Galápagos: un viaje dibujado

En realidad, yo he venido aquí a hablar de (nuestro) libro

Hola, soy Natalia Ruiz, la que salió con Manuel González en GotTalent cantando #Astrocopla. 😉

Dicho lo cual, yo he venido aquí a hablar de (nuestro) libro, uno que acaba de publicar la editorial Next Door Publishers y que no tiene nada que ver con la #Astrocopla (bueno… casi nada).

¿Ven la imagen de arriba, la portada en la que la acuarela mezcla cielo, tierra y mar y donde se ve una tortuga asomándose tímida al paisaje? Es obra de Silbia López de Lacalle Ramos. Resulta que Silbia es responsable de comunicación y forma parte de la Unidad de Cultura Científica del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC). Yo he sido y soy responsable de comunicación de proyectos relacionados con la astronomía (hace unos años empecé a bucear en el mundo de la astroquímica). Por otro lado, ambas tenemos tendencias artísticas: ella es pintora y yo… bueno, yo soy teatrera. Así que me atrevo a decir que tenemos perfiles parecidos en cuanto a nuestra carrera profesional y no profesional.

Luego están las casualidades de la vida:  ella había pasado antes que yo por el Instituto de Astrofísica de Canarias, así que todo el mundo me hablaba de ella y de su trabajo. Por aquel entonces no la conocía, pero unos años después, al enterarse Emilio García y ella de que estaba haciendo de actriz en “El honor perdido de Henrietta Leavit”, me propusieron el papel de Henrietta para el maravilloso videoblog. Allí fue donde descubrimos que teníamos gustos parecidos en algunas cosas.

Como viajar.

Yo siempre había querido ir a Galápagos (como digo en el libro, antes de hacerme vieja y desaparecer de este mundo) a hacer una parte, aunque fuera pequeñita, del viaje de descubrimiento de Darwin. Y ese era también uno de los destinos deseados por Silbia, que se había leído todo lo que caía en sus manos sobre estas islas. Así que estas dos comunicadoras viajaron juntas hasta allí (hicimos parte del viaje con Mar y María, dos amigas de Silbia maravillosas).

Al regresar, con los ojos perdidos en paisajes del tiempo, Silbia empezó a plasmar en acuarelas los paisajes, los animales, las propias islas.

Normalmente, en cada dibujo, escribe sus sensaciones, sus recuerdos o la experiencia que acompañó en cada momento a cada paisaje, bicho o cosa. Yo había visto antes sus cuadernos de viajes, y ella misma define su inicio como algo revelador: “En esos cuadernos se aprecia que la naturaleza va empapando mi encéfalo, aunque con cierta distancia y aún circunscrita a la ciudad y a la acción de pasear: me producía mucha felicidad cualquier escuálida muestra de vida salvaje —plantas creciendo en los huecos de ventilación de un aparcamiento, los gatos gordísimos de la ribera del río Darro, el nido de golondrinas sobre la ventana de mi habitación…—, pero apenas iba al campo y en la playa no me atrevía a bucear hasta los peces (por-si-me-mordían)”.

Tendrían que verla ahora lanzándose al agua y buceando, como hacen los piqueros de patas azules.

Yo, por mi parte, empecé a publicar en Siempreenmedio (un blog colaborativo formado por comunicadores/as de campos muy variados y en el que estoy involucrada desde hace años) las historias que me habían llamado la atención estando allí: el truco del cangrejo violinista para defenderse de los demás machos, la sinfonía del mar buceando junto a las rayamantas, la visión tramposa de las opuntias…

Y Silbia me dijo: “Oye, ¿y por qué no le proponemos a Next Door Publishers que nos publiquen un libro juntas?”. Y aquí está “Galápagos. Las islas que caminan”, una delicatesen muy íntima en la que hacemos un viaje dentro de otro viaje.

Este libro no es un tratado de biología ni de geología ni de zoología: ninguna de las dos somos científicas y no era ni mucho menos nuestra intención. Hay referencias a libros que, sobre todo Silbia, leyó antes de iniciar el viaje. Yo me limité a leer “La invención de la Naturaleza” de Andrea Wulf (una biografía de Alexander von Humboldt) que me pareció maravilloso. Pero les diré lo que sí es este libro: es una narración a dos manos, plagada de magníficas ilustraciones, que representa una profunda y emocionada declaración de amor por la naturaleza y, en definitiva, por la vida.

Porque, como destaca Silbia (extraído del libro Apología de los ociosos de Stevenson): “En realidad, cualquier persona inteligente, teniendo bien abiertos los ojos y atentos los oídos, sin apear jamás la sonrisa del rostro, adquirirá mejor y más verdadera educación que cuantos pasan su vida en heroicas vigilias. […] pero es tomándose la molestia de mirar en torno a unos mismo como se adquiere conocimiento de los cálidos y palpitantes hechos de la vida”.

*Todas las ilustraciones son obra de Silbia López de Lacalle Ramos. ¡Gracias, Silbia!



Por Natalia Ruiz Zelmanovitch
Publicado el ⌚ 9 abril, 2019
Categoría(s): ✓ Divulgación • Miscelánea
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