Tenemos maría hasta en la RAE

Hace unos días, mi sangre se convirtió en lava al leer un titular que decía: “La marihuana salva vidas”. Continué leyendo y constaté que… sí, algunas de las cosas que se decían en él eran ciertas. No obstante, el titular era absolutamente confuso, ¿no se podía haber utilizado otra manera de presentar la noticia? No es que yo sea un quisquilloso (que lo soy) sino que existen expresiones que, sin querer (o queriendo), pueden dan lugar a malas interpretaciones. Veamos un ejemplo de hace unos días:

  • Ana Mato dijo: “Probablemente no hemos hecho todo bien”.
  • Ana Mato podría haber dicho (pero no lo hizo): “Seguro que hemos hecho cosas mal”.

En ambos casos la información es cierta pero, ¿qué connotaciones tiene el primer titular? Pues eso.

Cuando salí del curro para tomarme el café con mis compañeras, saqué el tema para ver cómo opinaban y… ¡voilà! No lo veían como yo. Claro, yo estoy absolutamente condicionado, lo sé, nunca conseguiré ser objetivo ante cuestiones que hacen referencia a las drogas. Sin embargo, mientras trataba de ejercitar mi mirada critica en ambos sentidos, pensé: vamos a ver qué quieren decir mis contertulias, y voy a intentar verlo poniendo mi opinión en cuarentena.

An Initiative To Legalize Marijuana In California To Appear On Nov. Ballot

Una de mis compañeras es de una astucia insultante, así que opté por acomodar en un hueco de mi obtusa cabeza a algunos de sus argumentos para que reverberaran durante un rato. Después, me dediqué a leer un poco sobre el tema y, finalmente, me puse a escribir.

Es un hecho que la marihuana (Cannabis sativa) está muy de moda (hasta los de la RAE le han dado un espacio en su mesa) y también lo es que contiene algunos compuestos químicos que pueden ser útiles para tratar determinadas enfermedades o síntomas (mi amigo Oscar Huertas lo explica de lujo aquí). Sólo por eso, creo que es importante que aquellos que somos tan contrarios a ella, reconsideremos nuestras posiciones. Pero, ¿¿¿es suficiente argumento para hacerle la ola???

No debemos confundir las cosas: el término “marihuana terapéutica” se utiliza generalmente para referirse a la planta sin procesar, y respecto a ella, debemos saber que no está reconocida a nivel terapéutico por La Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA); otra cosa es cuando nos referimos a algunos de sus principios activos, los llamados cannabinoides, que -tras muchas investigaciones- sí han pasado por el temido filtro de la FDA y sí se están comercializando en forma de medicamentos: el Marinol® cuyo principio activo es el dronabinol, una versión sintética del delta-9-tetrahidrocannabinol (delta-9-THC), y el Cesamet®, ambos indicados para el tratamiento de la anorexia asociada a la pérdida de peso en pacientes con VIH, así como para las náuseas y vómitos que acompañan a los efectos de la quimioterapia en algunos pacientes con cáncer. 

También contamos, por otro lado, con el Sativex® cuyos principios activos son el cannabidiol y el mismo dronabinol, aprobado actualmente en Reino Unido y en algunos países de Europa como tratamiento  para los  síntomas en pacientes adultos con espasticidad (tensión inusual o aumento del tono muscular) moderada o grave debida a la esclerosis múltiple (EM). El Sativex se encuentra, además, en fase III de ensayos clínicos en EEUU para tratar el dolor en pacientes con cáncer. Finalmente, nos encontramos con el Epidiolex™ indicado para algunas formas de epilepsia infantil pero que todavía no ha completado los ensayos clínicos para establecer su eficacia y seguridad.

¿Que de dónde han sacado la marihuana para poder investigar hasta conseguir la comercialización de estos fármacos? Atención al video:

Pero no nos desviemos del tema… ¿puede, la comercialización y promoción de estos nuevos medicamentos, provocar una percepción errónea de seguridad? ¿Qué responsabilidad tienen los medios de comunicación a la hora de redactar sus titulares?

