El mito de las renovables

Energías renovables.
Energías renovables. | Fuente imagen: renovablesverdes.com.

Dawn Stover escribió hace unos días un artículo en The Bulletin of the Atomic Scientists sumamente realista (algunos dirán también que desmoralizante) sobre los mitos que acucian a las así llamadas energías renovables; se trata de un extenso texto de muy recomendable lectura que os paso a resumir brevemente.

El autor sostiene que desgraciadamente muchos idealizan esta forma de generación energética poniendo el énfasis en que “la energía así generada se obtiene de cosas que no se agotarán” (este es literalmente el modo en que el Ministerio de Energía estadounidense la define en una web destinada a informar a los niños), en contraposición a las llamadas no renovables “que se obtienen de cosas que si se acabarán como el petróleo, carbón, gas natural o uranio”.

Esta simplista idea puede ser aceptable en la enseñanza primaria, pero un adulto que se plantee las ventajas de unas formas de generación frente a otras debe estar más formado para poder evaluar de forma crítica las verdaderas opciones de unas y otras.

Lógicamente a todos nos ecantaría que el ITER se mostrase viable en los próximos lustros, y acabar para siempre con una crisis energética que no ha hecho más que empezar (como vemos en el aumento global de demanda energética que se experimenta cada año) pero lo cierto es que las formas de generación de energía renovable con las que ahora contamos: solar (fotovoltaica o térmica), eólica, maremotriz, geotérmica, biomasa o hidroeléctrica son cualquier cosa menos renovables.

Tal y como Stover se encarga de recalcarnos, la luz solar puede ser efectivamente renovable pero ni el silicio barato con el que fabricamos los paneles fotovoltaicos ni el agua necesaria para las turbinas en las térmicas (normalmente ubicadas en lugares muy secos) son inagotables. Lo mismo sucede con las geotérmicas (que dependen de la presencia de acuíferos para sus turbinas) o con el cemento y acero necesarios para fabricación de cada aerogenerador, por no hablar ya de las tierras raras imprescindibles en los componentes electrónicos, que son como su misma definición dice “raras” (en el sentido de escasas).

Y ya hemos visto que cuando se apuesta por la biomasa el precio de los alimentos de primera necesidad parece subir de forma inaceptable. Los problemas asociados con las hidroelécticas son similares a los de las eólicas, la cantidad de acero y cemento necesario es impresionante, sobre todo teniendo en cuenta que se las diseña para que duren aproximadamente 50 años, y los efectos medioambientales en los cauces fluviales que interrumpen son bien conocidos.

La intención del autor del artículo no es por supuesto la de erigirse en lo que yo denomino, perfecto agonías tecnológico, sino la de hacernos entender que, en ocasiones, las tésis defendidas por los ecologistas son demasiado simplistas y que no contamos aún con tecnologías que nos permitan generar energía de forma completamente limpia y reciclable.

Es una lástima, pero me temo que encontrar una solución al doble problema ecológico-energético no es tan sencillo como clausurar las nucleares, abolir las centrales térmicas que queman carbón o gas natural y volcarnos por completo en las alternativas con las que contamos ahora mismo. De ser así, todo el mundo debería afiliarse a Greenpeace.

Podéis leer el artículo completo en: The myth of renewable energy (vía Slashdot).

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