Carrefour “ecológico” 1: el medioambiente

Hace ya unos meses me llegó un anuncio procedente de esta cadena de supermercados. En su momento expresé mi indignación en twitter. El caso es que recientemente la cuenta de la mentada red social de @CarrefourES  está incidiendo muchísimo en promocionar su gama “bio”, lo cual, junto con la apertura de varios centros “Carrefour BIO”, parece indicar que la sexagenaria multinacional francesa está, al menos en España, sacando filón de esta gama de productos regulados por el Reglamento (UE) 2018/848 del Parlamento Europeo.

Algo que no está mal en sí mismo. Quiero decir: es un tipo de productos que se ofertan en sus tiendas, ¿por qué no promocionarlas? El problema que vengo a expresar hoy no es el hecho de que los promocionen, sino la forma en que lo hacen.

Y voy a dividir mi crítica al respecto en los próximos tres artículos. Éste es el primero, y como bien dice el título, nos vamos a centrar en uno de los aspectos de la publicidad de la marca:

El medioambiente

Según los señores de Carrefour, la agricultura y ganadería “ecológicas” tienen unas cuantas ventajas sobre la producción convencional. Según ellos, estos productos, y cito, «se obtienen de forma respetuosa con el entorno»  y «en su producción se ahorra en recursos naturales». Entre sus ventajas ambientales, y sigo citando, se «reduce el riesgo de contaminación»  y «contribuye a mejorar el entorno».

Todo esto apareció en un vídeo que ahora mismo ya no se encuentra en su web (o al menos yo no soy capaz de encontrarlo). Sin embargo, el mensaje reiterativo viene siendo el mismo. Dicen que el modelo (mal llamado) “ecológico” es más sostenible y con menos riesgos ambientales.

¿Cuánto tiene esto de cierto? La realidad es que bastante poco. Fijémonos en el siguiente gráfico, obtenido de la publicación de 2017 de Environmental Research Letters por Clark y Tilman.

Ratio de impactos ambientales de alimentos “ecológicos” y convencionales (Clark & Tilman 2017)

En él se muestran los impactos ambientales de cada tipo de producción respecto a distintos tipos de variables ambientales. Vemos una línea horizontal discontinua en el valor 1; si la línea de color vertical toca o corta a esta línea discontinua, significa que las diferencias entre los impactos ambientales de la producción “ecológica” no son significativamente distintos de los impactos de la producción convencional. Sin embargo, si los límites de las líneas verticales no llegan a tocar la línea horizontal situada en el 1, significa que las diferencias son significativas, siendo que la producción “ecológica” tendría menores impactos que la convencional si queda por debajo del 1, y mayores si queda por encima del 1.

En el vídeo nos hablaban de menor contaminación, ahorro de recursos naturales y mejora del entorno. Siendo así, en todas las variables deberíamos encontrar que los impactos de la producción “ecológica” deberían ser menores que los impactos convencionales.

Hay tres variables en la gráfica que nos hablan de la contaminación: las emisiones de gases de efecto invernadero, el potencial de eutrofización —es decir, acumulación masiva de nutrientes hasta el punto de ser contaminantes— y el potencial de acidificación. En la mayor parte de los casos no encontramos ninguna diferencia significativa.

Encontramos que la producción “ecológica” de fruta sí que tiene menores emisiones de efecto invernadero. Pero es la única variable que gana en este aspecto. De hecho, si nos fijamos en los cereales, en las verduras o en las carnes, el potencial de eutrofización es mayor en la producción “ecológica” que en la convencional. Y si nos fijamos en la producción de lácteos y huevos, vemos que la forma “ecológica” tiene una emisión de gases de efecto invernadero ligeramente superior, y un potencial de acidificación claramente superior que la producción convencional.

Por lo tanto, el balance en cuanto a contaminación es claramente negativo. Es algo normal: el uso de pesticidas y otros fitosanitarios sintéticos, que suelen ser más específicos, y cuyos tiempos de degradación son cada vez más bajos, se evitan en la producción “ecológica” y a cambio se emplean otros que sí, son de origen natural, pero mucho más contaminantes y persistentes. Es más que evidente el asunto de la eutrofización en cereales y verduras, pues muchos productores de agricultura “ecológica” utilizan estiércol como fertilizante, que fomenta esa acumulación de materia orgánica en descomposición.

Otras de las asunciones de los responsables de mercadotecnia de Carrefour tienen que ver con el respeto al medioambiente y la utilización de menor cantidad de recursos. Ambas valoraciones se podrían asimilar con las dos variables ambientales que nos quedan en la gráfica: el uso del suelo y la cantidad de energía empleada. Es evidente que, siendo el terreno un recurso limitado, un mayor aprovechamiento de ese suelo implica un mayor respeto y una menor cantidad de recurso a usar para una misma cantidad de producto. La cantidad de energía empleada, por su parte, tiene un importante papel: nos indica una cantidad de recurso muy importante, y también, si empleas menos energía, estás siendo más respetuoso con el medioambiente. Además, el tema del respeto al medio ambiente se solapa también con las otras tres variables que hemos visto ya.

Si nos fijamos en el tema de la energía encontramos dos tipos de productos que mejoran cuando se desarrollan con agricultura “ecológica”. Los cereales y los productos lácteos y huevos. Sin embargo, las verduras “ecológicas” suspenden estrepitosamente, siendo los métodos convencionales los que menor gasto energético suponen. Si nos vamos al uso del suelo, el resultado es aún más desolador: no existe ni un solo tipo de producto “ecológico” que aproveche el suelo mejor, ni tan siquiera igual que los productos convencionales; todos lo hacen peor.

Así pues, en cuanto a lo “ecológico” en relación al medioambiente, y de todas las variables estudiadas en este artículo científico, vemos que los beneficios de la producción “eco” sobre el medioambiente se resumen en tres: uno en la fruta, que emite menos gases de efecto invernadero, y los otros dos en cereales, y en huevos y lácteos, que usan menos energía. En contraposición, esos huevos y lácteos “ecológicos” aumentan el potencial de acidificación y la emisión de gases de efectoinvernadero; los cereales, la verdura y la carne tienen mayor potencial de eutrofización; hay un mayor uso de energía en las verduras; y en todos los casos sin excepción, la producción “ecológica” exige un mayor uso del suelo.

Parece, y así lo establecen las conclusiones del estudio, que tres puntos anecdóticos a favor no compensan todos los puntos en contra. Así, todo apunta a que llamar a este tipo de producción “ecológica” es un insulto al ecologismo —entendido como el movimiento que pretende buscar la mayor sostenibilidad y conservación de los ecosistemas naturales—.

Álvaro Bayón (Vary, Valladolid, 1985) es biólogo por la Universidad de León. Allí colaboró durante varios años en investigación sobre plantas medicinales e impartiendo clases de prácticas. Actualmente es investigador predoctoral en la Estación Biológica de Doñana (CSIC), donde realiza la Tesis Doctoral sobre invasiones biológicas.

Apasionado científico y dedicado divulgador desde incluso antes de licenciarse, es además el autor del blog de divulgación científica y escepticismo «Curiosa Biología» y del podcast «No te lo creas».



Por Vary (Á. Bayón)
Publicado el ⌚ 16 octubre, 2018
Categoría(s): ✓ Alerta Magufo • Divulgación • Medio Ambiente