De drogas y no tan drogas

Mi estreno en Naukas tiene como objetivo contaros sobre los beneficios del agua con azúcar. Que sí, no seáis escépticos, lo que oís: agua con azúcar.

Fue hace casi 7 años. Yo tenía 29 cuando llegué a un lugar en el que, en teoría, me convertiría en una mujer nueva. Estaba absolutamente aterrada. Mientras mi padre y mi hermana se esforzaban en aparentar tranquilidad, yo escudriñaba aquel entorno que se convertiría en mi casa durante tres meses. Observé la fachada, los alrededores y los barrotes de las ventanas de la planta baja. También me pareció ver a alguno de los que, posteriormente, serían mis compañeros.

En recepción me trataron con exquisita educación, mucho más que en el mejor Four Seasons del mundo. Me acompañaron a mi habitación y me registraron la maleta. Después, visité al boss de todo aquel tinglado y de allí a la habitación de nuevo. Sus sábanas y las imágenes de la televisión analógica serían mi universo durante las siguientes 48 horas.

A los dos días me soltaron y aparecí -no recuerdo cómo- en una sala con muchas sillas en forma de media luna. Un círculo raro, ¿tendré que hacer algún tipo de sacrificio? -pensé-. A los pocos minutos algunas personas se sentaron a mi alrededor y una mujer muy seria se sentó enfrente, como presidiendo aquella luna creciente. Tengo ganas de tomar -dijo el primero-. ¿Y qué querrá tomar este buen hombre? -me pregunté yo-.

Las princesas también necesitan terapia
Las princesas también necesitan terapia

Al cabo de un rato lo entendí. Aquellas personas eran yonkis. Tan yonkis como lo era yo. Y las ganas de tomar de aquel hombre se convertirían en mis ganas de tomar en el mismo momento en el que decidieran reducir mi medicación.

Eso ocurrió a las dos semanas y, en ese momento, descubrí lo que hoy, queridos míos, vais a conocer también vosotros. Descubrí las maravillas del “agua con azúcar”. Me levantaba con ganas de beberme un tequila y me daban agua con azúcar, ¿que lo que se me antojaba era una raya de cocaína? Pues agua con azúcar. No importaba lo que pidiera mi cuerpo, mi cabeza o mi espíritu (si es que había alguno), un vaso de agua con un sobre de azúcar eran “mano de santo”. La ansiedad se reducía, las manos dejaban de temblar, el sudor frío desaparecía, las paranoias… no, las paranoias no se iban, no voy a engañaros.

El tiempo pasó y las ganas de tomar también. El agua con azúcar empezó a saberme muy dulce y decidí echarle café (siempre descafeinado, claro); lo cual hizo que aquella bebida mejorara de forma sustancial. Más tarde, la curiosidad volvió a actuar en mí, la misma curiosidad que tenía antes de convertirme en una drogadicta, aquella que me hacía preguntar siempre: ¿y por qué? Obviamente, también me pregunté ¿y por qué soy adicta? ¿Acaso mi cerebro tiene algo mal? ¿Se ha entrometido en mi DNA algún gen maldito? ¿Ha sido culpa de mi infancia? ¿Mi adolescencia, quizá? Como todas estas preguntas eran difíciles de abarcar, así de golpe y con sólo unos poquitos años de estudios sobre biología, opté por hacerme una pregunta más asequible:

¿Qué rayos tenía el agua con azúcar que era capaz de aliviar mis síndromes de abstinencia?

Pues bien, lo que descubrí es que la sacarosa, conocida comúnmente como “azúcar” activa la dopamina en una región del cerebro llamada núcleo accumbens, y la consiguiente liberación de este neurotransmisor, se asocia con el placer. De hecho, el consumo repetido de altos niveles de sacarosa crea un aumento en la necesidad de consumirla con el fin de recuperar los sentimientos iniciales de placer. Vamos que… ¡casi sustituyo una droga por “otra”!

Pero la cosa no quedó ahí, este descubrimiento me llevó a otro todavía más asombroso: de pronto, entendí por qué mi abuelita consumía de forma compulsiva una sustancia vendida en farmacias bajo el nombre de Sedatif PC. Ah… ¿Que no sabéis qué es? Pues, se trata de un producto homeopático que se vende como medicamento en la farmacia de mi barrio.

