Mente, mano, corazón

Por Colaborador Invitado, el 17 marzo, 2016. Categoría(s): Divulgación • Neurociencia
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En todas las disciplinas del arte siempre habrá personajes malditos. El cine probablemente sea la que deja los ejemplos más sonados, al menos en cuanto a premios se refiere. El codiciado Oscar ha sido históricamente esquivo a ciertos actores, a pesar de sus intentos y su entrega anual. Este tema se torna discusión airada entre amigos y consumidores de cine profesionales, y en la alternancia de cerveza y cerveza, se termina por reír sardónicamente ante la imagen de Nicholas Cage con la preciada estatuilla, o requiriendo un abrazo compasivo por la sequía de Gary Oldman.

El favorito de la prensa para ejemplificar la injusticia era Leonardo DiCaprio. Finalmente, este año se terminó su sequía de estatuillas tras cuatro lustros y cuatro nominaciones. A lo largo de los años, DiCaprio, ha demostrado ser un hombre sensato y aplicado, de esos que tienen siempre un plan B. Sea una botella más de Möet & Chandon en la nevera del yate en una de sus boatparties para agasajar a sus invitadas[1], o un papel para lucirse en su siguiente aventura cinematográfica.

Y es que si no hay un inesperado giro de guion, el año que viene verá la luz The Crowded Room[2], la adaptación a la gran pantalla de la historia de Billy Milligan, con la que espera volver a triunfar en el Dolby Theater.

Billy Milligan
Billy Milligan

“¿Y quién narices es Billy Milligan?” será lo que se pregunte el gran público, ante lo cual, la respuesta más acertada sería “¿Y quién no es Billy Milligan?”. No, esto no es un poliptoton rebelde, ni una pregunta por el ser, ni un vacile de un buen paisano gallego en un pueblo donde el coche te ha dejado tirado.

William Stanley Milligan fue el protagonista de un famoso caso judicial en la década de los 70 en el Estado de Ohio. Se le acusaba de tres casos de violación y un robo a mano armada. Le incriminaban el testimonio de una de las víctimas y muestras de semen. Pero Billy no era un sospechoso habitual. Él era culpable, pero no había perpetrado los crímenes. ¿Cómo puede ser esto? Los psiquiatras que evaluaron a Milligan determinaron que sufría un trastorno de disrupción de la personalidad, o dissociative identity dissorder (DID). Esta decisión tuvo relevancia dentro del panorama judicial estadounidense, ya que sentó el precedente para las condenas a pacientes psiquiátricos sin control voluntario de sus acciones. A causa de esta condición, el acusado pasó su condena en un hospital psiquiátrico en vez de entre los barrotes de una cárcel.

Ante la excentricidad del sujeto, Daniel Keyes, psicólogo y profesor de la Universidad de Ohio, se encargó de poner en tinta su vida de forma fidedigna. En el libro The Minds of Billy Milligan se describen sus 24 personalidades y se hace un repaso a su historia particular[3]. Un relato tan sorprendente atrajo a varios notables del séptimo arte, que ya quisieron inmortalizar su caso en tira de 35mm antes que DiCaprio. En 2008, James Cameron preparó un guion que retrataba la vida de Milligan, pero terminó por abandonar el proyecto[4]; y el propio Billy dice haber entrenado a diversos actores para llevar a cabo el papel de su vida: John Cusack, Johnny Depp, Christian Slater o el propio DiCaprio[5].

Esta información aparece recogida en una carta dirigida al portal astraeasweb.net, y su denominación como portal está muy meditada. La web no sólo es una red informática perfectamente funcional; también es un auténtico acceso a una nueva dimensión. Dicha web es una de las pocas supervivientes de un gueto silencioso y perdido en uno de los múltiples rincones de internet. En él, convivían personas que comprendían a la perfección al último numen de Leonardo, bajo el cobijo del incógnito virtual y el fomento del sentimiento de pertenencia.

