La pregunta Naukas 2018 – Carlos Lobato

La pregunta Naukas 2018
La pregunta Naukas 2018

¿Qué persona o hecho marcó tu carrera, tu interés por la ciencia o tu investigación?

No voy a enrollarme mucho en dar explicaciones complicadas, y voy a tirar de recuerdos, de buenos recuerdos, pero me voy a centrar no en una, sino en dos personas: un divulgador y un profesor, que me marcaron bastante, impulsando así mi pasión por la divulgación y por la docencia, y determinaron que gran parte de mi vida la dedique a ambas facetas. Al primero seguramente lo conoceréis, y al segundo probablemente no, pero ambos han tenido mucho que ver en conformar a la persona que soy en la actualidad.

El primero de ellos es Félix Rodríguez de la Fuente el conocido naturalista que se hizo famoso por programas como El hombre y la Tierra. Félix nació en Poza de la Sal, en Burgos, el 14 de marzo de 1928, y falleció en Shaktoolik, Alaska, el 14 de marzo de 1980, cuando yo contaba con dos añitos y casi un mes de edad, en un accidente de helicóptero. Félix era licenciado en medicina por la Universidad de Valladolid, pero su fama le vino por ser un gran defensor de la naturaleza que trabajó durante toda su vida, realizando documentales para la radio y la televisión, y destacando sobre todo en su conocimiento y convivencia con los lobos. A pesar de que yo no recuerdo haber vivido el fallecimiento de Félix, ni recuerdo que por aquel entonces conociera esos datos, debido a mi corta edad y puede que también a mi mala memoria, si recuerdo ver las reposiciones de todos y cada uno de sus programas que ponían en televisión, y coleccionar libros, fichas, cintas de vídeo y todo lo que estuviera relacionado con él.

Félix Rodríguez de la Fuente.
Félix Rodríguez de la Fuente.

El hombre y la tierra, rodado entre 1973 y 1980, se emitió en Televisión Española y una parte de la serie estaba dedicada a la fauna ibérica, otra a la sudamericana y una tercera a la norteamericana. A mí la parte Ibérica me fascinaba, incluso más que las otras. Es difícil olvidarse de su banda sonora, y en mi mente aún resuena cada vez que observo una escena cualquiera de interacción animal en la naturaleza, incluso cuando es en el campo en directo. Recuerdo cómo de pequeño me quedaba embobado viendo esas maravillosas imágenes y escuchando la irrepetible voz de Félix narrando lo que salía en pantalla. Lo he contado ya varias veces, así que disculpadme los que me lo hayáis oído: sin poder concretar la edad, pero siendo muy pequeño, recuerdo acostarme y pedir a mis padres que pusieran en la radio alguna cinta de cassette de Félix. Eran cintas que regalaban con los yogures de la marca Yoplait, y las usaba para quedarme dormido plácidamente escuchando los aullidos de los lobos, los sonidos de otros animales y la voz de Félix. Como veis, son muy buenos los recuerdos que guardo de este gran hombre.

Muchas veces en mi niñez me imaginé grabando imágenes en el campo, o haciendo programas o libros como los de Félix, o curando a los animales, o simplemente tumbado o agachado tras unos arbustos pasando horas y horas observando a la naturaleza en acción… De hecho no solo lo imaginé, sino que lo hice, sobre todo lo último, me quedaba embobado fácilmente con insectos, aves e inclusos animales de granja, y desde siempre, cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, contestaba que quería ser veterinario, porque todavía no sabía que era eso de ser biólogo.

Carlos Zamorano en el stand que montamos en la VIII Feria de la Ciencia de Sevilla
Carlos Zamorano en el stand que montamos en la VIII Feria de la Ciencia de Sevilla

La otra persona a la que me refería al principio del post es Carlos Zamorano Leal, uno de mis profesores de instituto; concretamente mi profesor de Biología y Geología en 3º de BUP, y al que le debo gran parte de mi forma de ser y proceder como docente. Carlos siempre ha sido un gran profesor, y aunque ya por esas fechas yo tenía claro que quería ser docente (lo descubrí dando clases particulares a niños más pequeños durante un verano), y concretamente profesor de Biología (era con diferencia mi asignatura preferida junto con las Ciencias Naturales que había estudiado en el colegio), con él descubrí que había formas muy diversas de motivar a los alumnos para que fuésemos a las clases con ganas cada día y las aprovechásemos al máximo. Carlos te daba la posibilidad de expresarte creativamente mediante la entrega de esquemas, resúmenes y mapas conceptuales, de conseguir puntos y positivos haciendo ejercicios extra, de contar con él para resolver cualquier duda casi en cualquier momento, y de viajar a otros mundos haciendo actividades en casa, por supuesto también hacíamos experimentos y proyectos en grupos y trabajo de laboratorio. Ni decir cabe que mi nota de Biología en ese curso se pasaba del 10.

La actividad de “viajar a otros mundos” a la que me refiero, nos ponía en la piel de un grupo de exploradores que llegaba a un planeta desconocido, al que nuestro profesor llamaba Jauja, y cuyas características teníamos que descubrir haciendo preguntas a un supuesto “ordenador de a bordo”, que era él mismo, y que solamente podía responder tres preguntas a la semana. Este sencillo punto de partida dio lugar a una gran aventura en la que mis compañeros y yo nos vimos atrapados desde el día uno. Por las tardes quedábamos para idear preguntas cada vez mejores y más precisas, nos pasábamos los recreos en la biblioteca, intercambiábamos datos y preguntas con otros grupos… fue una gran experiencia que jamás olvidaré y que me inspiró para realizar muchas actividades con mis propios alumnos, aunque tengo claro que Jauja será difícil de superar.

A Carlos lo veo de vez en cuando por mi pueblo, Arahal; de hecho hace un par de semanas estuve en su casa para disfrutar de su peculiar Belén, que independientemente de las creencias de cada uno, es una maravilla que utiliza espejos y trucos visuales para engañar a la vista. Mucha ciencia, planificación y paciencia aplicada al belenismo. A pesar de estar jubilado, Carlos no deja de participar en cursos o compartir su buen hacer con muchos otros docentes, desde los CEP o desde la Sociedad Andaluza para la Divulgación de la Ciencia, que organiza, por ejemplo, la Feria de la Ciencia de Sevilla, por lo que sigue teniendo toda mi admiración.

En los programas de Félix Rodríguez de la Fuente no solo había biología, sino también poesía, emociones, historias reales… al igual que en las clases de Carlos Zamorano Leal había pasión, aventuras, trabajo recompensado… Ambos contribuyeron a que yo pudiera desarrollar mi pasión por la Biología y aplicarla en el día a día de mi labor docente; ambos fueron maestros de los que aprendí y sigo aprendiendo; y si yo consigo alguna vez inspirar, motivar o animar a algunos de mis alumnos de la misma manera que ellos lo hicieron conmigo, me doy por satisfecho, aunque, evidentemente, seguiré buscando formas de mejorar y nuevas fuentes de inspiración para seguir divulgando, tanto dentro, como fuera de las aulas.

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– Web de Carlos Zamorano: http://carloszam.tk/index.php/proyectos-m

– El fabuloso mundo de Jauja:

http://iesalandalus.com/materiales/Bio_Geo/asignaturas/BG_1_Bach/Jauja/Inicio_Jauja.htm

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