¿Cuál es el hecho más fascinante del Universo?
Mi respuesta es un poco circular: Me fascina que una parte de nuestro Universo pueda preguntar por el Universo ¡Y obtener respuestas adecuadas!
Aunque se haya repetido hasta la saciedad no está de más recordar que somos producto y parte de este universo. Un producto sujeto a las mismas leyes de la física y química que gobiernan los cuerpos celestes. Hijos de una segunda generación de estrellas capaz de crear una mayor riqueza de átomos, incluidos nuestros esenciales carbono, nitrógeno y oxígeno. Somos descendientes de máquinas capaces de auto-ensamblarse y replicarse usando este nuevo conjunto de átomos. Replicantes cuya naturaleza exacta aun desconocemos, pero que han evolucionado a organismos vivos de complejidad variada. Todo ello siguiendo las mismas leyes naturales que rigen el cosmos y sujetos a grandes vaivenes por culpa de incontables intromisiones por parte del resto del Universo: novas, meteoritos, volcanes, cambios climáticos y plagas. Y así, tras miles de millones de años, forjados por la historia de nuestro planeta, sin dirección alguna, llegamos nosotros para hacernos preguntas sobre nosotros mismos y nuestro Universo. Curiosamente, las mismas habilidades que ayudaron a sobrevivir a nuestros ancestros, son capaces de diseñar una serie reglas para comprender paso a paso como funciona el resto del Universo, incluyendo la gran revelación: que somos literalmente parte de él.
Parafraseando a Neil deGrasse Tyson: somos el Universo preguntándose a si mismo.
Soy investigador y profesor en la Universidad de Heidelberg (Alemania) donde estudio rutas de señalización celular involucradas en el desarrollo embrionario y en varios tipos de tumores.