¿Cada vez más miopes?

Cada vez somos más. Cada vez somos más los que no vemos de lejos sin gafas, algunos estiman que para 2020 alrededor de un tercio de la población mundial no será capaz de reconocer al amigo que saluda desde el otro lado de la calle sin gafas. Alucinante ¿no? Y más si pensamos que es algo más que el doble que hace 50 años. ¿Qué está pasando?

Así ve la bahía de Seattle un miope sin gafas. Crédito: Hackfish

La causa de la miopía es un globo ocular ligeramente alargado que hace que la lente enfoque la luz reflejada de los objetos por delante de la retina en vez de directamente en ella. En casos severos esta deformación puede incluso incrementar el riesgo de desprendimiento de retina, cataratas, glaucoma e incluso ceguera. Como el ojo crece durante toda la infancia, la miopía se desarrolla sobretodo en niños de edad escolar y adolescentes -justo cuando más te apetece ponerte gafas, vamos-.

Se sabe que la miopía tiene un elevado componente genético y de hecho se han descubierto más de 100 regiones en el genoma relacionadas con ella. Sin embargo, no podemos culpar sólo a los genes de un incremento tan rápido en las cifras de afectados. Seguramente habréis oído de niños eso de que habíais de separaros de la televisión o no leer bajo las mantas para no «quedaros ciegos», y es que esa fue la creencia imperante durante mucho tiempo pues se había observado una consistente correlación entre el nivel educativo y el tiempo que niños y adolescentes pasaban entre libros, deberes y últimamente pegados a ordenadores, tabletas y móviles. Aunque la idea de que el trabajo a cortas distancias podía alterar el crecimiento del globo ocular para acomodar la luz y enfocar las imágenes a corta distancia en la retina, esta teoría ha demostrado no sostenerse. Un estudio a principio de los años 2000, encontró que ni el número de libros leídos a la semana ni las horas leyendo ni usando un ordenador parecían contribuir a incrementar el riesgo a la miopía lo que sí parecía tener importancia era el tiempo que los niños pasaban jugando al aire libre. Y lo que es más, esta influencia no tenia que ver con las actividades que los niños realizaban mientras estaban fuera. Lo mismo daba que estuvieran jugando al fútbol que leyendo un libro en un banco. Aunque la explicación más aceptada es que se debe a la exposición a luz intensa hay quien dice que otros factores como el cambio de enfoque a largas distancias al aire libre, pueden jugar también un papel en el efecto protector del «aire libre». Sin embargo, experimentos con animales, desde pollos hasta monos pasando por musarañas, parecen apoyar la hipótesis de la intensidad luminosa. Se supone que la luz estimularía la producción de dopamina en la retina, lo que bloquearía la elongación del globo ocular durante el desarrollo. La dopamina retinal se produce en ciclo diurno y es quien instruye al ojo a cambiar de visión nocturna a diurna. Los investigadores sospechan que la luz tenue típica de los espacios cerrados altera este ciclo con las consecuencias conocidas para el crecimiento del globo ocular que acaban por desencadenar la miopía.

Defectos de la visión. Crédito: Juancarcole

Así que parece claro qué hacer para evitar toda una generación de niños miopes: sacarlos al aire libre. ¿Cuánto tiempo? Pues parece que cuanto más mejor e idealmente tres horas al día a una intensidad de luz de unos 10.000 luxes (lo que experimentaríamos bajo un árbol con gafas de sol en un día de verano). Lo que ocurre es que no en todos sitios, ni todo el año podemos disfrutar de tanta luz o es simplemente posible hacerlo, por eso se está trabajando en otros medios como lámparas de luz similares a las empleadas para ayudar a gente con depresión estacional, o lentillas que corrigen el crecimiento del globo ocular al enfocar en todo el campo visual en vez de en el centro como hacen las actuales, o incluso una gotas para uso nocturno con atrofian, una sustancia bloqueante de la acción de neurotransmisores que también se ha visto puede frenar el avance de la miopía, aunque no se sabe por qué mecanismo. Sin embargo, lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos -y por nosotros mismos- es salir con ellos a jugar un rato afuera. Cargarán las pilas, refrescarán los ojos y además así evitaremos la obesidad. Un 3×1 por el mejor precio: GRATIS. ¿A qué esperas para probarlo?

Referencia:

Dolgin, E. The myopia boom. Nat. News519, 276 (2015).



Por Rosa García-Verdugo
Publicado el ⌚ 3 junio, 2019
Categoría(s): ✓ Divulgación • Medicina