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Es un hecho que, al mismo tiempo que aumenta la aceptación del uso terapéutico de la marihuana (e incluso de su legalización), disminuye en las personas más jóvenes la percepción de riesgo, al tiempo que aumenta su uso.

Percepción del riesgo asociado a la marihuana durante los últimos años.
Percepción del riesgo asociado a la marihuana durante los últimos años.

Entonces… si tan segura es la marihuana, ¿por qué la FDA no aprueba su uso a nivel terapéutico?

Pues me temo -en contra de todo lo que están pensando los conspiranoicos sobre la industria farmacéutica- que hasta ahora no ha habido suficientes ensayos clínicos a gran escala que demuestren que los beneficios de la planta de marihuana (y no sus derivados cannabinoides específicos) sean mayores que los riesgos asociados a su consumo. ¿Y qué riesgos son esos? -te estarás preguntando-. Pues bien, mencionaré sólo algunos (si queréis más, acudid a las referencias):

  • Deterioro de la memoria a corto plazo.
  • Juicio y toma de decisiones alterada.
  • Efectos en el estado de ánimo: ansiedad grave, paranoia y psicosis, especialmente después de altas dosis.
  • Reducción de la capacidad de coordinación motora y aumento del tiempo de reacción.
  • Riesgos de problemas o enfermedades respiratorias.
  • Deterioro de la capacidad cognitiva (fantástico artículo de Materia aquí).
  • Problemas neurológicos en el bebé si se fuma estando embarazada.
  • Adicción: el 10% de las personas que prueban la marihuana se vuelven adictas a ella (otro artículo aquí). Es decir, 1 de cada 10 (piensa en tu pandilla de colegas) sufrirá la mayoría de las consecuencias que acabo de mencionar, probablemente de forma irreversible.

Dicho esto -y para terminar- creo que cualquier medicamento sólo se debe consumir si responde a una necesidad. Es decir, ¿estás enfermo? pues consúmelo (bajo prescripción médica, por supuesto) ¿Estás sano? no lo consumas (a no ser que quieras terminar siendo un “farmayonki”). Desde mi punto de vista (¿qué sería de este artículo si no lo diera…?), el problema no es la marihuana en sí o sus derivados, sino -como todo- el uso que se hace de ella/os. No voy a entrar en la cuestión del uso recreativo puesto que, sinceramente, creo que no hace ninguna falta fumarse un porro para entregarse al ocio; no obstante, si me centro en el aspecto terapéutico del THC, diré que siempre aplaudiré que se prescriba en aquellos casos en los que sea absolutamente necesario; y que aplaudiré todavía más fuerte, si se informa al paciente de las contraindicaciones que van indisolublemente unidas a dicho medicamento. 

Por si no las conocéis, os incluyo un tentempié:

  • Historial de alcoholismo o adicción a las drogas (para esto se necesitará en la Sanidad Pública especialistas capaces de hacer un buen diagnóstico… ).
  • Epilepsia u otro trastorno que se manifieste con convulsiones.
  • Presión arterial alta o baja.
  • Enfermedad del corazón, hígado o riñón.
  • Trastorno mental en el pasado o presente (depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar, psicosis, etc).

Referencias:

  1. National Institute of Drug Abuse (October 17, 2014). Marijuana Retrieved
  2. National Institute of Drug Abuse (Revised March 2014). Research on the Therapeutic Benefits of Cannabis and Cannabinoids
  3. Independently Funded Studies Receiving Research Grade Marijuana (1999 to present)

Graduado en Biología por la Universidad de Navarra, máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental, colabora en varios medios de comunicación con artículos de opinión y ciencia y lleva la dirección de Next Door Publishers, editorial dedicada a la divulgación de la ciencia. Además, dirige la Fundación María Aranzadi, una entidad que trabaja para dar apoyo a familiares y pacientes adictos y para la difusión de información sobre el trastorno de adicción, con el objetivo de eliminar el estigma asociado a ella.



Por Oihan Iturbide
Publicado el ⌚ 22 octubre, 2014
Categoría(s): ✓ Divulgación • Química