La rocambolesca historia de un libro que estuvo a punto de perderse

Por Colaborador Invitado, el 14 diciembre, 2023. Categoría(s): Astronomía • Historia

La preparación de exposición La astronomía en tiempos de Abraham Zacut me ha permitido acceder a de libros clásicos sobre astronomía disponibles en la Biblioteca General Histórica (BGH) de la Universidad de Salamanca.

Lamentablemente las obras de los grandes astrónomos helenos como Timocares (c 320 a. C- c. 260 a. C.), Aristarco (310 a. C. – 230 a. C.) o Hiparco (c. 190 a. C. – 120 a. C.) se han perdido.  La primera gran obra de astronomía que se conserva es el Almagesto (o Sintaxis matemática) de Claudio Ptolomeo. El libro original fue escrito entorno al año 150 en Alejandría, en cuya legendaria Biblioteca se cree que trabajaba Ptolomeo. Aunque estamos en época romana Ptolomeo utilizó el griego, lengua habitual para estos temas por las clases cultas del Imperio Romano.

Sobre el contenido de la obra podemos decir muy sucintamente que describe el movimiento del Sol, la Luna y los cinco planetas visibles, con la Tierra en el centro. El modelo Ptolemaico, aunque erróneo, cumplía su función al permitir calcular las posiciones futuras y pasadas del Sol, la Luna, los cinco planetas visibles y estrellas, incluida la predicción de eclipses. Aunque Ptolomeo cita a astrónomos anteriores, como Hiparco, no es posible saber que contribuciones eran originales de Ptolomeo. El Almagesto incluye un catálogo de 1022 estrellas, que solía considerar que era básicamente una trascripción del de Hiparco. El descubrimiento reciente de un palimpsesto que contiene parte del catalogo de Hiparco no confirma esta sospecha.

En cualquier caso, lo importante es que el modelo ptolemaico estuvo vigente al menos 1400 años y la Astronomía que se hizo durante ese largo periodo tomaba como base este modelo.

La salvación del Almagesto

Aquí voy a contar los sorprendentes caminos seguidos por el Almagesto desde que fue escrito hasta las primeras ediciones impresas.

En el fondo histórico de la BGH de la Universidad de Salamanca hay dos editio princeps (primeras ediciones impresas) del Almagesto o Sintaxis matemática, que es la traducción literal de su título.

Cl. Ptolemei. Pheludiensis Alexandrini Astronomorum principis: Opus ingens ac nobile omnes Celorum motus continens (Venecia: Peter Liechtenstein, 1515) .

Cl. Ptolemei. Seu Magnae Constructionis Mathematicae Opus Plane Divinum, trans. Georgius Trapezuntius   (Venecia: Giunta, 1528)

Puede parecer ilógico dos editio princeps de un mismo libro, pero realmente son traducciones distintas de un mismos original que no se conserva. Aunque ambas están en latín han seguido caminos diferentes y es lo que voy a contar.

Muy probablemente el texto original estaba escrito en papiro en rollos del que se sacarían copias que se distribuirían por algunas de las ciudades más cultas del Imperio Romano. Desde Turquía surgió un competidor del papiro: el pergamino (el origen de este material es Pérgamo), y en vez de rollos los libros se encuadernaron en códices y las nuevas copias del Almagesto, como de otros libros, se trascribirían en papiro.

El Imperio Romano después del s. III empezó a entrar en decadencia, y con ello la difusión de los libros disminuyó. En el s. III había en Roma veintiocho bibliotecas públicas que, según el historiador Amiano Marcelino a finales del s. IV,  “a manera de sepulcro, permanecen siempre cerradas”.  La historiadora historiadora Catherine Nixey, en su libro La edad de la penumbra, atribuye al triunfo de un cristianismo integrista la desaparición de numerosos libros clásicos. Fundamentalmente tras las leyes contra el paganismo promulgadas por el emperador Teodosio, que llevó al saqueo de la Biblioteca de Alejandría a finales del s IV.

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente (s. V) se produjo una desconexión con el Imperio Romano de Oriente, más conocido como Bizancio cuya capital era Constantinopla (ahora Estambul). Europa invadida por grupos que genéricamente conocemos como los bárbaros entró en una edad oscura, al menos en lo que se refiere a temas científicos. Probablemente se conservaron copias en pergamino en algunos monasterios, pero, por lo ocurrido con otros textos científicos, se reutilizaron para escribir en textos religiosos.   Bizancio y el Imperio musulmán compartían fronteras, a veces se producían enfrentamientos, pero también había comercio e intercambios que incluían la trasferencia de libros.

Los musulmanes inicialmente mostraron hostilidad a la cultura greco-romana.  En el año 640 cuando el Imperio bizantino sufrió la arrolladora irrupción de los musulmanes y Egipto dejó de pertenecer a Bizancio, la Biblioteca de Alejandría fue definitivamente destruida.

En esta época solo tenemos constancia de la conservación de algunos ejemplares del Almagesto en Bizancio. Puede parecer paradójico pero la llegada de otra dinastía musulmana al califato salvaría el Almagesto.

