Ciencia por 50 euros

Por Fernando de la Cuadra, el 15 junio, 2016. Categoría(s): Divulgación
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En este artículo iba a hablar de ciencia en 500 euros, pero no he podido. Ya se sabe que los experimentos tienen que ser comprobables…. A ver cuántos de nosotros tenemos un billetaco 500 euros para jugar un rato. No muchos, me temo.

En un billete de 50 euros aportan su granito de arena muchísimas ramas científicas que confluyen en nuestro bolsillo. ¿Qué pueden enseñarnos? Vayamos por partes.

  • Matemáticas.

Sí, aparte de que hay un número muy grandote y eso en el fondo son matemáticas, hay otro número realmente curioso, el número de serie. Hay un par de detalles interesantes.

Yo recuerdo que cuando era pequeño, mi abuelo nos regalaba por navidades cien pesetas a cada hermano. Pero era especial, ya que nos daba los billetes nuevecitos, impolutos, y además los números de serie eran consecutivos. Parecía magia. Sin embargo, en los billetes de euro no podremos nunca conseguir numeraciones consecutivas. ¿Por qué?

El número de un billete de 50 euros está compuesto de tres partes. La primera, es una letra. Podría ser un indicador de una serie de billetes, como las matrículas de los coches, pero no, indica a qué país pertenece ese billete.

Cada país miembro del Eurogrupo tiene asignado un determinado capital para destinar a sus acuñaciones de moneda e impresión de billetes. Y para reconocer a qué cuota de dinero pertenece ese billete, se imprime una letra que designa el país propietario del billete.

Para asignar a cada país una letra, se pusieron en orden alfabético los países miembros de la unión y se les asignó una letra del alfabeto empezando por la Z: Bélgica (Z), Grecia/Ellada (Y), Alemania/Deutschland (X), Dinamarca (W) o España (V), hasta llegar a la J correspondiente al Reino Unido. Espera, ¿orden alfabético? ¿Qué hace Grecia antes de Dinamarca? Pues que le hubiera tocado la letra Y, carácter griego, así que mejor la W, intercambiaron posiciones

Por otro lado, ni Dinamarca ni el Reino Unido usan Euros, pero ahí queda su letra reservada, como Suecia, para un por si acaso.

Luego se incorporaron Eslovenia, Chipre, Malta, etc., y se les asignaron más letras. Únicamente queda sin asignar a un país la A, aparte de la Q, O e I, no usadas para evitar confusiones.

Sigamos con el número. La segunda parte es el auténtico número de serie del billete. Son diez cifras, correlativas. Pero existe una tercera parte, que es el código de control. Es el decimoprimer número, el que hace que los billetes no sean correlativos. Es un número que se calcula en función de la letra y el número de serie.

Si la letra inicial, la correspondiente al país, se reemplaza por su posición en el alfabeto y dividimos por 9 el número resultante, el resto es 8. Vamos a comprobarlo. Tengo un billete de 50 (me pilla a primeros de mes, eso es una ventaja) que tiene este número de serie:

V50413526329

V es la letra correspondiente a España, haciendo patria. V ocupa la posición 22, por lo que el número queda así:

2250413526329

Y ese número es 250045947369 * 9 + 8. El resto es 8, así que el número impreso es un número correcto.

Hay más comprobaciones, siempre con su fórmula matemática, que dejo a cada uno que busque y averigüe.

  • Trigonometría.

EL tamaño de los billetes no es casual. Cada billete mide lo que mide por dos razones muy sencillas. La primera, que deben ser más grandes en función del valor que tienen. Si empezamos por el de 5 euros, que es la base de los billetes, mide 120 mm x 62 mm. Al siguiente billete, de 10 euros, le añadimos 7 mm de ancho y 5 de alto, 127 x 67. Para el de 20, 6 mm y otros 5, nos da la medida del de 20 euros, 133 x 72. Para la altura, siempre se incrementan 5 mm, para la anchura se sigue una serie “767”, es decir, 7 mm, para el siguiente 6, el siguiente 7; y vuelta a empezar.

