La desconocida muerte de Patrick B. Kennedy

Nací el 26 de febrero de 1978 pero la primera vez que mi madre me tuvo en brazos fue el 1o de abril. Sin ser prematuro pasé 42 días en una incubadora. Mi madre nunca supo explicarme bien que fue lo que tuve pero una frase que le dijo el médico, y me repitió años después, se me quedó grabada: «Si llega a nacer 5 años antes no lo cuenta.» Y si llego a nacer 15 años antes, entonces sí que hubiera sido misión imposible.

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El 7 de agosto de 1963 nace prematuramente, a las 37 semanas, Patrick B. Kennedy, el tercer hijo de John y Jackie Kennedy. Lo hace en la Base Aerea Otis de cabo Cod. A pesar de ser un prematuro desarrollado y pesar unos dos kilos, Patrick comienza a mostrar problemas para respirar. Estaba afectado por el síndrome del distress respiratorio neonatal (SDRN). El SDRN es una anomalía que, en aquella época, le costaba la vida a 25.000 bebés al año, causado la mayoría de las veces por una membrana, la hialina, que impide a los bebes la espiración.

Rápidamente fue trasladado al Hospital Infantil de Boston pero, al ser verano, todos los adjuntos estaban de vacaciones y solo trabajaban los residentes en formación. Los residentes se vieron sobrepasados por las circunstancias. Necesitaban un adjunto que les supervisara, así que un especialista de cardiología infantil interrumpió sus vacaciones y se desplazó al hospital. Con todo eso, lo único que podían ofrecerle al pequeño Patrick eran incubadoras templadas y una cámara hiperbárica.

También se produce el “síndrome del recomendado” cuando la hermana de Jackie informa de que el doctor Samuel Levine fue capaz de salvar a su hijo prematuro. Imagínense la escena: el Servicio Secreto localiza al doctor Levine en Central Park y lo traslada rápidamente a Boston. Y alguien recuerda que, pocos meses antes, la doctora Maria Papadopoulos del Hospital Infantil de Toronto había logrado salvar a un prematuro de 34 semanas con un ventilador de su invención. Cuando acudieron a ella su gélida respuesta fue que no iba a enviar nada porque nada podía hacerse ya por Patrick. 39 horas después de su nacimiento, Patrick fallece.

Gravestone_for_Patrick_Bouvier_Kennedy_in_Arlington_National_Cemetery

Pero para la ciencia su muerte no fue en vano. Puso el foco (y la pasta de los NIH) sobre ese síndrome y sobre los cuidados intensivos a los neonatos. También hay que añadir cierta vergüenza patriótica al ver cómo los canadienses habían conseguido salvar la vida de un neonato prácticamente igual que el pequeño Kennedy.

Años antes, en 1959, el equipo de la doctora Mary Ellen Avery había descubierto el problema: no es que “sobre” hialina en los pulmones sino que falta un lípido, el surfactante, que la elimina al madurar el pulmón. Con la administración de surfactantes exógenos bovinos y porcinos, desarrollados durante los 70 y los 80, y otras técnicas como la respiración auxiliar, el 95 % de los neonatos afectados por el SDRN se salvan en la actualidad.

Todo ese esfuerzo dio lugar a una carrera de avances científicos y tecnológicos que llevaría a la creación de la especialidad de Neonatología, la invención de las modernas UCI neonatales y a salvar miles de vidas de bebes por el camino. Entre ellas, la del que escribe esto.

Nunca la muerte de un Kennedy fue tan desconocida pero a la vez tan beneficiosa para la humanidad.

Nota: quiero agradecer a José Ramón Fernandez (@jramonfernandez), adjunto de Neonatología del hospital Santa Lucía de Cartagena que me pusiera en la pista de esta historia.

Si quieres saber más puedes leer reportajes sobre este tema en The New York Times y en Daily Mail.

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