Imagen obtenida de la web de Boiron
Imagen obtenida de la web de Boiron

Hacía tiempo que venía observando que mi abuelita cada vez tomaba más comprimidos de esos. Primero empezó con 6 al día (recomendación del laboratorio). Cada uno de ellos contiene 225 mg de sacarosa, por tanto, consumía un total de 1350 mg al día; si además le añadimos la lactosa (72 mg cada pastilla) las cuentas quedan así: 1350 mg de sacarosa + 432 mg de lactosa en total. Teniendo en cuenta que la lactosa es un disacárido formado por la unión entre una molécula de glucosa y otra de galactosa, llegamos a la conclusión de que estas pastillitas son absolutamente capaces de endulzarte la vida.

Mi abuelita empezó a tomarlas porque la vecina, consumidora habitual de homeopatía, le dijo que iban muy bien para los nervios. La pobre andaba un poco revuelta desde que falleció su hermana. Yo le había recomendado hacer algo de ejercicio: estiramientos, paseos, alguna cosa que le ayudara a generar endorfinas, pero la Paqui tuvo mayor influencia y mi abuelita se hizo con la primera caja.

Al principio, no le di importancia porque, a día de hoy, el efecto que me ha hecho a mí la homeopatía ha sido igual a cero; así que pensé: bueno, quizá el efecto placebo le ayude. No obstante, cuando la abuelita triplicó la dosis, empecé a preocuparme. Fue entonces cuando recordé que, mientras yo estaba en desintoxicación, mis dosis de agua con azúcar iban aumentando a medida que se sucedían las semanas. Y también recordé cómo la ingesta de aquella bebida “milagrosa” hacía que me encontrara mejor, con más energía y un poquito más optimista. Así que tras el típico ¡EUREKA! de Arquímedes, llegué a la conclusión de que el efecto de aquellos comprimidos homeopáticos probablemente no se debía a los principios activos que anunciaba Boiron en su caja, sino que, quizá, fuera el azúcar el que convertía la vida de mi abuelita en un carnaval. Obviamente, yo ingería mucha más sacarosa de la que obtenía mi abuela de esos comprimidos pero, teniendo en cuenta que una de las consecuencias que sufre el cerebro del adicto es la disminución de la expresión de los receptores D2 que se encuentran en la membrana presináptica (segregadora de dopamina) o en la postsináptica, era muy probable que mi necesidad de azúcar fuera mucho mayor de la que tiene mi abuelita, pues yo buscaba el mismo efecto contando con un hándicap: mis neuronas tienen (o tenían) menos receptores con los que unir dopamina.

Representación de la vía dopaminérgica con el uso de diferentes drogas. Imagen obtenida de la Revista SEBBM
Representación de la vía dopaminérgica con el uso de diferentes drogas. Imagen obtenida de la Revista SEBBM

Pero claro, esto son sólo suposiciones, hipótesis de una estudiante de cuarto de Biología. Sin embargo… ¿Cómo evitar que mi abuelita siguiera consumiendo cantidades ingentes de Sedatif PC? ¿Cómo convencerla de que aquello era un falso remedio? Pues muy fácil, comprando un bote de Nutella (nunca Nocilla) cada dos semanas para mantener sus niveles de dopamina en los valores óptimos.

La desintoxicación fue un proceso doloroso a través del cual aprendí que siempre hay que buscar la verdad. Eso incluye el hecho de cuestionar determinadas opciones y sustituirlas -en caso de ser necesario- por un poco de Nutella.

Referencias:


