Ciencia y Arte tras el mono verde

El ser humano ha tenido una relación extraña con los animales silvestres, y alguna de estas relaciones han puesto en marcha grandes descubrimientos científicos. Aprender la historia vital que comparten muchas de estas especies con el hombre es fascinante, pero pocas son tan desconocidas como la del mono verde, un pequeño mono africano con enormes contribuciones a diversas disciplinas.

Mono verde (Chlorocebus sabaeus). Fotografía de Eugenio Fernández Suárez

Hablamos del género Chlorocebus, seis especies de taxonomía compleja y polémica (Haus et al., 2013)⁠, ya que sus hábitats se solapan y están sujetas a hibridación. Aunque distan de la fama de chimpancés o gorilas, estos animales son el primate más exitoso de África tras el hombre: están presentes en 39 países del continente.

Seres humanos y monos verdes no solo comparten orden taxonómico, también comienzan a relacionarse en el antiguo Egipto: la catacumba de los babuinos, con una datación del 400 A.C en la antigua Memfis, parece evidenciar su importación como mascotas (Goudsmit y Brandon-Jones, 1999)⁠; pero existen amuletos y murales de casi 4.000 años de antigüedad que los representan.

Algunos de los más antiguos aparecen en la antigua Thera (Santorini, Grecia), y evidencian los primeros contactos entre las culturas minoicas y Egipto, además de representar rasgos etológicos de la especie, como el consumo de huevos  (Masseti, 2000)⁠. La tenencia como mascotas de estos animales se evidencia en otros lugares como el antiguo puerto romano de Berenike en el 260 A.C, donde restos de gatos se entremezclan con los de un mono verde con collares de metal (Osypińska, 2016)⁠.

Mural de Akrotiri. Fotografía de Zdenek Kratochvil (Wikipedia Commons)

Aunque no tan bien documentado a nivel arqueológico, en el medievo las sociedades europeas siguieron teniendo a estos animales de mascotas, especialmente por parte de la nobleza y el clero (Janson, 1952)⁠. Existen representaciones de monos verdes en muchos lugares de Italia entre los siglos XII y XVI, como los mosaicos de Otranto (donde también apareció una calavera de esta especie) o pinturas de diferentes artistas de la época.

Estas pinturas evidencian de un importante comercio entre Italia, Egipto y el norte de África durante la Edad Media, e incluso se cree que la especie ya tenía un nombre concreto, el “Gatto Maimone”, algo así como “gato endemoniado”, que se cree derivó en un personaje del folckore italiano (Masseti y Bruner, 2009), lo que vino acompañado de su inclusión en los primeros manuales de zoología. Mientras, en España los primates del Nuevo Mundo monopolizaban nuestro interés tras el descubrimiento de América.

El éxito de esta especie se ve reflejado en su presencia como especie invasora en varias islas caribeñas, donde existe una relación peculiar con los turistas. Tras esta traslocación se encuentran marineros europeos, que con el auge del comercio marítimo durante los siglos XVII y XVIII aprovechaban sus viajes para obtener estas mascotas.

Miniatura de Attavente (Italia, s. XV). Biblioteca municipal de Lyon

Esta relación entre marineros y comercio de animales exóticos se ha mantenido hasta nuestros días, y un ejemplo de ello es la estrambótica historia del “Mono Paco”, un mono verde que fue traído hasta la localidad gallega de Redondela por un marinero en 1 986 y cuya triste historia es un gran ejemplo de la imposibilidad e inmoralidad de tener a estos animales como mascotas o en malas condiciones, ya que tuvo un historial de comportamientos estereotipados que evidenciaban su mala manutención. La historia dió lugar a manifestaciones de diversos colectivos e incluso para un documental, y a día de hoy aún hay murales que homenajean a este animal por la zona.

Aunque en el presente la sociedad comienza a estar concienciada de que los primates no son mascotas, siguen existiendo en toda Europa casos como el de Paco: los peligros zoosanitarios, la creciente amenaza de la mayoría de sus taxones o la total inmoralidad que supone que animales sociales con vínculos materno-filiales comparables a los del ser humano sean criados por este son solo algunas de las razones que hacen que bajo criterios científicos, la tenencia de primates como mascotas sea criticable.

