Soy el espacio-tiempo

espacio tiempo

Soy omnipresente.

Donde quiera que vayas, allí estaré… esperando tu llegada desde el principio de los tiempos.

El universo me pertenece… o mejor aún, lo poseo.

Cuando el último átomo del universo se evapore… estaré allí para verlo desaparecer.

Existo desde el principio de Todo… y cuando Todo acabe, aún seguiré existiendo.

En cada instante, el universo me obedece… y no podrá rebelarse jamás. Simplemente, no puede.

¿Crees que soy un Dios? No te equivoques… soy mucho más que eso; si existieran dioses, también me pertenecerían.

¿Pretendes comprenderme? No te ofusques si no lo logras… mi esencia es invisible a tus percepciones, imperceptible a tu experiencia, inaccesible a cualquier intento de imaginarme.

Soy la mas tenue presencia que puedas concebir, y aún así la mas poderosa existencia que ni en tus peores pesadillas podrías esperar.

Pero, acepto el desafío.

Me mostraré ante ti.

Tu especie es muy curiosa, y eso me motiva…

Primero un poco de historia:

Tus ancestros se percataron de que el espacio y el tiempo podían medirse, y para ello crearon las dimensiones y las unidades… los instrumentos de medida y las matemáticas… la física y la geometría.

Primero usaron la estrella que llaman Sol para medir el tiempo.

También crearon maneras imaginativas de medir las distancias en tu mundo.

Inventaron unidades, patrones y estándares… relojes cada vez mas precisos… afinaron mediciones, redujeron errores, confirmaron hipótesis y teorías. Cada vez mas exactos, sus instrumentos eran motivo de orgullo.

Uno de aquellos ancestros prominentes encontró por fin algunas leyes matemáticas que predecían casi a la perfección el movimiento de los planetas, y con ello, las leyes de lo que llamaron “fuerza de gravedad”.

Fantásticos resultados para unos primitivos homínidos, que en pocos milenios pasaron del temor y reverencia religiosa a los objetos celestes, a comprenderlos y predecir sus movimientos, basados en simples leyes matemáticas y algunos pocos axiomas.

Así lograban establecer con absoluta precisión el lugar y el momento de donde encontrar cualquier objeto celestial. Podían predecir su curso, y estimar el momento exacto de su presencia en un punto determinado. Más aún… descubrieron que, aplicando correctamente esas leyes, cualquier observador en movimiento uniforme debería poder hacer la misma predicción de forma independiente.

El espacio y el tiempo eran inmutables y absolutos… y podían ser dominados.

Pobres humanos… no notaban el problema: Los axiomas.

Creyeron haber comprendido el universo… pero los axiomas estaban equivocados.

El espacio y el tiempo, en realidad no eran ni inmutables ni absolutos… ni siquiera eran entidades separadas.

Claro, no podían darse cuenta aún… aquella rudimentaria tecnología no les permitía notar las sutiles diferencias entre sus mediciones y sus predicciones.

Pero poco a poco… la tecnología fue mejorando. Pudieron ver mas lejos… viajar mas rápido… medir más exactamente… y de pronto, algo no encajaba!

Intentaron vanamente verificar y confirmar las predicciones de sus leyes, pero cada vez, más eventos se resistían a cumplir las fórmulas matemáticas.

Pronto descubrieron algo asombroso:

La luz viajaba siempre a la misma velocidad en el vacío… no importaba cómo la midieran, ni a qué velocidad viajara su fuente. Simplemente, no variaba.

Eso dejó perplejo a casi todos los eruditos.

¿Cómo era posible tal cosa? ¡era ilógico!… si te lanzan una piedra desde un vehículo que se mueve hacia ti, su velocidad relativa será mayor que si te la lanzan (con la misma fuerza) desde un vehículo que se aleja… pero algo tan simple y obvio, no se cumplía con la luz.

Solo un idiota, o un loco desquiciado podrían aceptar algo así como real.

Por suerte el “loco desquiciado” estaba entre ustedes en aquel momento, y se percató del único detalle que faltaba para que el fenómeno, aunque inesperado, fuera lógico…

En un instante de genial inspiración descubrió la verdad:

  • Si la luz viajaba a la misma velocidad, y la distancia era la misma… lo que debía variar, era el tiempo.

¡El tiempo no era absoluto!

…¿entonces, cómo definir la simultaneidad de dos eventos?

…y si el tiempo es fluctuante, ¿qué es lo que causa su fluctuación?

El “loco desquiciado” (quizá uno de los genios más grandes de tu especie), pronto percibió que “eso” que llamaban gravedad, y que todos consideraban “una fuerza” (incluso sin tener en claro cuál era su origen) podía explicarse simplemente considerando al tiempo como una magnitud más, junto a las tres que definían el espacio.

