Midiendo todo lo medible (II): unidades exóticas

15 02 Medir 1 parsecs
“Dame 2 parsecs de carne para llevar”. Star Wars.© Lucasfilm.

El mundo está lleno de cosas mágicas,

que pacientes esperan a que nuestros sentidos se agudicen.

W.B. Yeats (1865-1939), “The love potion”

Como le comentaba en la primera parte de esta serie, amable lector, a lo largo de la historia nos ha dado por medir todas las cosas a nuestro alrededor, con extraordinarios resultados. Y en los últimos 200 años, como quería Yeats, nuestros sentidos y sus extensiones, nuestros aparatos de medición, se han hecho mucho más agudos. Podemos de hecho medir cosas tan grandes y tan pequeñas que, aunque las podemos conceptualizar y resolver ecuaciones con ellas, de ninguna forma las podemos imaginar.

Un caso obvio es el parsec, una medida de distancias astronómicas, cuyo nombre está hecho de “paralaje de un segundo de arco”, en inglés. En términos formales, es la distancia a la cual una Unidad Astronómica (UA) subtiende un ángulo de un segundo de arco. La UA es la distancia aproximada entre el Sol y la Tierra así que, como decíamos, aún en distancias astronómicas nuestras medidas no se pueden quitar su tendencia antropocéntrica.

Una gráfica siempre aclara las cosas, así que, hela aquí.
Una gráfica siempre aclara las cosas, así que, hela aquí.

El caso es que un parsec equivale a alrededor de 3.26 años luz, o sea más de 30 mil billones de kilómetros, algo que no tiene ningún sentido. Claro que para este tipo de cosas hemos ideado las típicas analogías, “imagínate que vas de Sevilla a Matalascañas 300 billones de veces”; ó bien para los átomos: “si el núcleo fuera una aceituna de Cáceres, el electrón estaría en Moscú”. No podemos imaginarnos nada de eso, pero nuestra capacidad de construir máquinas que los midan con precisión es francamente asombrosa.

Por cierto, una nota para los defensores de George Lucas: por más que haya teorías que lo justifiquen, Lucas no tenía ni idea de lo que es un parsec cuando escribió Star Wars, haciendo que Obi-wan y Han Solo tuvieran este diálogo infame:

Obi-wan: ¿Tu nave es rápida?

Han: ¿Nunca has oído del Halcón Milenario? ¡Es la nave que hizo la Ruta de Kessel en menos de 12 parsecs!

Esto es, que Lucas pensaba que un parsec era una medida de tiempo, no de distancia. Pero bueno, el cine es el cine. Y como corolario en mi diatriba contra Lucas: por más magia digital que haya usado para cambiar cosas de su trilogía original, quienes estuvimos ahí lo sabemos: ¡Han disparó primero!

Hasta Han lo admite.
Hasta Han lo admite.

Pero bueno, me salgo del tema. Aunque las mediciones muy grandes o muy pequeñas son inimaginables, no son exóticas ni ridículas. Pero a lo largo de nuestra exploración de todo lo medible, sí que nos hemos metido en un sinfín de empresas obsesivas, y no ha sido siempre por ser malas ideas. Pongamos por ejemplo la Revolución Francesa, ya que en la entrega pasada hablábamos del metro y la institución del Sistema Decimal, lo que fue muy exitoso.

Menos exitosa fue la propuesta del Calendario Republicano.

Ya sabíamos que tras el triunfo de la revolución en 1793 y el guillotinamiento de medio mundo, los líderes rabiosamente racionales querían traer una nueva época de prosperidad material y espiritual, basándose siempre en conceptos científicos y profesando un odio sin límites a todo lo que sonara a viejo. Así, viendo al calendario Gregoriano como un justo blanco de su fervor racionalista, se decidieron a mandarlo al diablo sin demora y a instituir uno nuevo. ¿Cómo lo hicieron? Pues cambiando semanas, horas, minutos y segundos al glorioso sistema métrico. Las semanas se convirtieron en periodos de 10 días, los días tenían 10 horas, las horas 100 minutos y los minutos 100 segundos. Y sí, se construyeron relojes estrambóticos para esta nueva forma de medir el tiempo.

Nos vemos a las 7:75, ma cherie.
Nos vemos a las 7:75, ma cherie.

Pero eso no fue suficiente: comisionaron al poeta Fabre d’Eglantine para nombrar los nuevos meses y cada uno de los 365 días del año. Y como d’Eglantine era un poeta revolucionario y no dado a la sensiblería, terminó poniéndole a los meses nombres como Nevado, Lluvioso, Caluroso y, por alguna razón, Fruta. Además de que los días, que todo buen ciudadano revolucionario debía memorizar, se llamaban Uva, Ganso, Barril, o Inmortal. Este nuevo sistema de llevar cuentas de los días y las horas desde luego fue universalmente odiado, pero como el humano es el humano, se mantuvo vigente durante nada menos que 14 años.

Y no es que la propuesta haya sido mala per se; pero con un sistema en base 60 que tenemos usando desde los sumerios, una cosa así no iba a ser fácil de instituir. De aquél intento, no nos quedan sino algunas referencias nostálgicas como hablar del Golpe de Estado del 18 de Brumario. Igual y esos nombres funcionarían en Juego de Tronos.