29 Comentarios

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Anábasis

¡Hola! Felicidades no sólo por el artículo, sino por la actitud de curiosidad que transmites, clave para todo científico que pretenda pasar por tal.
El tema que tratas es interesante porque representa un cruce de caminos entre dos campos que sólo ahora empezamos a entender lo relacionados que están entre sí: el efecto placebo y la neurobiología de las adicciones.
Es cierto que los mamíferos de nuestro género homo tenemos predilección hacia los sabores dulces, y que esa preferencia asienta en vías de refuerzo en las que interviene el sistema dopaminérgico. Ahora bien, todo tiene su límite. Si el sistema de recompensa premiara sin descanso la llegada de glucosa no toleraríamos comer otra cosa, cuando esto (por muy tremendistas que nos pongamos con las Oreo) no es así. Uno de los puntos clave para entender tanto el efecto placebo como los picos dopaminérgicos en las conductas adictivas es que la expectativa tiene una gran influencia en las consecuencias percibidas del consumo y en la motivación hacia el mismo. Se ha demostrado que un placebo (como un compuesto homeopático) tiene efectos beneficios objetivables que dependen de que la persona sepa que está recibiendo algo beneficioso y por lo tanto espere dicho beneficio. La propia expectativa provoca la mejoría. Lo mismo sucede en las adicciones. Gran parte de la tensión psíquica y el pico dopaminérgico que conduce al consumo tienen que ver con una expectativa de placer que luego no se corresponde con lo que se siente al consumir. En la adicción divergen el deseo (dominante) del placer (menguante).
Si te interesa profundizar sobre estos temas te recomiendo unos posts:
a) Sobre la neurobiología de las adicciones: http://anabasint.blogspot.com.es/201...rte-ii.html
b) Sobre el efecto placebo: http://pacotraver.wordpress.com/2008...to-placebo/
c) Sobre la homeopatía: http://anabasint.blogspot.com.es/201...a-y-lo.html
Un saludo!

JandruJandru

Desconocía el asunto. Ahora ya sé un poquillo más.
La gran duda que tengo es la siguiente:
Fumo tabaco aderezado 😉 y siempre tengo Nocilla, Nutella o cualquier crema de cacao del super porque luego sé que la necesitaré.
Por qué mejor Nutella? En qué me debería fijar?

Una vez más, gracias por el artículo
Un saludo

pingerpinger

Muy interesante, ahora la cuestión es… como nos libramos de la adicción al azucar :p

JesúsJesús

Qué interesante, y qué alegría que lograras superar la adicción :) Me ha hecho cuestionarme muchas cosas. Yo, por ejemplo, soy adicto a la paroxetina (Motivan 20mg): un medicamento antidepresivo (ISRS) con efecto ansiolítico. Lo he intentado dejar muchas veces, con ayuda médica claro, y siempre he sido incapaz. De hecho una vez el efecto rebote me costó 3 meses de baja. El caso es que en cuanto un día no lo tomo, el dolor de cabeza y la irritabilidad se hacen realmente insoportables. Y me pregunto si algo tendrá que ver el azúcar o algún otro ingrediente igual de básico y accesible.

¡Gracias por compartir tu experiencia!

Oihana Iturbide

Hola Jesús,

En el caso de los antidepresivos (mucho más si tienen efecto ansiolítico) los efectos al reducir las dosis o eliminar su administración por completo, me temo que no se deben a ingredientes “básicos” sino a los principios activos de los mismos.

En mi caso, la deshabituación (yo también tomaba) se hizo de forma paulatina y guiada por un buen profesional, uno especializado en adicciones. Tuve síntomas pero fueron absolutamente manejables.

Un abrazo fuerte.

luskiluski

Hola Jesús,he visto tu comentario y me gustaría aclararte unas cosillas; por un dia que no tomes la paroxetina no vas a notar nada,es básicamente sugestión (ojo,a todos nos puede suceder independientemente de nuestros conocimientos).¿Porqué digo lo anterior?Porque no funciona como,por ejemplo,un trankimazin , es un efecto rápido y sí que lo notas si no lo tomas 1 dia(los medicamentos como el trankimazin funcionan para hacernos la idea,como el alcohol-potencian la acción de GABA sobre sus receptores- ).La paroxetina actúa a medio-largo plazo (de hecho empiezas a notar los efectos a las 3 semanas aprox.)Lo que sí se nota con los antidepresivos es cuando dejas de tomarlos,pudiendo producirse mareos,dolores de cabeza,etc.Así que no te preocupes y ánimo.

ununcuadioununcuadio

En dos palabras: IM-PRESIONANTE xDDD
Brillante exposición y he aprendido mucha ciencia que ni siquiera sospechaba :)

Mercè Domenech BitriaMercè Domenech Bitria

Esto deberíamos saberlo muchas madres, que prohibimos a los niños hasta bien entrada la adolescencia, que tomen chucherias y alimentos dulces. Si vemos que lo necesitan porque se sienten mejor, deberíamos ser más tolerantes. Si intervienen factores domaminérgicos, algunos jóvenes podrían empezar a buscarlos en algunas otras sustancias para obtener la dopamina que su cerebro necesita.
Felicidades Ohiana y mucha fuerza para tu nuevo reto. !!!!!!
Mercè

J.DiazJ.Diaz

Hace com un año, tras sufrir a pelo una crisis sicotica por la enesima medicacion que me habia rectado mi medico — doctora — y ante su indiferencia, le pedi que se implicar un poco en mi situacion, ya que la quimica habia alcanzado su limite operativo con respecto a mi enfermedad, que me produce un estado de dolor de muelas en todo el cuerpo todo el dia, todos los dias, qu eal menos me diwera apoyo y consuelo.