En unos pocos clicks uno puede adentrarse en las entrañas de la comunidad plural. Entre finales de la década de 1990 y los inicios del nuevo siglo, se estableció en la web una plataforma de apoyo y ayuda a personas con DID o múltiples personalidades –los autodenominados plurals- a lo largo de varias páginas. Extensos FAQs (frequently asked questions)[6], chats[7], tiendas de merchandising[8], e incluso un podcast de y para plurals[9] componían una telaraña de sitios donde comunicarse y aprender sobre el fenómeno. Navegar por estas webs es una experiencia extraña como despertarse el primero en una casa ajena. Desorientado entre la multitud de prendas y la incomodidad de no saber encontrar tu lugar. Desde la perspectiva de espectador externo, te abruma encontrar ese mundo alejado y singular, restringido a unos pocos por decisión propia. Tan sencillo de desprestigiar, tan intrínsecamente morboso.

Los anónimos autores de estas webs se describen como individuos de un cuerpo y varios habitantes, con conciencias diferenciadas, que pueden acceder al control del mismo por turnos. Relatan sus periplos vitales y lo que sienten por dentro para proporcionar cobijo virtual a quienes puedan encontrarse en su misma situación. Así, son cronistas de su paso por un camino en el no están solos.

La primera pregunta que me surgió, la más lacerante y urgente fue la primera en ser respondida: ¿cómo es la vida en una mente que es controlada por varias personalidades? Los plurals cuentan que las diferentes personalidades pueden hablar entre sí, y, como cualquier otro grupo de personas, discutir, fraternizar, sufrir en soledad o en compañía. En ocasiones, la convivencia no es pacífica, y ciertos personajes son identificados por el “colectivo” como indeseables. Los habitantes pueden ser de cualquier raza, edad, creencia religiosa y sexualidad; y en general no se sienten representados por los criterios de DID[10]:

“Si lo experimentas, entonces es real en el último de los sentidos del término. No será real para otra gente, pero cuando estás usando tu propio cerebro como el universo del discurso… ese tipo de realidad es realmente todo de lo que necesitas preocuparte. En sentido individualista, los límites entre imaginación y realidad empiezan a difuminarse; mientras tú puedas funcionar en ambas, realmente no es ningún problema.[11]

He de confesar que ante esto, mis niveles de escepticismo tocaron techo. Los testimonios parecían escritos de honesta sinceridad, pero, inevitablemente, los años de educación basada en la evidencia y el riguroso método científico no estaban por la labor de aceptar unos cuantos documentos y archivos escritos desde una extraña subjetividad. El cine podría alimentarse de lo apasionante de las vivencias e historias encerradas en esas webs, pero no así mi ojo crítico.

Era hora de recurrir a la Biblia. La Biblia de los diagnósticos psiquiátricos, al menos: el DSM-V. El Diagnostical and Statistical Manual of Mental Disorders lleva años recogiendo las características y criterios diagnósticos de todas las afectaciones psiquiátricas conocidas, junto con datos epidemiológicos, riesgos asociados y otros diagnósticos diferenciales. El objetivo del mismo no es explicar la patología, ni proponer líneas de tratamiento, pero nos sirve para conocer la clasificación que le da la comunidad científica a tal condición.

El DID aparece descrito como “una disrupción de la identidad caracterizada por la existencia de dos o más personalidades diferentes, lo que en algunas culturas se puede definir como estados de posesión. La disrupción identitaria acarrea una marcada discontinuidad del self y del sentido de agencia, acompañado por alteraciones relacionadas con el afecto, comportamiento, consciencia, memoria, percepción, cognición y/o funcionamiento moto-sensorial.” En el tratado también se documenta la existencia de periodos de amnesia interpersonales, con repercusión sobre recuerdos relativos a las actividades del día a día, información personal básica o eventos traumáticos[12].

