Esa maldita partícula

“Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquellos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos, y tu sabrás que mi nombre es Higgs cuando caiga mi venganza sobre ti”

Ezequiel 25-17 (physics edition)

En la sala de control del CERN, desde donde se maneja el mayor experimento científico de la historia, Samuel L. Jackson avisa de que, si todavía utilizas la expresión “partícula de Dios” para referirte al bosón de Higgs, no eres bienvenido.

Dilo otra vez, atrévete a decirlo una vez más...
Dilo otra vez, atrévete a decirlo una vez más…

El sobrenombre divino de esta partícula procede de la acertada decisión editorial de transformar el título original del libro del premio Nobel Leon M. Lederman “The Goddamn Particle” (La partícula maldita) en “The God Particle” (La partícula de Dios). El título vino como anillo al dedo a los medios más sensacionalistas a la vez que enfureció y sigue enfureciendo a la gran mayoría de físicos.

Para ser honestos, llamarlo “el bosón de Higgs”, a secas, es ser injustos con toda la gente que ha contribuido al desarrollo del modelo teórico que culminó con su descubrimiento en el CERN en 2012. También es verdad que llamarlo el bosón de “Englert-Brout-Higgs-Guralnik-Hagen-Kibble” no resulta demasiado mediático.

Lo más llamativo del caso es que, si tenemos en cuenta el nombre que se les han ido asignando a las diferentes partículas, elementales o compuestas, del Modelo Estándar o más allá de él, el bosón de Higgs es la única partícula descubierta que lleva un nombre propio (sin tener en cuenta que fermión viene de Enrico Fermi y bosón de Satyendranath Bose). Por lo general, haciendo un gran alarde de originalidad, los físicos asignamos nombres como “top”, “bottom” o “gluón”, cortos y fáciles de recordar (no como esos dichosos elementos de la tabla periódica que tienen los químicos…). Si queréis saber más sobre el origen del nombre de las partículas podéis visitar la siguiente entrada de Symmetry Magazine [link].

En resumen, si alguna vez tienes la oportunidad de visitar la sala de control del CERN, ni se te ocurra pronunciar la “maldita” expresión. Dedícate simplemente a maravillarte de la grandeza de lo que te rodea y a buscar otros de los muchos “Easter Eggs” como este que se esconden en este lugar único en el mundo.

Este artículo lo escribe Héctor García Morales. Estudió física en la Universitat de Barcelona, completó un máster en aceleradores de partículas para posteriormente acabar realizando el doctorado en el CERN. En paralelo al doctorado hizo un Máster en Comunicación Científica en la UPF. Actualmente es postdoc en el CERN a través de la Royal Holloway University of London y trabaja en la mejora del LHC. Posee un canal de divulgación sobre el CERN: CERNtrípetas (Youtube y Twitter). Explicar ciencia es lo mejor que le puede pasar a un científico.

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