Neurofeedback contra el TDAH

Por Arturo Quirantes, el 3 octubre, 2014. Categoría(s): Escepticismo
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Focusyn

Me avisan de que estamos en la semana de sensibilización sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), un desorden de la conducta cuyo nombre habla por sí sólo. Se trata de un problema que afecta especialmente a niños y que está caracterizado genéricamente por un alto grado de actividad, dificultad para controlar la propia conducta, incapacidad para prestar atención y concentrarse.

Seguro que usted cree reconocer los síntomas en algún chaval que conozca. En realidad, estar inquieto y pasar de prestar atención al profe es algo habitual en cualquier niño que vaya a clase, pero el TDAH va mucho más allá. Sus síntomas son mucho más fuertes, y precisa de un tratamiento. No es el típico niño del que decimos “no se está quieto, no se calla ni debajo del agua” y semanas como la presente sirven para recordarnos que se trata de un trastorno que hay que tomar en serio.

En esto que llega a mi correo un mensaje de alguien sobre una máquina que promete ser la solución contra el TDAH. Por supuesto, los padres de niños en esa situación están inquietos y confusos. ¿Sirve realmente o es el enésimo timo con supuesta base científica? Todavía fresca en mi mente mi aventura con el RBF-01 para el tratamiento de la fibromialgia, le eché un vistazo al invento. Ello me llevó de un descubrimiento a otro. Al final creo haber aprendido algo y estoy en condiciones de dar mi opinión.

Comencemos

 

EL TDAH

Antes de nada, una advertencia: voy a ser sucinto. El TDAH es algo sobre lo que hay mucho que hablar. Solamente por dar una pincelada: no es solamente de un trastorno de la infancia. Se trata de algo común a pequeños y grandes, pero en los últimos años se ha hecho muy conocido de la mano de los locos bajitos. Voy aquí a hablar solamente del TDAH asociado a la infancia.

Hay varios problemas asociados al mundo del TDAH. El primero es ¿cómo sabemos que un niño lo tiene? Un buen indicio es, por supuesto, que sea hiperactivo, no se concentre y pase de aprender en clase. Eso define al 90% de los escolares, así que aunque sea un primer aviso no es algo definitorio. La gravedad de los síntomas puede hacer sospechar al principio. Se usan entrevistas con el niño y con sus padres, evaluaciones por parte de los psicólogos, tests estandarizados, ese tipo de cosas.

Todas esas pruebas son falibles y susceptibles de dar un falso diagnóstico en ocasiones. En particular, hay muchos niños de altas capacidades (antes llamados superdotados) que son erróneamente diagnosticados como TDAH. El motivo es que un AC sabe ya todo lo que van a enseñarle en clase, o bien se coge el libro y se lo aprende en unos días. ¿Qué hará el resto del año en clase? Pues aburrirse como una ostra. Pasa de atender, se distrae cada vez que pasa una mosca, corrige las explicaciones del profesor, y en ocasiones llegan a fallar deliberadamente un examen por pura rebeldía. Los síntomas son de TDAH, pero el chaval lo que está es harto de compartir una clase con bebés. En ocasiones se cree que el TDAH y las AC van relacionadas, cuando puede ser algo tan sencillo como un diagnóstico erróneo.

Luego tenemos el problema de los padres mal entrenados. Vivimos en una sociedad que nos presiona ofreciendo soluciones a problemas inexistentes. Les damos a nuestros hijos yogures con bacterias de nombre raro porque “así se activan sus defensas.” Los atiborramos con complementos vitamínicos, zumos orgánicos y actimeles con asterisco que ponen de los nervios a mi amigo Sciencia. Todo ello de la mano de unos padres que consideran la vida como una jungla a la que hay que sobrevivir como sea, y para los que cualquier ayuda es bienvenida. Si esos padres tienen un niño inquieto que no atiende en clase, y el cuñado de guardia les habla del TDAH, ya están tardando en coger al enano por el cuello y enviarlo al psicólogo. Y si hay que darle pastillas para que rinda en el colegio, a la farmacia de cabeza.

