La pregunta Naukas 2018 – Lluis Montoliu

La pregunta Naukas 2018
La pregunta Naukas 2018

¿Qué persona o hecho marcó tu carrera, tu interés por la ciencia o tu investigación?

Para responder a esta pregunta necesito tres párrafos. El que sigue a este, como preámbulo necesario a la historia que os quiero contar. Un segundo párrafo, con la verdadera respuesta a la pregunta. Y uno final, que resumirá el mensaje que quiero transmitir.

Son seguramente muchas las personas que indudablemente han contribuido a desarrollar y consolidar mi vocación científica. En mis estudios de secundaria y pre-universitarios (cuando los llamábamos B.U.P. y C.O.U.) en el Colegio Salesianos de Horta, en Barcelona, tanto Saturnino Valle como Alfredo Ibáñez, excelentes profesores de ciencias con quienes descubrí la biología y la genética. En mis años universitarios por supuesto a Mercè Durfort, una de las docentes mas inspiradoras, desde su ámbito de la citología y la histología, y también a los genetistas Antoni Prevosti, Lluís Serra y Roser González, todos ellos catedráticos de la Universitat de Barcelona. Durante mi tesis doctoral naturalmente le estaré siempre agradecido a Pere Puigdomènech, profesor de investigación del CSIC, por abrirme las puertas del pensamiento crítico y la libertad creadora. En mi fase postdoctoral probablemente la persona que más influyó en el cambio substancial en la orientación profesional que di a mi carrera científica (pasé de investigar el genoma del maíz al modelo experimental de ratón) fue Laura Pozzi, una de las pioneras de la transgénesis animal en Europa, profesora de la Università “La Sapienza”, en Roma.

Alcampell_Huesca

Todos los profesores e investigadores que mencionó en el párrafo anterior dejaron una huella indeleble en mi formación científica, y les estaré, a todos ellos, eternamente agradecido. Pero si me pregunto, de verdad, que hecho y persona fueron los que marcaron mi temprana vocación científica tengo que remontarme a los años 70, a Alcampell, un pequeño pueblo de la comarca de La Litera, al este de la provincia de Huesca, en la denominada “franja catalano-aragonesa”, donde se chapurrea una interesante dialecto, mezcla de castellano y catalán. Mi abuelo paterno era de Alcampell y allí pasé muchos veranos de mi infancia.

Nuestra casa estaba al lado de una carnicería familiar, regentada por Marcelino Pena y su mujer Josefina. Marcelino era matarife, un carnicero artesano enamorado de su trabajo. A mí me encantaba acompañarle en todas las labores de cuidado y trasiego de sus ovejas y por ello siempre que podía andaba curioseando por los corrales que tenían detrás de la tienda. Marcelino a veces llamaba a nuestra puerta de buena mañana y venía a buscarme para que le “ayudara” a sacrificar la oveja que acostumbraba a preparar diariamente para su despiece y venta en los días posteriores. Para mi era todo natural, bellísimo. Era un privilegio ser testigo del cuidado y respeto que tenía Marcelino por el animal. El certero pinchazo en el cuello, el desangrado, el método de hinchado a pulmón para separar la piel de la carne de forma sencilla, y finalmente la apertura de tórax y abdomen, que daba paso a la separación pormenorizada de todas las vísceras, cuyos nombres y ubicación iba detallándome. Entonces, a mis 10-12 años, yo no lo sabía, pero estaba asistiendo a unas memorables clases de anatomía y fisiología animal, en vivo y en directo.

La curiosidad por el entorno, por la naturaleza, por el universo, es probablemente lo que nos une e identifica como científicos. Es sorprendente recordar los orígenes de nuestras vocaciones. En mi caso, las sabias enseñanzas de un matarife marcaron seguramente mi trayectoria profesional posterior, afianzada por estupendos maestros y profesores con quienes tuve la fortuna de completar mi formación.

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