Así, poco a poco, van creciendo los billetes… hasta que nos encontramos con un problema. Los billetes de 100, 200 y 500 tienen la misma altura: 82 mm. ¿Por qué? Pues porque somos humanos, y un billete de 500 euros mediría 92 mm… demasiado grande, tanto para las planchas de impresión, como para las carteras como para los maletines camino de Suiza o Panamá.

Tamaño comparado de los billetes de Euro
Tamaño comparado de los billetes de Euro

Si jugamos un poco, el billete de 1000 euros mediría 167 x 82 mm. Un pedazo billete, sí señor. Y el de 2 euros, 57 x 113 mm. Del Monopoly.

  • Óptica

En una esquina del billete nos encontramos con el número 50 impreso en tinta violeta. Pero si giramos el billete, nos encontramos con que el color del número varía del violeta al verde. Se trata de una tinta especial, y sus características ópticas la hacen cambiar de color en función del ángulo con el que la luz incide en ella.

No es nada que no podamos ver en muchas ocasiones en la naturaleza, cualquier lepidopterologista, aunque sea aficionado, ha visto este efecto en muchísimas ocasiones.

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También el billete dispone de otra curiosa característica. Los humanos no somos capaces de ver en todos los rangos de frecuencia de las radiaciones electromagnéticas, nos conformamos con lo que llamamos “luz visible”. Pero si iluminamos el billete con luz ultravioleta, observaremos que brilla de manera especial. Determinados dibujos aparecerán resaltados, y pequeñas hebras brillarán en distintos colores. ¡La óptica al servicio de la seguridad contra falsificaciones!

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  •  Anatomía

Sí, sí, no me he equivocado. Este punto podría aparecer en el apartado óptica, pero se aprovecha de un pequeño problema de los humanos. Cual pantalla de ordenador, el ojo humano tiene una determinada resolución con la que ve las cosas. No podemos ver cosas muy pequeñas, ya que el ojo no las distingue. Y si ya has cumplido los 40, “cosa pequeña” es algo tan sencillo como el tamaño de letra de las noticias de un periódico.

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Pues en nuestro billete nos encontramos con que muchísimos de los motivos gráficos no están dibujados como líneas, sino como textos. Son impresiones con un tamaño tan pequeño que no aparecen a simple vista como un texto, sino como una línea o un sombreado. En este caso, la anatomía, un fallo anatómico, acude en ayuda, de nuevo, de la seguridad.

  • Ecología

Aunque un primo mío dice que el clima no está cambiando, que este invierno hará más frío que en agosto, como siempre, no cabe duda de que poco a poco nos vamos cargando el planeta. Una cosa que ayuda mucho es la desforestación. Ir cepillándonos árboles sin ton ni son no es especialmente agradable.

Pues imaginémonos lo que se ha hecho para producir la ingente cantidad de billetes que circulan por Europa. ¡Son muchos metros cuadrados de papel! El Euro en defensa del cambio climático.

Pero espera… ¡Los billetes de Euro no son de papel! No, aunque lo parezca. Están hechos de una mezcla de fibras naturales, básicamente lino y algodón. Ni un solo árbol ha sido talado para que se produzcan los billetes de Euro.

Pero cuidado, que esto tiene un problema: si lavamos un billete de euro en la lavadora, que todo puede pasar con esto del blanqueo, encogerá. No son fibras tratadas para ser lavadas como si fuera ropa, y tras un ciclo de lavado normal, el billete encoge sensiblemente.

  • Informática

Como ya dijo alguien en su tiempo, la informática no es fácil. Y también se aplica a los billetes. Hay dos elementos básicos pensados para la tecnología. Uno, la numeración. El tipo de letra utilizado para la numeración de los billetes es uno llamado “OCR-B”. Este tipo de letra está pensado para ser reconocido por máquinas, “Opticar Character Recognition”. Es heredero del “OCR-A” creado en Estados Unidos y muy empleado cuando una cutre película de ciencia ficción tiene un ordenador que mostrar caracteres a humanos.

