteras, lo que un buen amigo mío y compañero de aventuras denomina desensibilidación ante las tragedias. En la televisión se alternan imágenes de niños muriendo de hambre, genocidios y guerras, con los resultados del partido de fútbol del domingo, el último disco de un cantante o, llegados el caso, gente bañándose en la playa porque hace calor. Estamos acostumbrados a ver morir gente en los telediarios, y es por eso por lo que, cuando hace unos meses el ébola comenzó a comerse África, la noticia no llamó excesivamente la atención en nuestras conciencias.

Pero ahora la cuestión es diferente: el gobierno repatrió a dos curas enfermos de ébola y entonces ambos murieron dentro de nuestras fronteras. La noticia alcanzó más relevancia junto a las críticas por haber traído aquí a los dos misioneros, y hace unos días ocurrió lo que, por otro lado, para mí no ha sido ninguna sorpresa: el primer contagio de ébola dentro de nuestras fronteras. Ahora el miedo ayuda a que los telediarios hablen de forma continuada sobre la enfermedad, y como el miedo es un arma poderosa, también los buitres de la pseudociencia están haciendo su trabajo.

Gracias a mi artículo sobre el ébola he podido ser testigo de una triste realidad: desde hace dos días mi página está recibiendo, considerablemente, muchas más visitas de lo habitual. ¿Por qué debería ser esto algo negativo? Porque el motivo de ese auge es que, a través de los buscadores más usados, hay mucha gente introduciendo términos como <medicamentos homeopáticos para combatir el ebola>, <curar el ébola con homeopatía>, <homeopatía prevención ébola>, y muchas otras búsquedas similares.

Ahora bien, es inevitable que una gran parte de la población no conozca que la homeopatía es una estafa, pero creo que, en todo esto, hay un factor político importante ya las autoridades competentes no hacen nada para evitarlo. Y claro, cuando estamos hablando de que la gente se gasta su dinero para “tonterías” la cosa no es tan relevante, pero recordemos que hay “medicamentos” homeopáticos que dicen poder curar el cáncer, el SIDA y, en este caso, el ébola.

Bienvenidos al parlamento

Llegados a este punto quiero explicaros unos cálculos que hicimos para el libro con el cual comenzaba este artículo. En primer lugar tendría que comentar que la UNESCO cataloga todos los conocimientos y las actividades profesionales en su Clasificación Internacional Normalizada de la Educación (CINE). Si nos fijamos en esa clasificación, en concreto en la ISCED-1997, podemos obtener una clasificación y representación bastante realista de cómo están distribuidas las ramas del conocimiento humanas. En resumen, podríamos concluir que hay 25 sectores del conocimiento, los cuales a su vez se catalogan en 8 grupos más amplios en función de sus similitudes.

Para que os hagáis una idea de cómo funciona, hay un grupo amplio denominado Salud y Servicios Sociales, que incluye sectores como la medicina, los servicios médicos, los servicios sanitarios, la odontología y la asistencia social. Otro ejemplo es el grupo denominado Ciencias, donde se incluyen ciencias de la vida como pueden ser la bioquímica o la biología, ciencias físicas como pueden ser la química o la física, y disciplinas como las matemáticas o la informática.

Un dato interesante es que los médicos, a pesar de que sus estudios son científicos, no están catalogados dentro del grupo Ciencias, ya que los objetivos de un médico y de un científico son completamente diferentes; la finalidad de un médico es mejorar la salud de las personas, y la de un científico es ampliar el conocimiento mediante la comprensión de fenómenos complejos. Hay médicos que se dedican a la investigación científica, pero no es la norma general.

Por otro lado los ingenieros tampoco están catalogados según la UNESCO en el grupo denominado Ciencias, ya que al igual que ocurre con los médicos, el objetivo de un ingeniero no es ampliar la frontera del conocimiento, sino utilizar los conocimientos existentes para desarrollar soluciones tecnológicas para cubrir necesidades sociales. Un ingeniero necesita tener conocimientos científicos, pero es importante comprender que la visión de un ingeniero o de un médico no es la misma que la de un científico. Así que después de hacer estas aclaraciones os diré que, si intentamos clasificar a los diputados españoles según esas categorías, nos llevaremos una sorpresa negativa.

Después de tener claro cómo se pueden organizar las ramas del conocimiento, y después de valorar durante meses todos los currículums de los parlamentarios españoles, podemos decir que el 89,14% de los parlamentarios tiene estudios universitarios, el 22,85% tiene algún máster universitario y un 13,42% tiene estudios de doctorado.

