#MitosTransgénicos: Los cultivos transgénicos, el glifosato y otras yerbas

Con este post me sumo al artículo de JM Mulet, con quien tengo el gusto de compartir la campaña #mitostransgénicos de @biotech_SI, junto con otros importantes divulgadores de Chile, Colombia y Perú. En este caso es para desarticular el mito que, actualmente, circula por cada rincón de Argentina sobre todos los males que causan los transgénicos asociados al uso de glifosato.

Según la clasificación de la Agencia Internacional de Investigación sobre Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), el glifosato pertenece a la Clase 2 A, probablemente carcinogénico en humanos, junto con nuestra benemérita infusión nacional, el mate. Sin embargo, a los pocos días de haberse publicado esta clasificación en The Lancet, 30 mil médicos pidieron la prohibición del uso del herbicida por considerarlo altamente tóxico y causante de malformaciones y cáncer.

Curiosamente, nada dijeron del mate.

Según una encuesta del año 2006, en Argentina se consumen por año 1.688 millones de litros de mate y según la asociación gremial de los trabajadores de la salud que piden la prohibición del glifosato, se usan en la agricultura de nuestro país 320 millones de litros del herbicida.

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Si decimos que el riesgo es resultante de un peligro por su exposición al mismo, los argentinos tenemos más riesgo de contraer cáncer por tomar mate que por estar expuestos al glifosato, más aun cuando esta infusión se da a niños y hasta es recomendado por nutricionistas en sus dietas para perder peso.

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Claramente este es un caso de distorsión en la percepción del riesgo.

La percepción social sobre algún tema (en este caso la toxicidad del glifosato), es una representación de la realidad que la población realiza con base a la información que recibe, principalmente de los medios de comunicación, pero también de personas que considera referentes (sean o no expertas en el área). Sin lugar a dudas, los medios publicaron cientos de artículos sobre el glifosato pero muy pocos (o ninguno) sobre el mate.

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Por eso vale desmontar algunos #mitostransgénicos.

“Solo se usa glifosato en cultivos transgénicos” FALSO. El glifosato se usa desde hace más de 40 años en la agricultura, muchos años antes de que aparecieran los transgénicos.

“La soja transgénica es adicta al glifosato” FALSO. La soja tolerante a glifosato tiene la capacidad de tolerar al herbicida y sobrevivir, mientras las malezas mueren. No necesita glifosato para crecer, desarrollarse y producir granos, por lo cual no es “adicta al herbicida”

“Las empresas desarrollan la tecnología semilla transgénica + herbicida para tener el monopolio” FALSO. El glifosato fue desarrollado por Monsanto, pero hace ya 15 años que venció su patente. Actualmente en Argentina es vendido por una decena de empresas, muchas de ellas nacionales como Atanor e YPF. Por otro lado, la tecnología de tolerancia a glifosato la tienen incorporada en sus germoplasmas empresas multinacionales, nacionales e institutos públicos de investigación.

“Se usa más glifosato ahora que hace 10 años” VERDADERO. Porque se amplió la zona de producción y se incorporó la siembra directa como tecnología de cultivo. El glifosato sustituyó a otros herbicidas con más residualidad y facilitó el manejo para el productor.

Lo más irónico de esta situación en Argentina, es que los ambientalistas que protestan en Córdoba para evitar la radicación de una planta procesadora de semillas de maíz de Monsanto porque podría contaminar con glifosato, campañas a la que contribuyen artistas reconocidos como Manu Chao, lo hacen ¡tomando mate!

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Este artículo nos lo envía Fabiana Malacarne (@Fabibiotec), aría Fabiana Malacarne. Argentina. Ingeniera Agrónoma, Magister en Mejoramiento de Plantas y Doctora en Filosofía, Ciencia, Tecnología y Sociedad. Desarrolló su carrera profesional principalmente en Argentina, Venezuela y España. Es autora de numerosos trabajos científicos en el área de mejoramiento de cultivos y biotecnología y sociedad; además de los libros “Biotecnología ¿Qué te Cuento?” y “¡Qué Buena IDEA! Biotecnología para los más Jóvenes”, con los cuales recibió los reconocimientos de Ciencia en Acción 2013 y 2007, respectivamente.

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