Esas aburridas palabras acogen el motivo por el cual la condena de Billy Milligan no fue la habitual, y gracias a ellas, cambió mi manera de interpretar los textos y confesiones de la comunidad plural.

Se ha visto que los cambios en el control del cuerpo por parte de una personalidad u otra pueden darse espontáneamente ante la llegada de estímulos externos, y también a través de la hipnosis controlada por parte de un psiquiatra[13]. Sea por el método que sea, los pacientes tienden a no recordar cómo ha sucedido, ni cómo ha actuado o qué ha dicho el “visitante” anterior.

A pesar de lo que pueda parecer en primer lugar, no está relacionado con la esquizofrenia. Siendo esta patología el principal motivo de diagnóstico erróneo entre personas que sufren DID debido a los síntomas comunes (como “escuchar voces” y otros síntomas schneiderianos de primer orden), existen reivindicaciones en la comunidad científica para indagar más en los pacientes[14].

DiCaprio en su papel de Teddy Daniels en Shutter Island
DiCaprio en su papel de Teddy Daniels en Shutter Island

Como Teddy Daniels en Shutter Island, los estudios realizados por Ross y Putnam a inicios de la década de los 90 buscaron valientemente abrir el camino de la investigación etiológica y fisiopatología del DID.

Actualmente se mantiene la tendencia a pensar que el síndrome puede estar causado por profundos traumas, como el abuso de menores u otras experiencias que generen cuadros de estrés post-traumático (PTSD). Billy Milligan entraría dentro de estos criterios, y aunque no está claro si el DID es un estadio de mayor gravedad dentro del PTSD, altos porcentajes de los pacientes comparten todas o muchas de estas características[15].

Por mucho que estemos en el siglo XXI, nuestro inconsciente colectivo mantiene la noción de que la enfermedad mental se circunscribe a un plano extracorpóreo, cuasi-espiritual. No obstante, la realidad es que hasta la ansiedad más “banal” tiene una clara explicación tangible, absolutamente anatómica y celular. La incomprensión de esto constituye uno de los pilares del estigma que acompaña a la enfermedad mental; el “loco” nos asusta, el deprimido carece de falta de voluntad para reponerse y el adicto se lo ha buscado, pero el enfermo de Alzheimer suscita nuestra empatía y compasión.

Así, síndromes psiquiátricos como el mencionado estrés post-traumático, o el trastorno borderline de la personalidad tienen una correlación anatómica de su sintomatología. Esto quiere decir que determinadas áreas cerebrales, siempre las mismas y en grados comparables, tienen su función disminuida o aumentada en los pacientes. Para estos dos trastornos, tanto el volumen del hipocampo (la zona que controla la memoria a largo plazo y espacial y la orientación, entre otras funciones) como el de la amígdala (encargada del procesamiento y modulación de las reacciones emocionales) muestran un volumen disminuido. Tras estudios con resonancia magnética, se ha determinado que en los pacientes que sufren DID, también es así[16].

De tanta jerga psiquiátrica hay una conclusión que sacar: aún estamos lejos de llegar a entender cómo funciona nuestra mente. Qué llevó de la mano a Freddy Mercury a la hora de componer Bohemian Rhapsody, a Dalí a poner a Gala a levitar sobre paisajes marinos bajo tigres. Cómo surgió el cogito de Descartes, la intuición de la evolución en Darwin. Nos fascina la proporción áurea y la armonía de los elementos, y puede que más aún cuando observamos ejemplos concretos como estos, donde un pensamiento se termina por materializar en arte, en saber. Pero como bien demuestra el DID, menos aún entendemos de la enfermedad mental y tanto más nos asombra, por lo menos a algunos.

La neuropsicología es un campo que apasiona a partes iguales a expertos y legos en la materia. Su estudio nos ha enseñado cómo podemos llegar a olvidar peinarnos media cabeza, ser incapaces de identificar a nuestros seres queridos, o como bien nos relató Oliver Sacks, que un hombre pueda confundir a su mujer con un sombrero[17]. Al fin y al cabo, nos expone a la escalofriante realidad de que nuestra identidad se puede escapar de nuestros dedos sin ni siquiera darnos cuenta.