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Y por otro lado, el código de barras. En cada billete hay un código de barras, sí, pero no esperéis uno como el de la caja de empanadillas congeladas del súper. Únicamente se ve al trasluz, es una marca de agua, de la que hablaremos a continuación.

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Si ponéis el billete al trasluz, veréis que hay una serie de barras verticales. Esas barras cambian en función de cada billete, y emplean una codificación Manchester (y eso ya es para otro artículo) para determinar el valor del billete. Así las máquinas lectoras son capaces de determinar qué valor tiene el billete.

  • Hidrodinámica

Esto se pone interesante…. ¿Hidrodinámica? Sí, también el agua tiene mucho que ver en esto. Cuando en el punto anterior hemos visto el código de barras, esas líneas no están impresas. Son ligeras imperfecciones en el papel. Al igual que el dibujo que se ve al trasluz.

Esas marcas son las llamadas “marcas de agua”. Se generan nada más y nada menos que cuando el papel (perdón, la tela, recordemos que es lino y algodón) se está fabricando. En el proceso de fabricación se hace una pasta húmeda que luego se deja reposar en láminas muy finas para que se “asiente” y se seque.

Ese asentamiento se hace sobre una “cama” que lleva un pequeño relieve, ligerísimo, que es el que conforma las marcas de agua. Así, una vez secado el material, lo que sería una imperfección por un secado erróneo, se convierte en otra medida de seguridad.

  • Topología

Desafío a cualquier mortal a que escanee un billete de 50 euros. En principio todo va bien, hasta que aparece un mensaje en pantalla que nos dice, con otras palabras, que nada de escanear billete, que eso está mu feo y que como lo hagas eres un falsificador y vas a la cárcel.

Jó, qué listo es el escáner. Pues no, no lo es tanto. El billete lleva un chivato. En el billete hay una serie de puntitos amarillos, parece que colocados al azar, ¿a que sí? Pues no, ni son puntitos ni están al azar.

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Esos puntitos, llamados “la constelación Eurion”, son los detectados por el escáner (y por muchas fotocopiadoras no analógicas) y evitan que se reproduzca la imagen. No se sabe mucho de ellos, ya que se supone que es una importantísima medida anticopia, aparte de que lo desarrolló la empresa Omron, que el cuadrado de la distancia entre los puntos es un número entero… y que la usan muchísimas divisas, como los nuevos billetes de dólar estadounidense, no solamente los Euros.

  • “Imprentología”

Imprimir un billete, como la informática, no es fácil. Es un sistema con un precisión increíble, y todo el que haya intentado hacer una fotocopia a dos caras del DNI , sabrá que se consigue más o menos, pero nunca coinciden decentemente las dos caras. Para salir del paso de la fotocopia vale, pero cuando estás imprimiendo dinero, un “más o menos” no vale.

De eso se encargan unos pequeños símbolos que hay en la esquina superior izquierda del anverso. No parecen nada. Y en el reverso, en la esquina superior derecha hay otros dibujos.

Si de nuevo miramos el billete al trasluz, veremos que los dibujos de uno y de otro forman, mágicamente, el valor del billete, completando la cifra entre los trazos del anverso y el reverso.

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¡Ay del falsificador que no sea suficientemente hábil! No conseguirá que queden perfectamente alineados esos trazos, y su obra quedará descubierta. No, imprimir no es fácil, así que mejor se lo dejamos a la Casa de la Moneda.

  • Magnetismo

Sí, magnetismo también… La tinta con la que se imprimen los billetes tiene partes metálicas, que son atraídas por los imanes. Hagamos un experimento muy divertido.

Cogemos entre 10 y 15 billetes, cuanto más grandes mejor. Lo ideal, de 500. Los mojamos y empapamos bien, hasta que se vuelvan frágiles, y los metemos en una batidora con más agua. La ponemos en marcha hasta que los billetes queden reducidos a una especie de sopa. Si hace falta, ir agregando agua, pero deben quedar completamente diluidos en agua, emplead el tiempo que haga falta.