Si valoramos todos los sectores del conocimiento presentes en el parlamento, podríamos resumirlos en la tabla 1. El colectivo más abundante es el de los especialistas en derecho, que representa el 39,37%. El segundo es el de los especialistas en sociología, con un 15.54%. Llama la atención la ausencia de sectores tan importantes como la protección del medio ambiente, el transporte o las matemáticas. De hecho, si vemos los datos más de cerca, podemos comprobar que el número de personas sin experiencia laboral previa ni formación es del 7.25%, una cifra casi siete veces superior a las del sector de las ciencias de la vida (1.036%) o al sector de las ciencias físicas (1.29%).

Tabla 1. En esta tabla podemos ver los sectores del conocimiento, el número de parlamentarios españoles con formación o experiencia dentro de ese sector y, finalmente, el porcentaje que representan. Si nos fijamos bien, la suma total de datos supera al número de parlamentarios, esto es así porque hay varios diputados que, al tener formación o experiencia en diversas aéreas, han puntuado dos o más veces. La tabla ha sido realizada con datos del año 2013.

Sector del conocimiento Número Porcentaje total
Educación Básica 28 7.25%
Programas de Alfabetización y aritmética 0 0%
Desarrollo Personal 0 0%
Formación de personal docente y ciencias de la educación 22 5.69%
Artes 1 0.25%
Humanidades 30 7.77%
Ciencias sociales y del comportamiento 60 15.54%
Periodismo e información 9 2.33%
Educación comercial y administración 16 4.14%
Derecho 152 39.37%
Ciencias de la vida 4 1.036%
Ciencias físicas 5 1.29%
Matemáticas y estadística 0 0%
Informática 1 0.25%
Ingeniería y profesiones afines 3 0.77%
Industria y producción 5 1.29%
Arquitectura y construcción 5 1.29%
Agricultura, silvicultura y pesca 5 1.29%
Veterinaria 2 0.51%
Medicina 25 6.47%
Servicios sociales 5 1.29%
Servicios personales 4 1.03%
Servicios de transporte 0 0%
Protección del medio ambiente 0 0%
Servicios de seguridad 4 1.03%
Total 386 100%

 

La desproporción de conocimientos dentro del parlamento es mucho más evidente si visionamos la gráfica 1, donde hemos representado el número total de parlamentarios adscritos en sus áreas del conocimiento, lo cual supone una clasificación mucho más amplia que la usada anteriormente y permite observar mejor las diferencias:

Gráfica 1. En esta gráfica de barras, podemos ver la comparativa de parlamentarios presentes en cada una de las áreas del conocimiento. Los programas de formación básica representan el 7.2% de los parlamentarios, la educación el 5.7%, las humanidades y las artes el 8%, las ciencias sociales, la educación comercial y el derecho ocupan el 61.4%, las ciencias el 2.6%, la ingeniería, la industria y la construcción representarían el 3.4%, la agricultura el 1.8%, la salud y los servicios sociales el 7.8% y el área de servicios el 2.1%. Este gráfico ha sido realizada con datos del año 2013.
Gráfica 1. En esta gráfica de barras, podemos ver la comparativa de parlamentarios presentes en cada una de las áreas del conocimiento. Los programas de formación básica representan el 7.2% de los parlamentarios, la educación el 5.7%, las humanidades y las artes el 8%, las ciencias sociales, la educación comercial y el derecho ocupan el 61.4%, las ciencias el 2.6%, la ingeniería, la industria y la construcción representarían el 3.4%, la agricultura el 1.8%, la salud y los servicios sociales el 7.8% y el área de servicios el 2.1%. Este gráfico ha sido realizada con datos del año 2013.

¿Hacen falta conocimientos técnicos para legislar bien?

Hemos visto que la desproporción (o ausencia) de algunas ramas del conocimiento es evidente, pero una vez llegados a ese punto habría que hacerse una pregunta clave: está claro que en el parlamento no hay mucha diversidad de conocimientos, pero, ¿se habla allí de cuestiones científicas o de salud pública? Si observamos las comisiones parlamentarias, vemos que hay una Comisión de Industria, Energía y Turismo, para la cual habría que tener algunos conocimientos técnicos, ya que son temas muy complicados y con muchas particularidades que hay que conocer. Lo mismo ocurre con una ponencia encargada de las Relaciones con el Consejo de Seguridad Nuclear.

Por otro lado, también hay una Comisión de Sanidad y Servicios Sociales, y una Subcomisión de Análisis de los Problemas Estructurales del Sistema Sanitario, para las cuales habría que conocer muy de cerca cuestiones de sanidad, administración, gestión y dirección de centros médicos.

Para finalizar con las comisiones, también encontramos una donde los conocimientos técnicos son imprescindibles, la Comisión para el Estudio del Cambio Climático, ¿cómo puede haber una comisión para el cambio climático sin ningún parlamentario con formación medioambiental? Es decir, sí que se necesitan parlamentarios con formación científica, y en el caso de las ciencias de la vida, la industria, la protección del medio ambiente o las matemáticas, se observa una representación anecdótica o inexistente.