Estos padres aprensivos fomentan una cultura del miedo en la que un padre que no proporcione a su hijo una ayuda en forma de comprimidos no es un buen padre. Los aficionados a Los Simpson recordarán un episodio en el que a Bart le dan un tratamiento con un fármaco llamado Focusyn para sus problemas de atención e hiperactividad. Al principio Marge no quiere darle pastillas a su hijo, a lo que los de la farmacéutica replican “eso dicen todos los padres, luego ven el resultado.” Al final de una serie de acontecimientos en los que Bart roba un tanque y derriba un satélite, Marge decide retirarle el Focusyn. A partir de ahora, solamente le dará amor, achuchones “y el Ritalín de toda la vida.” De hecho, el Ritalín existe de verdad: es la principal medicación para el TDAH en la actualidad.

Por el temor a convertir a su hijo en un zombi, por la fobia que levanta todo lo que suene a química, por los posibles efectos secundarios y/o por no fiarse de las modas norteamericanas de empastillar a niños y mayores, cada vez más padres y médicos están buscando una alternativa al tratamiento con Ritalín (bueno, con metilfenidato, que es el nombre del principio activo). He aquí donde entra nuestro invitado de nombre raro.

 

NEUROFEEDBACK

En años recientes, los tratamiento psicológicos y psicoteraupéuticos para el TDAH están siendo complementados por una técnica llamada neurofeedback, que a veces apoya al tratamiento convencional con metilfenidato y a veces llega a sustituirlo. En contra de mi costumbre de castellanizar los términos extranjeros, en esta ocasión voy a usar el palabro en inglés en lugar de neurorretroalimentación. El motivo es que el término original se está popularizando y puede que usted lo conozca con su nombre anglosajón; y además el castellano tiene más letras, aunque esto último podemos remediarlo usando una abreviatura.

Bien, el neurofeedback (NFB para los amigos) es una técnica de retroalimentación. Consiste en medir la actividad cerebral y mostrarla al paciente de forma visual o sonora (por ejemplo, en forma de videojuegos sencillos, patrones de luz o pitidos). Al hacerlo, los patrones de ondas cerebrales del sujeto cambian. Según sus partidarios, el NFB permite entrenar la capacidad de autorregulación sobre los patrones de actividad cerebral. Las aplicaciones potenciales incluyen el tratamiento no sólo del TDAH sino también de la epilepsia, el autismo, el síndrome de Tourette, trastornos del estado de ánimo, fibromialgia, depresión, ansiedad, estrés postraumático. Incluso se afirma que pueden ser útiles en sujetos sanos para aumentar la concentración, la creatividad y el rendimiento intelectual.

Hasta hace poco el NFB no era considerada como una terapia capaz de sustituir al Ritalín en los casos de TDAH, particularmente por su elevado precio, pero en la actualidad se venden aparatos de electroencefalografía cuantitativa (QEEG) que, en combinación con software de sencilla adquisición, permite tener un aparato de NFB en casa a un precio razonable.

Por supuesto, una técnica que afirma curar o aliviar muchas dolencias, casi como el bálsamo de Fierabrás, exige a gritos que cualquier aplicación práctica sea precedida de una cuidadosa experimentación para evaluar su validez. Es una de esas cosas que suenan bien, pero que hay que investigar bien. En mi anterior Informe Pelícano, mostré cómo las investigaciones sobre la neurona del caracol común de jardín se convertían, como por arte de magia, en una herramienta cuasimágica para curar el estrés o la fibromialgia. ¿Sucede así en el caso de la NFB?

Me dediqué a averiguar la verdad de la forma habitual, es decir, revisando la literatura científica y extrayendo conclusiones. Encontré, por ejemplo, una revisión de la literatura llevada a cabo en el año 2013. Las autoras examinaron un total de 56 artículos publicados entre 1995 y 2013 sobre el uso del NFB en diversas dolencias y trastornos. Según el análisis, el NFB parece mostrar resultados positivos en el tratamiento de depresión, ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo, ira y fibromialgia. No obstante, advierten de graves fallos en los estudios analizados que distorsionan los resultados: estudios descriptivos de caso de control, uso de tratamientos paralelos, efecto placebo, sesgo de género, medición dudosa de los síntomas. Las autoras concluyen que “es posible afirmar que ninguno de los artículos revisados muestra resultados concluyentes sobre la efectividad del NFB” y que, en consecuencia, son precisas más investigaciones sobre el tema.

