La inminente extinción de los orangutanes y nuestro estrecho círculo moral

Esta pequeña imagen animada representa la distribución de los orangutanes de Borneo en los últimos años, ¿qué os parece?

En muchas ocasiones me he visto debatiendo acerca de la necesidad de conservar las especies, cuidar el planeta y todo lo demás… Son muchos los que se plantean el porqué de esta necesidad ¿Realmente “debemos” salvar el planeta?

Salvar el planeta, como decía el humorista George Carlin, ¿no es demasiado para nosotros? ¿Estamos aspirando a más de lo que podemos conseguir? Y, sobre todo, ¿por qué salvar las especies? Después de todo, tarde o temprano se extinguirán, tal y como lo hará también la nuestra.

La respuesta a estas preguntas, el “porqué SÍ”, sí debemos esforzarnos por proteger a las especies en peligro, no es fácil, y no lo es porque raramente va a convencer a aquellos que formulan las preguntas. Y es una motivación  tan sencilla de describir como difícil de aprehender, y no es sino la cultura.

Hagamos un ejercicio de imaginación.

Si alguien está a punto de morir y nosotros podemos hacer algo para salvarlo, el que lo hagamos o no dependerá de nuestro “circulo moral”, es decir, de la “intensidad” de nuestra empatía  hacia ese individuo. Son muchos los factores que afectan a nuestro circulo moral.

Como ya nos mostraba Desmond Morris en “El mono desnudo”, una persona postrada sobre el suelo de una gran ciudad tiene muchas menos probabilidades  de ser asistida por los transeúntes que otra en situación similar en  un pequeño pueblo. Del mismo modo, es mucho más fácil conseguir aportaciones económicas cuando las ONG´s dan “nombres y apellidos” de las personas que requieren ayuda, cuando nos muestran sus caras, su sufrimiento y el lugar donde viven. Por regla general tememos lo que no conocemos, y solo somos capaces de proteger aquello que conocemos.

Cultivos de palma y deforestación en Borneo. Es fácil distinguir las hojas de palma de la vegetación de la selva, las zonas en terraza son los inicios del cultivo.

Probablemente todos conozcáis estas palabras de Baba Dioum, que suscribo de principio a fin:

En definitiva, sólo conservaremos lo que amamos, sólo amaremos lo que conocemos, y sólo conoceremos lo que nos enseñen.

La pregunta es: ¿Qué son los orangutanes para la mayoría de la gente? Pues, son monos pelirrojos que viven en los árboles, se pasan el día rascándose, y si se acaba con su hábitat ¡no importa!, pues ya quedará alguno que otro en algún zoológico. La realidad es bien distinta,  los orangutanes son parientes cercanos nuestros, animales culturales, inteligentísimos, una maravilla irrepetible difícil de abordar en una sola página. Es necesaria la divulgación científica para que los responsables de la extinción de los orangutanes, que somos todos nosotros, sepan apreciar lo que tienen y lo que pueden perder irremisiblemente.

Son miles los orangutanes que mueren cada año en los incendios provocados de Borneo, pero la mayoría son expulsados al talar la selva, y asesinados cuando se les ve cerca de las plantaciones de palma. La extinción es inminente, según estimaciones para el 2020 no quedará ni uno solo en libertad, pero, al ritmo al que vamos, bien podría ocurrir mucho antes.

Vivimos en una sociedad donde la divulgación científica que más llega a la gente es la de los titulares exagerados, aquella en la que se tergiversa la información para hacerla atractiva, aunque carezca de un análisis profundo. Las revistas de divulgación popular si no tienen a alguien en pelotas en portada ya no venden, es la fiera competencia por quién vende más, aunque poco a poco esto se convierta en un “pan para hoy y hambre para mañana”

Todo se caricaturiza en los medios quedando reducido al absurdo, y muchas personas con curiosidad sana ven saciadas sus ansias de aprender con patrañas inventadas por tipos sin escrúpulos: La partícula de Dios, la vida en Marte y Curiosity, el eslabón perdido, las terapias alternativas, y tantas otras. Ahora parece que no contaminamos el planeta, solo lo calentamos, parece que la física esta empeñada en demostrar las sagradas escrituras de no sé qué religión mitológica, y cada vez que se explica un descubrimiento hay que relacionarlo, aunque sea de forma rocambolesca, con alguna aplicación a corto plazo en nuestro propio y único beneficio.

El círculo moral para la mayoría de las personas es muy pequeño, y lo es porque sus mundos son igualmente pequeños. De todos modos hay esperanza, cada vez más gente tiene acceso a la información y conoce que la cultura es un camino lleno de satisfacciones, aunque es un proceso costoso y lento.

Si los orangutanes se extinguen y el mundo se va a la mierda con ellos, insisto, es culpa de todos nosotros, hagamos un pequeño esfuerzo por conocerlos, saber por qué su hábitat esta siendo arrasado por las llamas, y como todos lo estamos permitiendo. El dinero que mueve el aceite de palma, cuáles son las compañías que lo utilizan (Nestle, por ejemplo), cuáles son los lugares deforestados… Podéis empezar ahora mismo, tenemos accesos magníficos a la información; Wikipedia o Google Maps, son dos magníficos ejemplos. Cuando empecemos a averiguar verdades convirtámoslo en costumbre.

¿Vamos a permitir que los orangutanes se extingan?

Hoy somos nosotros los que sufrimos por los orangutanes, cuando sea nuestra especie la que peligre será muy tarde para mirar hacia atrás; lo que no evitamos, lo que no denunciamos, lo que no hicimos…



Por Biotay
Publicado el ⌚ 27 noviembre, 2012
Categoría(s): ✓ Ecología