Esta no es la Península Ibérica… y lo sabes

desconfiar

Las imágenes hechas por ordenador están a la orden del día, y han alcanzado un grado de calidad que rivaliza con las imágenes reales. Una de las cosas a que nos hemos acostumbrado es al retoque digital, hasta el punto de que ya no nos extraña cuando a los amantes del photoshop y nos regalan imágenes imposibles.

Una de tales imágenes está circulando ahora por Internet. Supuestamente se trata de la Península Ibérica desde satélite. La NASA y la ESA nos regalan fotos similares todos los días, pero en este caso hay algo que chirría. Mucho.

Vean la imagen:

2015_01 Peninsula fake

Esta es la silueta que hemos visto hasta la saciedad, desde que éramos pequeños. En primera aproximación, parece natural identificarla como la Península auténtica; del mismo modo que nos creemos que Julia Roberts tiene ojos gigantescos, un rostro sin imperfecciones y una boca por la que podría pasar un tren de alta velocidad.

Miren de nuevo. A ver cuántas incongruencias encuentran. Yo les sugiero unas cuantas, sin orden ni concierto:

– Las montañas tienen una altura irreal, propia de esas imágenes de libro escolar donde se exageran deliberadamente. Fíjense en el estrecho de Gibraltar, de 14 kilómetros de anchura, y compárenlo con las montañas cercanas. Tan sólo el sur de Andalucía dejaría en ridículo al Himalaya.

– Las tonalidades del mar recuerdan los paraísos tropicales, pero las escalas no cuadran. Basta alejarse un par de kilómetros de la orilla para que la profundidad del mar sea tanta que el fondo esté a oscuras; sin embargo, podemos ver el fondo marino en tonalidades verdosas a centenares de kilómetros de la costa. Un mar tan transparente nos permitiría ver las corriente submarinas en tonos de diversos colores. ¿Dónde están?

– Las nubes de la cornisa norte son muy raras. Parecen tener un altura enorme, y encontrarse casi fuera de la atmósfera. Están muy separadas, pero no se ven los huecos de las sombras. No forman corrientes, remolinos u otras figuras habituales del cielo visto a gran altura. Junto con los tonos de colores, está diciendo photoshop a gritos. Además, el borde del planeta debería ser mucho más nítido, y la transición al negro del espacio más abrupta.

– Salvo una manchita en el valle del Guadalquivir, la foto está desprovista de vida vegetal. Vale que estamos deforestando el suelo por encima de nuestras posibilidades, pero hay regiones como Portugal, Guadarrama, Cádiz o el norte de Andalucía cubiertas de vegetación todavía. En la foto no se observa nada de eso.

– No se aprecia una sola construcción humana, y no me vengan con lo de la muralla china. Ampliando un poco serían visibles urbes costeras como Cádiz y Lisboa. Nada de nada.

– Al ampliar un poco la imagen se aprecian ondulaciones en el mar. ¡Se ven las olas desde centenares de kilómetros de altitud!

Tomar la imagen falsa en alta resolución y compararla con, por ejemplo, la de Google Maps (o la del informativo del tiempo, cuando no haya nubes) permite discernir más fallos. Por supuesto, el que recibe la foto por Twitter o le echa un vistazo rápido en su muro de Facebook no nota tantos detalles y se limita a creérsela.

Y eso me preocupa. Estamos perdiendo el sentido del buen juicio. Hacer clic y creernos que una imagen tan extrañamente perfecta representa nuestra península (con permiso de los portugueses) no nos augura nada bueno. Ante todo lo que vemos y oímos deberíamos cultivar, como dice el tuitero de @policía, una desconfianza racional. O, como se dice habitualmente para referirnos a timos y maguferías más o menos evidentes: escepticismo.

Escepticismo. O apechuga con las consecuencias.

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