En el s. VII se hacen con el califato los omeyas, menos hostiles al conocimiento clásico.  En el siglo VIII son desplazados por los abasidas y la capital pasa de Damasco a Bagdad. Sus califas fundaron la Casa de la Sabiduría convirtiéndose en un importante centro de saber. La Casa de la Sabiduría es una designación a un entorno cultural que incluirá bibliotecas bien dotadas. El esplendor lo alcanzó con al-Ma’mún (786-833) [Una curiosidad: otro al-Ma’mún, éste omeya, siglos después (s XI) haría un papel similar en Toledo]. Su padre era el legendario al-Rashid, al que Sherezade entretiene con cuentos en Las mil y una noches. Al-Ma’mun estaba muy interesado por el saber y es a través de él como llega a Bagdad Sintaxis Matemática que es traducido del griego al árabe con el título Al-Majisti (‘el más grande’), de donde deriva Almagesto.

En el siglo IX se hicieron cuatro o cinco traducciones al árabe diferentes, de las cuales sólo dos han sobrevivido en su totalidad. Una de ellas es la realizada en 827/8, en época de al-Ma’mún, por al-Hajjāj ibn Yūsuf ibn Matar de la que se conserva (Leiden UB, Or. 680) una copia competa realizada antes de 1219 y otra incompleta (Londres, BL, Add. 7474) realizada después del año 1287. También se conserva una segunda traducción al árabe realizada entre 879 y 890 por Abū Yaʿqūb Ishāq ibn Hunayn, posteriormente revisada por Thābit ibn Qurra, de la que existen 10 copias manuscritas, la más antigua del año 1085 (Túnez, BNT, 7116).

Miembros de la dinastía omeya que sobrevivieron a la invasión abasida se establecieron en al-Andalus, llevando consigo copias del Almagesto. Algunas de éstas acabarían en Toledo, primero bajo dominio árabe y más adelante (a partir de 1060) bajo dominio cristiano.

La fama de Toledo como ciudad de saber llegó al lombardo Gerardo de Cremona (1114-1187) que se desplazó en c. 1150 a Toledo y dedicó el resto de su vida (30 años) a la traducción de textos árabes al latín, siendo su empeño fundamental conseguir una excelente traducción del Almagesto. Para ello Gerardo utilizó las traducciones árabes de al-Hajjāj y de Ishāq/Thābit. Realizó al menos dos versiones: una más antigua, de la que se conserva copia en París (BnF, lat. 14738), y su revisión posterior. Ambas versiones circularon ampliamente en Europa hasta el siglo XV. La primera edición impresa completa, basada en la traducción de Gerardo de Cremona editada en Venecia en 1515, se encuentra en la BGH de Salamanca (Cl. Ptolemei. Pheludiensis Alexandrini Astronomorum principis: Opus ingens ac nobile omnes Celorum motus continens (Venecia: Peter Liechtenstein, 1515) .).

Pero ¿por qué tardó tanto en distribuirse la traducción directa desde el griego al latín?

Ya hemos contado que Bizancio, donde se disponía de versiones en griego, quedó prácticamente desconectado de los Países del antiguo imperio romano de occidente donde debía de existir poco interés por el saber griego.

Las primeras noticias, al menos que yo conozca (a través de V. Moller en la Ruta del Conocimiento), sobre la existencia de una versión griega de Sintaxis Matemática (que seguiré llamándole Almagesto) en Europa Occidental es la referida por un estudiante, de nombre desconocido, que se desplazó desde Salermo a Sicilia al conocer la existencia de una copia griega del Almagesto. Esta copia la había llevado a Sicilia desde Constantinopla Enrico Aristipo, principal consejero del rey de Sicilia Guillermo I.

Guillermo I era hijo de Rogelio II y nieto de Alfonso VI de León, el mismo que conquistó Toledo, y estaba casado con Margarita de Navarra. Su padre Rogelio II Sicilia alcanzó un gran esplendor favoreciendo las relaciones tanto con Bizancio como con los musulmanes. Su principal consejero Jorge de Antioquia era griego y tenía un especial interés por esta cultura, lo que facilitó el acceso a los textos griegos existentes en Bizancio. En este ambiente llegó a Sicilia el estudiante desconocido que consiguió que Enrico Aristipo le dejara la versión griega del Almagesto. Con la ayuda de un greco-hablante consiguió traducirlo al latín, finalizando la traducción en 1160 (se conserva una copia completa). Era la primera vez que se tenía el texto en latín, la lengua habitual en las clases cultas, en una fecha anterior a la versión de Gerardo de Cremona. Sin embargo, la versión de Cremona es la que más se extendió por Europa.

Poco después, en 1204, la toma de Constantinopla por los cruzados fue acompañada de una quema masiva de libros.

