#LDOnda: Canciones de niños

Ilustración @puratura: Las melodías del habla
Ilustración @puratura: Las primeras palabras

Desde el punto de vista de la evolución, la música constituye una verdadera incógnita. Ya Darwin escribió que la música se encuentra entre las facultades más misteriosas del ser humano, dado su dudoso valor adaptativo. A día de hoy, sigue sin estar claro cuál es la función o la utilidad de la música y, sin embargo, es una de las facetas humanas más universales, a la que dedicamos tiempo y recursos de manera cotidiana.

Para explicar esta aparente paradoja, los biólogos llevan más de un siglo planteando distintas hipótesis. Desde aquellas que vinculan la música a la selección sexual (algo de ese debe de haber, sólo así se explica que los rockeros liguen tanto) a aquellas que destacan su función como cemento social (la música, de hecho, nos une y nos permite empatizar de manera más inmediata con los individuos de nuestro grupo, sincronizándonos incluso con ellos).

Sin embargo, algunas de las ideas más interesantes son aquellas que vinculan la evolución de la música a la aparición misma del lenguaje. De alguna manera, ambas facetas humanas habrían surgido a la vez pero, poco a poco, la música habría recogido la parte más emocional de nuestras vocalizaciones mientras que el lenguaje se habría especializado en un tipo de comunicación más simbólica, menos inmediata.

Para el estudio de esta hipótesis, resulta especialmente interesante la música para niños y el habla dirigida a niños (infant directed speech, como se suele denominar en la literatura científica). Cuando los padres y cuidadores hablan a sus bebés, las palabras todavía no significan, no tienen un referente compartido: las palabras son puro sonido, significante puro. Por ello, precisamente en este contexto, los hablantes tienden a exagerar las propiedades sonoras del lenguaje, su contorno melódico y rítmico.

Es decir, el lenguaje dirigido a niños se caracteriza por exagerar las propiedades más musicales del habla, su prosodia. Pero es que estas propiedades son, precisamente, las que utilizamos para comunicar emociones cuando hablamos. Si alguien dice “buenos días”, podemos saber si está triste, alegre, enfadado o nervioso simplemente por su modo de decirlo. En todos estos casos, lo que varía no son las palabras, símbolos impertérritos en sus habitáculos de la RAE, sino toda la música que las rodea: el ritmo, el timbre, las variaciones de volumen, de tono, de articulación de la voz.

Son estos los aspectos que los padres exageran cuando se dirigen a sus niños (o, especialmente, a sus bebés). Y son los aspectos que estudia Anne Fernald en el departamento de Psicología de la Universidad de Stanford. Ella fue la primera en catalogar algunos elementos característicos de este tipo de lenguaje y su asociación emocional. Fernald descubrió que existen algunos giros, algunas características de la melodía del habla que los padres repiten para comunicar emociones a sus bebés. Lo verdaderamente fascinante es que estos giros parecen ser independientes del idioma de los padres. Precisamente, cuando el lenguaje es privado de palabras se convierte en un idioma universal.

En este capítulo de Longitud de Onda hablamos de este tipo de lenguaje. Pero también de música para niños, de canciones de juegos y (bellísimas) nanas, como esta compuesta por Manuel de Falla.

Longitud de Onda (#LDOnda en Twitter) es un programa sobre ciencia y música de Radio Clásica. Este programa se emitió durante la primera temporada.


0 Comentarios

1 Trackback

Deja un comentario

Tu email nunca será mostrado o compartido. No olvides rellenar los campos obligatorios.

Obligatorio
Obligatorio
Obligatorio

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>