Una vez conseguida la sopa de billete, sumergid un imán (de los buenos, no de esos que guardáis del cierre del armario de la cocina antiguo) y removed ligeramente la sopa. Cuando saquéis el imán, veréis que está recubierto de un ligero polvo metálico. Es la parte metálica de la tinta.

Este experimento tiene dos problemas. Por un lado, demostráis que sois unos imbéciles absolutos, ya que para hacer esto estáis perdiendo muchísimo dinero, y por otro, el artículo 264.1.4 del Código Penal establece que “el que causare daños en propiedad ajena, que afecten a bienes de dominio o uso público, será castigado con la pena de prisión de uno a tres años y multa de doce a veinticuatro meses.”. Los billetes, aunque os haya costado mucho o poco ganarlos, son un bien público.

Casi mejor es buscar un buen imán, de tierras raras, y acercadlo al billete. Veréis que, si el imán tiene potencia suficiente, atrae al billete. ¡Y gratis!

  • Geografía

Para terminar con nuestro recorrido, veamos un poquito de geografía. Y no porque haya un mapa de Europa en el billete (que menudo cabreo tenían los de Malta hasta que aparecieron los nuevos billetes, que no estaba ellos allí).

Busquemos en el anverso del billete un pequeño recuadro con unas letras y números. En el caso del billete de 50, está encima del holograma adhesivo. En mi caso, pone “M047C2”. Esto son dos datos geográficos.

En primer lugar, la M. Esa letra indica qué fábrica ha hecho el billete. Desde la A en adelante, cada taller identifica sus billetes. En el caso de España, el taller adoptó la “M”, ya que el cuño clásico de la ceca de Madrid era una M con una corona encima, el mismo que aparece en las monedas de Euro.

Curiosamente, no existen billetes de 100, 200 ni 500 Euros en cuyo número de serie aparezca una V (España) y el taller de impresión sea una M (Madrid). Todos esos billetes se los encarga el Banco de España al Banco Nacional de Bélgica, por lo que la marca de ceca es una T, no una M. Como anécdota, cada ceca tenía su símbolo. Así, teníamos la P de Potosí, B de Barcelona, S para Sevilla, M para Madrid, L para Lima, un acueducto para Segovia… Desde 1850 se empezó a usar una estrella con el año de acuñación en su interior, siendo generalmente la estrella de 8 puntas para Barcelona, 7 puntas para Sevilla, 6 puntas para Madrid, 4 para Xuvia (A Coruña) y 3 para Segovia. Muchos recordaremos las estrellas de las monedas de peseta acuñadas antes de 1982 con la fecha dentro)

Tras la marca de la ceca, aparecen tres cifras que indica el número de placa de impresión empleada para imprimir el billete. Mi billete tiene el número “047”, lo que me informa de que se trata de la plancha cuadragésimo séptima.

Y volviendo a la geografía, en este caso pequeña geografía interna de la plancha de impresión… mi billete dice “C2”, así que es el billete que estaba en la tercera columna y segunda fila de la plancha.

Esto ya es demasiado… ¿Qué me importa a mí si mi billete lo han fabricado en un sitio u otro, si era de una plancha u otra y dónde estaba colocado? Ni todos los talleres hacen exactamente igual los billetes, ni todas las planchas son exactamente iguales, ni cada billete es exactamente igual al otro. Si un día hay una discusión acerca de la originalidad de un billete, se puede recurrir a las planchas del taller original y confrontar el billete que debía ser con el que es. Son diferencias nanométricas, pero ahí están.

Bueno, por 50 Euros no está mal… y encima, lo mejor: el billete vuelve a nuestros bolsillos. A no ser que hayas hecho lo de la batidora, claro.



Por Fernando de la Cuadra, publicado el 15 junio, 2016
Categoría(s): Divulgación

 

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