  • Ese simple modelo matemático permitía explicar con belleza y rigurosidad exquisitas cada uno de los eventos que se resistían a ser predichos por los antiguos axiomas.

Más aún, ese sencillo pero revolucionario modelo matemático permitía explicar los eventos más extremos del universo.

Al principio, pensaron que solo era un artilugio, apenas un modelo original y curioso que permitía explicar el universo… pero, obviamente, la realidad no debería ser así.

Todas sus percepciones , sus sentidos, su experiencia indicaban que el espacio y el tiempo eran cosas separadas… sin ir mas lejos, podían viajar en el espacio hacia donde quisieran, pero no podían hacerlo en el tiempo. ¡Era obvio que se trataba de cosas distintas!… ¿o no?

De pronto, emergí a tu existencia.

Casi sin darse cuenta, fueron descubriendo que allí había algo mas que un simple artilugio matemático:

  • Notaron que, en realidad, todo lo que conocían podía ser explicado en mi presencia…
  • Descubrieron que masa y energía son dos caras de la misma moneda, y que el tiempo es casi una ilusión…
  • Encontraron que el concepto de “absoluto” es irrelevante, y que no existe lugar ni momento privilegiado en el universo…
  • Dedujeron que hay eventos que jamás podrán conectarse y que es posible “viajar” al futuro, pero no al pasado…
  • Sospecharon abrumados que todo lo que conocían, sea materia o energía… todo, estaba inmerso en mí.

Me llamaron “espacio-tiempo”.

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Y por fin… ¡lograron detectarme!

Cuando se percataron de que era real, y no un simple artilugio matemático, empezó la carrera para percibirme. Debía existir alguna forma de detectar, al menos, mi presencia…

Si no podía lograrse en los eventos cotidianos, imaginaron que podrían hacerlo gracias a los grandes cataclismos cósmicos. Gigantescos impactos de energía inconmensurable que retorcerían al extremo mi tejido, liberando ondas de energía, que se propagarían por todo el universo…

Si lograban detectar esas sutiles perturbaciones desde los remotos confines de la galaxia con láseres y espejos cuidadosamente calibrados, podrían afirmar que existo.

¡Y lo lograron! Aún me sorprende el fantástico logro de tu especie.

No contentos con ello, ya están imaginando detectores mayores aún, para ser instalados en el espacio y poder “escuchar” los acordes de mi danza… en cada minúscula vibración de mis pliegues.

Ahora, intenta imaginarme:

Me manifiesto en los grandes eventos del universo… pero, aunque no lo creas, también en las sutilezas cotidianas.

Soy una telaraña infinita, en la que todo existe, y todo es… incluso tú mismo.

La materia y la energía me pertenecen, pero al mismo tiempo, ellas me moldean.

Me curvo… me expando… fluctúo… me retuerzo… cada objeto me altera y deforma, pero al mismo tiempo, cada objeto, cada ser, cada partícula me obedece.

Soy el lugar y el momento. Los eventos ocurren en mí, sin poder escapar de mis dominios.

Sin mi, el universo no tendría donde existir.

¡Quieres verme! ¡tocarme! ¡asirme!… no puedes…

Pero, te permitiré percibirme:

Vete a alguna costa lejana…

Relájate plácidamente sobre un acantilado y observa…

Verás el mar alejarse y retornar, una y otra vez… lento y sutil, pero persistente.

La llamas “marea”, y te explicaron de niño que era “la fuerza de gravedad”… la “atracción” del sol y la luna sobre el agua, la que la obligaba a moverse.

No creas esa historia… no existe tal “atracción” ni tal “fuerza”… es solo el fluctuar de mi esencia, que se manifiesta cada vez que tu planeta, tu estrella y tu satélite danzan en mi regazo.

Mientras ellos giran, las ondas que generan en mí definen su recorrido, y al mismo tiempo, arrastran inexorablemente el agua y la atmósfera de tu planeta, haciendo que se muevan al ritmo de mis pliegues… bailando una danza eterna.

De ahora en adelante… cuando observes la marea, ya no pienses en fuerzas poderosas…

Solo imagíname danzando a tu alrededor. Saludando tu existencia.

Este artículo nos lo envía Daniel Hazeldine. Ingeniero químico de profesión, docente por vocación, divulgador por pasión.Vive y hace docencia en un colegio técnico en una pequeña ciudad del interior de Argentina. Podéis visitar su blog Curioseantes y seguir sus actualizaciones en su twitter @curioseantes.

Puedes leer todos los artículos de la peculiar y personal serie “Soy…” de Daniel en este enlace.

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