CO₂, móviles y coches: sensacionalismo y pensamiento crítico

Tubo de escape de automóvil

Hoy me he desayunado con un artículo de eldiario.es: «14 elementos presentes en tu móvil que deberían preocuparte seriamente» que me ha despertado el sentido arácnido-crítico. Ya sabéis, eso que debería despertarse cuando os dan unas cifras sin contexto, seguido de un comentario en plan «ya sabes lo grave que es esto, guiño, guiño». Me gustaría contaros como, en diez minutos, dudando solo lo justo y con unos pequeños superpoderes (conexión a Internet, algo de inglés), es posible dar contexto, criticar y desmontar afirmaciones como esta:

[…] el uso de un smartphone de gama alta libera a la atmósfera a lo largo de su vida útil 95 kilos de CO2. Si a este dato le sumamos que en nuestro país hay más de 50 millones de móviles en funcionamiento, tendremos una idea bastante exacta del poder contaminante de este aparato […]

El dato, según los articulistas, viene de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Físicas de la Universidad de Surrey. Viene enlazado, así que vamos a ofrecerle un voto de confianza. A fin de cuentas ¿qué sería de una historia alarmista sin su núcleo de verdad? Recordando que no sería la primera vez que la premisa de un artículo surge de una mala interpretación o directamente de un dato falso, pasemos a la siguiente fase.

La lectura crítica

Leed la frase otra vez. ¿Veis la inconsistencia? Estamos hablando de 95 kg de CO₂ por listófono de lujo, a lo largo de toda su vida útil (esto, en el mundo de la gestión ambiental, viene denominándose cradle-to-grave, es decir, «de la cuna a la tumba»). Acto seguido se nos dice que hay más de 50 millones de móviles en funcionamiento tan solo en España. Pero ¿son todos de gama alta? ¡Más quisiéramos! Sin embargo, el instinto me dice que podemos quedarnos con esa cifra: todos los teléfonos inteligentes tienen una serie de componentes que podrán variar en calidad, aunque no tanto en consumo de recursos. Todos tienen procesador y memoria, todos usan metales como conductores para conectar entre sí sus elementos, y la pantalla de un móvil de gama baja no es diez veces más pequeña que la de uno de lujo. La cifra real de emisiones de CO₂ atribuibles al parque de teléfonos móviles españoles puede ser un poco inferior al producto de 95 por 50 millones, pero es muy probable que no nos equivoquemos en más de un 20% —observad la elegancia con la que me saco el porcentaje de la manga.

Así que hagamos la multiplicación: 4750 millones de kg de CO₂, o, en una unidad un poco más cómoda, 4,75 megatoneladas (abreviando, Mt; no confundir con los megatones que explotan, esto es una simple unidad de masa). Qué barbaridad… ¿O no? ¿Es mucho o poco?

La comparación

El contexto es la luz que ahuyenta los miedos. Podríamos intentar comparar esos 4,75 Mt de CO₂ con muchas cosas, pero intentemos buscar una que parezca relevante. ¿Por qué no coches? Hay muchos y todo el mundo tiene claro que emiten gases. Además, existe cierta correlación —débil— entre el uso del vehículo y el del móvil: ¿cuántas veces unas llamadas —o unos mensajes— nos han ahorrado viajes? Seguro que alguna vez. De modo que, para poder contextualizar la información sobre las emisiones debidas a los móviles, tendremos que contestar dos preguntas:

  • ¿Cuántos coches hay en España?
  • ¿Cuál es la emisión media de CO₂ de un coche, en las mismas condiciones (de la cuna a la tumba)?

Al ataque.

La búsqueda

La primera pregunta es muy fácil de contestar. Si nos metemos en cualquier buscador y preguntamos por «parque vehículos España», aparece una página de estadísticas de la Dirección General de Tráfico de la que podemos sacar tablas para cualquier cosa que nos pueda interesar respecto del número de vehículos a lo largo del tiempo. Aquí usaremos la tabla Parque de Vehículos – Anuario – 2016, que cuantifica todos los vehículos en circulación por tipo y provincia para el año pasado. Abajo del todo tenemos los datos totalizados; nos quedaremos con el total de turismos para centrarnos en una clase de objetos más o menos similares entre sí. Y bien, ¿cuántos hay?

22876830, es decir, casi 23 millones. No necesitamos números demasiado precisos, así que nos quedaremos con ese. Ahora tenemos que contestar a la segunda pregunta, un poco más difícil. No es nada complicado conocer las emisiones de CO₂ declaradas por los fabricantes, aunque el caso Volkswagen (y otros tantos que han ido saliendo a la palestra después) nos recuerda que ese dato no tiene por qué ser muy preciso. Además, recordemos que buscamos un dato cradle-to-grave, así que debería incluir no solo los kilómetros circulados a lo largo de toda la vida del vehículo, sino las emisiones imputables a su fabricación, mantenimiento y desguace final.