En 1999, la editorial Elsevier publicó un monográfico sobre la electroencefalografía cuantitativa (QEEG) y el NFB; una segunda edición revisada se publicó en 2009. Esto animó mucho a los partidarios del NFB, ya que Elsevier es una de las mayores editoriales científicas del mundo, pero eso no es garantía automática de calidad (en 2008 esa misma editorial publicó la Revista Médica de Homeopatía), así que tomaré ese monográfico con precaución. Su capítulo 14 evalúa el uso del NFB no solamente como herramienta diagnóstica para el TDAH, sino también como tratamiento.

Los autores (Linda y Michael Thomson) citan un estudio anterior de 2006 de Barkely, en el que se analizan más de 1.000 artículos publicados sobre el TDAH. A los Thomson les extrañó que ni uno solo de esos artículos tratara del NFB (a mí también me extraña), y lo achacan a que el trabajo de Barkley está subvencionado por las compañías farmacéuticas, y que por tanto “toman el estudio controlado con doble ciego y placebo como su estándar de oro.” A mí me resultó desagradable leer eso. No solamente sugieren que Barkley está untado por las malvadas multinacionales, sino que atacan el método científico. Por el contrario, yo creo que los estudios controlados doble ciego y con control de placebo son los que ofrecen la mayor calidad, y que atacar esa metodología no trae nada bueno.

No me extenderé en el tema, y me limitaré a decir que los Thomson me dejaron con un mal sabor de boca. Los estudios que citan son todos favorables al NFB (¿no hay ni uno sólo con resultado negativo?), y la forma de eludir las cuestiones sobre la calidad de los estudios impiden juzgar la calidad de éstos. Las alusiones a recomendaciones en contra del uso del NFB por parte de otros organismos o autores son descartados con el argumento de que la investigación no controlada (es decir, sin grupos de control ni doble ciego) también funciona.

No les sorprenderá saber que los Thomson trabajan en una institución llamada ADD Center and Biofeedback Institute, con lo que su visión sobre el tema es partidista. No es nada malo en sí, pero si viven del NFB y su aplicación al TDAH, eso es algo que hay que tener en cuenta. Con todo, ellos mismos reconocen que el NFB no debe ser una competencia al tratamiento químico convencional sino un complemento, y que el TDAH requiere de una aproximación multimodal e individualizada. Lo siento, pero todo esto me suena peligrosamente cercano al tipo de argumentos que utilizan los homeópatas.

Con relación a la eficacia de las diversas terapias en el tratamiento del TDAH, un artículo de Sonia Fernández, de la Universidad de Barcelona, en la revista Anuario de Psicología (v42, pp 19-33, año 2012), indica que el número de estudios clínicos sobre “intervenciones alternativas” ha ido en aumento en los últimos años, “quizá por el descontento de algunos autores con las terapias convencionales que no se han mostrado completamente efectivas;” y aunque aboga por continuar las investigaciones en esos campos, es tajante al afirmar que la combinación de medicación y técnicas de manejo conductual es el único tratamiento empíricamente validado para el TDAH en la actualidad.

Creo que las conclusiones de Sonia Fernández se hallan muy cerca de la verdad. Cuando la ciencia oficial no nos proporciona los resultados deseados, tenemos tendencia a buscarlos en otro lado. Hay quien reza, quien deposita su fe (y su dinero) en un curandero, y hay quienes ven en técnicas como el NFB una forma alternativa pero con base científica. Dicha base, hasta donde he visto, no existe aún, y es posible que nunca exista.

Pero, mientras tanto, se vende.

 

LA SOLUCIÓN POLACA

Llegamos en este punto al correo que mencioné al comienzo de este artículo y que me puso en marcha. El aparato que menciona para el tratamiento del TDAH mediante NFB lo comercializa una empresa radicada en Polonia llamada Neurobit Systems. Según la información que facilitan, fue creada por un ingeniero y antiguo profesor del Instituto Politécnico de Gdansk llamado Marcin Kocikowski. No puedo verificar esos datos, pero no tengo motivo para dudar de ellos; y antes de que alguien comience con chistes sobre polacos, recuerden que fueron ellos los que descifraron los códigos Enigma.

Neurobit Systems vende dos productos llamados Neurobit Lite y Neurobit Optima. Esencialmente son máquinas para realiza electroencefalogramas, ni más ni menos. Podrían ser perfectamente usados por los médicos en cualquier hospital. Eso sí, de ese modo venderían poco, así que están modificados para que también sirvan como dispositivos para neurofeedback.

