De cuando las mujeres se pusieron pantalones

Muchas veces, inmersos en la burbuja de innovación tecnológica constante, no somos conscientes de las implicaciones sociales que tienen los inventos que nos parecen tan geniales. La tecnología móvil, más allá de la gente que vive pendiente de las últimas novedades de Apple y Samsung, ha supuesto una mejora constante de las condiciones de vida en África y algo tan cotidiano como la lavadora ha supuesto unos profundos cambios sociales en la liberación de la mujer. Pero la lavadora tuvo un antecedente del que no todos son conscientes.

Demos un salto de algo más de siglo y medio hacía atrás cuando en 1861 Pierre Michaux y su hijo cogieron los antiguos velocípedos y le pusieron pedales, inventando de esta forma la primera bicicleta moderna. Esto supuso el comienzo de una revolución. La bicicleta comenzó a popularizarse tal y como cuenta Pedro Bravo en su libro «Biciosos»:

La Vie Parisienne, la revista que ilustró la Belle Époque, adelantó que las mujeres «antes recortarían sus faldas que renunciarían a montar en bicicleta». En diciembre de 1868 tuvo lugar en Burdeos la primera carrera de mujeres en bici, que ganó una tal miss Julie.

Y esa revolución sufrió un brusco acelerón en 1885, con la invención de las bicicletas Rover safety, es decir, las bicicletas tal y como las conocemos ahora con pedales bajo el cuadro y tracción trasera. Ahí sí que las mujeres (de las clases acomodadas) se lanzaron en masa sobre un aparato que les permitía escapar del férreo control masculino y les daba mayor libertad para moverse. La bicicleta se convirtió en el arma definitiva de emancipación femenina.

Y como toda historia que se precie, esta también tiene su heroína: la emigrante lituana Annie Cohen Kopchovsky, conocida como Annie Londonderry. Esta joven aceptó el 1894 el reto de dos socios de un club de Boston que ofrecían 5000 dólares cada uno a la primera mujer capaz de dar la vuelta al mundo en bicicleta en un máximo de 15 meses. Para conseguir el dinero necesario en tal viaje Cohen llegó a un acuerdo con la compañía de aguas Londonderry para llevar un cartel y cambiar su apellido convirtiendose en la pionera del patrocinio deportivo.

Londonderry al salir de Boston.
Londonderry al salir de Boston.

El 27 de junio, Londonderry partía de Boston hacia Chicago donde llegó el 24 de septiembre. Se percató de que, si quería ganar la apuesta, debería tomar algunas decisiones, y las tomó. La primera fue variar su rumbo y volver a la costa Este para evitar el duro invierno del interior de los EE. UU., la segunda fue cambiar su pesada bici para mujer Columbia, de 21 kg de peso, por una mucho más liviana bicicleta Sterling masculina de apenas 9 kg y la tercera fue cambiar su atuendo victoriano de largas faldas por un pantalón bombacho. 

Londonderry al volver de Chicago
Londonderry al volver de Chicago

La polémica sobre la vestimenta de las mujeres a finales del XIX era encarnizada. Las había que nunca se pondrían pantalones para ir en bicicleta (de ahí la barra baja de las bicicletas para mujeres) , las había que se vestían como un hombre, cigarrillo incluido, y las que optaban por la solución del bombacho. Ahora nos puede parecer una tontería pero en aquella época era una polémica como la de la brecha salarial o la incorporación de la mujer a los consejos de administración. A modo de anécdota, en 2010 el ayuntamiento de París eliminó una ley que prohibía a las mujeres llevar pantalones salvo si iban en bicicleta. Obviamente, ninguna mujer la respetaba.

Por cierto, Annie Londonderry ganó la apuesta volviendo a Boston el 24 de septiembre de 1895 después de pasar por los puntos determinados en países como Egipto o la India. Y durante su viaje enviaba fotos y crónicas a los periódicos. Aunque hay que ser justos y reconocer que anduvo más junto a su bicicleta que montada sobre ella. Cosas de las inexistentes carreteras de la época.

¿Pero de verdad el impacto de la bicicleta sobre la sociedad fue tan enorme? Lo veremos en el siguiente post de la serie.

1 Comentario

Participa Suscríbete

JavierJavier

Becario del ayuntamiento de París en 2010:

– Oye, ¿te acuerdas de aquel montón de cajas polvorientas del rincón del almacén que me mandásteis quitar de en medio? Pues las he estado revisando y mira lo que he encontrado.

xD

Deja un comentario

Tu email nunca será mostrado o compartido. No olvides rellenar los campos obligatorios.

Obligatorio
Obligatorio

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>