Reloj, no mates las moscas…

El tiempo vuela, igual que las moscas, así que era cuestión de tiempo que alguien aunara ambos conceptos y crease un reloj de moscas. Basicamente el artilugio consiste en una tira de papel adhesivo que va moviéndose despacito. Cuando el pobre díptero tiene la maña suerte de posarse en la trampa móvil, su destino está sellado. Al final del circuito su cuerpo caerá en una pila de combustible microbiana en la que las bacterias presentes digerirán su organismo transformándolo en energía química, la cual una vez transformada a energía eléctrica alimentará al reloj digital.

La inspiración viene de la naturaleza, y es que el “pegajoso” truco viene siendo usado por las droseras desde hace eones. Y como en reloj cerrado no entran moscas, os dejo con el vídeo para que veais que no estoy bromeando.

La pesadilla de cualquier insecto. Si algún día te ves en la terrible situación que le sucedió a Scott Carey, mantente lejos de esa cinta mortífera insensato. ¡Por si las moscas!

La idea loca se les ocurrio a los diseñadores James Auger y Jimmy Loizeau, afincados en Gran Bretaña, y me enteré leyendo Boing Boing.

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