A mi modo de ver, el papel de los divulgadores es esencial para ganar en salud pública mental. Entender la patología psiquiátrica –desde la depresión más común hasta los comportamientos más complejos- resta oscurantismo a sus causas e implicaciones sociales, y es gracias a personajes como Eduard Punset, Michael Greenberg (escritor de Hurry down sunshine, en formato novelístico) Pere Estupinyà (autor del muy recomendable El ladrón de cerebros), los chicos de la Big Van con su didáctico humor o el propio Sacks.

Sin embargo, en el campo del DID ha tenido gran relevancia una mujer cuya presencia en esta lista de divulgadores es cuanto menos inesperada: Oprah Winfrey, la dueña y señora de la televisión americana de los últimos 30 años.

El año del cierre de su Show, 2009, incluyó una entrevista con Kim Noble. Esta mujer británica fue invitada al feudo de Oprah y nos legó un testimonio gráfico sorprendente[18]. En poco más de 5 minutos, Kim pone ojos y boca al DID. Da forma a la inerte letanía impresa en el DSM-V. Veinte personalidades conviven en su cuerpo, y se nos presenta a varias de ellas. Con cada nueva aparición, tu dedo de incrédulo Tomás se aproxima más a la llaga sangrienta de la identidad múltiple, para alcanzar una extraña epifanía. Convertido en un espectador de excepción, en la primera fila de un teatro dedicado a la grandeza de la mente.

Kim Noble
Kim Noble

Ya no ves a Kim Noble, sino que aceptas que son Bonny, Ken, Salomé y Dawn quienes se dirigen a cámara. Maneras de expresarse particulares, movimientos faciales y expresiones diferentes, cambios de género e inatención a hechos obvios hacen que la línea divisoria entre una personalidad y otra deje un abismo a su paso. Más allá del momento lacrimógeno de rigor, el documento de Oprah es revelador, ilustrativo y a la vez perturbador para cualquiera.

Kim Noble tiene 20 personalidades descritas, y tras años de recuperación, ha encontrado una cierta estabilidad en su vida. Sus vivencias se recogen en un libro autoeditado, All of me[19], y cuenta con una web donde se cuenta su historia y se muestran los trabajos artísticos que ha realizado a lo largo de las últimas décadas. En cierto modo, es como entrar en una pequeña galería, donde los protagonistas se esconden bajo un simple nombre: Judy, Patricia, Ria o Anon. Si paseas por sus pasillos te puedes encontrar con pinturas de paletas diversas y estilos muy dispares. Quizás merezca algún tipo de excomunión artística después de esto, pero esas imágenes de baja resolución en su web de interfaz anticuada me han impactado tanto como la visita a la Frick Collection y sus Vermeer.

Abi[20] retrata a personas expectantes en entornos grises y desamparados, lo que a su vez es la base bodegones enigmáticos y diferentes; acrílico sobre lienzo. Anon[21], por su parte, pone sobre el lienzo imágenes oníricas en blanco y negro, con figuras cariatídeas y espacios de carácter religioso, insertas en espacios de particular tridimensionalidad; una paleta y pintura fresca. Las obra de Bonny[22], sin embargo, parece beber de influencias animistas y de otro continente con sus tonos arenosos y su tendencia al uso de formas geométricas. Key, directamente, pasa del lienzo al grabado simbolista que imita a los de la Cábala sobre elementos poliédricos negros[23]. Judy destaca por la creación de composiciones que juegan con la simetría, la geometría y la perspectiva[24], con un estilo de pintura que describe figuras más realistas y estilizadas, como era el caso de Abi. Los trabajos de MJ están claramente influenciados por Jackson Pollock y la técnica del dripping[25]. Un despliegue artístico variado y sorprendente, que me hace esperar que DiCaprio ya se esté revisando las lecciones de Bob Ross.