Eso en sí no es malo, y si venden más de ese modo no veo inconveniente. Lo que no me gusta nada es el énfasis que ponen en mostrar la validez de sus productos más allá de lo razonable. Sobre el neurofeedback afirman sin pudor que

enseña una mejor concentración, enfoque y creatividad, aumenta la tolerancia al estrés y ayuda en el desarrollo de muchas otras funciones psíquicas. Las competencias adquiridas de tal manera pueden ser aplicadas en varios campos de la vida real: negocios, deportes, estudios y artes; tanto en la vida privada como ante desafíos, amenazas y creciente nivel de estrés relacionados con el desempeño de las actividades profesionales

Vean cómo nos venden la moto de que el NFB nos ayuda a sobrellevar la estresante vida diaria, a superar desafíos y a estar al cien por cien en el trabajo:

Desde hace mucho tiempo, se puede observar la creciente importancia del papel del trabajo intelectual, unida a un constante aumento de su complejidad, un fenómeno que parece intensificarse en los últimos años. Todo ello hace que un mejor aprovechamiento de las habilidades mentales, además de su impacto en la calidad de la vida privada, se vuelve una necesidad económica cada vez más urgente. Al mismo tiempo, de cara a nuevos desafíos, los mecanismos creados por la evolución natural para enfrentar el estrés, se vuelven siempre menos eficaces. El hecho de que el estrés sea la principal causa u origen de la mayoría de las enfermedades, es generalmente conocido, sin embargo sigue subestimado

Según ellos, el NFB es un must para todo tipo de personas que “utilizan su mente de forma muy intensiva” o se encuentran sometidos a altos niveles de estrés: ejecutivos, policías, deportistas, bomberos, artistas, funcionarios. Un testimonio en vídeo nos presenta a un broker que maneja 140 millones de dólares en activos de sus clientes. Por supuesto, debe estar en forma física y mental, y el NFB le viene genial.

La lista de las situaciones en las que el NFB puede ayudarnos es apabullante, desde entrevistas de trabajo hasta exámenes o presentaciones en público, pasando por toma de decisiones, sobrecarga de trabajo, situaciones críticas o actuaciones bajo estrés. El mundo se nos viene encima sin nuestro aparato de NFB. Además de sacarnos del apuro en los momentos importantes se supone que ayuda a concentrarnos, aumenta nuestra creatividad, mejora el rendimiento, el autocontrol, la inteligencia emocional; y no me lo estoy inventando, lo dicen ellos.

Es decir, han convertido sus electroencefalógrafos cuantitativos en una especie de Ritalín para todos, un complejo multivitamínico electrónico que le vale a todo tipo de personas porque ¿quién en este ajetreado mundo no está estresado o falto de una ayuda para rendir a tope? Se convierte así en una solución en busca de un problema, y pobre de ti si no tienes ese problema porque eso significa que eres un pringao que nunca será nada en la vida.

 

CONCLUSIÓN

El neurofeedback es una técnica que puede o no ser válida como terapia en ciertas dolencias. Por el momento no tiene base teórica y los resultados clínicos no son concluyentes, de modo que no podemos decir que su eficacia está comprobada. En particular, antes de aplicarla como terapia sustitutiva del tratamiento convencional en temas como el TDAH hace falta segar mucha era. Esos estudios doble ciego aleatorizados, con grupo de control y todo eso, serán un engorro para esos médicos que pretenden extraer conclusiones generales a partir de un solo caso, pero esa es la forma en que se hace ciencia de calidad: con cuidado y vigilando bien todas las posibles fuentes de error.

En mi opinión, después de ver lo que he visto y de leer lo que he leído, yo sería como mínimo muy cauto al respecto. Puede que empresas como Neurobit Systems sean legítimas y correctas en sus planteamientos, no negaré eso aquí; pero sí les digo que me preocupa leer toda esa verborrea de ventas. No me gusta cómo se apoyan en resultados científicos cuando menos dudosos para vender un producto milagro que apela a nuestros miedos esenciales. Nuestro hijo no atiende en clase, enchufémosle la máquina. No puedo rendir en el trabajo y me van a despedir, enchúfame la máquina. Mi media naranja está estresada, enchúfate la máquina.

Así no se resuelven los problemas. Y me temo, amigos con TDAH en la familia, que tampoco se resolverá el vuestro. Confiad en el médico, recordad que una parte vital en el tratamiento sois vosotros mismos. Muchos achuchones y mucho amor. Y si el médico os lo prescribe, el Ritalín de toda la vida.



 

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