No obstante, mucha gente podría argumentar que si el parlamento tiene la función de crear y modificar leyes, ¿realmente hace falta tener conocimientos científicos para hablar de ciencia? Al fin y al cabo, los temas tratados allí son temas legales y no cuestiones científicas. Para responder a esa pregunta voy a utilizar una historia que nos ocurrió durante la redacción del libro anteriormente mencionado:

Cuando nos dimos cuenta de la poca representación científica en el parlamento, quisimos averiguar qué ocurriría si les preguntábamos a los miembros de la Comisión de Sanidad sobre algunas terapias pseudocientíficas, ¿tendrían suficiente criterio sanitario a pesar de no tener formación médica ni científica? Al fin y al cabo, estábamos hablando de los máximos responsables de la sanidad española.

Les preguntamos abiertamente a los miembros de la Comisión de Sanidad su opinión sobre algunas pseudociencias conocidas. También les preguntamos si creían que los medicamentos homeopáticos estaban bien regulados. Pensábamos que nadie nos contestaría, pero a los pocos días recibimos una respuesta que superó todas nuestras expectativas.

Lourdes Ciuró i Buldó era la portavoz adjunta de la Comisión de Sanidad y es licenciada en derecho. Lourdes se mostraba firmemente convencida en su respuesta de que las terapias alternativas debían de estar al mismo nivel que la medicina científica, y de hecho llegó a decir literalmente que tendrían que estar financiadas por la seguridad social. Es decir, una parlamentaria perteneciente al máximo órgano legislador en temas de salud pública, estaba diciendo que algunas estafas biomédicas debían estar integradas en la Seguridad Social.

Justo en esa parte de su respuesta escribió algo que me impresionó tan negativamente que sentí una gran indignación, ya que dijo de forma literal que el uso de la homeopatía no tiene la predicación que debería entre la ciudadanía, ya que la gente se deja influir por falsos mitos como el del efecto placebo[1]. Es decir, una de las máximas responsables de la sanidad española estaba diciendo que el efecto placebo era un mito. El efecto placebo es un hecho científico comprobado por la medicina moderna y, de hecho, tiene que ser tenido en cuenta por cualquier estudio médico que pretenda probar un nuevo fármaco. ¿Qué hace una persona así dictando leyes sobre la salud de un país entero? Podríamos creer que este caso es una excepción dentro del parlamento, pero si ella fuera la única con ese pensamiento no se habrían aprobado las leyes que han permitido a la homeopatía entrar en las farmacias. Para legislar sobre un tema no basta con saber hacer leyes, sino que uno debe tener conocimientos sobre el tema que está legislando. Y es aquí donde rescataré nuestra historia original, para hablar del ébola y de nuestra Ministra de Sanidad.

Ministros de sanidad, pseudociencia y ébola

Después de ver todo lo anterior deberíamos preguntarnos por qué permitió el Ministerio de Sanidad que se aprobaran leyes que, en muy pocos años, han permitido a una estafa manifiesta como la homeopatía campar a sus anchas por nuestras farmacias. En el año 1992 el ministro de sanidad era José Antonio Griñán, y en 1994 la ministra de sanidad era Ángeles Amador. Esas dos personas eran, en teoría, los máximos responsables de la sanidad de todos los españoles, ¿por qué permitieron que se aprobaran las leyes favorables con la homeopatía?

Lo que ocurrió fue que ninguno de los dos estaba preparado para el cargo que ejercían, ya que tanto José Antonio Griñán como Ángeles Amador eran abogados sin ninguna formación científica. ¿Fue una terrible casualidad que hubiera dos personas sin formación científica en el momento equivocado?, yo diría que no. España ha tenido dieciocho ministros de sanidad desde el inicio de su democracia en el año 1977, y entre todos ellos podemos contar diez abogados, tres economistas, dos sociólogas, un físico, una ingeniera industrial, una persona con estudios básicos y tan solo dos médicos. De hecho, España tuvo que esperar 25 años para tener una ministra de sanidad con formación médica, ya que no fue hasta el año 2002 cuando Elena Salgado Ana Pastor (licenciada en medicina) accedió al ministerio.