Hemos intentado medir tantas cosas que algunos autores han desarrollado propuestas explícitamente satíricas, como por ejemplo David Goines, que en un chistosísimo artículo en 1987 propuso que los concursos de belleza debían eliminarse y ser sustituidos por una unidad estandarizada de belleza llamada “helenio”. Basándose en la poética descripción de Helena de Troya, cuyo rostro “había hecho navegar mil naves e incendiado una ciudad”, dijo que por ejemplo una mujer con un mili-helenio de belleza podía incitar a navegar a una nave y a quemar una casa. En 2006 el autor Thomas Fink fue más allá e hizo que el helenio fuera logarítmico en base 2.

Asigne usted helenios a discreción.
Asigne usted helenios a discreción.

Otros autores y científicos se han metido a la bacanal de definir unidades raras, tanto en plan serio como en plan diversión. Por ejemplo el Mickey (por Mickey Mouse), que es una unidad que mide la resolución de movimiento de un ratón de computadora (normalmente se mueven a 500 mickeys por pulgada); o el Sheppey, inventado por el genial Douglas Adams, que equivale a 1,4 kilómetros y es “la distancia mínima dentro de la cual una oveja sigue siendo pintoresca”. En física atómica está el “granero(barn), que mide la dispersión o absorción de partículas pequeñas en una sección transversal. Proviene de la frase en inglés “no le pegas ni a la pared de un granero”.

Pero esas son cosas útiles (el Sheppey es una contribución importante al humor universal): hay medidas más cuestionables.

Verbi gratia: El Reloj del Día del Juicio. Suena bastante dramático, tipo un villano de Bond, ¿a que sí? Pues es un concepto creado y mantenido desde 1947 por el Boletín de Científicos Atómicos, cuyo Consejo de Ciencia y Seguridad anuncia cada año cuán cerca estamos de la destrucción nuclear. Si bien fue un concepto potente tras la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, realmente el decir que “faltan tres minutos para la medianoche” no dice absolutamente nada, y no está basado más que en la preocupación de sus miembros.

Que no parecen realmente tan preocupados, la verdad.
Que no parecen realmente tan preocupados, la verdad.

Otra unidad de medición totalmente arbitraria son las unidades Scoville, que dicen cuánto pica un chile cualquiera. ¿Un jalapeño? 500 unidades. ¿Un habanero? ¡800,000! ¿Que cómo se deciden estos números? De la misma forma que en 1912, cuando Wilbur Scoville inventó su método: prueba el chile y di qué tanto te pica. Con el añadido que hoy tenemos videos de YouTube con gente incauta probando Ghost Pepper, una blasfemia vegetal que anda por las 2 millones de unidades. Pero la forma de medir es subjetiva por completo: literalmente, hay unas cuantas personas probando chiles y diciendo “Esto pica”, “Me está quemando” y “¡Madre de Diooooos!”. En laboratorios serios, se usa cromatografía de líquidos de alta resolución para evaluar la cantidad de capsacinoides presentes, que son los que causan la sensación de estar comiendo vidrio roto. Pero parece ser más divertido esto de los videos.

Son mi vicio.
Son mi vicio.

Ya lo vemos: esta manía de medir no se quita, por más estrambótica que sea la forma de medir y aquello que medimos. Es el pasatiempo/obsesión que nos ha hecho progresar.

Siguiente capítulo: midiendo (e imitando) la creatividad.

Referencias:

Hill, Amelia. Why Did Han Solo Say He Made the Kessel Run in 12 Parsecs? ThoughtCo. Marzo 4, 2017.

Golpe de Estado del 18 de Brumario. Wikipedia.

Goines, David. On the inefficiency of beauty contests, and a suggestion for their modernization. Ago. 4, 1987.

List of humorous units of measurement. Wikipedia.

Barn (nuclear physics). Memidex Online Dictionary.

Michael D. Lemonick. It’s Doomsday Clock Time Again. Scientific American. Enero 26, 2016.

Teodorescu, Max. Doomsday Clock measures global annihilation as 3 minutes to midnight. The Verge. Ene. 27, 2016.

Paul Adams. FYI: What is the Hottest Pepper in the World? Popular Science. Julio 8, 2011.


4 Comentarios

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Arturo Quirantes Sierra

Una cosa que siempre me encantó de la pifia de Han Solo (no la de quién disparó primero, la otra) es que dijo que había hecho la carrera Kessel “en menos de 12 parasegundos” Siempre me he preguntado si los traductores al español eran tan bobos que no sabían lo que era un pársec, o si por el contrario sí lo sabían y lo convirtieron en algo que sonase a unidad de tiempo para arreglarlo. Espero que fuese lo segundo.

Alfonso Araujo

¡Ah, no sabía que así era la traducción al español! Vamos a darles el beneficio de la duda a los traductores y pensar que quisieron arreglar el diálogo 😀

Claudi Mans TeixidoClaudi Mans Teixido

El grado de picante de los chiles puede medirse con cromatógrafos que indiquen la concentración de capsaicina, o mediante técnicas de caracterización organoléptica con personal entrenado o no, que describen sensaciones en una escala normalizada. Porque una misma concentración puede en las personas, y aún esos efectos pueden ser considerados placenteros o indeseables.

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