Podría seguir así, tratando de poner en palabra lo que encierra el arte de Karen, Suzy, Ken, Mimi, Patricia, Ria o Dawn. Cada personalidad tiene un estilo, una técnica diferenciada, y sus propios motivos artísticos y obsesiones[26]. Su trabajo ha nacido de la terapia, donde se busca el arte como modo de sublimación del trauma que está en el germen de todo el trastorno. Como cabría esperar, el abuso infantil es un tema recurrente y transversal entre las diferentes personalidades, y según quién esté manejando la brocha, se trata con mayor o menor visceralidad, de una forma más explícita o más tangencial.

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Quizás el mayor misterio que esconde la producción de esta artista poco convencional (o poco convencionales artistas), es que Kim Noble jamás recibió educación en bellas artes[27]. Personalmente, esta cuestión me plantea muchas dudas. ¿Qué convierte a alguien en un artista? Más allá del valor que le pueda dar un crítico experimentado a los trabajos de Kim –cualquiera de ellos, ya que Kim es el avatar del resto de personalidades, un constructo de las personalidades para poder vivir en comunidad-, no deja de ser fascinante cómo interfiere con la concepción que se tiene del arte.

Para Richard Sennett, la artesanía (como sujeto de su estudio y paradigma del arte para lo que nos ocupa) es una disciplina que se fundamenta en un trabajo bien hecho. Que busca la perfección; que se separa de la practicidad, de la eficiencia. De este modo, sin asimilación del procedimiento, sin un aprendizaje de la técnica, es imposible alcanzar el dominio de una actividad: asimilar es convertir la información y la práctica en conocimiento tácito y un proceso esencial para desarrollar cualquier habilidad[28]. Esta concepción del arte es compartida por la mayoría de las personas, sin duda alguna. A priori, no todo el mundo es artista ni puede llegar a serlo de la nada. Su trabajo ha de ser original y, para ello, partir de un estudio y una dedicación que le haya permitido alcanzar un grado de maestría en su rama tal, que no pueda ser imitado por cualquiera.

¿No?

Pues para eso, el trabajo de Kim Noble parece ser un saboteador silencioso y preciso. La pregunta que nos plantea ella no es novedosa, sino bien conocida por los antiguos y los contemporáneos: dónde empieza y dónde acaba nuestra mente.

¿Llevamos todos un artista dentro? ¿Tal es la capacidad de nuestra mente de ocultar lo que nos da miedo y produce inestabilidad; que puede crear comportamientos complejos y habilidades más allá de lo que hemos visto y conocido de manera consciente? ¿Qué ha de ocurrir para que se desate esa nova interior? ¿Dónde se encuentran los límites de quienes podemos llegar a ser? El enigma está servido, y parece que no se va a enfriar fácilmente.

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En la vida de Kim Noble, así como en la de Billy Milligan, se produjo un grave episodio que causó el DID. Un acontecimiento puro y duro, al modo de Zizek: un evento cuyas consecuencias exceden a sus causas, tras el cual, la realidad transmuta y no vuelve a ser igual[29]. A lo largo de la vida nos enfrentamos a estas encrucijadas, que se materializan tras la pérdida de un ser querido, en forma de un despido, o con la huida del suelo patrio.

El artista encuentra la inspiración en esos acontecimientos, en el mensaje que descifra de las horas que se ganan el derecho a ser recordadas. Kim Noble se refugia en el arte que le permite tapar las pantallas al recuerdo de esas mismas –ahora dolorosas- horas. Y si, al fin y al cabo, la belleza del arte está en descubrir nuevas realidades y acercarnos a lo trascendente, quizás, y sólo quizás, importe poco la respuesta a las preguntas planteadas y mucho más el maravillarse con lo que la mente, el corazón y la mano son capaces de conseguir.

