La publicación científica y sus métodos (parte 1) Los libros y su historia

Si los lectores y lectoras de este post son asiduos a la divulgación científica es muy probable que le suenen  los nombres de revistas científicas como Nature o Science, así como términos como “citas” o “factor de impacto”. Incluso si no estáis muy interesados en la ciencia, pero leéis la prensa generalista, sabréis que existen “rankings” de universidades e investigadores.

La prestigiosa revista Nature, Fuente: ESO/M. Kornmesser (photo displayed on the magazine cover).

Si lo que os interesa es la medicina, probablemente habréis oído que no es lo mismo el New English Journal of Medicine que la infame publicación Discovery Salud. Seguramente también conozcáis el caso del estudio que relacionaba la vacuna triple vírica con el autismo. Este estudio fue publicado en una revista científica de primer nivel, The Lancet, pero posteriormente fue retractado por la misma revista al ser considerado fraudulento.

El problema viene cuando queremos ir un poco más allá y entender cómo funciona realmente el sistema de comunicación científica. ¿Algo publicado en una revista científica es una verdad científica? Eso contrasta con la retractación de artículos, que está ahora en alza. Además, ¿qué revista es científica? ¿Es Muy Interesante una revista científica? Además de las revistas hay otros medios de comunicación. ¿Un post de internet como este es lo mismo que un artículo en Science? ¿Y el último libro de Odile Fernández?

En esta serie de post pretendemos abordar este tema en profundidad. Comenzaremos hablando sobre cómo los científicos se han comunicamos a lo largo de los siglos. Analizaremos qué son las revistas científicas y como se publica en ellas, así como la validez de lo publicado. También veremos cómo se utiliza el sistema de publicación para evaluarnos a los investigadores, a las universidades y a las propias revistas. Como todo sistema este también tiene sus fallos, así que merece la pena que dediquemos un post a las críticas, más o menos fundadas, al sistema. El objetivo es que podamos llegar a comprender el sistema de comunicación científica, al menos desde un punto de vista amplio, sin tener ningún conocimiento previo.

El problema de partida es sencillo. Los científicos dedicamos nuestra vida profesional (y gran parte de la personal) a la búsqueda de conocimiento. Es obvio que si ese conocimiento luego no se transmite de poco servirá. Nadie quiere que las generaciones futuras dediquen tiempo a redescubrir lo que ya se sabe. Además, una de las piezas principales de la ciencia es la comprobación por parte de otros científicos. Es obvio que hay que hacer comunicación científica. La pregunta es cómo.

Estre problema es tan antiguo como la misma ciencia y  no es un problema exclusivo nuestro. Artistas, filósofos e historiadores también han necesitado comunicar sus creaciones al mundo. A lo largo de los siglos, la humanidad ha utilizado distintos sistemas de transmisión de la información. La transmisión oral fue la predominante durante mucho tiempo, con todos los problemas que conlleva. Al parecer, el mismo Sócrates despreciaba la escritura y prefería la tradición oral. Afortunadamente su discípulo Platón no pensaba de esa manera, y es por ello que podemos saber sobre Sócrates y su obra. Sin duda, desde hace ya bastante tiempo el medio predilecto para la comunicación científica y filosófica es el medio escrito.

La escritura en sí ha evolucionado también. Desde el comienzo de la ciencia hasta hace muy poco han predominado los libros y tratados. Algunos han sobrevivido al paso de los años, otros no. Antes de la invención de la imprenta la reproducción de una obra era muy cara y muchas, como las cartas de Ptolomeo, no sobrevivieron al paso de los años. Por suerte muchas de sus obras, como el Almagesto, fueron copiadas a mano numerosas veces y sí han llegado hasta nosotros.

Traducción Árabe del Almagesto de Ptolomeo (1397). Fuente: Biblioteca Bodleiana, Oxford.

Desde el siglo XV todo es algo más fácil. Las obras de Galileo fueron copiadas y difundidas gracias a la imprenta, aún a pesar de la prohibición papal. Gracias al genial invento de Guttenberg han llegado hasta nosotros obras magnificas como los Principios de la Filosofía Natural de Newton, o  El Origen de las Especies de Darwin.

