Una paradoja de la fe

A día de hoy, parece que nadie exige que las religiones sean consistentes.

Todas las verdades y dogmas que promulgan, muchas veces se ven en oposición directa entre sí o, lo que puede ser mucho más grave, con lo que está escrito en sus propios textos sagrados.

Son muchos los ejemplos que he encontrado al respecto, y algunos de los relacionados con la iglesia cristiana católica, posiblemente por ser la mayoritaria, son muy populares, como la inconsistencia bíblica del ganado de Egipto.

Pero hoy quería dejar los más populares de lado para rescatar uno que me ha resultado especialmente interesante, ya que contrapone conceptos que son primordiales para cualquier creyente en la fe católica.

Supongamos un matrimonio católico. Desde pequeños ambos dos han seguido la ley de dios, siendo fieles a ella en cada paso acontecido a lo largo de sus vidas. Estas dos personas tienen un hijo.

Este hijo crece y, valga la mala suerte, la semilla de satanás crece en él. El chaval se convierte en un criminal ejemplar, siendo capaz de romper la ley de dios en todos y cada uno de sus puntos. Tan malo es que satanás decide hacerle un hueco en el infierno a su muerte, ya que las puertas de San Pedro están totalmente cerradas para una persona tan contraria a lo que el dios que gobierna el cielo promulga entre sus seguidores.

Mientras tanto, sus padres siguen comportandose ejemplarmente, y en el momento de su muerte, San Pedro decirle abrirles de par en par las puertas del cielo, e incluso se hacen un hueco en la sala VIP del cielo, ya que en los tiempos que corren, pocos consiguen tan buena nota a lo largo de sus vidas.

El problema viene cuando ese matrimonio piensa en su hijo. Son conscientes de que su hijo en vida no hizo todo el bien que debería, y por ello arderá en las llamas del infierno eternamente. Pero Dios les garantiza que por haber sido unos cristianos ejemplares en el cielo encontrarán la paz eterna.

¿Cómo es posible que este matrimonio tenga la paz eterna, y puedan estar tranquilamente en el cielo siendo conscientes de que el único hijo de su propia sangre está ardiendo en el infierno por sus propios actos?

Por supuesto, existiría la posibilidad de que este matrimonio perdiera la noción de existencia de su hijo a su llegada al cielo, pero aquí el propio dios rompería uno de sus 10 mandamientos (el séptimo: “No mentirás”).

Otra posible solución sería que el dios misericordioso perdonara al hijo para así no romper la merecida paz eterna de sus padres… pero si así fuera, entonces no tendríamos que preocuparnos de lo que hacemos en vida mientras tengamos a alguien que lo pueda hacer por nosotros.

¿Cuál es la solución de esta paradoja? Está claro que los caminos de dios son inescrutables…

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