Este artículo nos lo envía Álvaro de Vicente Blanco, un joven y brillante estudiante de Medicina de 4º año y 1º de Psicología, aficionado a la divulgación científica y colaborador del portal sueco crastina.se.

Referencias, notas y más información:

[1] GLAMOUR.ES, “Leonardo DiCaprio celebra el Mundial en un yate, con 50 mujeres y sin Toni Garrn”, 17 de junio de 2014. http://www.glamour.es/celebrities/noticias/articulos/leonardo-di-caprio-celebra-el-mundial-en-un-yate-con-50-mujeres-y-sin-toni-garrn/20017

[2] FOTOGRAMAS.ES,  “Leonardo DiCaprio, loco de atar en ‘The Crowded Room’”, 2 de marzo de  2015. http://www.fotogramas.es/Noticias-cine/Leonardo-DiCaprio-loco-de-atar-en-The-Crowded-Room

[3] KEYES, D. The Minds of Billy Milligan, 1981.

[4] BRENNAN, D. A Crowded Room abandoned Project, 2010. http://www.jamescamerononline.com/CrowdedRoom.htm

[5] MILLIGAN, B. A statement from Billy Milligan. 21 de octubre de 1996. http://www.astraeasweb.net/plural/milligan.html

[6] http://www.astraeasweb.net/plural/faq.html

[7] http://cgiirc.synirc.net/

[8] http://www.cafepress.com/plural_pride

[9] http://www.spreaker.com/show/multiplicity-101-podcasts

[10] http://www.astraeasweb.net/plural/faq.html

[11] DRAEGONHAWKE, usuario múltiple a propósito de la pregunta “Pero tú estás diciendo que eso es real. ¿No quiere decir eso que estás loco?”

[12] PHILLIPS, K et al. “Dissociative Identity Disorder” en Dissociative Disorders. Diagnostical and Statistical Manual of Mental Disorders Fifth Edition, American Psychiatric Publications, Washington DC, 2013, p. 292-293.

[13] PHILLIPS, K. Op cit. p, 293.

[14] FOOTE, B; PARK, J. Dissociative Identity Disorder and Schizophrenia,: Differential Diagnosis and Theoretical Issues  Current Psychiatry Reports, 2008.

[15] GLEAVES, D; MAY, M. “An examination of the diagnositc validity of Dissociative Identity Disorder” Clinical Psychology Review, 21(4), 2001, p. 577-608.

[16] VERMETTEN, E et al. “Hippocampal and Amygdalar Volumes in Dissociative Identity Disorder”. American Journal of Psychiatry 163, 2006, p. 630-636.

[17] SACKS, O. El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Anagrama, Madrid, 2009.

[18] https://www.youtube.com/watch?v=n2atzoaA2NI

[19] http://www.amazon.co.uk/dp/0749955902/

[20] https://www.flickr.com/photos/62206346@N08/sets/72157626573841568/detail/

[21] http://www.kimnoble.com/E%20tuned.jpg

[22] http://www.kimnoble.com/J%20Through%20the%20Wall%20sml.jpg

[23] http://www.kimnoble.com/CIMG0753.JPG

[24] http://www.kimnoble.com/P1030065%20str%20tuned%2030.JPG

[25] http://www.kimnoble.com/pollock%20no%20flash%20corrected.jpg

[26] https://www.youtube.com/watch?v=5M6c4NLia4c

[27] WEITZ, K. Kim Noble, a woman divided.  The Independent, 27 de agosto de 2006. http://www.independent.co.uk/news/people/profiles/kim-noble-a-woman-divided-413223.html

[28] SENNETT, R. El artesano. Anagrama, Barcelona, 2009, p. 68.

[29] ZIZEK, S. Acontecimiento. Ensayo Sexto Piso, Madrid, 2014, p. 17.



Por Colaborador Invitado, publicado el 17 marzo, 2016
Categoría(s): Divulgación • Neurociencia

 

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