Controlar un poco de inglés es una herramienta interesante para llegar más rápido a los datos. En este caso lanzaré la búsqueda «co2 emissions car cradle to grave»; el segundo enlace lleva a un estudio de la Union of Concerned Scientists americana, en el que realizan un análisis riguroso para todo el ciclo de vida de las emisiones debidas a vehículos de combustibles convencionales frente a vehículos eléctricos (que, naturalmente, también emiten CO₂, solo que no en el lugar donde se encuentra físicamente el coche).

En la página 3 encontramos este diagrama:

Emisiones de CO2 por milla a lo largo de todo el ciclo de vida de un vehículo
Emisiones de CO₂ a lo largo del ciclo de vida de un vehículo. Fuente: Cleaner Cars from Cradle to Grave, Union of Concerned Scientists, 2015

Observando los datos, vemos algunos problemas.

Las simplificaciones

Cuando uno está haciendo este tipo de comparaciones es prácticamente obligatorio dejar atrás el perfeccionismo. Sí, somos muy listos y se nos ocurren multitud de problemas con los datos: de hecho, ¡es bueno plantearlos! Sin embargo, cuando uno se pone a fondo a intentar resolver esos problemas se da cuenta enseguida de que no se trata de preparar una tesis doctoral —ni siquiera un artículo científico. Solo estamos intentando hacernos una idea de si algo que nos dicen es o no relevante.

En este caso, observamos unos datos bastante poco desagregados y especificados con una precisión algo pobre. ¿Coche «de tamaño mediano»? ¿«De tamaño completo»? ¿Solo hay datos para gasolina? Y lo más importante de todo, ¿qué distancia han recorrido los coches del estudio para haber producido esas emisiones?

El propio estudio, en el pie del gráfico, ofrece un valor para contestar a esta última pregunta: 135000 millas para coches «medianos», 179000 para coches «grandes». Aquí vamos a hacer una media de todo… y, naturalmente, convertiremos las millas en kilómetros (¡qué gran invento, el sistema métrico!). A ojo, tenemos unas emisiones de 0,5 kg de CO₂ por milla. Cada milla son 1,6 km, aproximadamente. Así, dividiendo 0,5 por 1,6 tenemos 0,3125 kg de CO₂ por km. Por su parte, la media de distancia recorrida para todos los vehículos a lo largo de toda su vida será de (os ahorro la cuenta) 251200 km. Multiplicando estas últimas cifras:

0,3125 kgCO₂/km × 251200 km = 78500 kg de CO₂ por coche

Recordemos que este dato sirve para vehículos de gasolina, pero podemos apostar a que los de gasóleo no emitirán diez veces menos —ni diez veces más.

El resultado

El artículo de eldiario.es nos había emplazado a que consideráramos lo relevantes que son las emisiones de CO₂ debidas a la fabricación y uso de teléfonos móviles, y eso es exactamente lo que estamos haciendo. Para poder compararlas con las emisiones de todo su ciclo de vida de algo que también es omnipresente en nuestra sociedad como los turismos, hemos averiguado cuántos hay en circulación y tenemos una cifra aproximada de las emisiones a lo largo de sus vidas. ¿Qué tenemos que hacer ahora? ¡Multiplicarlas, por supuesto!

78500 kgCO₂/coche × 23000000 coches = 1805500000000 kg de CO₂

O, en las mismas megatoneladas del principio, para poder comparar: 1805,5 Mt. Recordemos la cifra asociada a los teléfonos móviles: 4,75 Mt. Es decir, esos coches tan necesarios para mantener nuestro estilo de vida son responsables de 380 veces más emisiones que los terroríficos listófonos. Ni siquiera si introdujéramos una corrección por duración (normalmente un coche nos dura más que un móvil, pero no diez veces más) el resultado cambiaría sustancialmente.

La conclusión

Para saber lo que significa algo, tenemos que compararlo con alguna otra cosa. Desconfiad de cualquiera que no os ofrezca una base de comparación razonable. ¿Son «malos» los teléfonos móviles? Hay quien ha dicho que la telefonía móvil, junto con el resto de tecnologías de la comunicación, son los inventos más ecológicos de la historia por la cantidad de desplazamientos que ahorran (o, visto de otro modo, por el aumento en la productividad que generan). ¿Verdadero o falso? La respuesta dependerá del análisis que hagamos. Dándole la vuelta a la moneda: la pregunta no es lo suficientemente precisa. Lo cierto es que los smartphones son parecidos a cualquier otro elemento de esta civilización —tan mejorable— que nos permite vivir en unas condiciones más allá de los sueños de cualquiera de nuestros antepasados. Hagamos nuestra parte como consumidores informados: exijamos trazabilidad, exijamos buenas condiciones de trabajo para todos, hagamos un uso racional de nuestros recursos, no generemos residuos ni malgastemos energía. Y comparemos, comparemos para que todo tenga sentido.

Hablando de comparaciones: podríamos haber contrastado el CO₂ emitido por culpa de los móviles con cualquier otra cosa. Por ejemplo, con el CO₂ debido al gasto en calefacción de las viviendas. He hecho unos números por encima y debe salir del orden de 15 veces más, teniendo en cuenta tan solo la calefacción de un año: ¿os atrevéis a buscar las fuentes y hacer la cuenta?

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