Los ídolos que nublan la mente

29 Novum organumFrancis Bacon (1561 – 1626) fue la definición misma de un “hombre renacentista”, entendiendo el término como alguien cuyos intereses intelectuales no sólo son extensos sino que los domina en grado sumo. Bacon fue un muy influyente estadista, además de orador y filósofo, y ah sí, ahí como no queriendo la cosa, también fue el fundador del empiricismo en Occidente. En sus ratos libres.

Su carrera política ocupó la mayor parte de su vida, pero en 1621 tuvo que retirarse de ella por un escándalo en la corte y acusaciones de corrupción en su contra. A partir de entonces se dedicó más a sus estudios científicos y filosóficos, aunque de ninguna manera empezó con ellos tan tarde. Su obra cumbre en cuanto a la “filosofía natural” y que influyó en gran medida la llamada Revolución Científica del s. XVII, es el Novum Organon (“nuevo instrumento”). En su portada original (arriba) lleva un subtítulo sacado de la Biblia (Daniel 12:4): Multi pertransibunt & augebitur scientia, que quiere decir “muchos viajarán y el conocimiento aumentará”.

El libro es realmente un parteaguas. En él, Bacon argumenta vigorosamente en contra del método aristotélico de la adquisición de conocimiento, argumentando que su principal debilidad es partir de ideas preconcebidas (idealizaciones) y buscar pruebas que se ajusten a ellas. Bacon propugna lo que hoy conocemos como método científico: el observar y sacar conclusiones cada vez más exactas por medio de la experimentación. Todo el texto es una maravilla y está escrito en “aforismos” o párrafos cortos, lo que hace la lectura ágil e interminablemente citable. Pero la parte estelar son los 130 aforismos del Libro I, en donde Bacon hace toda la crítica a lo que él juzga que es el “pensamiento erróneo” de los métodos antiguos de conocimiento.

Aquí presento lo que es su argumentación más memorable: el concepto de “los cuatro ídolos” que nublan el entendimiento del hombre y no le permiten avanzar en el camino del verdadero conocimiento:

“Hay cuatro clases de ídolos que asedian la mente del hombre. A éstos, por razón de claridad, les he asignado cuatro nombres: Ídolos de la Tribu, Ídolos de la Cueva, Ídolos del Mercado e Ídolos del Teatro.

“Los Ídolos de la Tribu tienen su origen en la naturaleza humana misma y en la tribu ó raza a la que pertenece, porque es una falsedad que el hombre sea la medida de las cosas. Al contrario: todas las percepciones de los sentidos y de la mente varían de acuerdo a la medida del individuo y de ninguna forma de acuerdo a la medida del universo. El entendimiento humano es como un espejo imperfecto que recibe la luz de forma irregular, distorsionando y decolorando la naturaleza de las cosas mezclando su propia esencia con ellas.

“Los Ídolos de la Cueva son los ídolos del individuo: ya que cada hombre tiene una cueva donde vive y en donde distorsiona la naturaleza de acuerdo a sus propensiones, a su educación, sus conversaciones y lecturas, y las impresiones que causan las cosas en él en diferentes momentos. Como dijo Heráclito: ya que el espíritu humano es variable, el hombre busca en las ciencias tan sólo reflejos de sí mismo, no entendimiento del mundo.

“Están también los Ídolos del Mercado: las preconcepciones formadas por medio de la interacción entre los hombres cuando hacen comercio e intercambian ideas. Porque es por medio del discurso que el hombre va haciendo asociaciones, y en muchos casos las palabras se imponen en la mente de acuerdo a criterios vulgares. Así, cada palabra mal empleada va obstruyendo el entendimiento. Aunque algunos cuantos quieran hacer definiciones y explicaciones minuciosas, la avalancha de palabras simplemente fuerza y hace violencia al entendimiento, confundiéndolo y llevándolo a interminables fantasías e ideas vacuas.

“Por último, los Ídolos del Teatro son aquellos que han asentado sus reales en la mente del hombre, provenientes de dogmas y de falsas reglas de demostración. Los llamo ídolos del teatro porque considero que los sistemas de pensamiento que recibimos sin más, no son sino representaciones teatrales, que no hacen sino mostrar mundos de su propia creación, irreales y cautivantes. Así hay incontables principios y axiomas que por tradición, credulidad y negligencia se han perpetuado.

“De estos cuatro ídolos debe hablarse extensamente, de modo que el entendimiento pueda prevenirse:

“El entendimiento, por su propia naturaleza tiende a suponer la existencia de más orden del que de hecho encuentra en el mundo. Incluso cuando encuentra algo sin orden, se apresura a inventar razones y paralelismos; justificaciones que no existen. Y una vez que ha adoptado una opinión (ya sea recibida o inventada por él mismo), se dedica con todo ahínco a tomar todo cuanto halla y organizarlo en soporte de tal opinión.

“El entendimiento no es un objeto frío y aislado, sino que recibe influencias de la voluntad y los afectos; de aquí nace el hecho de que queremos “ciencias como las deseamos.” Si su emoción de por sí se inclina a cualquier pensamiento, le será más fácil creerlo como hecho. Así rechazará las dificultades por su impaciencia; la sobriedad por estrechar sus esperanzas; las explicaciones más profundas por su apego a la superstición; y la frialdad de los hechos debido a su orgullo.

“Que todo estudiante de la naturaleza tome este consejo: que debe de sospechar de cualquier cosa con la que su mente guste de acomodarse con placer, y que más cuidado aún debe de tener al sopesar cuestiones en las que el entendimiento debe permanecer claro y ecuánime al afrontarlas.”

Referencias:

Francis Bacon. Biografías y Vidas.

Bacon, Francis. Novum Organon or true directions concerning the interpretation of nature. (1620). Caps. XXXIX-LVIII.

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