Las vacunas y su necesidad

En los últimos años estamos asistiendo a una preocupante vuelta a antiguas y rancias posiciones anticientíficas. Ideas ya superadas hace siglos están volviendo con fuerza y se están instalando en la mente de aquellos que no están bien informados.

Creacionismo, supersticiones, irracionalidades homepáticas, astrológicas… han vuelto incluso los que afirman que la Tierra no es redonda sino plana. Y de entre todos estos pasos atrás en el conocimiento, sin duda, los más peligrosos son los que atañen a las prácticas médicas.

Poco a poco se ha ido fraguando un absurdo movimiento anti-vacunas que pone en serio peligro la salud de las personas, sobre todo las más jóvenes y débiles. Por ello he pensado que estaría bien realizar un breve artículo, sencillo y ameno, sobre la necesidad y conveniencia de las vacunas, explicando fácilmente cómo funciona nuestro sistema inmunológico y cómo actuan las vacunas ayudándolo.

Cantaban Manolito Santander y sus muchachos en los Carnavales gaditanos de 1998 que “En la familia Pepperoni somos malos de verdad, la familia Pepperoni no conoce la piedad…¡tiro al vento, tiro al vento!…¡ni la Piedad, ni la Borriquita ni el prendimiento!”

Otros que no conocen la piedad son los integrantes del Sistema Inmune.

Nuestro sistema defensor contra todo bicho que codicie nuestro organismo como virus, bacteria, hongo, parásito o lo que sea, se las tiene que ver con toda una “famiglia” de glóbulos blancos dispuestos a matar, fagocitar, aniquilar, destruir, arrasar.

Tiene diversas formas de llevar a cabo su misión, pudiendo hacerlo de forma directa en plan “tonto el último que se cargue al enemigo” o actuar en cooperación y mediante un mecanismo sofisticado para dejarlo bien “muerto matao”.

¿Cuáles son los principales soldados inmunitarios de nuestro cuerpo? Tenemos a:

  • Neutrófilos, que le dan para el pelo a las bacterias, principalmente
  • Eosinófilos, atacan sobre todo a parásitos
  • Linfocitos, que mediante anticuerpos y trabajo en equipo luchan especialmente contra virus y bacterias
  • Basófilos, sólo se nota su presencia en caso de hipersensibilidad porque el cuerpo se haya sentido agredido por medicamentos y alimentos.
  • Monocitos, unos glóbulos blancos que de monos tienen poco, se hacen notar en caso de infecciones crónicas y autoinmunes. Cuando es necesario “evolucionan” a macrófagos, son los barrenderos del sistema, se comen todos los enemigos que pueden.
Ilustración | Don Smith

Nuestro Sistema Inmune no se limita a arramplar con todos los extraños que osen invadir nuestro organismo, sino que “se quedan con su cara“. Veréis: las bacterias, los virus, hongos, etc tienen una cubierta compuesta por lípidos y azúcares muy característica, que contiene a los antígenos o sustancias que desencadenan la furia de nuestro ejército y la fabricación masiva de anticuerpos. Los glóbulos blancos, al atacarlos, “memorizan” esas cubiertas para ser más rápidos y efectivos en la próxima intentona por su parte. ¿Podemos ayudarles a memorizar y ser más eficientes en su tarea? Sí, mediante las vacunas.

Una vacuna no es más que el “bicho” en cuestión muerto, atenuado o fragmentado o sólo las proteínas o los glúcidos de su cubierta, de manera que se lo presentamos a nuestros glóbulos blancos para que aprendan que “esto malo, esto caca”.

Cada vacuna tiene sus propias peculiaridades, requiriendo en ocasiones una única dosis con el fin de que los glóbulos blancos memoricen bien el aspecto del enemigo a destruir, varias dosis para realizar bien esa memorización o se precisan dosis de recuerdo cada cierto tiempo. Eso depende de la inmunogenicidad de la vacuna, es decir, la capacidad que tenga para provocar una reacción por parte de nuestro Sistema Inmune y producir glóbulos blancos más específicos, especializados en ese antígeno en concreto.

¿Qué ventaja tiene esa ayuda proporcionada en forma de vacuna? No tiene una única, sino varias:

  • Disminuye la tasa de mortalidad y de secuelas por infecciones
  • Disminuye la probabilidad de caer enfermo por esas infecciones
  • Es un sistema menos traumático para nuestro organismo de producción de defensas naturales que el exponerse a la enfermedad

En contra de lo que cree mucha gente, no se crean anticuerpos artificiales, sino que se estimulan precisamente las defensas que nosotros poseemos, se les ayuda y potencia.

Después de todo esto…¿sigues pensando que no es conveniente vacunarse?

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