Seis disparos por una obsesión. El síndrome de Clérambault

Por TheBigVanTheory, el 9 noviembre, 2015. Categoría(s): Neurociencia
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El último disparo de John Hinckley impactó en el presidente de los Estados Unidos. Antes de ser reducido, seguramente Hinckley tuvo tiempo de ver caer al hombre más poderoso del planeta y pensó que ahora lo había conseguido, por fin Jodie Foster lo amaría. Pero la actriz Jodie Foster nunca tuvo ninguna relación o interés por él, y la bala se detuvo a unos pocos centímetros del corazón de Ronald Reagan. El presidente tuvo que ser operado de urgencia pero sobrevivió. Tras el juicio, John Hinckley definió su ataque como “la mayor prueba de amor más grande de todos los tiempos”.

Hinckley fue diagnosticado de erotomanía o síndrome de Clérambault, y fue declarado no culpable por razones de salud mental. Antes del atentado el 30 de marzo de 1981, llevaba ya varios años acosando a la actriz Jodie Foster desde que la vio actuar en la película Taxi driver. Su intento de asesinato del presidente de los Estados Unidos no fue más que su última estrategia para llamar la atención de Jodie.

Jodie Foster en el papel de la prostituta adolescente Iris.Taxi Drive, 1976
Jodie Foster en el papel de la prostituta adolescente Iris.Taxi Drive, 1976

El síndrome de Clérambault:

El síndrome de Clérambault es una enfermedad rara donde un individuo desarrolla la fantasía de que una persona, normalmente de estatus social superior, se enamora de él/ella. Una vez se desarrolla el síndrome, no puede hacer creer al paciente que la otra persona no lo ame aunque ella misma se lo diga a la cara. Lo chocante de la situación es que en ningún momento estas personas han tenido una relación sentimental y en muchos de los casos la víctima solo conoce al paciente porque este lo está acosando. El primer contacto a partir del cual se desarrolla la obsesión puede ser algo tan irrelevante como el caso de John Hinckley: su obsesión provenía de verla actuar en la película Taxi driver. Hay casos donde sí que las dos personas han coincidido en el mismo entorno: profesores-alumnos, miembros de una misma comunidad… pero nunca ha existido una relación real sobre la cual se sostenga el delirio.

Aunque todavía se desconoce la prevalencia del síndrome en la población, hay casos documentados de erotomanía desde la antigüedad. Uno de los casos más curiosos es el de una mujer, Léa-Anna, ingresada en un centro psiquiátrico de Paris en 1920. Léa-Anna estaba convencida de que el rey de Inglaterra Jorge V estaba enamorado de ella. Estaba segura de que el rey se le había estado insinuando mediante el envío de mensajes secretos a su entorno desde 1918. Cuando se dio cuenta de la situación, en 1920, viajó a Londres para explicarle al rey de Inglaterra que sus sentimientos eran correspondidos. Léa-Anna rondó durante varios días el Palacio de Buckingham sin conseguir reunirse con su amado Jorge V. A su vuelta a Paris un pequeño incidente derivó en su ingreso en un psiquiátrico. Un médico veterano de la Primera Guerra Mundial, el doctor Gaetan Gatian de Clérambault, firmó el ingreso.

Los casos de Léa-Anna y John Hickley representan una de las dos variantes del síndrome. En estos pacientes la fantasía persiste crónicamente durante toda su vida y está centrada en un único individuo. En la segunda variante el individuo sobre el que se fantasea va cambiando con el tiempo, pero no la irracionalidad de la fantasía con cada uno de ellos. No se conocen las causas que provocan el síndrome y se ha documentado la aparición de la erotomanía en pacientes con desórdenes afectivos, alcohólicos, seniles, esquizofrénicos, o con causas orgánicas concretas como traumas cerebrales, encefalitis, accidentes cerebrovasculares e incluso tumores cerebrales.

Desgraciadamente, no existe una cura para la enfermedad pero gracias a la combinación de medicación y terapia para controlar los síntomas, la obsesión, como una bala cerca del corazón, puede permanecer incrustada dentro del cerebro del paciente toda su vida sin causar mayores daños. Con un diagnóstico y tratamiento adecuados estas personas pueden desarrollar una vida normal con la esperanza de que, igual que los cirujanos consiguieron extirpar la bala del pecho de Ronald Reagan, los nuevos avances en neurociencia les extirpen su propia bala.

 

Este artículo nos lo envía el Dr. Pablo Barrecheguren (@pjbarrecheguren), miembro de Big Van.

Referencias y más información:

Cipriani, G., Logi, C., & Di Fiorino, A. (2012). A romantic delusion: De Clerambault’s syndrome in dementia. Geriatrics and Gerontology International, 12(3), 383–387.

Draaisma, D. (2012). Dr. Alzheimer, supongo. Editorial Ariel.

Jordan, H. W., Lockert, E. W., Johnson-Warren, M., Cabell, C., Cooke, T., Greer, W., & Howe, G. (2006). Erotomania revisited: thirty-four years later. Journal of the National Medical Association, 98(5), 787–793.

Jordan, H. W., & Howe, G. (1980). De Clerambault syndrome (erotomania): a review and case presentation. Journal of the National Medical Association, 72(10), 979–985.



Por TheBigVanTheory, publicado el 9 noviembre, 2015
Categoría(s): Neurociencia

 

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