Como solucion me cambio de medico.

¿A que viene este rollo?

Bueno ,que el nuevo galeno, sin apartar la cabeza del ordenador, ahora se limitan a apretar un boton para reactivar la medicacion en farmacia, me solto una bonita frase que resume todo su interes por el paciente.

Cuando yo le dije que me resignaba a ser un yonqui con la diferencia de que mi camello lleva bata blanca, me dijo que eso no era asi porque el me recetaba la morfina, que si creia que soy un yonqui me mandaba al programa de metadona.

«¿Eso aliviara mi estado de dolor, o mi salud?»
«No».

Siempre he creido que un adicto, un yonqui de lo que sea, es una persona que padece una adiccion a una sustancia o compulsion, cuya carencia le provoca graves secuelas fisicas y sicologicas.

No quiero entrar en la fisiologia y sicologia de la adiccion, no importa tampoco la sociologia.

Asi que yo soy un yonqui de 100mg de oxicodona al dia, y mas no porque ya voy semi zombi, como de mi forma de expresarme se deduce.
Pero no me cabe el consuelo de “desintoxicarme” y de afrontar un duro proceso de abstinencia que afrontado con valor y determinacion, me aleje de mi compulsion quimica, proporcionandome una nueva vida.

Despues del sindrome de abstinencia, simplemente me moriria de dolor.

Literalmente.

Cuando amenazaron que que tuviera que pagar el precio integro de mi medicacion, unos 700 euros al mes, me desintoxique yo y…, bueno, mejor lo dejamos.
Volvi a mis pequeñas pastillas.

No quiero quitarle valor a la lucha personal que el articulo describe o la insinuacion de que si uno cambia los incitadores de dopamina…, pues bueno, vale.
Pero, me gustaria alguna vez que alguien se acordara de los otros yonquis, lo que ni tenemos una vertiente ludico gratificante en la adiccion , ni tenemos posibilidad abandonar la adiccion con un placevo.

NO todos los yonquis lo somos por debilidad o por voluntad propia.

Somos invisibles.

J.Diaz.
Terminal. Espectativa de 5 meses de vida.

Milú el BárbaroMilú el Bárbaro

La sociedad, al igual que tu médico, mira (miramos) para otro lado. Qué mierda… para luego escuchar tonterías como que nosequé partido de fútbol fue injusto.

No sé qué decirte, disfruta cada minuto y comparte tus experiencias con los que quieran escucharte.

Amara

Gran estreno Oihana. Me ha encantado el post!! ayer en una conversación con mi médico, hablando sobre un tratamiento me dijo “estas 7 pastillas son placebo, no llevan más que agua y azúcar”…. Me despertó un poquito más de simpatía ;-))

luskisluskis

Hola,la hipótesis no sería cierta porque la cantidad de glúcidos es muy pequeña.Además,éstos influyen más directamente sobre la serotonina.La dopamina está muy implicada en los mecanismos de recompensa;de ahí su relación con la dependencia a las drogas.Un saludo.

Ángela VélezÁngela Vélez

Oihana, me ha parecido muy elocuente. No sé si será muy científico pero entiendo el mensaje que quieres transmitir (yo también tomé mucha agua con azúcar, jeje) y tu manera de contarlo llega muy bien a cualquier público que te lea. Un beso.

Elizabeth Terry

Enhorabuena por todo lo que has conseguido y estás haciendo! Yo, después de 6 años de sobriedad, ahora estoy atajando mi adicción al azúcar (todavía sigo fumando: será para otro momento). Lo estoy consiguiendo consumiendo dátiles en lugar de dulces y me encuentro mucho mejor: sin los picos y bajadas. Muchos abrazos!

Alex

Me ha gustado mucho tu artículo, Oihana. La “experi-ciencia” es increíblemente útil para acercar el saber a la gente. Una divugación muy buena la tuya. Me encantaría hacerte una pequeña entrevista en mi blog elPiscolabis http://elpiscolabis.com Hablo de salud, deporte y alimentación (entre otras cosas). Te apetece?

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