Grafiti en Redondela. Fotografía del Faro de Vigo

Pero esta especie también nos ha permitido enormes avances científicos en diversos campos, entre ellos nuestro entendimiento de la comunicación en otros animales. En concreto, en los años 80 se descubrió como esta especie tenía una comunicación semántica, realizando alarmas específicas para cada tipo de depredador (Seyfarth et al., 1980)⁠ y actuando con estrategias de huída específicas. Posteriormente, se ha visto como es un proceso de aprendizaje en el que los adultos no se fían de las crías, que pueden confundir a cigueñas con rapaces, por ejemplo. Este vídeo es muy ilustrativo al respecto: https://www.youtube.com/watch?v=q8ZG8Dpc8mM

También es imposible entender grandes avances en la investigación biomédica sin esta especie, puesto que el linaje de células “Vero” fue aislado de células epiteliales de estos animales en 1962. A día de hoy este cultivo celular permite detectar la presencia de diversos virus y toxinas bacterianas en hospitales de todo el planeta, y ha permitido desarrollar millones de vacunas, como las de la polio o la rabia, sin contar con que en el presente se plantea como una herramienta contra peligrosas enfermedades víricas como la H5N1 o el ébola, o contra el posible uso de antiguas pandemias como arma biológica, como es el caso de la viruela, siendo aún en el presente una herramienta vital en la lucha contra enfermedades víricas (Hebert et al., 2018)⁠.

El mono verde también ha sido usado como modelo de experimentación, siendo el primate más citado en PubMed tras el macaco rhesus. Su capacidad para infectarse de inmunodeficiencia en simios (VIS) sin desarrollar la enfermedad lo convirtió en vital para el estudio del SIDA. También es un modelo único en el estudio del Parkinson, el Alzheimer, diversas enfermedades circulatorias, obesidad (Schmitt et al., 2018)⁠ o incluso genómica comparada.

Mono verde (Chlorocebus sabaeus) – Fotografía de Eugenio Fernández Suárez

En definitiva, el mono verde nos ha influenciado desde el inicio de las primeras grandes civilizaciones hasta los últimos avances médicos de 2018, al igual que muchas otras especies animales. Debemos a esta especie de primate un tremendo respeto, pues ha cincelado nuestra cultura y nuestra salud, frente al claro impacto negativo que ha tenido el ser humano en su conservación y su bienestar individual. Lo mínimo que debemos a esta especie es divulgar las enormes contribuciones que nos han llegado de ella a través de la ciencia.

 

Este artículo nos lo envía Eugenio Fernández Suárez (@Capitan_coati) graduado en Veterinaria por la Universidad de León en 2018. Interesado por la fauna silvestre, ha dedicado su paso por la universidad a formarse en el bienestar de los primates no humanos en cautividad, continuando su formación en este campo a través de la colaboración con diversos centros. Dedica parte de su tiempo a la divulgación científica y ambiental, principalmente a través de su blog (Blog Nasua) y redes sociales.

Referencias científicas y más información:

  • Goudsmit, J. y Brandon-Jones, D. (1999) “Mummies of olive baboons and Barbary macaques in the Baboon Catacomb of the Sacred Animal Necropolis at North Saqqara”, The Journal of Egyptian Archaeology. SAGE Publications Sage UK: London, England, 85(1), pp. 45-53.
  • Haus, T., Akom, E., Agwanda, B., Hofreiter, M., Roos, C. y Zinner, D. (2013) “Mitochondrial diversity and distribution of African green monkeys (Chlorocebus Gray, 1870)”, American journal of primatology. Wiley Online Library, 75(4), pp. 350-360.
  • Hebert, C. G., DiNardo, N., Evans, Z. L., Hart, S. J. y Hachmann, A.-B. (2018) “Rapid quantification of vesicular stomatitis virus in Vero cells using Laser Force Cytology”, Vaccine. Elsevier.
  • Janson, H. W. (1952) Apes and Ape Lore: In the Middle Ages and the Renaissance. Warburg Institute, University of London.
  • Masseti, M. (2000) “Did the study of ethology begin in Crete 4000 years ago?”, Ethology Ecology & Evolution. Taylor & Francis, 12(1), pp. 89-96.
  • Masseti, M. y Bruner, E. (2009) “The primates of the western Palaearctic: a biogeographical, historical, and archaeozoological review”, Journal of anthropological sciences, 87(3), pp. 33-91.
  • Osypińska, M. (2016) “Pet cats at the Early Roman Red Sea port of Berenike, Egypt”, Antiquity. Cambridge University Press, 90(354).
  • Schmitt, C. A., Jasinska, A. J., Dyer, T. D., Jorgensen, M. J., Cantor, R. M., Weinstock, G. M., Blangero, J., Kaplan, J. R. y Freimer, N. B. (2018) “Obesity and obesogenic growth are both highly heritable and modified by diet in a nonhuman primate model, the African green monkey (Chlorocebus aethiops sabaeus)”, International Journal of Obesity. Nature Publishing Group, 42(4), p. 765.
  • Seyfarth, R. M., Cheney, D. L. y Marler, P. (1980) “Vervet monkey alarm calls: semantic communication in a free-ranging primate”, Animal Behaviour. Elsevier, 28(4), pp. 1070-1094.

 

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Por Colaborador Invitado
Publicado el ⌚ 5 octubre, 2018
Categoría(s): ✓ Biología • Divulgación