La pregunta Naukas 2018 – Carlos Briones

La pregunta Naukas 2018
La pregunta Naukas 2018

¿Qué persona o hecho marcó tu carrera, tu interés por la ciencia o tu investigación?

Las Preguntas Naukas siempre suponen un buen momento para reflexionar en voz alta, y la de este año es especial en ese sentido. Cuando uno mira hacia atrás y piensa cómo surgió su vocación por la ciencia, resulta difícil separar todas las variables que aparecían en aquella ecuación cuya solución fue “de mayor quiero ser científico”. Además, se nos está preguntando por personas o por hechos, con lo que el asunto es aún más complicado.

En los recuerdos relacionados con la ciencia de mi infancia y juventud me veo disfrutando frente a la televisión de los programas de Félix Rodríguez de la Fuente o Jacques-Yves Cousteau… y, por supuesto, del mítico “Cosmos” de Carl Sagan. Con el tiempo comencé a aficionarme a la lectura de dos revistas de divulgación que llegaban todos los meses a los quioscos: “Investigación y Ciencia” y “Mundo Científico”. Y también recuerdo una enciclopedia de medicina que se compraba por fascículos, o unas fichas coleccionables sobre el Universo que aún guardo en casa.

Pero, aún más que esas influencias, en el inicio de mi vocación científica me parece esencial el papel que tuvieron mis profesores de secundaria. Aunque la educación primaria es clave para adquirir buenos hábitos, creo que es durante la secundaria cuando se aprende a dudar, cuando se forja el espíritu crítico que de mayores nos defenderá frente a iluminados y charlatanes anticientíficos de toda índole. Y, durante ese proceso, no hay mejor catalizador que un buen profesor. Tengo grandes amigos dentro y fuera de Naukas que son excelentes maestros de secundaria, y día a día se esfuerzan en contagiar a sus alumnos el interés por la ciencia, por la magia de la realidad, por el escepticismo.

Instituto Cardenal López de Mendoza

Volviendo a mi pasado, recuerdo varios profesores de esa época en el Instituto López de Mendoza de Burgos. Entre ellos Conchi Mulas y Simona Palacios en ciencias naturales, Tino Barriuso en física (uno de mis mayores maestros en la ciencia, la poesía y la vida… que lamentablemente se nos fue el año pasado), Constantino de la Fuente en matemáticas o Mario Soto en filosofía. Pero, por encima de todos, quien más influyó en mi futuro como científico fue la profesora de química que tuve durante 3º de BUP y COU (para los lectores que hayan nacido después de la Explosión Cámbrica, estos cursos eran equivalentes a los actuales 1º y 2º de Bachillerato). Se llama Begoña Granado, y en aquellos maravillosos años era una excelente profesora que tenía una bien ganada fama de dura y perfeccionista. La ciencia era su pasión… y aún lo sigue siendo aunque lleva algunos años felizmente jubilada.

Como tuve la “suerte” (nunca supe si buena o mala, dada la presión que suponía) de formar parte de la primera promoción del Bachillerato Internacional en mi ciudad, debíamos dedicar mucho esfuerzo a la ciencia experimental. Tutoreado por Begoña, pasé tardes interminables y muy divertidas en el laboratorio de química del Instituto: todo para mí, con sus poyatas de madera, su olor a disolventes orgánicos y sus botellas de vidrio llenas de sorpresas. Para el trabajo que se nos pedía “desde Europa” en el BI, me centré en estudiar los colorantes alimentarios presentes en dulces y golosinas de todo tipo: nunca olvidaré cómo aquellas manchas de color iban separándose gracias a la cromatografía en papel y en capa fina. Qué tiempos. Y cuánto se aprendía de los experimentos que no salían…

Creo que durante aquellas tardes en el laboratorio, y al comentar con Begoña los resultados que se iban obteniendo, es cuando comencé a sentir el irresistible atractivo de la ciencia. Lo que aprendí con ella me sirvió durante toda mi carrera. Porque no solo adquirí conocimientos en sus clases y sobre aquellas poyatas: Begoña me enseñó a ser científico, a investigar y dudar, a obtener resultados y transmitirlos. Y aquí estoy, intentándolo cada día. Gracias, Begoña, por encender esta llama. Y gracias a todos los profesores que seguís entrando a las aulas con una antorcha en la mano.

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