Lo que Hendrik Casimir diría a nuestros políticos

Hendrik_Casimir_(1958)El debate sobre la ciencia está de nuevo en la calle; leo las declaraciones de uno de los responsables del programa económico de cierto partido, según las cuales no van «a tener un investigador que haga lo que le dé la gana, sino que dedique su conocimiento a resolver el problema que le plantea una empresa. […] Potenciaremos los centros que se amolden porque son los que serán útiles para la sociedad. Los que se dediquen a astrofísica tendrán que conseguir fondos de otro presupuesto, no de éste».

Hay que decir, en su descargo, que se refiere a la creación de una red de investigación aplicada, no a la totalidad del presupuesto. Es cierto que lo plantea tras diagnosticar —de forma probablemente correcta— un problema de conexión con las empresas. No seré yo quien niegue dicho problema, ni que necesite solución; sin embargo, veo las recientes declaraciones televisivas en el mismo sentido de una candidata del mismo partido —hija, para más inri, de un famoso divulgador científico— y no puedo evitar observar cierta tendencia, en éste y en otros partidos, de inculcar, poco a poco, la idea de que la ciencia que vale es la aplicada, y que la investigación básica, que no produce resultados tecnológicos visibles y previsibles, es poco más que tirar un dinero que no nos sobra, precisamente.

Espero, de verdad, que esta forma de pensar no cale en la sociedad. Me parece estúpida, irresponsable, suicida. Los argumentos son tantos y tan evidentes —para quien sepa algo de ciencia y de historia de la misma; no, por desgracia, para el resto— que uno no sabe ni por dónde empezar. Hace un par de años intenté hacer ver en mi charla de Naukas Quantum cómo sería el mundo hoy si no se hubiera «tirado» el dinero en investigar la naturaleza de lo más pequeño por la simple curiosidad de conocer. Ahora me he reencontrado con las palabras de alguien que lo expresa de forma mucho más clara, concisa y contundente de como yo podría hacerlo.

Les dejo, sin más, con una cita de Hendrik Casimir, el del famoso efecto Casimir, que trata de la aparición de una fuerza atractiva entre dos placas paralelas debido a esas cosas que tiene el vacío cuántico. Casimir trabajó durante décadas en Phillips; si de algo sabía era precisamente de tecnología y patentes y de la intrincada relación entre investigación básica e investigación aplicada. Señores políticos, por favor, léanlas; ojalá les hagan cambiar de parecer.

«He oído manifestaciones de que el papel de la investigación académica sobre la innovación es despreciable. Es la tontería más escandalosa con la que mi suerte me ha deparado tropezar.

Sin duda alguna, uno puede especular ociosamente si los transistores hubiesen sido descubiertos por personas que no hubiesen estado entrenados en, y que no hubiesen contribuido a la mecánica ondulatoria o a la teoría de los electrones en los sólidos. Pero ocurre que los inventores de los transistores eran versados en, y contribuyeron a, la teoría de los sólidos.

Uno puede preguntarse si los circuitos básicos de los computadores podrían haber sido encontrados por gente que quería construir ordenadores. Pero, ocurre que fueron descubiertos en los años treinta por físicos que se ocupaban de contar partículas nucleares porque estaban interesados en la física nuclear. Uno podría preguntarse si se hubiese hallado la energía nuclear porque la gente quería nuevas fuentes de energía o si la urgencia de tener nueva energía hubiese conducido al descubrimiento del núcleo. Quizá, pero ocurre que no sucedió de esa manera y que fueron los Curies y los Rutherford y Fermi y algunos cuantos más.

Uno podría preguntarse si existiría una industria electrónica sin el descubrimiento previo de los electrones por gente como Thomson y H. A. Lorentz. De nuevo no ocurrió de esa manera.

Uno puede incluso preguntarse si las bobinas de inducción de los motores de los coches hubiesen podido ser construidas por compañías que querían hacer transporte motorizado y si se hubiesen tropezado con las leyes de la inducción. Pero las leyes de la inducción habían sido encontradas por Faraday muchas décadas antes.

O si, sintiendo la necesidad de suministrar una mejor comunicación, uno hubiese podido encontrar las ondas electromagnéticas. Estas no fueron descubiertas de tal manera. Fueron encontradas por Hertz, que resaltó la belleza de la física y que basó su trabajo en las consideraciones teóricas de Maxwell. Creo que no existe prácticamente un ejemplo de innovación del siglo XX que no esté en deuda de esta manera con el pensamiento científico básico».

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