Mas adelante (mediados del s. XV) Bizancio cayo definitivamente bajo los otomanos, lo provocó la huida hacia Italia de habitantes de ciudades turcas greco-hablantes, como Trebisonda. Uno de ellos, Georgius Trapezuntius realizó la traducción del griego al latín que se imprimió. Es el segundo de los ejemplares de la BGH (Cl. Ptolemei. Seu Magnae Constructionis Mathematicae Opus Plane Divinum, trans. Georgius Trapezuntius (Venecia: Giunta, 1528). Sin embargo, el texto que probablemente mayor dio a conocer el Almagesto en el siglo XV y XVI fue la versión de Johann Müller o Regiomontano:

Regiomontanus, Johannes. Epitoma in Almagestum Ptolemaei (Venecia : Johannes Hamman, 1496). Johann Müller Regiomontano era un astrónomo y matemático excepcional, además de editor, quien hizo una adaptación del Almagesto mucho más fácil de entender. Su publicación es anterior a las dos versiones literales del Almagesto a las que me he referido.  Al parecer Regiomontano utilizó versiones manuscritas de Cremona y quizás del Almagesto en griego.

Puede llamar la atención que los tres textos a los que me referido se publicasen en Venecia. Es así pues inmediatamente después de la invención de la imprenta Venecia, que ya era un centro de cultura, atrajo la atención de impresores que se instalaron allí. Uno de ellos era Regiomontano, que favoreció la publicación de textos científicos. Aunque murió pronto su legado tuvo continuación.

El Almagesto milagrosamente se había salvado. En la práctica a lo largo del tiempo realmente se utilizaron tablas (zij, toledanas, alfonsíes, …) que simplificaban enormemente los cálculos del Modelo Ptolemaico.

El modelo de Copérnico: Ni el Sol es el centro ni los planetas siguen orbitas circulares en torno a él.

La exposición se cierra con una primera edición del libro de Nicolaus Copernicus (1473-1543), De revolutionibus orbium coelestium (Nuremberg: Johann Petreius, 1543).  considerado uno de los libros más relevantes de la historia de la ciencia.  Frecuentemente se dice que en este libro el Sol pasa a ser el centro del universo y que los planetas giran en torno a él describiendo órbitas circulares. Sin embargo, como contamos El libro que provocó una revolución científica y apenas nadie leyó, estas ideas son erróneas. En el modelo copernicano Copérnico (como se muestra en la figura) supone que cada planeta se mueve a velocidad constante en un círculo pequeño, llamado epiciclo. El centro del epiciclo se desplaza, también a velocidad constante, en un círculo más grande (llamado deferente), cuyo centro se sitúa un punto próximo al Sol.  El modelo resultaba tan complicado que para muchos cálculos astronómicos se siguieron empleando las Tablas alfonsíes. Habría que esperar a Johannes Kepler (1571- 1630) y sus Tablas rudolfinas para superarlas.

¿Prohibió la Iglesia Católica el modelo de Copérnico?

La presentación de la teoría de Copérnico en su forma final es inseparable de la conflictiva historia de su publicación. Copérnico acabó su manuscrito poco antes de morir, dejándolo en mano de su amigo Rheticus, quien lo llevó a Nuremberg para que lo publicase Johann Petreius, uno de los editores mejor valorados. Rheticus le entregó el manuscrito a Andreas Osiander (1498-1552), teólogo luterano experto en matemáticas e influyente figura política. Osiander, sin el permiso ni de Rheticus ni de Copérnico, agregó una “carta al lector”, sin firmar, al inicio donde se decía que el libro versaba sobre una propuesta matemática, cuyo propósito era contribuir a la disciplina de los cálculos astronómicos y no un intento de declarar una verdad literal. Además, el título de la obra se cambió de “Sobre las revoluciones de las esferas celestes” del manuscrito a “Seis libros sobre las revoluciones de las esferas celestiales”, un cambio que pareció mitigar la pretensión del libro de describir el universo real.

Osiander realmente estaba defendiendo el punto de vista luterano contra el heliocentrismo. Rheticus consideró inaceptable la inclusión de la carta, y la tachaba con una gran X roja en las copias que enviaba. Tiedemann Giese, un obispo católico amigo de Copérnico escribió al ayuntamiento de Nuremberg para exigir que Petreius se viera obligado a publicar una reimpresión.

En la Universidad de Salamanca, según se recoge en el libro del claustro, fue un libro recomendado hasta que en 1616 fue prohibido, como en toda la Europa Católica. El problema no era el libro en sí mismo, sino que fue un efecto colateral del enfrentamiento entre Galileo y la curia de la Iglesia Católica.

Agradecimientos e información complementaria

Quiero aprovechar para dar las gracias a la Biblioteca General Histórica  y a la Unidad de Cultura Científica e Innovación de la Universidad de Salamanca, sin cuyo apoyo no habría sido posible la exposición que aún se puede visitar hasta el 28 de enero de 2024, en el Edificio Histórico (Sala de la Columna) de la Universidad de Salamanca. La exposición se complementa con conferencias que están grabadas AQUÍ. Los libros expuestos están digitalizados y se puede acceder AQUÍ.

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Este artículo nos lo envía Guillermo Sánchez León, Profesor en la Universidad de Salamanca y autor de más de 100 artículos y ponencias,  algunos de divulgación científica que podéis encontrar en su web.

Guillermo ha escrito además varios artículos en Naukas que podéis disfrutar en el siguiente enlace.



Por Colaborador Invitado, publicado el 14 diciembre, 2023
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