¿Cómo era la comunicación en la Era de los Libros? Como suele ocurrir, la idea era muy sencilla pero en la práctica había muchos impedimentos. Los científicos en aquella época vivían dando clases o dedicaban a la ciencia su tiempo libre. No solían cobrar por publicar, ni estaban sujetos a la presión de producir ciencia continuamente. Podían dedicar un tiempo largo a investigar y descubrir cosas nuevas y luego otro tiempo a escribir y explicar lo descubierto. Sin duda, era un proceso lento. Por ese motivo, muchas veces los mismos científicos se comunicaban por correspondencia. Esas cartas también forman parte del inventario científico y unas veces se preservaron y otras no.

El Origen de las Especies, edición de 1859

La comunicación a través de libros también tiene sus  problemas. Es obvio que la escritura de un libro lleva bastante tiempo, por lo que hay un retraso importante entre el descubrimiento y su difusión. Ocurre también que no se escribe un libro cada vez que se hace un descubrimiento, por lo que mucha investigación quedaba sin registrar. Por último, el acceso a los libros nunca ha sido sencillo. Deben transportarse y son caros de adquirir, por lo que la mayoría de los científicos han tenido que restringirse a un número limitado de volúmenes que pudieran encontrar en la biblioteca de sus centros.

A medida que el número de investigadores en el mundo aumentó se comenzó a ver los libros como un medio limitante. Si trabajas es muy normal que quieras comunicar tus conocimientos lo más rápido posible al mayor número posible de personas. No es eficiente esperar hasta tener material suficiente para un libro. Por supuesto, en la actualidad siguen existiendo los libros así como la correspondencia (por email mayormente). Sin embargo, ya no son el medio principal de comunicación científica. La mayoría de libros actuales se dedican a recopilar conocimiento ya existente de una manera estructurada y pedagógica. Es extraño encontrar resultados nuevos en libros.

Tampoco había, ni hay, ningún tipo de control de calidad organizado en la publicación de los libros. Cualquiera es libre de escribir lo que desee, y de buscar alguna editorial que decida publicarlo. Así hay libros maravillosos como los que hemos mencionado antes junto a libros infames como los de Deepak Chopra.  Somos consciente de que es muy difícil para la persona ajena al mundo científico el distinguirlos. Por eso gran parte del esfuerzo de científicos y divulgadores se dedica precisamente a desmontar publicaciones con información falaz. Así podemos encontrar críticas a Mis Recetas Anticáncer, a Curación Cuántica y muchos otros. Es un trabajo arduo y no queda más remedio que hacerlo libro a libro. Un consejo rápido, además de leer el libro pedid referencias. Eso nos lleva al siguiente punto.

Si los libros ya no dominan el mundo de la ciencia, ¿dónde se publican los nuevos resultados? La respuesta está en las revistas científicas. Desde hace bastantes décadas son ellas las que dominan el panorama científico. La idea es sencilla. Haces un descubrimiento, lo envías a una revista especializada y esta decide si lo publica o no. La mayoría de artículos no pasan de la decena de páginas, por lo que el conocimiento está mucho más concentrado que antes y tiene más difusión. Gracias a internet además ya no es necesario acumular grandes cantidades de papel, y desde cualquier parte del mundo puedes acceder de manera inmediata a las publicaciones de cualquier otro investigador. Por último, debido al aumento de las investigaciones científicas las revistas hace tiempo que decidieron tener controles de calidad sobre lo que publican y lo que no. ¿Pero cómo se decide esto? Sobre eso hablaremos en el próximo post.

 

Este artículo nos lo envía Daniel Manzano, (@spidermanzano) profesor en la Universidad de Granada. Anteriormente ha sido investigador en diversas instituciones como la Singapore University of Technology and Design, el Massachusetts Institute of Technology o el Institute of Quantum Optics and Quantum Information. Su especialidad es la física cuántica, con especial énfasis en la termodinámica y computación cuánticas. Cuando consigue encontrar algo de tiempo escribe en diversos medios, incluyendo su blog y Twitter

 

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Por Colaborador Invitado
Publicado el ⌚ 6 agosto, 2018
Categoría(s): ✓ Actualidad • Divulgación