Por otro lado, si repasamos la historia laboral de todos los exministros de sanidad, vemos que la mayoría han trabajado en cosas que no tienen nada que ver con el mundo de la salud, ¿cómo una persona puede estar preparada para funciones tan diversas sin una formación específica? La respuesta es sencilla, la mayoría de ellos no estaban preparados para ser ministros de sanidad. De hecho, en nuestra democracia ha habido casos de escandalosa incompetencia dentro del ministerio, como por ejemplo el de Leire Pajín, que llegó a lucir una Power Balance en su muñeca mientras lideraba la sanidad pública de todos los españoles, ¿realmente una persona que lleva una Power Balance puede gestionar un ministerio de sanidad? También ha habido más políticos y representantes del estado que han lucido pulseras mágicas, lo cual refleja muy bien el bajo nivel de conocimientos científicos de nuestros gobernantes. Algunos ejemplos de portadores de estos brazaletes han sido Esperanza Aguirre (exministra de Educación y Cultura), Patxi López (expresidente del País Vasco) o el rey Felipe VI.

Todas estas historias de analfabetismo científico, superstición e incompetencia política, nos ayudan a explicar por qué ocurren cosas como que nuestra ministra de sanidad, Ana Mato, comentara la posibilidad de sustituir algunas terapias por tratamientos pseudocientíficos [2], o por qué José Antonio Griñán y Ángeles Amador permitieron que la homeopatía fuera vendida en nuestras farmacias. Es decir, sí que hay una clara responsabilidad política en el auge de las estafas biomédicas que ocurren en nuestro país, pero además estas historias tienen un efecto legitimador que pone en peligro a todos los ciudadanos de nuestro país.

Legitimando problemas de salud pública

Mucha gente opina que temas como la homeopatía son males que no nos afectan, o que las terapias alternativas no son un problema real. Ahora bien, creo que con el estado de la situación actual se entenderá mejor lo que voy a explicar como conclusión.

Una vez que se ha permitido que la homeopatía, bajo premisas falsas y anticientíficas, se venda en las farmacias y que la población general crea que esta es efectiva, ¿qué daños colaterales podemos sufrir? Pues el primero y más evidente es que, aunque en las farmacias no se venden “medicamentos” homeopáticos contra el SIDA, el cáncer o el ébola, ya se ha legitimado a la palabra homeopatía frente a nuestra sociedad. Y como las empresas de medicamentos homeopáticos, y otros homeópatas independientes, sí que venden productos contra enfermedades graves como el ébola, la población puede recurrir a esos tratamientos ante los primeros síntomas, en vez de ponerse en manos de los organismos competentes.

Casos parecidos han ocurrido en África, donde muchos enfermos, en vez de acudir a los profesionales sanitarios, han buscan ayuda en curanderos locales. Esto puede ocasionar graves problemas, como por ejemplo el caso del curandero que ayudó a expandir el ébola por Sierra Leona por su total falta de criterio médico [3].

Para terminar quiero llegar a dos conclusiones básicas. La primera es que, bajo mi punto de vista, traer a dos enfermos de ébola a España no solamente fue un error de cálculo por parte del ministerio y de su máxima responsable, Ana Mato, sino que ese error se debió a que si uno carece de criterio médico, sanitario o científico-técnico, es más fácil tomar decisiones equivocadas, y en este caso no estamos hablando de cosas poco serias, sino de que este tipo de acciones temerarias, populistas y poco meditadas pueden costarle la vida a muchas personas.

Muchos podrán decir que los errores ocurren y que por eso el Ministerio de Sanidad no tiene la culpa, pero la realidad es que, como sabemos que los errores ocurren, hay ciertas cosas que no pueden hacerse, y bajo mi punto de vista el Ministerio de Sanidad debería saber que trasladar enfermos de ébola a España es una de esas cosas.

En segundo lugar ese escaso criterio no se refleja solamente en acciones como trasladar, contra todo criterio racional, a dos enfermos de ébola a nuestro país, sino también en cuestiones que también ocasionan problemas de salud pública, como por ejemplo permitir que se venda homeopatía de forma impune, y que eso tenga por resultado que ahora hayan miles de personas planteándose usar homeopatía para evitar el contagio del ébola o tratar la enfermedad.

Este artículo nos lo envia Fernando Cervera Rodríguez, biólogo especializado en temas de salud pública. Escribe sobre temas científicos en diversos medios, es autor del libro «El arte de vender mierda» [Ed. Laétoli] y podéis encontrarlo en twitter con el usuario @FernandoCervera

[1] http://vendermierda.com/2014/07/30/homeopatia-para-combatir-el-ebola/

[2]http://www.publico.es/438171/ana-mato-predica-el-naturismo-para-ahorrar-en-medicinas

[3] http://peru21.pe/mundo/virus-ebola-africa-sierra-leona-science-investigacion-2196941

Para ver más información sobre el efecto placebo, podéis consultar la nota a pie de página número 4 de este libro.



Por Colaborador Invitado
Publicado el ⌚ 18 octubre, 2014
Categoría(s): ✓ Divulgación • Medicina